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Revelan la ejecución de decenas de civiles por fuerzas especiales británicas en Afganistán

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La filtración de documentos judiciales han desatado una polémica que protagoniza la unidad del SAS, el Servicio Aéreo Especial británico, por llevar a cabo misiones secretas nocturnas que saldaron con la ejecución de varias decenas de civiles afganos a principios de 2011. Los documentos a los que tuvieron acceso «BBC Panorama» y el «Sunday Times» forman parte de una investigación que lleva un Alto Tribunal y que ha provocado que un juez exigiera una explicación al secretario de defensa del Reino Unido, Ben Wallace.

Una serie de correos electrónicos, que intercambiaron mandos de las tropas de élite del SAS, revelan gran preocupación por los asesinatos de más de 33 personas en 11 redadas nocturnas diferentes, en la misma aldea en Afganistán. Un sargento mayor del SAS que participó en las misiones describió el episodio como «¡La última masacre!», en un correo electrónico enviado a la mañana siguiente después de que los soldados regresaran a la base. «He escuchado un par de rumores», agregó en otro correo.

Wallace tendrá que explicar ante el Alto Tribunal por qué el Gobierno ha mantenido bajo la sombra evidencia que sugiere que los soldados de SAS ejecutaron a civiles durante operaciones criminales secretas. El ministro tendrá hasta el otoño para explicar por qué los documentos no fueron revelados previamente en el caso relacionado con el asesinato de cuatro miembros de la familia de Saifullah Ghareb Yar, un joven de 20 años, en febrero de 2011, por parte de los soldados del SAS por, según su abogada, «ser hombres en edad de lucha» aún cuando no representaban una amenaza.

El 16 de febrero de 2011, una unidad del SAS llegó en helicóptero a Chinook, la aldea de Gawahargin, en la provincia sureña de Helmand, buscabando a un joven llamado Saddam, que era sospechoso de ser miembro de una pandilla enemiga que estaba plantando bombas en la carretera. Con miras láser de visión nocturna irrumpieron en la casa de la familia del joven afgano. En minutos, se escucharon disparos. Saifullah corrió a su casa en busca de su padre y lo encontró, junto a su hermano y primos muertos con varios disparos en la cabeza.

El tío de Saifullah, que estuvo detenido por el SAS 20 días después de lo sucedido y liberado sin cargos, presentó una denuncia a la rama de investigación especial de la Real Policía Militar (Royal Military Police, en inglés), el cuerpo del ejército británico responsable de vigilar al personal de servicio del ejército, al considerar que su testimonio era lo suficientemente grave como para iniciar una investigación en marzo de 2014. Ahora surguen nuevas pistas que reactivan el caso.

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Doctor Peset: El enemigo de las pandemias que fue ejecutado por Franco

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abril 7, 2020

Jaume Claret

Autor, entre otros libros, de «El atroz desmoche. La destrucción de la Universidad española por el franquismo», 1936-1945 (2006), «Ganar la guerra, perder la paz. Memorias del General Latorre Roca» (2019), publicados en editorial Crítica.

Juan Bautista Peset Aleixandre (Godella, 2 de julio de 1886 – Paterna, 24 de mayo de 1941) protagonizó una relevante trayectoria académica y científica: con tan solo 22 años ya acumulaba cinco carreras (doctor en Medicina, Ciencias y Derecho, y perito químico y mecánico). Tras seis años como catedrático en la Universidad de Sevilla, en 1916 obtuvo la cátedra de Medicina Legal de la Universidad de Valencia, donde también sirvió como decano de Medicina (1930-31), vicerrector (1931-32) y rector (1932-34). Además, ocupó diferentes cargos públicos, pues participaba activamente de la vida y la política valencianas.[1] Así, encabezó la candidatura del Frente Popular en Valencia capital en febrero de 1936 y se convirtió en el electo más votado con 84.106 sufragios.[2]

Durante la guerra, compaginó la docencia con su escaño y con los cargos de comisario civil del Ejército republicano y responsable de los Hospitales. El primero febrero de 1939 asistía en Figueras a la última sesión de las Cortes republicanas en territorio español. Aunque cruzó la frontera, finalmente decidió regresar a Valencia y, desde allí, incluso intentó mediar en nombre de una República agonizante.[3]

Al finalizar la guerra, Peset y sus hijos se dirigieron al puerto de Alicante para esperar unos barcos que nunca llegarían. Fue detenido e inició un periplo por distintas prisiones. El 29 de julio de 1939 se le separaba de su cátedra[4] y, tras ser denunciado por tres médicos falangistas, se le sometía a un Consejo de Guerra Sumarísimo. La condena, dictada el 4 de marzo de 1940, fue de pena de muerte, pero el gran número de testigos favorables provocó que le fuera conmutada por treinta años y un día de cárcel.

Dos días más tarde se recibía una nueva delación, se le incoaba un nuevo Consejo de Guerra y una nueva pena de muerte el 25 de marzo. Esta vez no se salvaría. Tras catorce meses de espera, el 24 de mayo de 1941 se hacía efectiva.[5] A las seis de la mañana, junto con tres personas más, era fusilado contra el muro del cementerio de Paterna, donde más de dos mil víctimas serían pasadas por las armas durante la postguerra.[6] Años después, el poeta Vicent Andrés Estellés le dedicaría un poema que incluía estos versos:

“Tu, l'home bo, tu, l'home intel·ligent,
tu, la raó de tot un poble, caus”.

Si la figura de Peset personificó la persecución franquista contra la inteligencia, el conocimiento y el compromiso académico y político, también su rehabilitación fue icónica para la sociedad y la universidad valencianas democráticas. Instituciones como el Colegio Mayor y el Hospital Universitario llevan hoy su nombre. Además, la Universidad de Valencia, sobre todo bajo el rectorado de Pedro Ruiz Torres (1994-2002), ha trabajado activamente en la recuperación de su figura y su obra con actuaciones como la publicación facsímil de su proceso en mayo de 2001, coincidiendo con el sesenta aniversario de su ejecución, o a través de un emotivo homenaje presidido por las máximas autoridades académicas y familiares del ex rector en 2012.[7] De hecho, en Valencia surge y se mantiene una tradición de investigación y publicación, impulsada y participada en parte por la propia familia Peset, sobre la historia de la universidad española en general y de la valenciana en particular, que han sabido dar continuidad a esta necesaria recuperación de la propia memoria histórica universitaria.

[1] Pedro Laín Entralgo, “Juan Peset Aleixandre, 1886-1941”, en Estudios dedicados a Juan Peset Aleixandre, Valencia, Universitat de València, 1982, volumen I, pp. XXI-XXVII. Alicia Alted, “Las clases medias republicanas en el franquismo: represión y control social”, Ayer, 43, Madrid, Marcial Pons, 2001, pp. 79-80.

[2] Lluís Aguiló Lúica, “Notes sobre l'actuació política d'en Joan Peset”, en Estudios dedicados a Juan Peset Aleixandre, Valencia, Universitat de València, 1982, volumen I, p. LVIII.

[3] Miquel Calvet, “Joan Peset, l'afusellament de la raó”, El Temps, 884, Valencia, Edicions del País Valencià, 22 a 28 de mayo de 2001.

[4] Santi Cortés, L'exili valencià en els seus textos, Valencia, Generalitat Valenciana, 1995, p. 17.

[5] Marc Baldó y María Fernanda Mancebo, “Vida i mort de Joan Peset”, estudio introductorio en Joan B. Peset Aleixandre. Homenatge al rector de la Universitat de València, Valencia, Universitat de València, 2001.

[6] Miquel Calvet, “Joan Peset, l'afusellament de la raó”, El Temps, 884, Valencia, Edicions del País Valencià, 22 a 28 de mayo de 2001, pp. 20-26.

[7] www.lavanguardia.com/local/valencia...;uv–rinde–un–emotivo–homenaje–al–rector–peset–aleixandre–fusilado–por–el–franquismo–hace-70-anos.html, consultada el 25 d'abril de 2012.

Salvador Enguix
Periodista y profesor de periodismo político en la Universitat de València

La sentencia de muerte por “rebelión”, dictada en marzo de 1940, se ejecutó a las seis de la tarde del 24 de mayo de 1941. El doctor Juan Bautista Peset Aleixandre moría por los disparos de un pelotón de fusilamiento en el tristemente conocido como “paredón” de Paterna, València. Por la mañana había operado a un compañero de prisión de una hernia. Con su ejecución, el franquismo se libraba de otro hombre leal a la República que no había cometido ningún delito. Pero con su muerte, con tan sólo 55 años, desaparecía uno de los médicos y científicos más reputados de Europa en la lucha contra las pandemias.

Peset era un investigador único en el campo de la epidemiología y virología, pionero en la elaboración de vacunas como la que logró contra el pneumococo, responsable de las complicaciones pulmonares de la gripe de 1918 , en colaboración con los doctores Colvée y Rincón de Arellano. Estuvo a la vanguardia en España en los trabajos de campo para la detección, contención y análisis de infectados por bacterias o virus. Sus artículos en este terreno tienen plena vigencia en la manera como se está actuando contra la pandemia del coronavirus.

El doctor Peset, que se licenció con sólo 22 años en València, era un científico tenaz y apasionado por su trabajo, y solía definirse como “un hombre de laboratorio”. Miembro de una familia de amplia tradición en el campo de la medicina, quiso estar al día de los avances en Europa contra las pandemias que a principios del siglo XX diezmaban regularmente a la población por los brotes y por las malas condiciones higiénicas de las ciudades.

Una de sus obsesiones fue la manera de afrontar la fiebre tifoidea. Cuando fue jefe de laboratorio bacteriológico de Sevilla, donde en 1910 obtuvo la cátedra de Medicina Legal y Toxicología en la universidad de esta ciudad, fue comisionado para estudiar en París la vacuna ideada por Hyacinthe Vincenty, al volver, empezó a elaborarla en el laboratorio andaluz con el fin de iniciar las primeras campañas de vacunación por la provincia.

Cuatro años después fue nombrado catedrático de Medicina Legal de la Universidad de València y retomó esta actividad investigadora. Su papel fue determinante durante las epidemias que se sufrieron en Cheste (1916) y en Torrent (1917). “Nos podemos hacer una idea de la magnitud de esta tarea por el hecho de que fue condecorado dos veces por el gobierno español”, señala Felip Martínez Monzón, del Departamento de Historia de la Ciencia y Documentación de la UV, en la biografía que elaboró del doctor Peset. “Y no solamente eso: Vincent, creador de la vacuna, se refirió a él como l'apôtre de la vaccination, y en 1918 fue invitado a hacer una conferencia sobre la vacunación antitífica en la Facultad de Medicina de París, al mismo tiempo que fue nombrado miembro honoris causa de la Société de Thérapeutique”.

La doctora Carmen Barona Vilar, en su obra Las políticas de salud: la sanidad valenciana entre 1855 y 1936, editada por la UV en 2006, relata que, cuando se detectaron los brotes de Cheste y Torrent, “allí se desplazaron los doctores Peset Aleixandre y Torres Balbí, para recoger y analizar muestras de sangre de enfermos residentes en puntos distantes de la población y cuyos resultados fueron demostrativos de fiebres tifoideas”.

La autora subraya que su investigación encontró el origen del brote, la presencia de colibacilos, en el agua de abastecimiento de la población. “La confirmación del diagnóstico de fiebres tifoideas hizo que se ofertase sistemática y gratuitamente la vacuna a todos los vecinos”. Esta estrategia de actuar con energía sobre el terreno en los brotes se repitió en Buñol en 1918 y en los de Beniarrés y Enguera en 1920.
Inauguración de la estación sanitaria de Porta Coeli en 1931 (foto de Las Provincias, recogida en 125 aniversario del Grupo Aguas de Valencia)

Felip Martínez destaca que no menos importante fue la actividad que llevó a cabo durante la epidemia de gripe de 1918 en España al conseguir una vacuna contra el pneumococo, microorganismo que habían identificado en todos los casos más graves y que era el causante de las complicaciones respiratorias de la enfermedad. Su papel en esta crisis sanitaria también fue muy valorado entre la comunidad médica, como lo acredita la opinión de Fernando Rodríguez Fornos, clínico de prestigio y catedrático de la Facultad de Medicina de València, que consideraba que las investigaciones de Peset sobre la gripe eran las que se habían hecho “con más rigor y seriedad científica” de todo el estado, además de ser las que estaban “más en armonía con lo que la clínica enseña”.

Sus artículos científicos fueron publicados en las revistas más prestigiosas de la Europa de su tiempo, como la francesa Bulletin de l'Académie Nationale de Médecine o la alemana Chemisches Zentralblatt, y citados en textos como la toxicología química de Léon Barthe, profesor de la asignatura en Burdeos, el tratado de química toxicológica de su maestro Ogier o el tratado de medicina legal de los españoles Lecha Martínez y Lecha Marzo.

Peset era también un hombre de profundas convicciones políticas. Fue militante de Acción Republicana y, más tarde, de Izquierda Republicana, ambos partidos fundados por Manuel Azaña. Como presidente de Izquierda Republicana en València, fue candidato del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, resultando elegido diputado en listas abiertas a las Cortes españolas por València. El 26 de mayo de 1935 participó en el multitudinario mitin de Manuel Azaña en València, en el campo de Mestalla, que reunió a sesenta mil personas.

Durante la República fue rector de la Universitat de València y durante la Guerra Civil prosiguió sus labores humanitarias, ayudando asimismo a perseguidos por las milicias en la zona republicana, llegando a refugiar a gente en su propia casa, lo que fue expuesto durante el juicio pero de nada le sirvió. Fue comisario civil del Ejército, inspector de los hospitales de guerra y responsable de varios hospitales, lo que compaginó con su labor de diputado.

Tras la guerra, mediante una orden publicada el 29 de julio de 1939, el doctor Peset, como otros muchos docentes e investigadores, fue apartado de su cátedra por ser “pública y notoria la desafección […] no solamente por sus actuaciones en las zonas que han sufrido la dominación marxista, sino también por su pertinaz política antinacional y antiespañola en los tiempos precedentes al Glorioso Movimiento Nacional”. Fue sometido a dos consejos de guerra en marzo de 1940. En el primero, por “auxilio a la rebelión”, ante la denuncia hecha por los médicos falangistas Francisco Marco Merenciano, Ángel Moreu González-Pola (que posteriormente llegó a catedrático de Oftalmología de la Universidad de Santiago) y Antonio Ortega Tena, y fue condenado a muerte, recomendando sin embargo la propia sentencia la conmutación por una pena de reclusión de treinta años y un día.

Dos días después de emitirse, el delegado provincial de Sanidad José Rosa Meca—antiguo miembro de Renovación Española y presidente de Colegio de Odontólogos— reclamó un nuevo juicio, enviándole al auditor de guerra el texto de una conferencia que el doctor Peset había impartido en 1937 en la que éste criticaba la sublevación calificándola de respuesta inadecuada de los que no habían aceptado que habían perdido las elecciones, logrando una segunda sentencia en la que no había ninguna recomendación de gracia.

Hubo una amplia campaña en favor del indulto, en la que participaron prestigiosos científicos de toda Europa e incluso el arzobispo de València, Prudencio Melo, pero Francisco Franco, que tuvo sobre su mesa la posibilidad de conmutar la pena, no hizo nada, lo que traducía su interés de que fuera ejecutado. De esta manera, el franquismo mataba a una de las mentes más brillantes de la ciencia española, un pionero en la investigación epidemiológica, un profesor de prestigio y un innovador en la salud pública que de seguro, de no haber sido ejecutado, habría seguido las investigaciones para preparar al país y a los ciudadanos contra futuras epidemias como la que estamos viviendo.

Fuente:
https://www.lavanguardia.com/histor...

Tomado de: https://conversacionsobrehistoria.i...

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Pedro Casaldáliga, la muerte del obispo de la Amazonía

Tortuga Antimilitar - 10 August, 2020 - 00:00

Jesús Bastante

"Al final del camino me dirán: -¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres..." Pedro Casaldáliga acaba de llegar al final de ese camino que tantas veces dibujó en sus poemas. A sus 92 años, el obispo catalán, llamado por muchos el 'profeta de la Amazonía', ha fallecido a las 9,40 horas de Brasil, después de haber sido ingresado en una clínica de los claretianos en Batatais (Sao Paulo).

Como él siempre quiso, su cuerpo será enterrado en Sao Felix do Araguaia, en el Matto Grosso, el lugar que nunca quiso dejar. Así lo anunciaba el provincial de los claretianos en Brasil, padre Marco: “Comunico a todos hermanos de la Congregación el fallecimiento de D. Pedro Casaldaliga".

Una muerte anunciada después de que hace cinco días el religioso, uno de los inspiradores de la Teología de la Liberación, fuese trasladado desde el Amazonas a Sao Paulo para ser tratado de una neumonía asociada a un derrame pulmonar, del que no pudo salir. Hace unos días, incluso, el presidente de la Conferencia Episcopal, Juan José Omella, publicaba un tweet, en el que subrayaba "Mi oración por el descanso eterno de Pere Casaldàliga, obispo de la prelatura territorial de São Félix do Araguaia. Mis condolencias a los familiares y amigos de este religioso catalán, hijo del Corazón de María. Descanse en paz". Ahora, debe rescatarlo.

Casaldáliga, reconocido en Brasil por su intensa labor social y defensa de los más pobres, se le conoce como el "obispo del pueblo" por su defensa de los pueblos indígenas de la Amazonia y la lucha contra la violencia en el campo. El prelado catalán, que vivía en Brasil desde 1968, fue uno de los fundadores del Consejo Nacional Indígena del país. Su defensa de los pueblos originarios le costó en más de una ocasión sufrir amenazas de muerte. Pero Casaldáliga jamás abandonó la Amazonía.

Sólo, en dos ocasiones. Una, cuando fue llamado por Juan Pablo II en 1988, en los momentos más duros para la Teología de la Liberación, y ahora, para morir lejos de su tierra, donde volverá para ser enterrado junto a los indios. En aquella ocasión, en Roma, Casaldáliga dejó al Papa bien claro que "estoy dispuesto a dar mi vida en cualquier instante por Pedro, pero por el Vaticano es otra cosa". Para él, lo importante eran los pobres.

Si Wojtyla no lo entendió, sí lo hicieron otros dos papas, Pablo VI y Francisco. El primero fue claro al recibir las primeras denuncias contra Casaldáliga: "Quien ataca a Pedro, ataca a Pablo". El segundo, utilizando sus enseñanzas para escribir la magnífica encíclica Laudato Sí, de cuya publicación acaban de cumplirse cinco años. Sin Pedro Casaldáliga, afirman en el Vaticano, no podía haberse escrito la primera encíclica 'verde', en la que se alerta de los peligros de la deforestación y se defiende a los pueblos originarios. Tras Laudato Si, vino el Sínodo de la Amazonía. De hecho, Bergoglio consultó al prelado claretiano durante la redacción de texto.

"Francisco está desmantelando el aparato burocrático eclesiástico", aseguraba en su día Pedro Casaldáliga, quien veía en Francisco una posibilidad para hacer realidad "la Iglesia de los pobres". "Los del Primer Mundo, si no trabajáis la solidaridad, no os vais a salvar, pese lo que os pese", decía el obispo de la Amazonía, que en los próximos días, por fin, descansará "descalzo sobre la tierra roja", junto a los suyos, los pueblos originarios.

El Diario

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Las cosas claras y el chocolate espeso

Tortuga Antimilitar - 10 August, 2020 - 00:00

Juan Carlos Rois
Tortuga.

-** Que el chocolate es peste del dinero
así lo afirma el docto campanero
de la Iglesia mayor de Ponferrada
en cierto tratadillo de ensalada
que se halló en al archivo de Simancas
envuelto en unas servilletas blancas.
(Conclusiones sustentadas en la insigne Universidad de Vaciamadrid)

Durante la crisis COVID, en su etapa de confinamiento domiciliario obligatorio y reforzado gracias a esa especie de vigilancia global que se abre paso como nueva/vieja forma de presentir al Estado en nuestras vidas, no faltaron las noticias que nos indicaban cómo, entre los productos más demandados por la sociedad arrestada y ansiosa, uno de los más codiciados era el chocolate.

Tanto que, de alguna manera, y compitiendo con el vino, el papel de aguas mayores y otros productos de similar compulsión, dejaron ver las debilidades de nuestro sistema de consumo basado en la satisfacción de demandas prefabricadas de cosas innecesarias y permitieron atisbar cómo el gigante capitalista tiene los pies de barro y puede colapsar tanto por defecto como por exceso y al menor altercado consumerista, aunque la apariencia dice otra cosa.

El chocolate, ese manjar que a casi todo el mundo gusta (a mí, junto con otras golosinas y empalagos, no tanto) y que cuenta en su mitología propia con la atribución de propiedades afrodisíacas y sensuales, antidepresivas, de comunicación numinosa y, amén de atacar al colesterol «malo» y aliviar la flora intestinal, una pila mayor de beneficios físico-psíquicos que, no obstante, impugnan sus detractores, que dicen que engorda, lleva al vicio y a la perdición y, al cabo, a la fatal muerte, a cuyo mar, con o sin chocolate, los ríos caudales, chicos o medianos de la vida acaban por volcar sus aguas.

La disputa del chocolate no es nueva. Es vieja, a veces cómica, otras simplemente triste y siempre aleccionadora, aunque ha cambiado de contextos y los protagonistas, pues ahora son los nutricionistas, psicólogos, gastrónomos, parapsicólogos y agoreros del new Age los que opinan a favor o en contra del consumo del mismo (aclaremos que hablamos del chocolate de comer o beber, no del otro), pero antes era cuestión de curas y monjas, inquisiciones, canonistas, físicos y, cómo no, ortodoxia del poder.

Ahora la diatriba chocolateril es cuestión de ciencia y de realización humana, cuando antes era cuestión de ciencia hipocrática, teología y soteriología.

Al fin y al cabo, cuestión de discursos de poder inalterados y motivo de disciplinas sociales bastante funcionales por otra parte.

A sugerencia de un amigo, voy a escribir sobre dicha disputa. Digo esto porque, si el artículo no encaja en la línea editorial de este blog, la culpa la he de compartir con el mismo, incitador del desafío.

Me llama mucho la atención la serie de argumentos, a favor y en contra, traídos por los pelos muchas veces y casi siempre meramente emboscadas dialécticas con las que los teólogos de in illo tempore, disputaban, cual si fueran los políticos de ahora (una subcategoría teológica más bien de teología parda y chusca) en sus dimes y diretes. Vamos a verlo.

La primera noticia que tuve de la singular disputa del chocolate y de su extensión por academias y bibliotecas durante más de dos siglos (entre el XVI a mediados del XVIII) se la debo a un brillante artículo de Jiménez Lozano, sobrio y exquisito escritor por otra parte, publicado en El País en 1977, cuando empezaba mi afición por la prensa escrita. Luego, confusamente, tengo recuerdos de haber oído algo más, creo que principalmente referido al café y al tabaco, que tanto montan, cuando estudiaba teología (pecado que ya creo haber expiado a través de mis prácticas de olvido y la mortificación por tamaño dislate y por el paso del tiempo que todo lo cura) en los años 80. Si mi desmemoria no me falla, puede que en clases de «fenomenología del hecho religioso» del profesor y buena persona Juan Martín Velasco, gran maestro y, por cierto, fallecido en este mes de abril pasado.

Un poco de contexto

Parece ser que cuando Cortés y su dispositivo militar de proyección (perdonen el anacronismo en el uso del lenguaje) destruyó, civilizó y cristianizó a los aztecas, se topó con el cacao, que aquellos usaban como moneda de cambio, y con el chocolate, que se hacía como receta potable de aquel.

Se cuenta con una descripción que se le atribuye al susodicho Don Hernán acerca del «cacahuatl» (al parecer el nombre de la semilla del cacao) y del «chola´j» (que quiere decir algo así como reunión de personas), en la que el emperador depuesto lo bebía mezclado con chiles picantes, hongos y otras diabluras en copas de oro fino y que el mejunje tenía uso ritual, ceremonial o sagrado. Su cronista Díaz del Castillo cuenta algo parecido y da algún detalle más de la preparación «espesa y sazonada» y, sobre todo, de la costumbre de Moctezuma de beber quince o veinte tazas de esto antes de visitar a sus concubinas, derrotero chocolateril en el que de momento no vamos a entrar.

Fray Jerónimo de Aguilar, uno de los capellanes castrenses (de nuevo un anacronismo facilitador de la lectura) de aquella triste gesta, que además ejercía de faraute o intérprete del General Cortés (junto con Doña Mariana o «Malinche», luego tan afamada), le envió una pila de cacao a España a su amigo Fray Antonio de Alvaro, abad del Monasterio cisterciense de Santa María de la Blanca, conocido como Monasterio de Piedra y hoy, perdido su antiguo boato, parque temático de regular gusto.

Los monjes no apreciaron sus propiedades culinarias (no habría pasado tal si Don Alvaro Cunqueiro o Don Josep Pla, pongo por caso, hubieran sido abades en aquel trance, que porte y conocimientos tenían para eso y más), ni gustaron los frailes de la receta del chocolate que les proporcionó su correligionario y, como el fruto les pareció amargo y áspero, le dieron una función medicinal y purgativa, como al ricino o las lecturas de santos y mártires.

Así y todo, a alguien se le debió ocurrir mezclar el cacao disuelto en agua con miel, azúcar, vainilla, nuez moscada, leche o cualquier otra cosa, de tal guisa que acabó por extenderse el consumo del producto por conventos, monasterios y palacios del reino, popularizando con ello las reuniones de «chocolatada» para saborear las jícaras de humeante chocolate en las mejores casas de los reinos de las Hispanias (porque al principio era alto secreto del que no gozaban infieles o reinos de la cristiandad más o menos amigos). E incluso haciendo de los dedos huéspedes al propio Conde Duque de Olivares, el del cuadro velazqueño, que pensó en convertir el comercio del chocolate en monopolio del Estado, igualito que siglos después hizo Primo de Rivera con el petróleo y el tabaco y no sé qué cosas más.

El furor de la bebida era tal que he encontrado en algún texto piadoso del siglo XVI y XVII quejas por el abuso que las marquesas daban al chocolate in sacris, en los largos (y supongo que tan pesados y desatinados como ahora) sermones que los predicadores atizaban en las liturgias tridentinas de aquellas épocas. Y es lógico, que las marquesas no compaginaban bien con el enorme frío invernal de los templos castellanos de entonces (y de ahora, caray) y en algo tenían que pasar el rato, dado que tampoco era cuestión de hacer caso al lado estrecho de una moral de apariencias como la que se estilaba (y ahora, recaray).

Para entender la disputa conviene conocer algunas características del ayuno de aquel entonces.

El ayuno y la abstinencia cristiana tienen una indudable conexión con la del judaísmo, religión también ayunadora y recargada de casuística de productos que se pueden comer y que no se pueden comer, fechas en que debe ayunarse y un sinfín de normas desquiciantes de singular falta de sentido común.

Los cristianos de la época de la disputa chocolatera debían practicar una moral austera y tenían obligaciones de ayuno y abstinencia mucho mayores que las actuales y, sobre todo, vigilados por el poder.

Debían ayunar los miércoles, viernes y sábados, así como la noche anterior a las fiestas importantes, las de 40 días antes de navidad y durante la cuaresma, lo que imponía rigores más que importantes y convertía en motivo de sobrevivencia conocer qué se podía llevar la grey de dios a la boca en tales momentos.

En los pueblos mediterráneos, el tema del ayuno y, sobre todo, el de la abstinencia de comer carne eran mucho más pasables que en los fríos reinos septentrionales, porque los sureños podían, por ejemplo, usar el aceite (que era líquido) o pegarse un hartón de vino o zumo de frutas y almendras para aliviar el ayuno; o bien comer vegetales o trigo en el invierno (porque en el Sur el clima lo permite), mientras que los países fríos no tenían dichos alimentos y privarles de carne, encima, complicaba sus ayunos y abstinencias (de hecho, algunos pidieron bula al Papa para que les permitiera usar la mantequilla para aliviar los rigores ayunaticios).

El caso es que cuando llegó el chocolate, la disputa sobre lo que rompía el ayuno y lo que no, era ya un temita en la cristiandad y contaba con espesa casuística, en parte basada en la concepción hipocrática de la composición del mundo en cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua) y la repercusión de éstos en los «humores» humanos, conforme a la cual los humanos se distribuían en coléricos (predominio del fuego), flemáticos (predominio del agua), sanguíneos (del aire) o melancólicos (tierra); y los alimentos, conforme a su composición de frío/calor/humedad/sequedad producían efectos diferentes en cada cual, todo lo cual afectaba a su capacidad, digámoslo así, y predisposición al ayuno y daba lugar a un enrevesado glosario de productos que se podían tomar sin romper el ayuno o que no se podían tomar porque lo rompían, así como de productos que se podían consumir en la abstinencia porque no eran carne (por ejemplo, el pescado, al ser un elemento frío y acuoso no era carne, como pasaba con el castor o el cui en américa, que ni son de agua ni de tierra, o con el pollo, porque estos señores pensaban como mi madre cuando voy a verla y la digo que no quiero comer carne, que me atiza un pájaro porque para ella tampoco el pollo el carne).

Y en estas llega el chocolate con su jícara, que es líquido y espeso (bueno esto depende de la cantidad de agua que contenga) pero tienen unas capacidades saciantes inapelables.

¡Con la iglesia hemos topado!

La sensualidad, el gozo, la apelación al placer carnal, el gusto por lo delicioso, la reunión, la fiesta, la alegría y otros muchos complementos que se nos ocurren, no eran gratos a todos y llegó la cosa a tal extremo que los conventos del carmelo incorporaron a sus tradicionales y rigoristas votos el de no probar el chocolate, que se daba en algunos sectores por invento diabólico. Incluso el capítulo de 1640, con Santa Teresa vivita y coleando, prohibió su consumo, que apartaba a las religiosas de la contemplación y el aburrimiento purgativos y camino de perfección.
Pongo aquí unas fotos del soberbio y cuarto voto de las (por otra parte, vegetarianas) monjas del carmelo: no comer ni dar a probar a nadie chocolate.

y

Y, qué digo del carmelo. También los jesuitas pestificaron (al principio, porque luego, al tener plantaciones del mismo producto y comerciar su traída a la península, cambiaron animosamente de bando) y el sector rigorista (pero minoritario) de los dominicos, y tantas y tantas otras personas de leyes y teologías.
Y no sólo. Que empezaron a corretear, cuales teas incendiarias, detractores del consumo del citado chocolate entre gentes entradas en religión, lo que estimuló no poco las investigaciones de la inquisición para evitar ciertos relajos, y en diatribas en contra del consumo de este, esto tanto entre religiosos como de seglares, en los preceptivos ayunos que la iglesia tridentina, siguiendo una tradición muy anterior y leyes canónicas bastante antiguas, ordenaba, regulaba y vigilaba.

La importancia de la disputa teológica y social sobre el ayuno.

El ayuno y la abstinencia de ciertos productos, aunque entre nosotros ha perdido mucha popularidad, sigue siendo en casi todas las religiones una de las prácticas religiosas más importantes y una de las principales «mediaciones» personales en las que se manifiesta el hecho religioso y su enrevesado mecanismo de expiación/religación del fiel con la comunidad creyente, así como de identidad colectiva de la comunidad creyente. Ayunan y se abstienen, tanto en la piedad individual como en la manifestación colectiva y ortodoxa, los fieles y las comunidades musulmanas, judías, cristianas, hinduismos, budistas y de cualquier otra índole. Incluso las nuevas religiones sin dioses y toda la retahíla de credos higienista, naturistas, políticos o similares hacen del ayuno un mecanismo de similar funcionalidad fenomenológica.

La mentalidad religiosa, incluida la que ostenta una gran parte del ateísmo nominal (seguimos aquí a Eliade y al ya citado Martin Velasco) participa de esta especie de práctica, a caballo entre la oración/meditación y el sacrificio simbólico/oblación, como vía rememorativa, purificativa y penitencial del «creyente» que busca el «encuentro» numénico mediante su acto «interior» (amoldándolo a su propias entendederas, y allá cada uno consigo mismo y las películas que se fabrique). Pero también las organizaciones eclesiales y políticas, ya sean las institucionalizadas o las más informales y espontáneas, tienen un interés especial en regularlo como práctica externa y social (como hace cuando puede con las restantes prácticas penitenciales, como por ejemplo con la limosna y la oración) y por someterlo a un riguroso control para garantizar la autoridad esencial de los que mandan sobre el tinglado y el mecanismo de adhesión, fabricación de certezas o verdades y legitimación en definitiva.

De este modo, el ayuno «externo» y «social», como cualquier otro purgante más sofisticado y sutil que se nos ocurra (ahora más vigentes en nuestro mundo post-postmoderno) que impliquen oblación personal o cualquier otra entrega en cuerpo y alma, sirve como regla de conducta y como espiritualización de la voluntad del poder y regula la vida de la sociedad con potencialidades que otras representaciones de este ni siquiera se acercan a conseguir. Y permite aplicar respuestas de control social para todos y de represión para los que lo desafían.

Bueno, puede ser que me haya pasado de la raya, pero, sobre todo, me he salido de tema por un momento. Pido perdón a los ofendidos y vuelvo a lo que estamos.
El chocolate, recapitulando, se hizo objeto de controversia entre los que aspiraban a una vida religiosa canónica y estable, la casta religiosa de curas, monjas, frailes, diáconos, subdiáconos, hermanos legos, confesores, obispos y todo el coro angélico imaginable, tan importante para la estabilidad de la época. Y se hizo objeto de controversia porque invitaba al reconocimiento de la carne (que en teoría había que anonadar a favor del alma) en el camino religioso, y a la apelación al deleite, a la alegría de grupo y el exotismo como «mediaciones» que desbordaban los de la autoridad y la tradición . . . apelando a una nueva economía religiosa.

Pero también se volvió motivo de disputa y regulación respecto al mundo mundano, en cuanto que se popularizó tanto la amenaza de romper con la regla de ayuno social que amenazó con cuestionar no tanto el modo de ayunar, sino el ayuno mismo y el mecanismo de distinción de las disidencias en función de la práctica religiosa y la asunción de las ideas de la autoridad.

Bien, no me quiero extender mucho en el anecdotario chocolatero. Vamos a lo que vamos.

Era tal la extensión de la bebida entre las capas sociales que podían permitirse las humeantes jícaras de chocolate espeso (al que por cierto se solían echar dentro tropezones de pastelería y otras cosas para mayor deleite) que, en un momento dado, se produjo la enrevesada disputa teológica alrededor del mejunje y sobre todo, del peligro que este conllevaba de infracción de una norma social y política de singular vigencia e importancia, cual era el precepto del ayuno canónico impuesto a todo cristiano en los tiempos litúrgicos establecidos y el ayuno no menos preceptivo de los religiosos antes de comulgar y otras reglas cultuales por el estilo.
Vamos al grano: ¿Rompe la ingesta de chocolate el ayuno preceptivo? Porque la vigencia del ayuno preceptivo era sustancial para el mantenimiento del sistema de autoridad y poder vigentes y para la eficacia de sus mecanismos de cohesión y control social, y su relajo o dilución catastróficas y deslegitimadoras de este.
Hoy parece cosa de chufla, pero en aquella cultura barroca, tan propicia a la madera revestida de oropel, a las apariencias, al fingimiento y al emboscamiento social de supervivencia (el Profesor Tierno Galván en su labor docente y ensayista dixit), eso del ayuno era la repera y tenía su enjundia para el mantenimiento de los palos del sombrajo. Valía su peso en oro, porque el ayuno era uno de los ladrillos basales que fortalecían el orden social de la cristiandad tan «católica» (Lutero había hecho chuflas del ayuno precisamente por su papel en la sociedad papista; mientras que por otra parte diferenciaba en sus prácticas a la comunidad cristianovieja de los conversos judaizantes, que o bien no lo practicaban o lo practicaban en tiempos litúrgicos no canónicos, y de la quintacolumna muslí que hacía sus ramadanes a escondidas).

Por eso su infracción o relajación (motivo de sospecha disidente) era perseguida por el Santo Oficio de la Inquisición, la suma de la policía secreta y el CNI de la época, pero con más mala leche y autorización para ejercer la venganza de forma más brutal que los de ahora.

Para hacernos a la idea de lo escandaloso de la pregunta, supongamos que, hoy en día, elegimos otra pregunta molesta para el orden vigente (aquí cada uno pondrá la de su preferencia). Yo por ejemplo (y deformación propia) propongo ¿rompe con la sociedad quien no colabora con los ejércitos? O ¿es insolidaria quien desobedece al gasto militar? Podríamos preguntarnos más cosas: ¿y el que desafía el tinglado electoral negándose a participar de éste? ¿o el que hace de la lucha social y de la acción directa noviolenta su medio de actuación pública? ¿o quien procura rechazar las prácticas machistas, o consumistas?, ¿o . . . ?

¿Rompe el ayuno eclesiástico el consumo del chocolate (del líquido)?

En el año 1591, requerido por un obispo preocupado por el celo de su grey, Don Juan de Cárdenas informa que el chocolate no es una bebida porque las bebidas tienen la propiedad de refrescar y quitar la sed, mientras que el chocolate ni lo uno ni lo otro.
No contento el prelado con tan rigurosa opinión, se piden otras y es el dominico Agustín Dávila, al que suponemos buen catador del producto, quien contradice el rigorismo anterior y afirma que se pude beber antes de comulgar sin romper el ayuno.

Entre detractores y adeptos, transcurre la disputa por colegios y estudios teológicos, conventos y palacios hasta que deciden preguntar al Papa Gregorio, que lo prueba y aprueba, caray, ¿quién dice que esto es comida que me lo excomulgo?
No debe quedar la cosa clara porque la disputa continúa por dos siglos más hasta que se resuelve contundentemente a favor del chocolate.

El caso es que, en la disputa, que llegó a contar con extensa literatura científica (ejem, es un nuevo anacronismo y una licencia humorística que me tomo) tuvo dos posturas enfrentadas y luego diversas variaciones sobre el mismo tema.

Por resumir y simplificar mucho el asunto. A un lado del ring se situaron los rigoristas, principalmente representados por el sector más importante de carmelitas y otras congregaciones austeras y casi ascéticas y un buen sector de los jesuitas y dominicos, manteniendo que el consumo de chocolate rompía la sacrosanta regla del ayuno y debía prohibirse en los tiempos prescritos al común de los fieles y advertirse contra su consumo a los hombres de religión. En el otro, sectores disidentes de las anteriores, congregaciones más laxas y teólogos progres de entonces, el sector que llamaremos aperturista en la materia, que condenaba el pacado, pero no el pecador (comprendía sus debilidades y predicaba con ello la doble moral que afianzaba la norma pero, muy propio, dispensaba su cumplimiento con tal de que no se notara mucho) y afirmaba que el consumo de chocolate no rompía el ayuno y era admisible por una de estas tres razones:

  • Porque el chocolate no era alimento sino bebida en su esencia.
  • O porque, a pesar de contener en su esencia alimento (disuelto o licuado) y no sólo bebida, lo hacía en cantidad pequeña y no capaz de romper el ayuno.
  • O porque, al fin y al cabo, la sustancia del ayuno es una disposición espiritual y no tiene que ver con el alimento en sí, mero accidente, sino con la disposición de ánimo y la intención del ayunante.

Como digo, el debate se puede complejizar mucho más, incorporando las distinciones del pensamiento tomista y aristotélico de potencia y acto, sustancia y accidente, cantidad y calidad, aplicados al modum cibi (comida) y al modum potus (bebida), calidad intrínseca o extrínseca, accidental o esencial, o a máximas sacadas de la autoridad o de la silogística, y otras mil diabluras dialécticas. Pueden imaginarse la de argumentos, en pro y en contra, que podrían justificar o no el consumo de chocolate sin romper el precepto del ayuno, que ríete tú de la nomenclatura que utilizan ahora nuestros políticos y comentaristas de todo orden para decir mucho sin decir nada de nada, pero más o menos, todo se concentra en estas grandes argumentarios, según los cuales, acabó por admitirse que:

  • - El chocolate o bien es pura bebida y como tal puede pegarse uno una panzada de ella sin romper el ayuno
  • - Aunque por la mezcla con comida (aunque a veces disfrazada de apariencia de bebida, porque los antiguos habían descubierto ya la manera de licuar cosas para que parecieran bebida sin serlo) que puede conllevar (azúcar, vainilla) esencialmente es bebida (se entiende que cuando no se atiborra de tropezones o cuando no se mojan churros) ya sea porque lleva una cantidad insuficiente para volverse esencialmente comida (diluir muy poca cantidad en mucha agua), ya porque lleve la que lleve, y en función de la naturaleza de lo que echaran (Por ejemplo, cacao admitido, agua admitido, vainilla admitido, azúcar o miel admitido, pero leche prohibido, frutas prohibido, bizcochos de soletilla prohibido y así sucesivamente) no producía una mutatio qualitatis que convirtiera rem in diversa substantia y por tanto, se podía comer sin pasarse
  • - O, aunque pudiera ser comida, si su proporción era moderada o mínima (como pasaba con otras viandas que a pesar de ser comida se permitían si eran frugales) se podía atizar uno la jícara.
  • - O, dado que existía un comentario, canónico a estas alturas, de San Jerónimo (el que puso la biblia en latín corrigiendo algunas cosas que el original no contenían o no al modo adecuado) «El ayuno y abstinencia consiste en los accidentes y no en la sustancia de ellos» con lo que bastaba con la disposición ayunante de ánimos del goloso para que el ayuno quedara sin romper por atizarse la chocolatada.
  • - Aunque no faltaban quienes aconsejaban mantener el rigor ascético y dejar el chocolate para tiempos mejores, o incluso quien lo aborreciera como cosa del diablo, como pasó con las carmelitas, que hacían voto de abstinencia del chocolate entre sus otros votos sagrados.

Aunque parezca mentira, todo este desquiciado esfuerzo produjo una gran cantidad de «literatura», como el libro del médico y astrólogo Juan de Barrios de 1609, el del Hermano mayor del Cristo de San Pedro (Cofradía auspiciada por los dominicos) y también médico Bartolomé Marradón de 1618, la «Quiestión moral» escrita en 1636 por el vallisoletano León Pinielo, jurisconsulto y nieto de un judaizante churrascado en Lisboa, quizás el más importante texto de los que conozco; el «panegírico» (escrito en insufribles octavas) sobre el chocolate y escrito por el capitán Manuel Castro de Torres en 1640; los dos libros de Colmenero Ledesma, de los años 1631 y 1644, el del bachiller en teología y médico cordobés Manuel Caro Davila de 1680, o, pasado por obras teológicas de comentaristas de Aristóteles en la Universidad de Salamanca y Alcalá, unas a favor y otras en contra, de Celio Rodriguino, alguna referencia franciscano Juan de Torquemada (no confundir con el dominico Torquemada, inquisidor general), Acursio, Juan de Solorzano, Fray Toribio de Motolinia, Juseph de Acosta , Fray Agustín de Avila Padilla, Fray Graciano de Monforcio, Periquillo Pindanglas y otros que terciaron en dicha disputa... Mas la sentencia de un Cardenal, Francesco María de Brancaccio, que tras meterse para el coleto en plena cuaresma de rigores un par de tazas del preciado líquido pronunció su sentencia liquidum non frangit jejunum (lo líquido no infringe el ayuno) y las bulas de cuatro papas (Gregorio XIII; Clemente VIII, Paulo V, Urbano VIII) para acabar de zanjar el enrevesado asunto.

Miren hasta qué punto hilaban fino que hubo una disputa añadida cuando Facecilla de Medici, con fama de santa niña, tuvo un arrebato y cayó lívida al suelo, siendo reconstituida por un ángel que la ofreció una taza de chocolate, que se metió la susodicha para el coleto volviendo a su ser. ¿Prueba del agrado del Señor por el chocolate? Pues no se sabe, porque un aparte de la curia se preguntó si el ángel era de los buenos o de los malos.

En fin, argumentos hay para todo, y si no que se lo pregunten a Casado o a Pedro Sánchez o a Iglesias o a los otros actores de nuestra política decadentista.
Por cierto, que la inquisición, finalmente, dejó de poner los ojos en el consumo del chocolate (es decir, del bebido) en 1666, pero eso sí, siempre que en su mezcla no se echara ni azúcar ni leche, dos materias que eran, a la sazón, comida y no bebida.

Final

Pueden parecer todas estas disquisiciones, argumentos y emboscadas puras patrañas, pero estos razonamientos, y otros similares, utilizan silogismos, construcciones argumentales y relatos que bien se parecen a los de los políticos de hoy en día cuando discuten de cualquier cosa, porque valen para un roto y para un descosido.

De hecho si quitamos chocolate y ponemos otros términos del momento, como república, monarquía, estado, leyes, obediencia, impuestos, ejércitos, gasto militar, guerras . . . qué se yo, podemos imaginar razones en pro y en contra que son, como con el chocolate y el ayuno, el chocolate del loro, mera palabrería, mera entelequia con la que nos embadurnan, con las que unos opinan en contra de los otros, y con la que nos someten al canon que nadie cuestiona. Hoy en día nos siguen hablando del chocolate, pero no de la idiotez del ayuno.

Postdata:

No me resisto a contar una anécdota jesuítica que no sabía yo donde meter en este texto y que muestra el gran aprecio de los jesuitas, uno de cuyos congregados es ahora Papa de Roma, por el chocolate.

Y es que, en el 1701, muerto el último rey de los Austrias, llegó a Cádiz un cargamento con unas 80 cajas de «Chocolate para el Reverendísimo Procurador General de la Compañía de Jesús», a primera vista un ejemplo de la estima en que se tenía este producto en el jesuitismo.

Pero, dice la leyenda, quiso la fortuna que, al intentar cargar las cajas, estas pesaban tanto que ni entre varios mozos podían con cada una de ellas, por lo que decidieron desmontarlas y cargar porciones más pequeñas, con la mala suerte de que alguna se debió caer y se rompieron las «bolas» de chocolate, mostrando en su interior otras bolas, pero de oro.

Oro bañado en chocolate, menudo festín y menudo desayuno.

Y es que hay quien siempre ha sabido cómo endulzarse el triste tránsito por este valle de lágrimas.

Si van a consumir chocolate sepan que la Iglesia tiene dispensa sobre el mismo porque no rompe el ayuno. Me pregunto su la extensión de la bula podrá extenderse la otro chocolate, que en definitiva es puro humo.

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Aquí no

Tortuga Antimilitar - 10 August, 2020 - 00:00

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La industria armamentística fomenta que Europa se consolide como fortaleza

Tortuga Antimilitar - 9 August, 2020 - 00:00

Por Mark Akkerman
Fuentes: Crisis Magazine

Foto: Kostas Papadakis

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

En los últimos años, los crecientes llamamientos a la disuasión han intensificado la violencia física a que se enfrentan los migrantes en la frontera de la UE. La externalización de la frontera a través de acuerdos con los países de origen y tránsito señala la expansión de este proceso de securitización. Las ganancias financieras de las empresas internacionales de armamento en esta tendencia de militarización constituyen un gran obstáculo para el cambio de políticas.

En marzo, abril y mayo de este año, varios países europeos desplegaron fuerzas militares en sus fronteras nacionales. Se hizo para reforzar los controles y patrullas a raíz del cierre de fronteras y otras restricciones al movimiento debido a la crisis de la covid-19. Polonia desplegó 1.460 soldados en la frontera para apoyar a su guardia fronteriza y a la policía como parte de una operación militar más amplia en reacción a la covid-19. Y la policía portuguesa utilizó drones militares como complemento a sus controles de fronteras terrestres. Según reseñas de la OTAN, la República Checa, Grecia, Letonia, Lituania, Holanda (policía militar), Eslovaquia y Eslovenia, todas ellas estacionaron fuerzas armadas en sus fronteras nacionales.

Aunque algunos de estos despliegues se han revertido o lo serán a medida que se supere la crisis del coronavirus, no son desarrollos excepcionales. Muy al contrario, el uso de las fuerzas armadas para la seguridad y el control fronterizos es un hecho común en las fronteras exteriores de la UE desde la llamada crisis de refugiados de 2015. Forma parte de la continua militarización de las políticas europeas de fronteras y migración, bien conocida por incrementar los riesgos a que se enfrentan los refugiados y que cada vez se expande más a terceros países. El éxito de los grupos de presión de la industria militar y de seguridad ha sido un motor importante para estas políticas, de las cuales se han beneficiado las grandes compañías europeas de armas.

La militarización de las fronteras tiene lugar cuando los Estados miembros de la UE envían ejércitos a las regiones fronterizas, como lo hicieron en la Operación Sofía frente a la costa libia. Esta fue la primera misión militar de la UE para impedir la migración. Pero la militarización fronteriza también incluye el uso de equipos militares para el control de la migración, como helicópteros y patrulleros, así como el sistema de vigilancia de la UE Eurosur, que conecta los datos de la vigilancia de todos los Estados miembros. Además, los países de la UE ahora tienen más de 1.000 kilómetros de muros y vallas en sus fronteras equipados con tecnologías de vigilancia, control y detección, junto a un uso cada vez mayor de drones y otros sistemas autónomos. La UE también financia un flujo constante de proyectos de Investigación y Tecnología (I+T) para desarrollar nuevas tecnologías y servicios para supervisar y gestionar la migración.

Es un proceso que lleva décadas produciéndose. El Acuerdo de Schengen de 1985 y la posterior creación del Área Schengen, que combinó la apertura de las fronteras internas de la UE con un fuerte control en las fronteras externas, puede valorarse como el punto de partida de estos desarrollos. Después de 2011, cuando la llamada “Primavera Árabe” provocó temores de una migración masiva a Europa, y especialmente desde la “crisis de refugiados” de 2015, la UE aceleró enormemente el impulso y la militarización de la seguridad fronteriza. Desde entonces, impedir la migración está a la cabeza de la agenda de la UE.

Una parte cada vez más importante del proceso de militarización fronteriza no tiene lugar en las fronteras europeas, sino mucho más allá de ellas. La UE y sus Estados miembros están incentivando a terceros países para que detengan a los migrantes mucho antes de que lleguen a Europa. Esta externalización de las fronteras ha adoptado muchas formas, desde ampliar los objetivos de las misiones EUCAP en Malí y Níger para incluir la prevención de la migración irregular, hasta financiar y capacitar a la Guardia Costera de Libia para devolver a los refugiados a la tortura y el hambre en los infames centros de detención libios. También incluye la donación de equipos de seguridad fronteriza, por ejemplo, de Alemania a Túnez, y fondos para compras, como la adquisición de buques de guardia costera por parte de Turquía para fortalecer sus capacidades operativas.

Además de las consecuencias directas de los esfuerzos de externalización de la frontera europea, estas políticas causan y empeoran los problemas de los terceros países afectados: desvían fondos y prioridades de desarrollo, arruinan las economías basadas en la migración y fortalecen regímenes autoritarios como los de Chad, Bielorrusia, Eritrea, y Sudán, proporcionando fondos, capacitación y equipamiento a sus fuerzas militares y de seguridad. Precisamente son estos órganos estatales los más responsables de la represión y los abusos de los derechos humanos. Todo esto alimenta los factores que impulsan la migración, incluida la violencia, la represión y el desempleo. Como tal, es casi una garantía para más refugiados en el futuro.

La agencia de seguridad fronteriza de la UE, Frontex, ha extendido también sus operaciones a países no pertenecientes a la UE. Las negociaciones en curso y las conclusiones de acuerdos con los países de los Balcanes dieron como resultado que la primera operación en Albania comenzara en mayo de 2019. Y esto es solo una pequeña parte del papel de expansión del Frontex en los últimos años. En respuesta a la “crisis de refugiados” de 2015, la Comisión Europea lanzó una serie de propuestas que incrementaron en gran medida los poderes de la agencia, que incluyen una asesoría vinculante con los Estados miembros para que aumenten su seguridad fronteriza y la concesión al Frontex del derecho a intervenir en los asuntos de los Estados miembros (incluso sin su consentimiento) por decisión de la Comisión o el Consejo de Europa.

Estas propuestas también incluyeron la creación de un cuerpo permanente de 10.000 guardias fronterizos y un presupuesto para comprar o arrendar su propio equipamiento. En concreto, el Frontex comenzó con un presupuesto de 6 millones de euros en 2005, que se aumentó a 143 millones de euros en 2015. Después ha ido creciendo de forma veloz de 239 millones de euros en 2016, hasta alcanzar la cifra de 460 millones de euros en 2020. La enorme expansión de la seguridad fronteriza de la UE y el control han ido acompañados de un rápido aumento de los presupuestos en general. En los últimos años, se han gastado miles de millones de euros en fortificar fronteras, establecer bases de datos biométricos, aumentar las capacidades de vigilancia y pagar a países no pertenecientes a la UE para que participen en este proceso de expansión.

Las negociaciones sobre el presupuesto para los próximos siete años para la UE, el Marco Financiero Plurianual 2021-2027, están aún en marcha. En la última propuesta de la Comisión Europea, que se posiciona claramente como respuesta a la pandemia de la covid-19, el fondo para fortalecer la seguridad fronteriza de los estados miembros, el Fondo Integrado de Gestión Fronteriza, ha asignado 12.500 millones de euros. Sus predecesores, el Fondo de Fronteras Exteriores (2007-2013) y el Fondo de Seguridad Interna-Fronteras (2014-2020), tenían presupuestos mucho más pequeños: 1.760 millones de euros y 2.700 millones de euros, respectivamente. Para el Frontex se reservan 7.500 millones de euros, con 2.200 millones de euros destinados a la compra o alquiler de equipos como helicópteros, drones y lanchas de vigilancia. Estos enormes aumentos de presupuesto son un ejemplo de la prioridad que la UE atribuye a detener la migración.

La narrativa que subyace en estas políticas y crecimientos presupuestarios es la percepción de la migración como una amenaza, como un problema de seguridad. Como escribe la investigadora, Ainhoa ​​Ruiz (Centre Delàs): “el proceso de securitización incluye asimismo la militarización”, porque “el paradigma predominante para proporcionar seguridad se basa en principios militares: el uso de la fuerza y ​​la coerción, más armas equivale a más seguridad, la seguridad se logra eliminando amenazas”.

Esta narrativa no ha salido de la nada. Está promovida por políticos de derecha y seguida a menudo por partidos centristas e izquierdistas que temen perder votantes. Es importante destacar que está también impulsada por un amplio y exitoso lobby industrial. Según Martin Lemberg-Pedersen (profesor asistente en Estudios Globales sobre Refugiados, Universidad de Aalborg), las compañías de armas “se establecen como expertas en seguridad fronteriza y utilizan esta posición para enmarcar la inmigración hacia Europa como una amenaza para una seguridad cada vez más necesitada de productos [de seguridad] cada vez más avanzados”. La narrativa de la migración como un problema de seguridad prepara el escenario para que los militares, y las compañías de seguridad detrás del lobby del armamento comercial, ofrezcan sus productos y servicios como solución al problema. La gama de políticas de militarización mencionadas hasta ahora refleja una amplia adopción de esta narrativa.

Las organizaciones de presión de las grandes compañías militares y de seguridad europeas interactúan regularmente con la Comisión Europea y las agencias fronterizas de la UE. Tienen reuniones, organizan mesas redondas y se encuentran en ferias y conferencias militares y de seguridad. Los representantes de la industria también participan en grupos asesores oficiales, son invitados a presentar nuevas armas y tecnologías y a redactar propuestas de políticas. Estas propuestas pueden a veces ser tan influyentes que se adoptan como políticas, casi sin modificaciones.

Eso fue lo que sucedió, por ejemplo, cuando la Comisión decidió inaugurar el Instrumento que contribuye a la Seguridad y la Paz, un fondo destinado a la construcción de la paz y la prevención de conflictos. Los términos del fondo se ampliaron para cubrir, por ejemplo, la provisión a terceros países de equipos de seguridad no letales con fines de seguridad fronteriza. El nuevo documento de política resultó ser una reproducción, paso a paso, de una propuesta anterior de la organización de lod lobbys Aerospace and Defence Industries Association of Europe (ASD). Sin embargo, quizás el éxito de mayor alcance de este tipo es la expansión del Frontex en una Guardia Europea de Fronteras. Años antes de que realmente sucediera, la industria ya había estado presionando para conseguir este resultado.

Las mismas compañías que están a la vanguardia del lobby de seguridad y control fronterizo son también, como era de esperar, las grandes ganadoras de los contratos de la UE y los Estados miembros en estos ámbitos. Entre ellas se incluyen tres de las mayores compañías de armas europeas (y globales), a saber, Airbus (Paneuropean), Leonardo (Italia) y Thales (Francia). Estas compañías están muy activas en muchos aspectos del mercado de seguridad y control fronterizo. El principal producto de Airbus y Leonardo en este campo son los helicópteros, con fondos de la UE que pagan muchas compras de la UE y de terceros países. Thales proporciona radar, por ejemplo, para buques de patrulla fronteriza, y está muy involucrada en la identificación biométrica y digital, especialmente después de haber adquirido al líder del mercado, Gemalto, el pasado año.

Estas tres empresas son las principales beneficiarias de la obsesión europea contra la migración. Al mismo tiempo, estas tres compañías favorecen también nuevas corrientes migratorias a las costas de Europa a través de su comercio de armas. Son responsables de partes significativas de las exportaciones de armas de Europa a países en guerra, y proporcionan las armas utilizadas por las partes en conflictos armados internos, por violadores de los derechos humanos y por regímenes represivos. Estas son las fuerzas que alimentan las razones por las cuales las personas se ven obligadas ante todo a huir.

Muchas otras compañías militares y de seguridad ganan también hasta cientos de millones de euros en grandes proyectos de control y seguridad fronteriza orientados a la logística y el transporte. El constructor naval holandés Damen suministró patrulleros fronterizos no solo a muchos países del sur de Europa, sino que también los vendió, a pesar de la polémica surgida, a Libia y Turquía, entre otros. Sus barcos también se han utilizado en las operaciones del Frontex, en la Operación Sophia y en el Paso entre Calais y Dover.

La compañía española, European Security Fencing, proporcionó alambre de púas para las vallas de concertinas alrededor de los enclaves españoles de Ceuta y Melilla, en Marruecos, así como la valla en Calais y las vallas en las fronteras de Austria, Bulgaria y Hungría. Frontex, la Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA) y Grecia alquilaron drones de vigilancia fronteriza a Elbit e Israel Aerospace Industries (IAI), que son dos compañías militares israelíes que promocionan de forma habitual sus productos como “probados en combate” o “probados en el campo de batalla” contra los palestinos.

Civipol, una empresa público-privada francesa propiedad del Estado, y varios grandes productores de armas (incluidos Thales, Airbus y Safran) ejecutan una serie de proyectos de seguridad fronteriza financiados por una serie de países miembros de la UE en terceros países. Esto incluye la creación de bases de datos de huellas digitales de todas las poblaciones de Malí y Senegal, lo que facilita la identificación y deportación de sus ciudadanos desde Europa. Estos son solo algunos ejemplos de las empresas que se benefician de los miles de millones de euros que la UE y sus Estados miembros gastan en una amplia gama de compras y proyectos en su intento de detener la migración.

El número de personas desplazadas por la fuerza en el mundo creció hasta alcanzar la asombrosa cifra de 79,5 millones a finales del año pasado. En lugar de ayudar a eliminar las causas fundamentales de la migración, las políticas fronterizas y migratorias de la UE, así como sus exportaciones de armas al resto del mundo, provocarán más refugiados en el futuro. Las consecuencias de estas políticas ya han sido devastadoras. Como han advertido repetidamente los expertos en el campo de la migración, la militarización de las fronteras empuja principalmente a los migrantes a tomar rutas de migración alternativas que a menudo son más peligrosas y conllevan los riesgos de tener que depender de las redes de contrabando criminal. El mar Mediterráneo se ha convertido en un triste testigo de esta realidad, transformándose en cementerio para el creciente porcentaje de refugiados que intentan cruzarlo.

El enfoque de la UE en materia de seguridad fronteriza no se sostiene por sí solo. Muchos otros países, en particular los occidentales y los que padecen líderes autoritarios, siguen la misma narrativa y políticas. Los gobiernos de todo el mundo, pero particularmente los de EE. UU., Australia y Europa, continúan gastando miles de millones de euros en equipos y servicios de control y seguridad fronterizos. Y planean aumentar los presupuestos aún más en los próximos años. Para las compañías militares y de seguridad son muy buenas noticias: se espera que el mercado global de la seguridad fronteriza crezca más de un 7% anual durante los próximos cinco años hasta alcanzar un total de 65.000 millones de dólares en 2025. Riqueza que pasará a pertenecer a los muy pocos ganadores de políticas cada vez más restrictivas dirigidas contra personas vulnerables que se ven obligadas a huir.

Mark Akkerman es uno de los investigadores de Stop Wapenhandel (la campaña holandesa contra el comercio de armas) y del Transnational Institute (TNI), especializado en temas relativos a la militarización de las fronteras y el papel de la industria militar y de seguridad. Es también activista por un movimiento sin fronteras.

Fuente:
How the arms industry drives Fortress Europe's expansion

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

Tomado de: https://rebelion.org/de-como-la-ind...

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Tierras comunales para los pueblos, un pacto de hace cinco siglos en Cantabria

Tortuga Antimilitar - 8 August, 2020 - 00:00

MARCOS PEREDA

Les vamos a hablar de vacas, sí, también de montes. Pero, sobre todo, de algo que estaba allí antes de que ninguno de nosotros hubiese nacido. Ni nuestros abuelos. Ni los abuelos de nuestros abuelos. En pocas palabras: el contrato más antiguo del que tenemos noticia en Cantabria. Eso es la Mancomunidad de pastos Campoo-Cabuérniga. De 1497 nada menos, solo que aquello fue una concordia, así que entendemos que antes hubo discordias, y si dos discutieron es porque algo traían entre manos. Vamos, que la cosa lleva camino del milenio, ya ven ustedes. Básicamente consiste en el aprovechamiento comunal de unos pastos altos situados entre la Hermandad de Campoo de Suso y el antiguo Valle de Cabuérniga. A ambos lados de la Cordillera Cantábrica, para que hagan idea. Y se mantiene a día de hoy. Con leves matices, pero se mantiene.

Pero, esperen... ¿Comunales? ¿Animales de diferentes vecinos disfrutando de unas tierras que no son de nadie porque de todos son? Trascendiendo municipios, ojo, regusto de tiempos pasados. Históricamente en Cantabria (en todo el norte) los montes y pastos del común suponían sustento económico casi único para los vecindarios. Aprovechamiento ganadero extensivo, recuerdo, también, de las repoblaciones altomedievales y su naturaleza cambiantes a medida que abandonaban septentrión. Joaquín Costa estudió el fenómeno allá a finales del XIX, justo cuando las privatizaciones lo habían ido haciendo cada vez más y más extraño.

La vida diaria, la cotidianeidad. Llevar tus pocas reses (un puñado de cabezas, no piensen en terratenientes) a la escurridera cada mañana, cuando el mesguero toque cuerno para llamar a vecería. Repartirse el pago al pastor de forma proporcional, dependiendo de cuántos animales posea cada vecino. Alimentar entre todos, incluso, al mastín. Milimétricamente regulado. Cuándo puede ir cada especie a depende qué fincas. Cuándo se podrán mezclar terneros con vacas adultas. Cuándo subir caballos a puertos, cuándo bajar cabras de allí. Todo. La vida de uno como la vida de todos, única manera de engañar un invierno más al hambre.

En la actualidad se siguen conservando muchas de esas mancomunidades y aprovechamientos de pastos, aunque su uso es cada vez menor, porque no hay tanto ganado (ni tanta gente en los pueblos, vaya). La Mancomunidad Campoo-Cabuérniga es la mayor de Cantabria (y una de las mayores de España), con más de 7.000 hectáreas de prados y collados. Vista desde arriba parece una paloma echando a volar.

Primero hay que subir por una carretera perfectamente asfaltada, quitamiedos de madera, apenas rayita en gris entre hayedos y cagigales. El camino se retuerce, cruza por encima de torrentes que bajan rumorosos hasta el río Saja. Los nombres paladean petricor y helechos. La Jaya Cruzá, el Pozo del Amo, Canal de la Cruz. Más allá vemos dos señales con forma de triángulo, una rana dibujada en su interior. "Paso de anfibios", pone debajo. Suenan arroyos, también otra corriente, más metálica. Los campanos, unos enormes cencerros que vacas y caballos llevan colgados del cuello y retinglan a muchos kilómetros de distancia. Cada uno con toque distinto, repicar propio. A medida que te vas acercando hasta Sejos el arrullo es más y más intenso. Aquí y allá, lejos y cerca, en cunetas y entre árboles. Como si te acariciase.

Aún queda para llegar a los pastos. Kilómetros escuchando el chof, chof de las ruedas sobre boñigas frescas, rodando a través de lo que parece una cueva, enmarcado el camino por árboles enormes. Huele a hojas, también ese saborcillo metálico de los riachuelos cuando te acercas. Pequeños bosques de acebo, con ese verde-que-parece-más-verde. En su interior (casi opaco, impenetrable, umbrío y misterioso) resuenan mugidos, y uno no alcanza a comprender cómo han podido entrar por ese frontón de hojas duras, afiladas. Luego ve ramas tronchadas a golpe de caderas bailarinas. Los escaramujos se debaten entre el blanco y el rosa. Hay viento sur, que en Cantabria reseca y da dolor de cabeza.

También, cuentan, trae nervios a personas y animales.

A los puertos de Campoo subía, sobre todo, ganado bovino. Vacas de raza tudanca, bichos grandes con cuernos larguísimos, ojos inteligentes, pelo normalmente grisáceo (tasugo, porque es similar al del tejón). Si tiene contrastes y brillos se la dice josca; corza será cuando presente tonos anaranjados.

Las tudancas son las vacas autóctonas de esta zona. Antes había más pero ahora solo quedan éstas. Y de casualidad. Ganado de trabajo y carne. Apenas dan leche, muy poca, así que fueron sustituidas a lo largo del siglo XX por las frisonas, esas blancas y negras con ubres enormes capaces de llenar, cada mañana, calderos con un líquido espumoso y tibio. Más delicadas, menos recias. ¿Saben el paisaje típico que les acude a la cabeza al pensar en Cantabria? Praderías muy verdes situadas casi enfrente del mar. Pues apenas tiene cien años, su origen está precisamente en este cambio de especies.

Pero hablábamos de las tudancas. En 1965 rumiaban más de 78.000 cabezas en toda Cantabria; para el cambio de milenio no llegaban a 10.000. En los últimos tiempos se han puesto de moda (su carne es muy apreciada en restaurantes de alto copete) y el número va aumentando poco a poco.

Aquí, en las alturas, las vacas tudancas (y otras, veremos) encuentran su hábitat ideal. Pastan tranquilas en un prado que es verde y amarillo y blanco. Allá, a lo lejos, una se rasca la cabeza contra un árbol. Parece inmensa, cuernos que no se acaban. Empieza a moverse en dirección al reportero (morosa, sin prestarme la más mínima atención) y escucho el tono de su campano, parecido a todos los demás, diferente de cualquier otro.

También hay caballos, apreciados desde siempre en la gastronomía de Campoo. Caballos grandes, con patas gruesas, crines que llegan casi hasta los cascos. Viven en semilibertad, adultos con potros pequeños, de color marrón oscuro o negro. A veces los sorprendes bajando por una ladera a toda velocidad. Primero uno, luego dos más, al final parece como si la misma montaña estuviese desmoronándose entre relinchos. Después se detienen (debajo de una sombra, junto a un bebedero que surge en mitad de la braña aprovechando calizas que asoman) y los repiques metálicos se pierden entre piafares.

Javier tiene treinta años, tez morena, mejillas sonrosadas y sonrisa tímida, de esas a las que cuesta asomarse pero después no se van. Es uno de los ganaderos que trae sus animales aquí, a los pastos altos. A Palombera, concretamente. "Es que son los terrenos que nos corresponden a los vecinos de Soto, mi pueblo, y también a los de Espinilla". Los de otros sitios (los de Abiada, Naveda o Proaño) tienen asignados seles distintos. "Las subo aquí cada primero de mayo", me cuenta, "desde siempre". El ayuntamiento marca las fechas de manera oficial, pero no hace falta. La tradición es tan fuerte que todos saben qué y cuándo.

Ha llegado en un todoterreno de color gris para ver a las ochenta cabezas (cuerno arriba, cuerno abajo) que tiene en Palombera. Todas vacas destinadas a carne, ninguna de raza tudanca. "Resultan costosas de mantener", cuenta, "el jato da poco dinero, y para sacrificar la vaca vieja tienes que esperar algunos años, así que...", y deja puntos suspensivos en el aire fino de la montaña. Las tudancas no dan leche, y su ternera apenas se comercializa (que no les engañen). Se busca el animal viejo, el corte de un color rojo intenso, la pieza veteada con grasa. Le pregunto qué razas hay allí entonces. "Pues lemosinas, y cherolesas, sobre todo".

Javier es ganadero. Quiero decir que se dedica solamente al ganado. "En Soto quedamos cinco. Todos traemos los animales aquí, es la única forma de mantener la explotación". Viene cada día para vigilarlas, para mirar los jatos, para ver cómo sigue el embarazo de las preñadas, para controlar que estieles y duendas tengan todo lo que necesitan. Hoy, por ejemplo, ha tenido que aflojar el campano a cuatro de ellas. Trabajo delicado, susurros en voz bajita a los animales, manos expertas que manipulan la correa de cuero sin equivocarse. Dudo, me pregunto si no será una tontería, si me va a mirar mal. Al final puede más la curiosidad. Oiga, y… ¿reconoce a todas sus vacas? Él sonríe aún más ancho, incluso un comienzo de carcajada asoma a su rostro (solo que la detiene, porque la gente de los pueblos es muy educada, y no quisiera, seguramente, dar a entender que se ríe de mí). "Pues claro. A todas. Por el tamaño, por el aspecto, por el sonido diferente de cada campano. O por su forma de ser. Cada una es diferente de las demás".

Surgieron problemas. Con la concordia de 1497, digo, porque lo de discutir es la cosa más natural del mundo. Así que en 1743 hubo de dictarse una Real Sentencia que establecía minuciosamente alcances, fechas, aprovechamientos y demás detalles de esta Mancomunidad. A un lado de las montañas el Marquesado de Argüeso (hoy Hermandad de Campoo de Suso… aproximadamente, no vamos a matizar más la historia, que da para horas), al otro el Valle de Cabuérniga (actuales municipios de Los Tojos, Ruente y Valle de Cabuérniga). También, claro, qué condiciones deben cumplir los gajucos, animales cuyos propietarios no pertenecen a la Mancomunidad pero tradicionalmente pastan en estas alturas. Llegan desde Cabezón de la Sal, Reocín, Mazcuerras, Udías, Ruiloba. Los unos pueden bajar cerca de la costa cuando hay nieve en puertos, los otros suben hasta collados si alborean estíos. Hoy el gobierno de la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga tiene forma de Junta Directiva, al frente de la cual hay un presidente, que será el alcalde de uno de los cuatro municipios propietarios.

Este año subirán allí unas 6000 reses.

La majada donde Javier tiene sus vacas está situada a pocos metros de la carretera, por la Collada de Ozcaba. Allí hubo en el medievo una venta que hacía las veces de refugio, posada y hospital para quienes subían por esta senda. Uno de ellos fue nada menos que Carlos de Habsburgo. Ascendió por aquí en plena noche huyendo de las pulgas que hicieron imposible su descanso en el pueblo de Los Tojos (paré también en Los Tojos a la bajada y me pareció vecindario de lo más limpio, lo que confirma mis sospechas de que Carlos era algo tiquismiquis). Eso fue en 1517, cuando aun nadie le había jurado como rey. Tiempo más tarde la venta cambió su situación unos metros más al oeste, hasta el lugar de Tajahierro, donde aún se puede ver hoy. El sitio era tan inhóspito que, ventaja de ventajas, se permitía que vendieran el pan más caro.

Si hubiésemos venido en fechas distintas, el ganado de Javier estaría en otro sitio, porque se va moviendo. El destino final son las praderías de Sejos, el inmenso océano esmeralda que queda a poniente. Allí aprovechan la hierba más fresca, los brotes más sabrosos. Dicen que este forraje tiene más nutrientes, es más rico, fortalece mejor al animal. Cuentan, también, que el terreno es tan fructífero que el verde puede crecer hasta tres y cuatro veces durante el verano, proporcionando siempre alimento recién brotado para rumiar gozosamente.

Para cada pueblo es distinto. "Nosotros llevamos las vacas a puertos el quince de junio", cuenta Nicolás Toral, alcalde del municipio de Valle de Cabuérniga, uno de los que disfruta de la Mancomunidad. Tal día suben a Sejos, aunque es habitual que en las jornadas anteriores ya se hayan ido acercando hasta los prados altos, hasta los puertos. Pero la fecha oficial, la que marca la tradición (y la ley) es ese quince. Madrugar, empezar el ascenso. Siempre a pie, rebaños de ochenta, cien, doscientas vacas, un par de hombres delante, otros dos detrás. Mono de trabajo azul, gorra, las botas altas que son indispensables aquí. A veces ayudan los chavales, claro, porque la de ganadero es actividad familiar más que personal. Después (el sol que asoma por Bárcena Mayor) tomar la carretera del Saja, ritmo moroso que marcan las reses, ocupar todo el asfalto, detenerse aquí y allá, en fuentes, en recodos. Desviarse en una de las múltiples entradas que hay hasta el corazón de la sierra. Siempre perfectamente delimitada.

Mojones. En el camino, al final de las coteras, incluso en mitad de los bosques, como si fueran setas que han pasado por el gimnasio. Marcan aprovechamientos, alcances. Hasta este punto puedes llegar tú, de ese otro no me puedo pasar yo. Y así desde siempre. Algunos de estos hitos (cada vez menos) tienen siglos de antigüedad, cantos que salen de la tierra y están marcados por manos que murieron hace trescientos o cuatrocientos años. Deslizas los dedos por la superficie rugosa (amusgada, filos aquí, humedad allá) y encuentras signos que te saben a misterio. Cruces, flechas, letras. La historia está viva.

Sejos es un lugar extraño. Fantástico. "Llanura infinita plagada de costras y tumores", escribe José María Pereda, que era muy suyo. Pero no es poca descripción, si le quitamos la mala hostia. En Sejos, mires donde mires, solo encuentras praderías muy verdes, océanos de olas bajas que se mecen suavemente al silbar del viento. Y pequeñas irregularidades. Menhires, por ejemplo. O, más maravilloso aún, los llamados Cantos de la Borrica, piedras enormes que se mantienen en equilibrio casi por arte de magia, desafiando a la razón. De lejos no puedes creerlo, piensas que cualquier soplido acabará con miles de kilos rodando por la tierra. Apenas te atreves a tocarlos. Luego reflexionas. Cómo llegaron allí, quién los llevó. Porque alguien hubo de ser, no te crees la explicación científica, esa que te habla de antiguos glaciares, de disposiciones caprichosas, sí, pero fruto de casualidad y naturaleza. No, eso no es posible. Ojáncanos, han tenido que ser los ojáncanos, ogros de un solo ojo que aparecen en la mitología cántabra y todo lo pueden. Ellos están acumulando chinas inmensas allá arriba, a saber con qué oscuras intenciones. Por poniente llegan nubes. En pocos minutos el mundo tendrá la textura del algodón.

A veces aparece una construcción en mitad del pasto. Pequeña. Vista desde lejos se confunde con una de esas verrugas de piedra que le crecen a Sejos en la piel. Pero no, son artificiales. Cabañas de pastores. O chozos, si son redondas. Otro ejemplo de cómo los pueblos aprovechaban de forma comunal este tesoro en mitad de la cordillera.

Edificaciones sencillas. Muros gruesos, ningún vano, ni pensar en cimientos. Los materiales que da la montaña, el emplazamiento ideal, cerca de las fuentes, de los lugares donde pasta el ganado, de sitios donde obtener los cantos que luego se apilan uno a uno, sin argamasa. Encima barro, helechos, rozo, todo para intentar aislar lo más posible un interior perpetuamente húmedo. Diminuto, diez o quince metros cuadrados, con camastro, nicho, un pequeño hogar para cocer borona. Estos chozos son fabricados por los mismos concejos, así que no son de nadie y de todos son. El común que salta a los ojos, otra vez.

También hay cabañas más modernas. La curiosidad me puede y entro a un sel. Debo atravesar el paso canadiense, ideado para que no lo puedan cruzar los ganados (y, presumiblemente, los reporteros escasamente ágiles). Las lluvias han hecho charco, nadan zamperros de todos los tamaños. Zamperro es como se le dice en Cantabria a los renacuajos, y aquí los hay de ranas, de sapos, incluso un par de tritón. Algunos empiezan a apuntar las patas, ansiosos por escapar y ver qué es eso del mundo real.

En el sel, una pequeña obra. Pocos años. Paredes encaladas, más amplia que los chozos. Me asomo y aquello parecen los restos de un apocalipsis. Mesa pequeñita, recubierta con papel de plata a modo de mantel. Balda de plástico sobre la que descansan una botella de agua (a medio beber) y un rollo de papel higiénico (a medio gastar). Hay dos taburetes con telarañas, la chimenea llena de tizne y maderas consumidas, la pared pintada. "Fariña", pone. Decido que es por el libro de Nacho Carretero, y concluyó que allí se ha celebrado un taller literario, lo que explica el desorden. Por si acaso salgo sin tocar nada.

¿Hasta cuándo?, pregunto a Javier. ¿Hasta cuándo está tu ganado aquí arriba? "Las bajamos a finales de octubre", me dice. En otros sitios es distinto, claro. Nicolás dice que los animales de Cabuérniga descienden a principios de ese mismo mes. El día diez se celebra la pasá en Carmona. Las tudancas lustrosas, simpatiquísimas, engalanadas con flores y coronas en sus cabezas para exhibir el cambio de estación, para anunciar la llegada del invierno. Ritual de paso, claro. En Valle lo llaman la campaná, en Abiada, al otro lado de Sejos, los campanos. La idea es idéntica. Calendario pecuario en pueblos que antes vivían al ritmo del respirar, sonoro, profundo, de estos animales. La luz que va menguando, los días más cortos, clareando albos los puertos algunas mañanas. Olviden meses, lunas y días… lo realmente importante era (es) esto.

Como cada año. Desde que el mundo es mundo.

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Tortuga Antimilitar - 8 August, 2020 - 00:00

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Morteros españoles usados por Arabia Saudí en la frontera de Yemen: La prueba de que España sigue incumpliendo las leyes de exportación de armas

Tortuga Antimilitar - 7 August, 2020 - 00:00

Pol Pareja

La guardia fronteriza de Arabia Saudí utiliza actualmente morteros de fabricación española en zonas de combate en la frontera con Yemen, según ha podido demostrar una investigación conjunta de elDiario.es y Greenpeace. Los morteros fueron exportados en 2018, cuando el conflicto entre ambos países llevaba ya más de tres años activo y la normativa española e internacional prohibía mandar armamento susceptible de ser usado en esa guerra.

Los resultados de esta investigación, iniciada hace un año en el marco del proyecto #EUArms de Lighthouse Reports, suponen la primera evidencia de que armas españolas exportadas tras el estallido del conflicto se están utilizando en Yemen, donde desde 2015 se enfrentan los rebeldes hutíes apoyados por Irán contra el Gobierno yemení y una coalición liderada por Arabia Saudí y los Emiratos Árabes. Ambos bandos han llevado a cabo violaciones de los derechos humanos, según afirman numerosas organizaciones internacionales, en una guerra que en los últimos cinco años se ha cobrado la vida de 7.700 civiles según la ONU, una cifra que Human Rights Watch eleva hasta 17.000.

En 2016 ya se encontraron en la zona fronteriza entre Yemen y Arabia Saudí lanzagranadas y blindados españoles, pero el material se había exportado antes del inicio del conflicto y por tanto su venta no contravenía de manera tan evidente la legislación nacional e internacional sobre exportación de armas.

Tanto la legislación española como la europea prohíben expresamente enviar material bélico cuando existan "indicios racionales" de que puede ser usado para "perturbar la paz" o "exacerbar tensiones o conflictos latentes".
Los morteros españoles Alakran fueron mostrados por primera vez en Arabia Saudí en una exhibición militar a finales de 2018.

Morteros a tres kilómetros de la frontera

En diciembre de 2019 apareció en la red social TikTok un vídeo de la guardia fronteriza de Arabia Saudí en el que se ve a miembros de este cuerpo disparando los mencionados morteros españoles, conocidos como Alakran, de 120mm y producidos por la empresa NTGS con sede en Collado Villalba (Madrid). Estos morteros tienen un alcance de hasta 8,2 kilómetros y se pueden integrar fácilmente en cualquier vehículo todoterreno. Según asegura la propia compañía, el Alakran permite disparar y replegarse rápido del lugar en 10 segundos tras efectuar el disparo.

En las imágenes, que volvieron a aparecer en enero de 2020 en una cuenta no oficial de Instagram de la guardia fronteriza saudí, se observa a los soldados trasladando estos morteros en vehículos todoterreno así como disparando diversos proyectiles. Al final del vídeo se ve el humo producido por los disparos, presumiblemente en territorio yemení.

Esta investigación ha podido geolocalizar imágenes del mencionado vídeo a solo tres kilómetros de la frontera yemení. En la grabación se observa a los todoterreno saudíes equipados con los morteros en dirección a la ciudad fronteriza de Najran. La orografía del resto de imágenes, donde se ven los disparos, coincide con la de la región de Saddah, en el norte de Yemen, junto a Najran y donde se han producido un gran número de enfrentamientos entre los rebeldes hutíes y los soldados de Arabia Saudí.

Según la base de datos de ACLED (Proyecto de Datos de Localización y Eventos de Conflictos Armados, en sus siglas en inglés), entre enero de 2019 y enero de 2020, el ejército saudí llevó a cabo más de 300 ataques de artillería o misiles únicamente en la mencionada región de Saddah. Según este observatorio de prestigio internacional, buena parte de los ataques de artillería en la zona son obra de la guardia fronteriza saudí.

A pesar de que no se ha podido determinar exactamente cuándo fue grabado el vídeo, el lapso de tiempo desde que se exportaron los morteros españoles y se mostraron por primera vez al público en Arabia Saudí –a finales de 2018, en una exhibición militar– permite acotar la grabación en la frontera yemení entre principios de 2019 y finales de ese año, cuando fue subida a la red.

Una exportación durante la guerra

A finales de 2016, el Ministerio saudí del Interior firmó un contrato con la empresa española NTGS para la compra de 100 morteros Alakran de 120 mm. Pocos meses después, el Gobierno español –en ese momento liderado por Mariano Rajoy– autorizó la compraventa y exportación de estos morteros a pesar de que el conflicto en Yemen escalaba exponencialmente y el riesgo de que se acabasen utilizando contra la población civil era elevado.

La producción de los morteros empezó en 2017 y en 2018 se exportaron las primeras 21 unidades, según consta en el informe anual que el Gobierno debe enviar como firmante del Tratado sobre el Comercio de Armas. El cruce de los datos de aduanas sobre exportaciones de armas a Arabia Saudí en 2018 con las visitas de los buques de la naviera saudí Bahri al puerto de Motril (Granada) apuntan a que este fue, al menos en parte, el método de envío de los morteros Alakran al régimen de Riad.
La documentación del Tratado sobre Comercio de Armas muestra como se importaron 21 unidades de los morteros en 2018.

El contrato con Arabia Saudí catapultó la facturación de la española NTGS, que según su balance anual de cuentas pasó de facturar 1,5 millones en 2017 a facturar 30,5 millones al año siguiente tras cerrar el acuerdo para vender los morteros a Riad.

En una declaración firmada que figura en el balance de cuentas, el consejero delegado de NTGS, Julio Estrella, asegura que el contrato con Arabia Saudí les reportó una facturación de 28 millones de euros en 2018, una cantidad que supuso el 90% de lo que facturó la compañía ese año.

En la misma declaración, el directivo señala que la renovación de este contrato se suspendió en enero de 2019, pocos meses después de la llegada de Pedro Sánchez al Ejecutivo. El cambio de Gobierno llevó aparejada una congelación de la mayoría de exportaciones a Arabia Saudí, una política que pocos meses después fue revertida al pasar de suspender nuevas autorizaciones a multiplicarlas por 30 en 2019.

Si bien se desconoce si la autorización se renovó en 2019 –no constan exportaciones de morteros en las estadísticas oficiales de 2019–, las visitas de la naviera Bahri a Motril se retomaron a partir de 2020 y hasta el momento de la publicación de este artículo ya ha realizado tres paradas en ese puerto andaluz en lo que va de año.
El consejero delegado de NTGS señaló en el balance de cuentas que la compañía facturó 28 millones a Arabia Saudí en 2018.

Una empresa y un sistema de exportaciones opaco

La empresa NTGS mantiene una política de discreción e incluso disimulo de sus actividades. La fábrica donde tiene domicilio social la compañía, en el polígono 29 de la localidad madrileña de Collado Villalba, ni siquiera tiene un rótulo de la empresa y se esconde tras un cartel con el nombre de CyP imports. Imágenes obtenidas a través de Google Street View y de fotografías tomadas por miembros de Greenpeace en el polígono muestran que, sin embargo, en su interior hay camiones de NTGS.

La empresa, que también participa en el accionariado de compañías de biotecnología, diagnóstico molecular y secuenciación de ADN, no ha respondido a las múltiples llamadas y correos de elDiario.es ofreciendo la posibilidad de comentar esta publicación. Tampoco la consultora Everis, que ostenta el 50% de esta compañía, ha respondido a las peticiones de esta redacción alegando que el personal responsable de estos asuntos estaba de vacaciones.

Tampoco son transparentes las decisiones gubernamentales de exportar armas a dictaduras como Arabia Saudí. Quien toma la decisión en España sobre a qué lugares se pueden exportar armas es un organismo llamado Junta Interministerial de Material de Defensa y Doble Uso (JIMMDU), integrada por representantes de los ministerios de Industria, Turismo y Comercio, de Asuntos Exteriores y Cooperación, de Defensa, de Economía y Hacienda y de Interior. Las reuniones son a puerta cerrada y las actas son secretas e inaccesibles gracias a una decisión de 1987 en base a la ley de secretos oficiales, aprobada durante el franquismo en 1968.

Las organizaciones no gubernamentales más destacadas del país llevan años denunciando la necesidad de una mayor transparencia y facilidad de acceso a las actas de estas reuniones para saber cuáles son los criterios para autorizar exportaciones a según qué países, en vista de que se aprueban ventas que contravienen abiertamente lo que establece la legislación.

"No nos consta ni en la Secretaría de Estado de Comercio ni en la JIMDDU que haya indicios de utilización de material de empresas españolas fuera de Arabia Saudí", señaló hace un mes la Secretaria de Estado de comercio, Xiana Méndez, en la comisión parlamentaria de Defensa. "La situación en Yemen es una preocupación esencial de la JIMDDU", remachó.

Desde el Ministerio de Industria, órgano al que está adscrito la Junta Interministerial de Material de Defensa, responden que el Gobierno está "firmemente comprometido con la normativa nacional e internacional" de exportación de armas y aseguran que España cuenta con uno de los mecanismos de control de material de defensa "más robustos" tanto "a nivel legislativo" como "procedimental".

Esta investigación ha sido coordinada por Sara del Río y Conrado García (Greenpeace) y ha contado con la participación de los investigadores independientes Bart Libaut y Leone Hadavi.

El Diario

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La justicia militar retoma el caso de los falsos videos porno atribuidos a una soldado e imputa a un general

Tortuga Antimilitar - 7 August, 2020 - 00:00

EDUARDO BAYONA

El Juzgado Togado Central número 1 ha imputado al general Ángel Serrano Barberán en el asunto de los falsos vídeos pornográficos de la soldado Cristina V. B., una causa que la justicia militar ha acabado reabriendo tras forzar a inhibirse al Juzgado de Daroca (Zaragoza), que ya lo había imputado, junto con otros tres mandos y oficiales, tras presentar la afectada una denuncia en la que apuntaba a la presunta comisión de un delito de injurias graves y otro de falsedad en el expediente por el que fue sancionada.

El tribunal militar se quedó el caso tras argumentar que los hechos que se narraban en la denuncia podrían encajar en el "abuso de autoridad" del Código Penal Castrense, que castiga con penas de tres meses a tres años a quien "abusando de sus facultades de mando o de su posición en el servicio, irrogare un perjuicio grave a un subordinado, le obligare a prestaciones ajenas al interés del servicio o le impidiere arbitrariamente el ejercicio de algún derecho". Tanto la Fiscalía como la acusación se allanaron a esa decisión y no la recurrieron.

En este caso, la investigación se centra en la intervención de los cuatro denunciados en el expediente que acabó con una sanción de doce días de sueldo para ella por, supuestamente, haber propuesto a unos compañeros durante unas maniobras que entraran en una web de porno de pago y visionaran unos vídeos en los que salía ella, que de esa forma obtendría un beneficio económico.
La soldado acabó siendo sancionada sin que los distintos instructores del expediente llegaran a visionar oficialmente esos vídeos, cuya protagonista es otra mujer cuyas diferencias fisionómicas con Cristina V. A. resultan obvias y patentes, tal y como declararon la mayoría de sus compañeros.

Los mismos imputados que en el juzgado de Daroca

La resolución que convertía en definitiva la sanción, firmada por otro general, señalaba que "no es objeto de imputación el protagonizar o no tales secuencias" sino hechos como haber promocionado un portal pornográfico, haber formulado "la invitación para acceder a él con el consiguiente coste económico" y el haber sucedido todo eso "con ocasión del servicio, durante su jornada de trabajo y con un ánimo de lucro o de enriquecimiento patrimonial".

Sin embargo, algo no acababa de encajar en ese relato de conclusiones: ¿cómo iba a lucrarse con las comisiones por los clicks de sus compañeros la supuesta pornostar casfrense cuando era otra mujer quien protagonizaba los vídeos?
La investigación judicial se dirige, como ya ocurrió en la vía penal ordinaria, contra el general Serrano, auditor (jurista) del ejército que fue quien firmó la sanción definitiva contra la soldado Cristina, y contra el teniente coronel Carlos Granados, también auditor y que fue en la práctica quien puso en marcha el expediente sancionador.

Completan la lista de investigados la también teniente coronel María Gracia Cañadas, jefa de la unidad a la que estaba asignada la denunciante y firmante del informe por el que se inició el procedimiento, y, por último, la capitana Cristina Serrano, responsable de la batería de artillería en la que supuestamente se produjo la conversación, que ofreció un testimonio de cargo.

El general declarará por escrito

Varios de ellos han declarado ya como investigados (antiguo imputado) ante el tribunal durante la fase de instrucción de la casa, algo que, en principio no ocurrirá con el general, al que la justicia militar ha permitido testificar por escrito pese a no tratarse de un testigo.

El tribunal argumento que la fase de diligencias previas tiene "un carácter meramente previsorio y en ellas no se pretende la imputación formal de unos hechos presuntamente delictivos a personas determinadas, sino tan solo a establecer el procedimiento a seguir si no existe ‘a priori' la posibilidad de determinar si nos hallamos ante un ilícito, penal común o militar, o ante una infracción disciplinaria o ante unos hechos que no revisten los caracteres de una cosa ni de otra".

Y, en esa línea, señala que los cuatro mandos y oficiales "no ostentan la condición de procesados sino en su caso de denunciados o investigados", lo que les permite eximir al general de declarar presencialmente.

Baja psicofísica por un problema de espalda

Este proceso penal militar sería, salvo sorpresa, el último episodio judicial del largo calvario de la soldado Cristina V. B., que hace dos años perdió el hijo que estaba gestando como consecuencia del alta médica que le impuso la teniente coronel Cañadas, que le ordenó reincorporarse a la unidad en El Goloso cuando estaba convaleciente de un pinzamiento que había sufrido durante unas maniobras y mientras esperaba fecha para operarse de una desviación de columna.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid dictamino hace unos meses que la teniente coronel tomó esa decisión, por cuyo incumplimiento con ingreso hospitalario también fue expedientada la soldado, "sin el previo dictamen o informe preceptivo y vinculante de la sanidad militar"; es decir, de manera arbitraria.

El ejército ordenó a finales del año pasado el cese de Cristina V. B. y su salida de filas tras dictaminar la Junta de Evaluación médica que "no reúne las condiciones psicofísicas necesarias para continuar en servicio activo", en línea con lo que les ha ocurrido a otros militares que han denunciado abusos laborales y/o sexuales. Su problema de salud siempre había sido, desde unos meses antes de que comenzara su calvario, de espalda.

Público

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«Por la abolición de las cárceles»

Tortuga Antimilitar - 6 August, 2020 - 00:00

Por Amy Goodman, Juan González
Fuentes: Democracy Now!

La académica y activista por los derechos humanos Ruth Wilson Gilmore es cofundadora del Proyecto de Moratoria Penitenciaria de California y de la organización abolicionista Critical Resistance. Ruth Wilson Gilmore habla sobre COVID-19, “la violencia organizada” y el abolicionismo.

AMY GOODMAN: Quiero traer a otra invitada a esta conversación, mientras hablamos del coronavirus y el tema de la abolición de las cárceles. La propagación de COVID-19 amenaza la vida de más de 2,3 millones de personas encerradas en el sistema penitenciario de Estados Unidos. El primero de mayo, el medio The Marshall Project informó que más de 14.000 personas encarceladas y cerca de 4.000 trabajadores de prisiones estatales y federales han dado positivo a la prueba de COVID-19, y se cree que el número real de casos podría ser mucho mayor debido al limitado acceso a pruebas de diagnóstico. Activistas y defensores de los derechos humanos piden la liberación masiva de los prisioneros para salvar sus vidas y detener la propagación de este virus mortal. Para hablar de esto, nos conectamos con la erudita abolicionista Ruth Wilson Gilmore, profesora de Ciencias Ambientales y de la Tierra y directora del Center for Place, Culture and Politics del Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY, por sus siglas en inglés). Gilmore es cofundadora del Proyecto de Moratoria Penitenciaria de California y de la organización abolicionista Critical Resistance. Además es autora de “Golden Gulag: Prison, Surplus, Crisis, and Opposition in Globalizing California” (Gulag dorado: cárcel, plusvalía, crisis y oposición en una California globalizada). Su próximo libro se titula “Change Everything: Racial Capitalism and the Case for Abolition” (Cambiarlo todo: el capitalismo racial y el argumento a favor de la abolición). Profesora Ruth Wilson Gilmore, es un honor tenerla con nosotros, desde Lisboa, Portugal, donde usted está ahora. ¿Puede comenzar hablando de los conceptos básicos? ¿Cómo definiría “abolición”? ¿Puede ponerlo en el contexto de la pandemia?

RUTH WILSON GILMORE: Por supuesto. Gracias por la invitación. Fue muy bueno escuchar el comentario de mi colega en Texas. La abolición busca cambiar esta forma de pensar y de hacer las cosas que ve a la prisión y al castigo como las soluciones para todo tipo de problemas sociales, económicos, políticos, de comportamiento e interpersonales. La abolición [de las cárceles] no es simplemente liberar a los presos, o sacarlos a todos a la calle. Es reorganizar el modo en que vivimos nuestras vidas juntos en este mundo. Esto es algo que la gente ya está haciendo de varias formas en todo Estados Unidos y alrededor del planeta. No es un sueño o una fantasía imposible. En realidad, es algo práctico y alcanzable tanto en la ciudad de Nueva York, como en Texas, en Sudáfrica y en todo el mundo.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Podría hablar sobre cuál es la respuesta en otras partes del mundo a los problemas relacionados con esta idea de crimen y castigo, y por qué, obviamente, a menudo hablamos de cómo EE.UU. tiene un porcentaje tan desproporcionado de la población carcelaria del mundo?

RUTH WILSON GILMORE: Sí. Es interesante, aunque probablemente sea solo una coincidencia, que Estados Unidos tenga alrededor de uno de cada cuatro prisioneros del mundo. Y que también tenga aproximadamente una de cada cuatro muertes por COVID. Y aunque eso podría ser una coincidencia, hace que me detenga a pensar en cómo nos organizamos en Estados Unidos a través de las políticas distintas y variadas desde el Atlántico al Pacífico y más allá. En otras partes del mundo, lo que uno ve es un hecho muy simple: donde la vida vale, la vida vale. En lugares donde el estado, el gobierno, los municipios, organizaciones de justicia social, comunidades religiosas y sindicatos trabajan juntos para mejorar la vida humana, los incidentes relacionados al crimen y castigo, incluidos los daños entre personas, son menos propensos a ocurrir. Esto ocurre en lugares en donde las poblaciones son tan diversas como en Estados Unidos. También vemos que en lugares donde la desigualdad social es más profunda, el uso de la prisión y el castigo es mayor. Sin embargo, ningún lugar se asemeja a Estados Unidos.

AMY GOODMAN: Profesora Ruth Wilson Gilmore, usted habla de un abandono organizado y de la violencia organizada del estado. Habla de cómo estos son dos males que van de la mano con la pandemia. Por favor, explíquelo.

RUTH WILSON GILMORE: Sí. ¿Dije la palabra “maldad”? Bien, tal vez sí lo dije. Estos son aspectos colaterales de la pandemia. El abandono organizado tiene que ver con la forma en que distintas personas, hogares, comunidades, barrios, no tienen todos el mismo nivel de acceso a apoyo y protección ante la pandemia. Y la respuesta a las personas que intentan buscar maneras de protegerse y salvarse, tomemos como ejemplo en la ciudad de Nueva York, personas sin hogar que viven en el metro, es la vigilancia y la criminalización. Es decir, se usa el castigo para resolver los problemas que surgen a partir del abandono. El abandono organizado no es solo el abandono del estado, también es el abandono por parte del capital económico, ya sea abandono por parte del capital inmobiliario, que produce más y más apartamentos de lujo pero no viviendas asequibles, como podemos ver en las dificultades que se enfrentan en la ciudad de Nueva York y alrededor de Estados Unidos; o el abandono del capital del turismo, que empuja a ciertos grupos de personas fuera de ciertas áreas de la ciudad y solo les da la bienvenida si son trabajadores de la industria de servicios, entregando, sirviendo, cuidando y limpiando. Hay muchas, muchas maneras de pensar en el abandono organizado, pero esto nos debería llevar a considerar tanto cómo el capital, grande, pequeño, o el estatal, municipal o mayor, trabajan juntos para levantar barreras solo a cierto tipo de personas y bajarlas para otros.

JUAN GONZÁLEZ: Quería preguntarle sobre — cuando se discute la reforma del sistema penitenciario, generalmente se habla de ayuda o asistencia a delincuentes no violentos o de la liberación de delincuentes no violentos, en oposición a los delincuentes violentos, como si con los delincuentes violentos, no hubiera duda de que nunca podrían ser liberados antes de que termine su condena. ¿Cuál es su opinión sobre este tema del intento de dividir la población carcelaria entre delincuentes no violentos y violentos?

RUTH WILSON GILMORE: Claro. Mi colega de Texas ya mencionó esto cuando conversó con usted. La suposición básica a esa división sugiere que sabemos algo sobre un grupo de personas que nunca, nunca van a cambiar. Y lo que olvidamos es que la mayoría de las personas que van a prisión, por cualquiera que sea el delito por el que fueron condenados, van a dejar algún día la prisión. Eso significa que en lugar de pensar que tenemos estos dos grupos de los que podemos predecir su comportamiento, deberíamos estar pensando en el tipo de vida que permite que las personas regresen al mundo del que han sido excluidos, de tal manera que cualquier daño que pueden haber causado no perjudique a nadie nuevamente en el futuro. Lo que hacen los abolicionistas es todo tipo de acciones en lo que compete a lo que llamamos justicia transformadora, para tratar de resolver eso. Algunos de los abolicionistas líderes en Estados Unidos y en todo el mundo hoy en día son personas como Mariame Kaba, Andrea Smith, Kelly Gillespie y otros, que salieron a protestar contra la violencia doméstica. Es decir, estaban trabajando para tratar de luchar contra la violencia y el daño y se dieron cuenta de que la abolición era la única forma de resolver los problemas que no se resolvieron teniendo un castigo mayor, más rápido, más seguro cuando alguien le hace daño a otra persona.

AMY GOODMAN: Quería incluir a Azzurra en la conversación y preguntarle sobre la cobertura mediática de los reclusos, nuevamente, y conocer la respuesta de Ruth Wilson Gilmore a esta desconcertante situación en Ohio, en donde el 80% de los presos han dado positivo a la prueba. Eso está sucediendo ahora mismo en Ohio. En Tennessee, en Arkansas, el gobernador Asa Hutchinson dio a conocer el martes que casi el 40% de los casos de coronavirus del estado están concentrados en la prisión de máxima seguridad de Cummins, donde alrededor de 850 prisioneros han dado positivo. En Nueva York, el exjefe del médico de la cárcel está acusando al Centro de Detención Metropolitano (MDC, por sus siglas en inglés), de no dar a conocer las cifras sobre los reclusos que están detenidos allí. ¿Qué demandan exactamente en este momento, mientras su esposo permanece en prisión, y cuál ha sido la respuesta del gobernador de Ohio, Mike DeWine?

AZZURRA CRISPINO: Claro. En primer lugar, agradezco a la profesora Wilson Gilmore, porque mi esposo ha sido condenado por un delito violento. Pero eso no significa que sea una persona violenta. Además, la gente puede cambiar absolutamente. Creo que, en términos de cobertura mediática, una de las frustraciones ha sido que Ohio RDC no ha querido revelar los nombres de los muertos, especialmente en Pickaway. Tenemos a uno de nuestros socios de la coalición, quien anteriormente estuvo encarcelado allí, y quiere saber quién de sus amigos pudo haber muerto, pero nos dicen que no podemos acceder a esa información por cuestiones de privacidad. Sin embargo, en el centro Marion Correctional Institution, cuando recientemente dos personas bastante conocidas que habían cometido asesinatos murieron, ambos tuvieron cobertura mediática de sus muertes. Pero cuando Jesse Zeigler muere, ¿qué ocurre? Era un padre amado, pero no hablamos de él, ¿verdad? Entonces, [hemos visto] el uso de la palabra “reo” en lugar de “persona encarcelada”, el enfoque en los actores estatales, como el gobernador DeWine, sin centrarse en lo que todos los demás podrían aportar. Hemos visto, creo, una cobertura bastante variada. Y me gustaría ver que los periodistas sigan mejorando, llegando a las personas que se ven directamente afectadas y elevando esas voces. Creo que las personas más cercanas al problema siempre están más cerca de la solución. Y es maravilloso ver a periodistas, como en Democracy Now!, haciendo un gran trabajo al cubrir estos temas.

JUAN GONZÁLEZ: Profesora Wilson Gilmore, nos queda un minuto, pero quería preguntarle algo más. Usted centra gran parte de su investigación y atención en el papel del encarcelamiento en California específicamente, el estado más grande, más poblado y próspero de la nación. ¿Podría hablar de eso también? ¿Alguna lección que podamos aprender de California?

RUTH WILSON GILMORE: Claro. Hay una lección importante que me gustaría compartir con la audiencia, en estos últimos segundos que tenemos juntos. California estaba en camino a hacer que su enorme y atiborrado sistema penitenciario, sea cada vez más y más grande. Y ahí es donde el movimiento abolicionista contemporáneo surgió en Estados Unidos. Y peleamos y peleamos y peleamos, en toda la California urbana y rural, haciendo causa común con los sindicatos, trabajadores de la salud, comunidades religiosas, activistas de justicia ambiental, y otros para desnaturalizar la noción de que el crimen era el problema por el cual el método de la cárcel y el castigo era la solución correcta. Como resultado, el número de personas en las cárceles de California es mucho más bajo de lo que se imaginaba sería en el año 2000. Esto ocurrió gracias al trabajo que hicieron los abolicionistas. Ese trabajo necesita expandirse. Hemos visto algunas victorias en el condado de Los Ángeles, donde un plan para construir cárceles multimillonarias fue derrotado después de casi 15 años de lucha. Nosotros podemos.

AMY GOODMAN: Ruth Wilson Gilmore, tenemos que finalizar, pero quiero agradecerle mucho por acompañarnos, desde Lisboa, Portugal. Wilson Gilmore es autora de: “Golden Gulag: Prison, Surplus, Crisis, and Opposition in Globalizing California” (Gulag dorado: cárcel, plusvalía, crisis y oposición en una California globalizada). Su próximo libro se titula “Change Everything: Racial Capitalism and the Case for Abolition” (Cambiarlo todo: el capitalismo racial y el argumento a favor de la abolición). Y quiero agradecer a Azzurra Crispino, co-fundadora de Prison Abolition Prisoner Support. Soy Amy Goodman, con Juan González. Cuídense.

Traducido por Gabriela Barzallo. Editado por Pamela Subizar.

Fuente: https://www.democracynow.org/es/202...

Tomado de: https://rebelion.org/por-la-abolici...

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Conversor

Tortuga Antimilitar - 6 August, 2020 - 00:00

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Electrosensibilidad, 5G y el determinismo biológico como caballo de Troya

Tortuga Antimilitar - 5 August, 2020 - 00:00

Alfredo Caro Maldonado
Rebelión

Existe todo un movimiento organizado que reivindica una moratoria en la implantación del 5G, la reducción de las emisiones de estas radiaciones y un mayor estudio de sus efectos sobre la salud. Los argumentos de los promotores de su desmantelamiento son diversos: ambientales, energéticos, decrecentistas, por los problemas que generará en la investigación astronómica, o por motivos de salud. En este último, sus detractores van desde los que afirman que es causante de la electrosensibilidad, una enfermedad “ambiental emergente”, que sufren miles de personas y cuya etiología no ha sido descubierta, a ser responsable del incremento de enfermedades como el cáncer; pasando por teorías como que es causante de la pandemia de la COVID19.

La divulgación científica de masas afronta este asunto como otro objetivo blando, tipo homeopatía, chemtrails, etc. Y lo hace con arrogancia, autoritarismo y cientifismo. Siendo el cientifismo el motor del negacionismo científico. Además, desde los 80, la medicina se encuentra en un proceso de “biomedicalización”, que consiste en una transformación tecnocientífica de los conceptos de salud y enfermedad (Clarke, 2003). La biomedicalización tiene un brazo tecnocientífico, donde lo sanitario se mercantiliza, donde la tecnología domina lo epistemológico. La medicina, una “ciencia social” (Rudolf Virchow), que de manera holística (término denostado) debería afrontar el bienestar humano, se ha convertido en un taller de coches. Un coche funciona o no, y cuando se estropea se diagnostica el problema y se intenta arreglar.

Otro elemento fundamental de la biomedicalización es que ha extendido en las sociedades una ideología reduccionista, el determinismo biológico. Aquel dogma por el que todo fenómeno en los organismos se puede reducir a una fenómeno biológico. Desde un resfriado a una depresión tiene una explicación biológica de que algo en el coche no va bien. Sin embargo, aunque el material que compone el coche es acero y plástico, pero esos materiales, sus engranajes, no explican el funcionamiento del coche. De igual manera, las neuronas y sus conexiones son la base material de la consciencia, pero no la explican. Así, si algo cambia en esa base material repercutirá en el comportamiento, las emociones, etc. pero eso no significa que los cambios en las emociones estén causadas por alteraciones comprensibles en la materia. Atención, no estamos defendiendo la existencia del alma como entidad separada de la materia, sino criticando el idealismo por el que la ideología reduccionista dominante pretende que las propiedades emergentes como la consciencia se reduzcan a mecanismos biológicos.

El tercer elemento es el solucionismo. Tenemos la explicación biológica (mecanicista), tenemos la tecnología (tecnociencia) – y si no, es cuestión de tiempo y recursos producirla – y por tanto tenemos la solución, tecnológica. Este fenómeno, que apenas tiene unas pocas décadas, acelerado por desarrollos tecnocientíficos como la genómica, tiene profundas consecuencias sociales y médicas.

Pongamos como ejemplo la depresión, cajón de sastre de criterios muy laxos, que casi siempre tiene unas causas estructurales (económicas, emocionales, históricas) y, por tanto, habría que afrontarlas de manera sistémica. Sin embargo, la ideología biologicista ha hecho que ya no sea un fenómeno que trasciende al individuo que necesita por un lado de cuidados, sostén y psicoterapia, abordaje individual, y por otro de soluciones estructurales (laborales, económicas, sociales), sino un fenómeno biológico que puede ser corregido mediante tecnología. Tú no estás jodido porque en este mundo lo raro es no estarlo, sino por tus desequilibrios en la serotonina. La consecuencia de este fenómeno es la medicalización de todos los fenómenos categorizados como “enfermedad”. Por eso, a menudo se habla de que se están generando nuevas enfermedades (enfermos). Otros ejemplos son el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, o el autismo. Es obvio que no puede ser que en solo unos pocos años nos hayamos encontrado con una epidemia de autismo, sino que se están catalogando como ese síndrome una variedad enorme de sufrimientos, para así abordarlos de manera determinista.

Porque la biomedicalización y la ideología biologicista no solo lleva al tratamiento biológico de todo lo considerado enfermedad, sino a la parcelación y segmentación de fenómenos psicológicos, y a menudo culturales, para conseguir “el diagnóstico”. Surge el paradigma de la “enfermedad mental”, que lleva asociado por supuesto el negocio de la psicofarmacologia expansiva.

En esta década, con el abaratamiento de la secuenciación masiva, este biologicismo con los fenómenos psicológicos (con o sin sufrimiento), ha llevado a un fuerte resurgir de una neo-eugenesia, financiada con dinero público, con la que estos “científicos” asocian patrones de expresión génica con la susceptibilidad a la pobreza, a la posibilidad de ser víctima de abuso infantil, o a la homosexualidad. Y por tanto, susceptible de corrección de todas estas desviaciones de la norma.

Por otro lado, y con la crisis de la Covid-19 se está viendo acentuado, existen muchísimas personas que sufren a las que la biomedicina es incapaz de diagnosticar, o sea, de encasillar. Para ello, continuamente se generan nuevas categorías “médicas” sin etiología biológica, cajones de sastre para personas sufrientes, mientras se encuentra el “marcador”. Pero claro, para la biomedicina, si no tienes un relato biológico, ahí se incluirían muchísimas “enfermedades raras”, eres una persona enferma de tercera división, cuando no directamente psicosomático, y por tanto loca.

Aquí podemos introducir otro elemento. La arrogancia científica y médica a la que llaman “medicina basada en la evidencia”. De esa manera se arrogan la autoridad para decir qué es una enfermedad, o una “histeria”, que tiene que ser tratada como enfermedad mental no catalogada, con fármacos anuladores.

Entonces, las personas sufrientes, que no encajan en el dogma del todo es biológico, ¿qué tienen que hacer para ser cuidadas y atendidas para mejorar su estado? Buscar y hacer lobby para que se busque la fuente biológica de su mal. ¡Qué remedio! Porque si no, son simplemente mujeres vagas, quejicas, histéricas, que quieren una paguita por no hacer nada. El clavo ardiendo es la prueba de lo material, lo biológico, que hará que los señores, médicos y científicos, pero también jueces y seguridad social, entonces sí, se fijen en su sufrimiento. Si no, ni ayuda médica, ni ayuda social.

¿Con qué problema nos encontramos? ¿Cómo resolvemos este entuerto sin paternalismos, condescendencia ni pensamiento mágico o postulados anticientíficos?

Pues es un temazo, como dicen. En una sociedad donde lo que no tiene base material no existe, y donde hay que explicarlo todo de manera mecanicista, no hay cabida para fenómenos que la ciencia al uso no puede explicar. Parto del escepticismo, o sea, de que la ciencia no ha desvelado todos los misterios de la naturaleza, y que a lo mejor no lo podrá hacer.

Pero estamos convencidos de que existe una vía de en medio, una alternativa al dualismo. No existen evidencias en la física o la biología que expliquen que la 5G, esa longitud de onda de la TDT, una onda de radio, sea causante de todos esos efectos biológicos que desde grupos como Plataforma STOP 5G, Ecologistas en acción o la asociación Electro Químico Sensibles por el Derecho a la Salud se dicen. En esta última he buscado alguna referencia científica (revisada por pares) pero no tienen ninguna en su página. Me han enviado decenas de textos, vídeos, conferencias sobre los efectos de estas radiaciones sobre la biología y sin embargo aún nadie me ha mostrado nada coherente con el consenso científico y la biología fundamental.

Las personas de esos colectivos, el “consenso científico” lo asocian al autoritarismo. Sin embargo, tomado con sano escepticismo, el consenso científico es lo que nos permite agarrarnos a una realidad cada vez más volátil, más dependiente de los relatos, pensamientos mágicos y bulos. Véase por ejemplo el cambio climático, si no fuese porque las organizaciones ecologistas se han basado y agarrado al consenso científico, estaríamos aún peor. La evidencia científica debe ser publicada en revistas científicas y revisadas por pares, y para que haya consenso tiene que ser reproducida por grupos independientes. Y al contrario también hay ejemplos. No hay consenso científico en que la energía nuclear sea una alternativa a las energías fósiles, sin embargo, sí hay un potente lobby científico pro-nuclear.

Y eso es lo que más desconcierta en Ecologistas en acción. Hoy día son el colectivo que mejor sabe leer la evidencia científica en aspectos ambientales y de crisis energética, así como muchos de sus miembros son los que mejores propuestas anticapitalistas tienen. Sin embargo, en aspectos como la “contaminación electromagnética” es justamente lo opuesto, no interpretan correctamente la evidencia. Evidentemente esto tiene que ver con su historia y su pluralidad.

Ecologistas apoya la “Declaración científica internacional de Madrid”. En ella se hacen afirmaciones muy serias: “La exposición a campos electromagnéticos artificiales…generan una situación indiscutible e insoslayable de impacto en la salud pública”; Pongamos otro ejemplo: “resoluciones firmadas por cientos de científicos y médicos independientes que están alertando de que estas tecnologías, “en niveles miles de veces por debajo de las directrices legales actuales”, “son extremadamente dañinas para toda clase de vida”. Ponen un enlace, pero ahí no encuentro ningún artículo científico. Después siguen: “Dos mil artículos científicos revisados por pares hablan de cáncer, estrés celular, radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductivo, déficit de aprendizaje y memoria, trastornos neurológicos…” ¿hablan? Por supuesto que hay muchísimos estudios al respecto, pero ¿esos dos mil artículos concluyen que esas radiaciones son “extremadamente dañinas para toda clase de vida”?

¿Existe toda una conspiración para ocultar esa clamorosa evidencia por parte de científicos e instituciones?

En Rebelion.org se publicó esta entrevista a Blanca Salinas Álvarez, miembra de Ecologistas en acción. Este párrafo de la entrevista es muy representativo:

Las investigaciones apuntan a que los químicos y las ondas interactúan. Muchos de los químicos que todos tenemos en sangre (la media es de 40 químicos, sólo el 2% de ellos estudiados antes de su introducción en el mercado) son xenoestrógenos, disruptores endocrinos que imitan a los estrógenos, hormona femenina por excelencia. Se acumulan en la grasa y las mujeres tenemos un 20% más de materia grasa, luego somos bioacumuladoras. Estas sustancias alteran todos los equilibrios hormonales femeninos y afectan también al sistema nervioso, inmunológico y celular. Estudios científicos apuntan a que las ondas electromagnéticas agravan el problema, pues entre otras cosas, abren la barrera hematoencefálica que protege al cerebro (lo que posibilita que esos químicos accedan a él) y abren excesivamente los canales iónicos celulares dependientes de voltaje, especialmente los canales de calcio, generando un fuerte estrés oxidativo y graves daños celulares y metabólicos.

Estas afirmaciones plantean problemas de comunicación graves al no tener ningún sentido biológico. Si alguien dijera que los aviones vuelan porque a 11 mil metros hay menos gravedad, todo el mundo se daría cuenta que no tiene sentido, que la gravedad sigue siendo lo suficientemente alta a esa altura para hacer caer el avión. Y eso se sabe porque la física lo ha demostrado (no solo la experiencia). Sin embargo, cuando alguien sin formación en biología dice que los disruptores interaccionan con las ondas electromagnéticas y abren los canales iónicos dependientes de voltaje, especialmente los canales de calcio, generando estrés oxidativo… Se han puesto muchas palabras de biología raras seguidas sin ningún sentido.

Y así podríamos poner muchísimos ejemplos de la pobrísima calidad epistemológica del argumentario sobre salud y 5G. Pero, de nuevo, el diálogo es inviable cuando para las cuestiones de cambio climático el consenso científico sirve, mientras que para las cuestiones de biología celular ni siquiera los libros de texto, el ABC de la biología más que demostrada vale, y se convierte entonces en arrogancia cientifista.

Para los que estamos en contra de la implantación del 5G por motivos ambientales y socio-políticos (desarrollismo vs. decrecentismo), nada nos gustaría más, de verdad, que encontrar un buen artículo, con sus controles, que demuestre un efecto tan pernicioso sobre la salud. Es muy importante dejar claro que el que no se hayan demostrado sus efectos biológicos, no quiere decir que haya que afirmar categóricamente que no existan. De hecho, la OMS, a través de la IARC, catalogó en 2011 a las radiaciones no ionizantes de los móviles dentro del grupo 2B de los posibles riesgos de cáncer, grupo en el que están los agentes que es posible que sean cancerígenos. Es decir, se tiene algún indicio de peligro a las dosis que estamos recibiendo pero no es en absoluto convincente y, ni mucho menos, es probable que lo haya. La lista 2B de la IARC recoge actualmente a 313 agentes clasificados como «Posibles carcinógenos en humanos”. O sea, hay evidencia que no llega a ser concluyente de que la exposición puede causar cáncer en humanos. ¡Como los vegetales en escabeche!

La IARC no determina riesgos, solo trata de determinar si un agente es cancerígeno o no. Si mete un agente en una lista es por algo. En sucesivas revisiones puede quitarlo de la lista o subirlo de categoría.

A partir de aquí, el sano escepticismo nos debe hacer exigir que se sigan tomando datos epidemiológicos y estudios biofísicos de las improbables interacciones entre ondas de baja frecuencia y los organismos. Por otro lado, luchar contra el determinismo biológico y por el cuidado en igualdad de condiciones de todas las personas afectadas por cualquier dolencia sin base biológica (probada). Esos cuidados se deben hacer de manera integral y desde diversas disciplinas sin menoscabar ninguno de sus derechos y por supuesto sin estigmatización.

Alfredo Caro Maldonado @cienciamundana, es doctor en biología celular.

Fuente con enlaces: https://rebelion.org/electrosensibi...

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Benjamin en un recuerdo

Tortuga Antimilitar - 4 August, 2020 - 00:00

El lugar en el que estuvieron los restos de Walter Benjamin era un rincón desnudo y humilde. Sin embargo, la presencia de su recuerdo lo ocupaba, diría que incluso le daba forma.

Desde que inicié esta serie de postales insólitas, me fijé algunas reglas no escritas. Una de ellas decía que tenía que visitar los lugares sobre los que iba a escribir en unas fechas no muy distantes al momento de la escritura. A veces un mismo viaje me ha servido para reunir varios textos cuya publicación he ido espaciando en el tiempo. Lo que no he hecho ha sido recuperar fotos y recuerdos de viajes antiguos. Otra regla decía que solo podía escribir un texto por provincia. Esta segunda regla me obligaba a viajar, a salir del entorno cómodo de Madrid y sus alrededores. He cumplido ambas reglas hasta la fecha, pero, ahora, las circunstancias del confinamiento —llevo tres meses sin salir de la Comunidad de Madrid por imperativo del estado de alarma— me obligan a romper una de estas máximas: o escribo sobre Madrid o escribo sobre un recuerdo. No sé muy bien por qué, he preferido escribir sobre un recuerdo.

Recuerdo una carretera sinuosa desde la localidad francesa de Collioure hasta Portbou (Girona). Las curvas se sucedían asomadas al mar y, en algún momento, atravesamos una frontera ya desdibujada, un límite que en otro tiempo marcaba las vidas de quienes trataban de franquearlo. Tal vez olía a pino y las rocas tenían un tono rojizo. Puede que los coches que deambulaban por aquel trazado imposible lo hicieran con la gracia de los veraneantes indolentes. Era la primavera del año 2008.

Recuerdo la estación de Portbou, que se expandía en vías para trenes en espera y que parecía ocupar el núcleo de la población. Alrededor de la estación pululaban grupos de hombres de edades indeterminadas. Esos grupos de fumadores con ropa deportiva y amarrados a bolsas de plástico, que daban la impresión de no tener ningún destino salvo el que el azar les deparase en la media hora siguiente, daban vida a los terrenos adyacentes a la estación de Portbou. Puede que algunos turistas despistados se dirigieran a la playa. Puede incluso que esos turistas cruzaran alguna mirada con los grupos de diletantes inofensivos.

Recuerdo que ascendimos hasta algún lugar que he olvidado y tuvimos una visión panorámica de la localidad, colgada sobre el mar, extraída con esfuerzo de su destino de pequeño puerto pesquero para convertirse en un nudo de comunicaciones ferroviarias. Y allí, de eso casi estoy seguro, pregunté por Walter Benjamin y me indicaron un recorrido con carteles a modo de hitos que seguía los últimos pasos del escritor alemán, los días y horas previos a su muerte.

Recuerdo que seguimos el camino dictado por los carteles y conocimos detalles lúgubres de aquellos últimos días, en septiembre de 1940. Quizá nos acercamos a la desesperación del perseguido, al miedo brutal de quien se siente acorralado, a la derrota íntima del que no desea seguir huyendo. No lo sé. En todo caso, al menos nos acercamos hasta un monumento que recordaba a Benjamin y puede que a todos los perseguidos: se trataba de una escalera inserta en una estructura de hierro oxidado cuyo final estaba marcado por un cristal, una pared tranparente al otro lado de la cual solo quedaba el precipicio y el mar.

Sé que fotografié el lugar y creí que el vértigo de aquel descenso al abismo quizá sí se aproximaba al vértigo del perseguido. En aquel instante no quise quedarme allí demasiado tiempo. Necesité tomar aire, adquirir una perspectiva distinta. Portbou parecía una acuarela marina agitada con trazos inexplicables.

Recuerdo que visitamos el cementerio, también asomado al mar como si el ruido de las olas fuera la mejor compañía para los muertos. El lugar en el que estuvieron los restos de Walter Benjamin era un rincón desnudo y humilde. Sin embargo, la presencia de su recuerdo lo ocupaba, diría que incluso le daba forma.

Recuerdo que compré una postal de la escalera infinita y se la envié a un amigo, por cuya culpa habíamos leído algunos textos de Benjamin en los últimos años de la universidad. Al cabo de un tiempo supe que la había recibido y me gustó pensar que había compartido con él la visita. No sabía que doce años después iba a compartirla en esta página en los últimos días del estado de alarma de la primavera de 2020.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/insol...

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Tu vida

Tortuga Antimilitar - 4 August, 2020 - 00:00

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Alexis de Tocqueville: "La democracia en América"

Tortuga Antimilitar - 3 August, 2020 - 00:00

Título original: De la démocratie en Amérique
Idioma original: francés
Traducción: Raimundo Viejo Viñas
Año de publicación: 1835-1840
Valoración: Muy interesante

En 1831 Alexis de Tocqueville fue enviado a Estados Unidos para estudiar su sistema penitenciario. Permaneció allí solo nueve meses, pero fue tiempo suficiente para interesarse profundamente por aquel nuevo país. A su regreso continuó estudiando la cuestión, publicando en dos partes La democracia en América, un texto fundamental en las ciencias políticas, con múltiples conexiones con otras áreas, como el Derecho, la Historia o la sociología.

Estados Unidos era un país independiente desde hacía poco tiempo, y lo que encuentra Tocqueville es algo bastante insólito: un Estado democrático establecido sobre una tierra virgen de dimensiones todavía desconocidas y constituido por colonos, sin jerarquías ni clases sociales, o sea, algo tan radicalmente diferente de la vieja Europa que le mueve a intentar estudiarlo en su totalidad y deducir consecuencias. Por fijar los conceptos, hay que decir que lo que llama democracia no es exactamente lo mismo que nosotros entendemos hoy en día (una persona, un voto; un sistema representativo) sino, en términos generales, la igualdad de condiciones. Ese es justamente el corazón de la sociedad estadounidense, un colectivo de ciudadanos llegados de la metrópoli en busca de una vida mejor a la que todos tienen derecho por igual, y solo su capacidad determinará el éxito o fracaso. Se puede decir que el concepto de democracia es por tanto más sociológico que político o jurídico, y sobre ese enfoque construye Tocqueville la contraposición entre democracia y aristocracia que ocupa la mayor parte del libro.

Ese pueblo de colonos se constituye en un régimen democrático y básicamente igualitario (luego hablamos de la esclavitud), formado por unidades territoriales más pequeñas (Estados, condados, comunas). En base a sus intereses comunes, los ciudadanos delegan en un poder central algunas competencias básicas, estructurándose un sistema complejo que Tocqueville analiza en la primera parte de la obra. Se definen los contrapesos entre los tres poderes (en principio, todos electivos) que ya había definido Montesquieu un siglo antes, y entre los distintos ámbitos territoriales, con la idea básica –que de alguna manera ha llegado hasta la actualidad- de una cesión de soberanía hacia el Estado que siempre es limitada, porque el ciudadano (no olvidemos que se trata de individuos que llegaron por su cuenta y riesgo a buscarse la vida) nunca está dispuesto a perder su parcela de decisión individual.

Es el gran rasgo definitorio de la sociedad norteamericana que Tocqueville –a falta de otros ejemplos similares-extiende a todo modelo democrático: el individualismo. Un individualismo feroz cuyo objetivo fundamental es la riqueza, el bienestar material, y que apenas se compensa con cierta tendencia al asociacionismo. Individualismo y materialismo (ya se pueden adivinar algunos rasgos de la sociedad norteamericana que persisten dos siglos después) dan lugar a la valoración del trabajo como una actividad honorable, frente al desprecio que la aristocrática Europa (Inglaterra sobre todo) muestra frente al desempeño de toda actividad productiva. Esa dicotomía Europa/América (Estados Unidos), o aristocracia/democracia se convierte en el método que sostiene la muy extensa exposición de Tocqueville. Buscando siempre ese contraste se explican las múltiples perspectivas de la sociedad americana: la religión, la filosofía, el lenguaje, el arte, el comercio, la familia… No negaré que llega a cansar un poco esa contraposición permanente, además de resultar claramente forzada en algunos casos, porque da la impresión de que se empieza por las conclusiones para después encajar los motivos.

En su búsqueda de dualidades, Tocqueville encuentra por supuesto la más evidente: la condición del hombre blanco frente a los indios nativos y los negros. Es un retrato durísimo y esclarecedor en el que se describe la absorción de los indígenas por los occidentales triunfantes, el proceso de desaparición de la esclavitud y las consecuencias de ambos. Es, al margen de las reflexiones en torno a la democracia, la parte más intensa del libro. El autor francés capta con una clarividencia brutal el cambio de concepto que se opera sobre el negro, que pasa a ser un hombre libre, pero llevará para siempre el estigma de su origen y su raza: ya no es tratado como esclavo, pero siempre seguirá siendo despreciado, incluso en los Estados no esclavistas. Por cierto, que también Tocqueville anticipa la posibilidad de una guerra civil por causa de la esclavitud, lo que ocurriría veinte años más tarde.

Hay que decirlo ya: Tocqueville, buscando una obra total, quiere explicarlo todo y encajar en sus categorías cada uno de los aspectos de esa sociedad que descubre entusiasmado. Aunque su estilo es limpio y neutro, es también prolijo, detallista hasta el extremo y también bastante repetitivo, lo cual no se puede negar que abruma en ciertos momentos de libro tan extenso. Pero es indudable que se trata de un texto excepcional. Por no alargarme demasiado, lo sintetizo en tres aspectos:
La democracia: Tocqueville cree haber encontrado la materialización de este concepto jurídico-político en un país nuevo, lo examina, estudia sus mecanismos, se asombra de hallar una sociedad igualitaria y ve en ella el camino por el que hacer realidad lo que a mediados del siglo XIX parece todavía utópico
El liberalismo: esa sociedad norteamericana parece el sustrato perfecto para ver crecer el mundo liberal que sueña Tocqueville. Por eso subraya una y otra vez los peligros que le acechan: el despotismo (dictadura de la mayoría), la centralización y el intervencionismo, es decir, todo lo que menoscabe la libertad y la iniciativa individual
América (Estados Unidos): se ha dicho que La democracia en América es el libro definitivo sobre este país, aun cuando era todavía un recién nacido y apenas ocupase la mitad del territorio actual. Pero sí: es realmente una obra descomunal, la definición integral y profunda de un país como seguramente será difícil encontrar otra semejante.

Claro está que estamos en la Tochoweek, que aquí van muchos cientos de páginas que no es fácil digerir a no ser que nos interese mucho. Pero quizá merece la pena intentarlo: nos esperan ideas y conceptos fundamentales en la ciencia política de los últimos doscientos años, y aspectos muy interesantes, y algunos plenamente actuales, acerca de un país y una sociedad que, nos guste más o menos, ha sido y es determinante en todos los aspectos de nuestra Historia reciente.

Fuente: https://unlibroaldia.blogspot.com/2...

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¿Sabes cuántas horas trabajaba un campesino de la Edad Media?

Tortuga Antimilitar - 3 August, 2020 - 00:00

David Ruiz Marull

Trabajo duro, malas cosechas, hambruna, enfermedades, guerras… Ser campesino en la Edad Media no era precisamente un camino de rosas. Implicaba muchas preocupaciones por toda una serie de aspectos incontrolables como la meteorología, las pandemias o las luchas de poder en la sociedad feudal. Pero tampoco todo era malo, al menos desde la perspectiva de la vorágine del siglo XXI. Esos trabajadores del campo que se acostumbra a compadecer por las penosas condiciones a las que se enfrentaban tenían una ventaja respecto a nosotros: sus períodos de vacaciones eran mucho más largos que los actuales.

¿Cuántas semanas de descanso van a tener este verano? ¿2, 3, todo un mes? En pleno Antiguo Régimen (entre los siglos XV y XVIII), en España las vacaciones sumaban alrededor de cinco meses al año, según explica la historiadora Juliet B. Schor, autora del libro The Overworked American: The Unexpected Decline of Leisure .

Descanso laboral

En pleno Antiguo Régimen, en España las vacaciones sumaban alrededor de cinco meses al año.

El tiempo de asueto de los españoles era parecido al de los franceses, que tenían garantizados 52 domingos, 90 días de descanso y 38 festivos. Y el de ambos era superior al de los ingleses, que trabajaban alrededor de dos terceras partes del año.

“Uno de los mitos más extendidos del capitalismo es que ha reducido el trabajo humano. Se compara, sin embargo, la actual semana laboral de cuarenta horas con las de setenta u ochenta que se hacían en el siglo XIX”, señala Schor. Es a partir de este estándar que se ha creado el imaginario de que los campesinos medievales trabajaban de sol a sol. “Estas imágenes son proyecciones hacia atrás de patrones de trabajo modernos. Y son falsos”, concluye con rotundidad la investigadora.

Antes del capitalismo, la mayoría de las personas no trabajaba muchas horas. “El ritmo de la vida era lento, pausado y el trabajo era relajado. Nuestros antepasados pueden no haber sido ricos, pero tenían una gran cantidad de tiempo para el ocio”, señala. Además, contaban con un buen número de pausas durante sus jornadas laborales.

El Obispo de Durham James Pilkinton señalaba en un texto escrito en 1570 que el “hombre trabajador descansará mucho por la mañana; se pasa una buena parte del día antes de que venga a su trabajo; entonces debe desayunar, aunque no se lo haya ganado […]. Al mediodía debe tener su hora de dormir, luego su beber por la tarde y cuando llega su hora de la noche, arroja sus herramientas y abandona su trabajo”. Y estos ‘derechos adquiridos' se aplicaban incluso en los picos de la cosecha.

Sin horarios

Durante los períodos de inactividad, que representaban una gran parte del año, no era habitual que se cumpliera las horas regulares de trabajo, apunta Juliet Schor. Además, era muy inusual que los trabajadores serviles tuvieran que trabajar todo un día para un señor. Cuando se hablaba de un día se referían en realidad a medio día, y si un siervo trabajaba un día entero, se contaba como dos “días de trabajo”.

El calendario medieval estaba plagado de festivos. Los oficiales, es decir, de la iglesia, incluían no solo las “vacaciones” largas en Navidad, Pascua y en verano, sino también numerosos días de santos y otros descansos. A estas celebraciones hay que añadir que a menudo había semanas de asueto para marcar eventos importantes de la vida (bodas, bautizos…).

Una estimación del siglo XIII revela que familias campesinas enteras no dedicaban más de 150 días al año a sus tierras. Los registros señoriales de la Inglaterra del siglo XIV indican un año laboral extremadamente corto, de 175 días, para los trabajadores serviles. Y los mineros solo habrían trabajado 180 días en el periodo comprendido entre los años 1400 y 1600.

“Cuando el capitalismo aumentó los ingresos de los trabajadores, también les quitó su tiempo libre. De hecho, hay buenas razones para creer que las horas de trabajo a mediados del siglo XIX constituyen el esfuerzo laboral más prodigioso en toda la historia de la humanidad”, concluye la investigadora.

En junio de 1930, el británico John Maynard Keynes aseguró durante una conferencia celebrada en Madrid que la “riqueza producida y los avances tecnológicos reducirían la jornada laboral de 2030 a tres horas diarias, 15 horas semanales”. Nos queda apenas una década para darle (o no) la razón a uno de los economistas más influyentes del siglo XX.

ABC

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El renovado interés de la OTAN en el Mediterráneo

Tortuga Antimilitar - 2 August, 2020 - 00:00

Desde hace al menos una década la región del Mediterráneo ha cobrado un renovado interés para la OTAN, que la considera hoy un punto estratégico para varias de sus operaciones y asociaciones con otros países. Los conflictos surgidos tras las revoluciones árabes de 2011, la creciente presencia rusa en el Mediterráneo oriental y el hallazgo de importantes reservas de gas son solo algunos de los intereses que empujan a la OTAN a crear una estrategia regional que no logra asentarse del todo.

Las razones para que la OTAN preste cada vez más atención al Mediterráneo, el denominado flanco sur, no son pocas. Nueve miembros de la Alianza se bañan en estas aguas: Francia, España, Italia, Grecia, Turquía, Eslovenia, Albania, Croacia y Montenegro. Malta y Chipre, aunque no son Estados miembros, poseen el estatus de socios. Además, por este mar cruzan buena parte de los recursos energéticos consumidos en Europa y una parte importante del comercio mundial.

Por último, los países árabes de la orilla sur suponen una puerta de entrada al Sahel, una región que ya se califica como el próximo Afganistán por la proliferación de grupos terroristas e inestabilidad que está viviendo. No obstante, la falta de unidad entre los miembros de la OTAN y la descoordinación con la Unión Europea están llevando a que la Alianza apueste cada vez más por relaciones bilaterales, en lugar de por la estrategia regional que lleva intentando implementar desde 1995.

El giro de la OTAN hacia el Mediterráneo

Tras el fin de la Guerra Fría, la OTAN comenzó a centrar su atención en otras regiones del mundo más allá de la Unión Soviética. Hasta entonces, el interés de la OTAN en el Mediterráneo se había centrado principalmente en los Balcanes y el este de Europa. Sin embargo, a partir de 1994 la Alianza comenzó a dar importancia a crear unas buenas relaciones con la orilla sur mediterránea, un giro que perdura hasta la actualidad. Ese mismo año la OTAN decidió asociarse con países que, aún no siendo miembros de la Alianza, compartían intereses comerciales y diplomáticos.

Este nuevo enfoque, conocido como “seguridad cooperativa”, proponía crear acuerdos puntuales con determinados países en los que los miembros de la OTAN podrían o no participar de acuerdo a sus intereses particulares. Bajo este nuevo enfoque se firmarían los dos instrumentos que iban a marcar las relaciones de la OTAN en el Mediterráneo y que siguen vigentes en la actualidad: el Diálogo Mediterráneo y la Iniciativa de Cooperación de Estambul.

El Diálogo Mediterráneo se firmó en 1995 con Israel, Egipto, Jordania, Marruecos, Mauritania, Túnez, a los que se unió Argelia en el año 2000. Este acuerdo tenía como objetivo fomentar la estabilidad regional y la cooperación en el sector de la seguridad en estos países. No obstante, la presencia de Israel motivó que otros países, como Líbano o Siria, decidieran no participar, lo que limitó las posibilidades de esta asociación, que terminó por considerarse una simple mesa de diálogo más. Los escasos resultados han llevado recientemente a plantear dividir el Diálogo Mediterráneo en dos grupos: el occidental con Argelia, Marruecos, Mauritania y Túnez, y el oriental con Egipto, Israel y Jordania.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 hicieron que la atención de EE. UU. y de la OTAN se volviera a Oriente Próximo y el norte de África con mayor interés. Ese mismo año se inició la Operación Active Endeavour, una misión naval que duraría quince años y cuyo objetivo era combatir el terrorismo en el Mediterráneo. Siguiendo la estrategia de aumentar la cooperación y la presencia de la OTAN en los países árabes, en 2004 se creó la Iniciativa de Cooperación de Estambul (ICI, por sus siglas en inglés) con países del Golfo como Bahréin, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.

El objetivo de la Iniciativa de Cooperación de Estambul era formalizar y coordinar unas colaboraciones que en la práctica ya se estaban produciendo de manera bilateral con varios de estos países. La ICI nació con la intención de complementar y ampliar el Diálogo Mediterráneo, no sustituirlo. Sin embargo, Arabia Saudí, Omán o Irak nunca llegaron a formar parte de la iniciativa porque estaban más interesados en colaboraciones puntuales con la OTAN que en una estructura permanente. Además, en el caso de Omán, entrar en la alianza habría supuesto un movimiento que podría poner en riesgo sus estrechas relaciones con Irán.

Intereses particulares frente a estrategia regional

Varias claves explican que los dos instrumentos que rigen la política de la OTAN en el Mediterráneo hayan quedado limitados desde su nacimiento. Dos de ellas son las ausencias destacadas de algunos países o la mala imagen de la OTAN en estos países por su identificación con EE. UU., sus intervenciones militares en países como Libia o su apoyo a Israel. Sin embargo, el problema principal es la falta de una estrategia de la región en su conjunto.

La proliferación de alianzas a las que los miembros de la Alianza pueden adherirse o no libremente las ha convertido en la práctica en meras declaraciones de intereses: para los acuerdos realmente significativos se sigue recurriendo a tratados bilaterales con países específicos. De hecho, los propios países del ICI han llegado a admitir que están más interesados en acuerdos puntuales y bilaterales con algunos de los países de la OTAN que con la totalidad de la Alianza. La realidad en el Diálogo Mediterráneo no es muy distinta: al no constituir una unidad previa, la relación de cada miembro con la OTAN se rige por unos intereses particulares que poco tienen que ver con los del resto. Túnez e Israel, por ejemplo, esperan fortalecer su defensa, mientras Jordania busca quiere apoyos contra el yihadismo.

Por otro lado, los países de la Alianza también tienen intereses particulares que no siempre entran dentro de los objetivos de la OTAN. Francia siempre se ha mostrado reservada a aumentar la influencia de la OTAN en el Magreb, ya que la entrada de la organización y de otros países en la región podría menguar la privilegiada posición francesa allí. España, por otra parte, siempre ha peleado por que el Mediterráneo occidental no cayera en el mismo saco que el Mediterráneo oriental, ya que tiende a ser la parte olvidada.

Esto ha llevado a países de la Unión Europea a lanzar iniciativas euromediterráneas desde mecanismos europeos, que gozan además de una mayor aceptación en los países árabes, y no desde la Alianza. Es el caso de la Unión por el Mediterráneo con Francia a la cabeza, o la PESCO, la unión militar europea. Sin embargo, también la UE y la OTAN han colaborado en iniciativas como el Programa de Construcción de la Integridad de la OTAN, un programa piloto puesto en marcha en 2007 con Túnez, Mauritania y Jordania para mejorar la seguridad y reducir la corrupción en estos países.

La entrada de la OTAN tras las revueltas árabes

Las revueltas árabes de 2011 dieron un vuelco a la geopolítica del Mediterráneo, y la OTAN puso en marcha varias operaciones en el llamado flanco sur. Por un lado, algunos de los países con los que la OTAN tenía firmados acuerdos, como Túnez o Egipto, iniciaron una transición política radical en los meses siguientes, derribando sus dictaduras. En otros países como Siria o Libia las revueltas acabarían degenerando en sendas guerras civiles que todavía siguen abiertas.

En Libia, a las pocas semanas del estallido del conflicto en marzo de 2011, la OTAN asumió el mando de la coalición militar internacional Unified Protector respaldada por la ONU cuyo objetivo era la protección de la población civil. La operación duraría siete meses, durante los cuales la Alianza luchó contra el régimen de Gadafi, y tras el asesinato de este apoyó la creación de un Gobierno provisional que fue incapaz de poner fin al conflicto.

Una de las grandes críticas a esta intervención de la OTAN es precisamente que priorizó la caída de Gadafi a la protección de la población civil, en contra del mandato de la ONU. Sin embargo, esta fue una de las pocas ocasiones en las que han colaborado la OTAN y la Liga Árabe, incluyendo a tres países árabes en la operación militar: Catar, Emiratos Árabes Unidos y Jordania.

La guerra civil en Siria, el otro gran conflicto surgido en 2011, también trajo la presencia de la OTAN al Mediterráneo oriental. A petición de Turquía y como medida de defensa ante posibles ataques desde el país vecino, en diciembre de 2012 se activó la misión Active Fence, que sigue vigente en la actualidad. No obstante, esta operación casi podría calificarse más como una expresión de solidaridad que como una misión de combate. Los miembros de la OTAN que sí entraron a combatir en suelo sirio e iraquí durante los primeros años tras el inicio de la guerra y la aparición de Dáesh lo hicieron a título particular y no como parte de una misión de la Alianza. No sería hasta 2017 cuando la OTAN decidió apoyar de manera formal la coalición global para derrotar a Dáesh, proporcionando apoyo militar y entrenamiento tanto en Jordania como en Iraq.

En el resto del Mediterráneo, la estrategia de la OTAN ha sido no solo mejorar la colaboración y su imagen con los países árabes, sino también contrarrestar la creciente presencia de Rusia en el Mediterráneo oriental, especialmente a partir de 2015, cuando Rusia entró formalmente en la guerra de Siria. Para lograr estos objetivos, además de las operaciones militares la Alianza puso en marcha en 2014 la iniciativa DCB (siglas en inglés de Defense Capacity-Building, ‘construir capacidades defensivas'), programas de entrenamiento y mejora de la defensa de los países socios, construcción de infraestructuras militares y lucha antiterrorista. Todo ello se gestiona desde el centro de coordinación Hub South de Nápoles, creado en 2016. Algunos de los Estados que han firmado estos convenios son Jordania, Marruecos y Túnez.

Túnez se ha convertido en la pieza clave de la OTAN en la región. EE. UU. consideró a este país un “gran aliado no perteneciente a la OTAN” en 2015. Túnez es un país relativamente estable que sirve no solo como base de operaciones para el resto de la región, sino también como una puerta de entrada al Sahel, el vasto territorio del Sahara donde lleva años librándose una batalla contra el yihadismo que no parece tener un final cercano. La colaboración militar entre EE. UU. y Túnez se ha traducido en más de cuatrocientos millones de dólares de ayuda estadounidense para fines militares y de seguridad desde 2001.

No obstante, la relación entre Túnez y la OTAN no es idílica. En febrero de 2018 Túnez rechazó de manera inesperada un acuerdo de colaboración de tres millones de euros con la Alianza para crear un centro de operaciones para el control de las fronteras tunecinas y la lucha antiterrorista. La joven democracia tunecina pretende seguir trabajando con la OTAN y modernizando su defensa. Pero, además, Túnez quiere mantener su soberanía e independencia, y reforzar sus relaciones con otros países árabes como Argelia, históricamente reticente a la presencia occidental en la región y con el que Túnez ha cerrado varios acuerdos de seguridad recientemente. EE. UU. también quiso aumentar su presencia en Argelia, primero para usarla como base militar para la intervención en Libia, y más tarde proponiendo la instalación de fuerzas militares en el sur argelino, pero ambas peticiones fueron rechazadas por el Gobierno argelino.

La cooperación marítima entre la OTAN y la Unión Europea

La OTAN fijó en la cumbre de Varsovia en 2016 que su estrategia en el flanco sur no sería de liderazgo sino de contribución a la estabilidad regional. Este principio ha definido muchas de las operaciones recientes en aguas del Mediterráneo, donde se ha prestado apoyo a la UE para el control de los flujos migratorios y se han impulsado programas de entrenamiento a fuerzas armadas. La misión Active Endeavour, operativa desde 2001, llegó a su fin en marzo de 2016, cuando fue sustituida por la Sea Guardian, centrada en el Mediterráneo central. Esta es una misión independiente de la EUNAVFORMED Sofía de la UE, una misión naval que lucha contra las mafias de migrantes en el Mediterráneo, pero las dos misiones comparten información e incluso algunas infraestructuras logísticas y médicas. La operación Sea Guardian también tiene como objetivo monitorizar el flujo de migrantes y acabar con el contrabando de personas y armas, lo que aumenta la peligrosidad de la ruta, ya que obliga a los migrantes a utilizar embarcaciones más pequeñas e inestables para no ser divisados.

En el mar Egeo, la OTAN lanzó una misión similar en 2016 en colaboración con Frontex —la agencia europea para el control de fronteras— y las fuerzas armadas griegas y turcas para frenar a los migrantes que querían llegar a Europa. Las autoridades turcas siempre han sido críticas con esta operación, ya que permite a los barcos de la OTAN navegar por aguas del sur del Egeo, una zona disputada entre Grecia y Turquía. Además, Ankara asegura que la misión está teniendo muy poca efectividad controlando a quienes tratan de cruzar hacia Grecia. La realidad es que la presencia de estas embarcaciones ha obligado a los migrantes a dirigirse a otras islas griegas más lejanas que Samos, aumentando la mortalidad de la ruta. Pese a las insistencias de Ankara, las embarcaciones de la OTAN continúan en el Egeo actualmente.

La creciente tensión en el Mediterráneo Oriental

Todas estas misiones en el Mediterráneo tienen como telón de fondo una tensión creciente entre los miembros de la OTAN. Una década después, la guerra de Libia se ha convertido en una importante fuente de divisiones internas para la Alianza. Mientras Turquía, Italia, la UE y la ONU apoyan al Gobierno de Trípoli, Francia se ha desmarcado apoyando al Ejército Nacional Libio del mariscal Haftar, al que también apoyan Rusia, Egipto o los Emiratos Árabes Unidos. Estas diferencias han generado tensiones entre Francia e Italia, y entre Turquía y Francia, todos ellos miembros de la OTAN. En julio de 2020, Francia anunció su retirada de la misión Sea Guardian por la supuesta amenaza de Turquía a una de sus fragatas encargadas de controlar el embargo de armas a Libia. Esta escalada de tensión sin precedentes en la OTAN es una prueba más de la falta de cohesión de sus miembros para la región del Mediterráneo.

Libia, el nuevo campo de batalla entre potencias

Por otro lado, en el Mediterráneo oriental se han descubierto unos importantes yacimientos de gas, para los que se construirá el gasoducto EastMed entre Grecia, Chipre e Israel, dejando de lado a Turquía. No solo está por ver a quién explotará estos recursos, sino también quién controlará las aguas por las que pasa el gasoducto. Turquía cerró por sorpresa en diciembre de 2019 un acuerdo con su Gobierno aliado en Libia, por el que este da acceso a Turquía a parte de esas aguas. Este acuerdo entra en claro conflicto con otros miembros de la OTAN como Grecia y con otros países con intereses en la zona como Israel.

Al igual que la de otras potencias, la agenda de la OTAN ha girado cada vez más hacia el Mediterráneo en la última década. Las operaciones en la región han aumentado, aunque de una manera limitada debido al modelo de asociaciones y la prevalencia de una política de acuerdos bilaterales fuertemente vigilada por Francia. Con todo, la OTAN sigue teniendo mala imagen en la región, y otros mecanismos auspiciados por la UE, como la PESCO o la Unión por el Mediterráneo, pueden tener mayor éxito construyendo relaciones sólidas y duraderas con los países árabes. Incluso si los conflictos de Siria y Libia terminaran en el corto plazo, el interés de la OTAN por el Mediterráneo no disminuirá, ahora que se abre uno de los proyectos energéticos más ambiciosos de la zona hasta la fecha y el flanco sur se convierte en la base para acceder al cada vez más convulso Sahel.

Alicia García

Fuente: https://elordenmundial.com/la-otan-...

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