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Actualizado: hace 1 hora 46 min

«Por la abolición de las cárceles»

fai 19 horas 32 min

Por Amy Goodman, Juan González
Fuentes: Democracy Now!

La académica y activista por los derechos humanos Ruth Wilson Gilmore es cofundadora del Proyecto de Moratoria Penitenciaria de California y de la organización abolicionista Critical Resistance. Ruth Wilson Gilmore habla sobre COVID-19, “la violencia organizada” y el abolicionismo.

AMY GOODMAN: Quiero traer a otra invitada a esta conversación, mientras hablamos del coronavirus y el tema de la abolición de las cárceles. La propagación de COVID-19 amenaza la vida de más de 2,3 millones de personas encerradas en el sistema penitenciario de Estados Unidos. El primero de mayo, el medio The Marshall Project informó que más de 14.000 personas encarceladas y cerca de 4.000 trabajadores de prisiones estatales y federales han dado positivo a la prueba de COVID-19, y se cree que el número real de casos podría ser mucho mayor debido al limitado acceso a pruebas de diagnóstico. Activistas y defensores de los derechos humanos piden la liberación masiva de los prisioneros para salvar sus vidas y detener la propagación de este virus mortal. Para hablar de esto, nos conectamos con la erudita abolicionista Ruth Wilson Gilmore, profesora de Ciencias Ambientales y de la Tierra y directora del Center for Place, Culture and Politics del Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY, por sus siglas en inglés). Gilmore es cofundadora del Proyecto de Moratoria Penitenciaria de California y de la organización abolicionista Critical Resistance. Además es autora de “Golden Gulag: Prison, Surplus, Crisis, and Opposition in Globalizing California” (Gulag dorado: cárcel, plusvalía, crisis y oposición en una California globalizada). Su próximo libro se titula “Change Everything: Racial Capitalism and the Case for Abolition” (Cambiarlo todo: el capitalismo racial y el argumento a favor de la abolición). Profesora Ruth Wilson Gilmore, es un honor tenerla con nosotros, desde Lisboa, Portugal, donde usted está ahora. ¿Puede comenzar hablando de los conceptos básicos? ¿Cómo definiría “abolición”? ¿Puede ponerlo en el contexto de la pandemia?

RUTH WILSON GILMORE: Por supuesto. Gracias por la invitación. Fue muy bueno escuchar el comentario de mi colega en Texas. La abolición busca cambiar esta forma de pensar y de hacer las cosas que ve a la prisión y al castigo como las soluciones para todo tipo de problemas sociales, económicos, políticos, de comportamiento e interpersonales. La abolición [de las cárceles] no es simplemente liberar a los presos, o sacarlos a todos a la calle. Es reorganizar el modo en que vivimos nuestras vidas juntos en este mundo. Esto es algo que la gente ya está haciendo de varias formas en todo Estados Unidos y alrededor del planeta. No es un sueño o una fantasía imposible. En realidad, es algo práctico y alcanzable tanto en la ciudad de Nueva York, como en Texas, en Sudáfrica y en todo el mundo.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Podría hablar sobre cuál es la respuesta en otras partes del mundo a los problemas relacionados con esta idea de crimen y castigo, y por qué, obviamente, a menudo hablamos de cómo EE.UU. tiene un porcentaje tan desproporcionado de la población carcelaria del mundo?

RUTH WILSON GILMORE: Sí. Es interesante, aunque probablemente sea solo una coincidencia, que Estados Unidos tenga alrededor de uno de cada cuatro prisioneros del mundo. Y que también tenga aproximadamente una de cada cuatro muertes por COVID. Y aunque eso podría ser una coincidencia, hace que me detenga a pensar en cómo nos organizamos en Estados Unidos a través de las políticas distintas y variadas desde el Atlántico al Pacífico y más allá. En otras partes del mundo, lo que uno ve es un hecho muy simple: donde la vida vale, la vida vale. En lugares donde el estado, el gobierno, los municipios, organizaciones de justicia social, comunidades religiosas y sindicatos trabajan juntos para mejorar la vida humana, los incidentes relacionados al crimen y castigo, incluidos los daños entre personas, son menos propensos a ocurrir. Esto ocurre en lugares en donde las poblaciones son tan diversas como en Estados Unidos. También vemos que en lugares donde la desigualdad social es más profunda, el uso de la prisión y el castigo es mayor. Sin embargo, ningún lugar se asemeja a Estados Unidos.

AMY GOODMAN: Profesora Ruth Wilson Gilmore, usted habla de un abandono organizado y de la violencia organizada del estado. Habla de cómo estos son dos males que van de la mano con la pandemia. Por favor, explíquelo.

RUTH WILSON GILMORE: Sí. ¿Dije la palabra “maldad”? Bien, tal vez sí lo dije. Estos son aspectos colaterales de la pandemia. El abandono organizado tiene que ver con la forma en que distintas personas, hogares, comunidades, barrios, no tienen todos el mismo nivel de acceso a apoyo y protección ante la pandemia. Y la respuesta a las personas que intentan buscar maneras de protegerse y salvarse, tomemos como ejemplo en la ciudad de Nueva York, personas sin hogar que viven en el metro, es la vigilancia y la criminalización. Es decir, se usa el castigo para resolver los problemas que surgen a partir del abandono. El abandono organizado no es solo el abandono del estado, también es el abandono por parte del capital económico, ya sea abandono por parte del capital inmobiliario, que produce más y más apartamentos de lujo pero no viviendas asequibles, como podemos ver en las dificultades que se enfrentan en la ciudad de Nueva York y alrededor de Estados Unidos; o el abandono del capital del turismo, que empuja a ciertos grupos de personas fuera de ciertas áreas de la ciudad y solo les da la bienvenida si son trabajadores de la industria de servicios, entregando, sirviendo, cuidando y limpiando. Hay muchas, muchas maneras de pensar en el abandono organizado, pero esto nos debería llevar a considerar tanto cómo el capital, grande, pequeño, o el estatal, municipal o mayor, trabajan juntos para levantar barreras solo a cierto tipo de personas y bajarlas para otros.

JUAN GONZÁLEZ: Quería preguntarle sobre — cuando se discute la reforma del sistema penitenciario, generalmente se habla de ayuda o asistencia a delincuentes no violentos o de la liberación de delincuentes no violentos, en oposición a los delincuentes violentos, como si con los delincuentes violentos, no hubiera duda de que nunca podrían ser liberados antes de que termine su condena. ¿Cuál es su opinión sobre este tema del intento de dividir la población carcelaria entre delincuentes no violentos y violentos?

RUTH WILSON GILMORE: Claro. Mi colega de Texas ya mencionó esto cuando conversó con usted. La suposición básica a esa división sugiere que sabemos algo sobre un grupo de personas que nunca, nunca van a cambiar. Y lo que olvidamos es que la mayoría de las personas que van a prisión, por cualquiera que sea el delito por el que fueron condenados, van a dejar algún día la prisión. Eso significa que en lugar de pensar que tenemos estos dos grupos de los que podemos predecir su comportamiento, deberíamos estar pensando en el tipo de vida que permite que las personas regresen al mundo del que han sido excluidos, de tal manera que cualquier daño que pueden haber causado no perjudique a nadie nuevamente en el futuro. Lo que hacen los abolicionistas es todo tipo de acciones en lo que compete a lo que llamamos justicia transformadora, para tratar de resolver eso. Algunos de los abolicionistas líderes en Estados Unidos y en todo el mundo hoy en día son personas como Mariame Kaba, Andrea Smith, Kelly Gillespie y otros, que salieron a protestar contra la violencia doméstica. Es decir, estaban trabajando para tratar de luchar contra la violencia y el daño y se dieron cuenta de que la abolición era la única forma de resolver los problemas que no se resolvieron teniendo un castigo mayor, más rápido, más seguro cuando alguien le hace daño a otra persona.

AMY GOODMAN: Quería incluir a Azzurra en la conversación y preguntarle sobre la cobertura mediática de los reclusos, nuevamente, y conocer la respuesta de Ruth Wilson Gilmore a esta desconcertante situación en Ohio, en donde el 80% de los presos han dado positivo a la prueba. Eso está sucediendo ahora mismo en Ohio. En Tennessee, en Arkansas, el gobernador Asa Hutchinson dio a conocer el martes que casi el 40% de los casos de coronavirus del estado están concentrados en la prisión de máxima seguridad de Cummins, donde alrededor de 850 prisioneros han dado positivo. En Nueva York, el exjefe del médico de la cárcel está acusando al Centro de Detención Metropolitano (MDC, por sus siglas en inglés), de no dar a conocer las cifras sobre los reclusos que están detenidos allí. ¿Qué demandan exactamente en este momento, mientras su esposo permanece en prisión, y cuál ha sido la respuesta del gobernador de Ohio, Mike DeWine?

AZZURRA CRISPINO: Claro. En primer lugar, agradezco a la profesora Wilson Gilmore, porque mi esposo ha sido condenado por un delito violento. Pero eso no significa que sea una persona violenta. Además, la gente puede cambiar absolutamente. Creo que, en términos de cobertura mediática, una de las frustraciones ha sido que Ohio RDC no ha querido revelar los nombres de los muertos, especialmente en Pickaway. Tenemos a uno de nuestros socios de la coalición, quien anteriormente estuvo encarcelado allí, y quiere saber quién de sus amigos pudo haber muerto, pero nos dicen que no podemos acceder a esa información por cuestiones de privacidad. Sin embargo, en el centro Marion Correctional Institution, cuando recientemente dos personas bastante conocidas que habían cometido asesinatos murieron, ambos tuvieron cobertura mediática de sus muertes. Pero cuando Jesse Zeigler muere, ¿qué ocurre? Era un padre amado, pero no hablamos de él, ¿verdad? Entonces, [hemos visto] el uso de la palabra “reo” en lugar de “persona encarcelada”, el enfoque en los actores estatales, como el gobernador DeWine, sin centrarse en lo que todos los demás podrían aportar. Hemos visto, creo, una cobertura bastante variada. Y me gustaría ver que los periodistas sigan mejorando, llegando a las personas que se ven directamente afectadas y elevando esas voces. Creo que las personas más cercanas al problema siempre están más cerca de la solución. Y es maravilloso ver a periodistas, como en Democracy Now!, haciendo un gran trabajo al cubrir estos temas.

JUAN GONZÁLEZ: Profesora Wilson Gilmore, nos queda un minuto, pero quería preguntarle algo más. Usted centra gran parte de su investigación y atención en el papel del encarcelamiento en California específicamente, el estado más grande, más poblado y próspero de la nación. ¿Podría hablar de eso también? ¿Alguna lección que podamos aprender de California?

RUTH WILSON GILMORE: Claro. Hay una lección importante que me gustaría compartir con la audiencia, en estos últimos segundos que tenemos juntos. California estaba en camino a hacer que su enorme y atiborrado sistema penitenciario, sea cada vez más y más grande. Y ahí es donde el movimiento abolicionista contemporáneo surgió en Estados Unidos. Y peleamos y peleamos y peleamos, en toda la California urbana y rural, haciendo causa común con los sindicatos, trabajadores de la salud, comunidades religiosas, activistas de justicia ambiental, y otros para desnaturalizar la noción de que el crimen era el problema por el cual el método de la cárcel y el castigo era la solución correcta. Como resultado, el número de personas en las cárceles de California es mucho más bajo de lo que se imaginaba sería en el año 2000. Esto ocurrió gracias al trabajo que hicieron los abolicionistas. Ese trabajo necesita expandirse. Hemos visto algunas victorias en el condado de Los Ángeles, donde un plan para construir cárceles multimillonarias fue derrotado después de casi 15 años de lucha. Nosotros podemos.

AMY GOODMAN: Ruth Wilson Gilmore, tenemos que finalizar, pero quiero agradecerle mucho por acompañarnos, desde Lisboa, Portugal. Wilson Gilmore es autora de: “Golden Gulag: Prison, Surplus, Crisis, and Opposition in Globalizing California” (Gulag dorado: cárcel, plusvalía, crisis y oposición en una California globalizada). Su próximo libro se titula “Change Everything: Racial Capitalism and the Case for Abolition” (Cambiarlo todo: el capitalismo racial y el argumento a favor de la abolición). Y quiero agradecer a Azzurra Crispino, co-fundadora de Prison Abolition Prisoner Support. Soy Amy Goodman, con Juan González. Cuídense.

Traducido por Gabriela Barzallo. Editado por Pamela Subizar.

Fuente: https://www.democracynow.org/es/202...

Tomado de: https://rebelion.org/por-la-abolici...

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Conversor

fai 19 horas 32 min

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Electrosensibilidad, 5G y el determinismo biológico como caballo de Troya

5 August, 2020 - 00:00

Alfredo Caro Maldonado
Rebelión

Existe todo un movimiento organizado que reivindica una moratoria en la implantación del 5G, la reducción de las emisiones de estas radiaciones y un mayor estudio de sus efectos sobre la salud. Los argumentos de los promotores de su desmantelamiento son diversos: ambientales, energéticos, decrecentistas, por los problemas que generará en la investigación astronómica, o por motivos de salud. En este último, sus detractores van desde los que afirman que es causante de la electrosensibilidad, una enfermedad “ambiental emergente”, que sufren miles de personas y cuya etiología no ha sido descubierta, a ser responsable del incremento de enfermedades como el cáncer; pasando por teorías como que es causante de la pandemia de la COVID19.

La divulgación científica de masas afronta este asunto como otro objetivo blando, tipo homeopatía, chemtrails, etc. Y lo hace con arrogancia, autoritarismo y cientifismo. Siendo el cientifismo el motor del negacionismo científico. Además, desde los 80, la medicina se encuentra en un proceso de “biomedicalización”, que consiste en una transformación tecnocientífica de los conceptos de salud y enfermedad (Clarke, 2003). La biomedicalización tiene un brazo tecnocientífico, donde lo sanitario se mercantiliza, donde la tecnología domina lo epistemológico. La medicina, una “ciencia social” (Rudolf Virchow), que de manera holística (término denostado) debería afrontar el bienestar humano, se ha convertido en un taller de coches. Un coche funciona o no, y cuando se estropea se diagnostica el problema y se intenta arreglar.

Otro elemento fundamental de la biomedicalización es que ha extendido en las sociedades una ideología reduccionista, el determinismo biológico. Aquel dogma por el que todo fenómeno en los organismos se puede reducir a una fenómeno biológico. Desde un resfriado a una depresión tiene una explicación biológica de que algo en el coche no va bien. Sin embargo, aunque el material que compone el coche es acero y plástico, pero esos materiales, sus engranajes, no explican el funcionamiento del coche. De igual manera, las neuronas y sus conexiones son la base material de la consciencia, pero no la explican. Así, si algo cambia en esa base material repercutirá en el comportamiento, las emociones, etc. pero eso no significa que los cambios en las emociones estén causadas por alteraciones comprensibles en la materia. Atención, no estamos defendiendo la existencia del alma como entidad separada de la materia, sino criticando el idealismo por el que la ideología reduccionista dominante pretende que las propiedades emergentes como la consciencia se reduzcan a mecanismos biológicos.

El tercer elemento es el solucionismo. Tenemos la explicación biológica (mecanicista), tenemos la tecnología (tecnociencia) – y si no, es cuestión de tiempo y recursos producirla – y por tanto tenemos la solución, tecnológica. Este fenómeno, que apenas tiene unas pocas décadas, acelerado por desarrollos tecnocientíficos como la genómica, tiene profundas consecuencias sociales y médicas.

Pongamos como ejemplo la depresión, cajón de sastre de criterios muy laxos, que casi siempre tiene unas causas estructurales (económicas, emocionales, históricas) y, por tanto, habría que afrontarlas de manera sistémica. Sin embargo, la ideología biologicista ha hecho que ya no sea un fenómeno que trasciende al individuo que necesita por un lado de cuidados, sostén y psicoterapia, abordaje individual, y por otro de soluciones estructurales (laborales, económicas, sociales), sino un fenómeno biológico que puede ser corregido mediante tecnología. Tú no estás jodido porque en este mundo lo raro es no estarlo, sino por tus desequilibrios en la serotonina. La consecuencia de este fenómeno es la medicalización de todos los fenómenos categorizados como “enfermedad”. Por eso, a menudo se habla de que se están generando nuevas enfermedades (enfermos). Otros ejemplos son el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, o el autismo. Es obvio que no puede ser que en solo unos pocos años nos hayamos encontrado con una epidemia de autismo, sino que se están catalogando como ese síndrome una variedad enorme de sufrimientos, para así abordarlos de manera determinista.

Porque la biomedicalización y la ideología biologicista no solo lleva al tratamiento biológico de todo lo considerado enfermedad, sino a la parcelación y segmentación de fenómenos psicológicos, y a menudo culturales, para conseguir “el diagnóstico”. Surge el paradigma de la “enfermedad mental”, que lleva asociado por supuesto el negocio de la psicofarmacologia expansiva.

En esta década, con el abaratamiento de la secuenciación masiva, este biologicismo con los fenómenos psicológicos (con o sin sufrimiento), ha llevado a un fuerte resurgir de una neo-eugenesia, financiada con dinero público, con la que estos “científicos” asocian patrones de expresión génica con la susceptibilidad a la pobreza, a la posibilidad de ser víctima de abuso infantil, o a la homosexualidad. Y por tanto, susceptible de corrección de todas estas desviaciones de la norma.

Por otro lado, y con la crisis de la Covid-19 se está viendo acentuado, existen muchísimas personas que sufren a las que la biomedicina es incapaz de diagnosticar, o sea, de encasillar. Para ello, continuamente se generan nuevas categorías “médicas” sin etiología biológica, cajones de sastre para personas sufrientes, mientras se encuentra el “marcador”. Pero claro, para la biomedicina, si no tienes un relato biológico, ahí se incluirían muchísimas “enfermedades raras”, eres una persona enferma de tercera división, cuando no directamente psicosomático, y por tanto loca.

Aquí podemos introducir otro elemento. La arrogancia científica y médica a la que llaman “medicina basada en la evidencia”. De esa manera se arrogan la autoridad para decir qué es una enfermedad, o una “histeria”, que tiene que ser tratada como enfermedad mental no catalogada, con fármacos anuladores.

Entonces, las personas sufrientes, que no encajan en el dogma del todo es biológico, ¿qué tienen que hacer para ser cuidadas y atendidas para mejorar su estado? Buscar y hacer lobby para que se busque la fuente biológica de su mal. ¡Qué remedio! Porque si no, son simplemente mujeres vagas, quejicas, histéricas, que quieren una paguita por no hacer nada. El clavo ardiendo es la prueba de lo material, lo biológico, que hará que los señores, médicos y científicos, pero también jueces y seguridad social, entonces sí, se fijen en su sufrimiento. Si no, ni ayuda médica, ni ayuda social.

¿Con qué problema nos encontramos? ¿Cómo resolvemos este entuerto sin paternalismos, condescendencia ni pensamiento mágico o postulados anticientíficos?

Pues es un temazo, como dicen. En una sociedad donde lo que no tiene base material no existe, y donde hay que explicarlo todo de manera mecanicista, no hay cabida para fenómenos que la ciencia al uso no puede explicar. Parto del escepticismo, o sea, de que la ciencia no ha desvelado todos los misterios de la naturaleza, y que a lo mejor no lo podrá hacer.

Pero estamos convencidos de que existe una vía de en medio, una alternativa al dualismo. No existen evidencias en la física o la biología que expliquen que la 5G, esa longitud de onda de la TDT, una onda de radio, sea causante de todos esos efectos biológicos que desde grupos como Plataforma STOP 5G, Ecologistas en acción o la asociación Electro Químico Sensibles por el Derecho a la Salud se dicen. En esta última he buscado alguna referencia científica (revisada por pares) pero no tienen ninguna en su página. Me han enviado decenas de textos, vídeos, conferencias sobre los efectos de estas radiaciones sobre la biología y sin embargo aún nadie me ha mostrado nada coherente con el consenso científico y la biología fundamental.

Las personas de esos colectivos, el “consenso científico” lo asocian al autoritarismo. Sin embargo, tomado con sano escepticismo, el consenso científico es lo que nos permite agarrarnos a una realidad cada vez más volátil, más dependiente de los relatos, pensamientos mágicos y bulos. Véase por ejemplo el cambio climático, si no fuese porque las organizaciones ecologistas se han basado y agarrado al consenso científico, estaríamos aún peor. La evidencia científica debe ser publicada en revistas científicas y revisadas por pares, y para que haya consenso tiene que ser reproducida por grupos independientes. Y al contrario también hay ejemplos. No hay consenso científico en que la energía nuclear sea una alternativa a las energías fósiles, sin embargo, sí hay un potente lobby científico pro-nuclear.

Y eso es lo que más desconcierta en Ecologistas en acción. Hoy día son el colectivo que mejor sabe leer la evidencia científica en aspectos ambientales y de crisis energética, así como muchos de sus miembros son los que mejores propuestas anticapitalistas tienen. Sin embargo, en aspectos como la “contaminación electromagnética” es justamente lo opuesto, no interpretan correctamente la evidencia. Evidentemente esto tiene que ver con su historia y su pluralidad.

Ecologistas apoya la “Declaración científica internacional de Madrid”. En ella se hacen afirmaciones muy serias: “La exposición a campos electromagnéticos artificiales…generan una situación indiscutible e insoslayable de impacto en la salud pública”; Pongamos otro ejemplo: “resoluciones firmadas por cientos de científicos y médicos independientes que están alertando de que estas tecnologías, “en niveles miles de veces por debajo de las directrices legales actuales”, “son extremadamente dañinas para toda clase de vida”. Ponen un enlace, pero ahí no encuentro ningún artículo científico. Después siguen: “Dos mil artículos científicos revisados por pares hablan de cáncer, estrés celular, radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductivo, déficit de aprendizaje y memoria, trastornos neurológicos…” ¿hablan? Por supuesto que hay muchísimos estudios al respecto, pero ¿esos dos mil artículos concluyen que esas radiaciones son “extremadamente dañinas para toda clase de vida”?

¿Existe toda una conspiración para ocultar esa clamorosa evidencia por parte de científicos e instituciones?

En Rebelion.org se publicó esta entrevista a Blanca Salinas Álvarez, miembra de Ecologistas en acción. Este párrafo de la entrevista es muy representativo:

Las investigaciones apuntan a que los químicos y las ondas interactúan. Muchos de los químicos que todos tenemos en sangre (la media es de 40 químicos, sólo el 2% de ellos estudiados antes de su introducción en el mercado) son xenoestrógenos, disruptores endocrinos que imitan a los estrógenos, hormona femenina por excelencia. Se acumulan en la grasa y las mujeres tenemos un 20% más de materia grasa, luego somos bioacumuladoras. Estas sustancias alteran todos los equilibrios hormonales femeninos y afectan también al sistema nervioso, inmunológico y celular. Estudios científicos apuntan a que las ondas electromagnéticas agravan el problema, pues entre otras cosas, abren la barrera hematoencefálica que protege al cerebro (lo que posibilita que esos químicos accedan a él) y abren excesivamente los canales iónicos celulares dependientes de voltaje, especialmente los canales de calcio, generando un fuerte estrés oxidativo y graves daños celulares y metabólicos.

Estas afirmaciones plantean problemas de comunicación graves al no tener ningún sentido biológico. Si alguien dijera que los aviones vuelan porque a 11 mil metros hay menos gravedad, todo el mundo se daría cuenta que no tiene sentido, que la gravedad sigue siendo lo suficientemente alta a esa altura para hacer caer el avión. Y eso se sabe porque la física lo ha demostrado (no solo la experiencia). Sin embargo, cuando alguien sin formación en biología dice que los disruptores interaccionan con las ondas electromagnéticas y abren los canales iónicos dependientes de voltaje, especialmente los canales de calcio, generando estrés oxidativo… Se han puesto muchas palabras de biología raras seguidas sin ningún sentido.

Y así podríamos poner muchísimos ejemplos de la pobrísima calidad epistemológica del argumentario sobre salud y 5G. Pero, de nuevo, el diálogo es inviable cuando para las cuestiones de cambio climático el consenso científico sirve, mientras que para las cuestiones de biología celular ni siquiera los libros de texto, el ABC de la biología más que demostrada vale, y se convierte entonces en arrogancia cientifista.

Para los que estamos en contra de la implantación del 5G por motivos ambientales y socio-políticos (desarrollismo vs. decrecentismo), nada nos gustaría más, de verdad, que encontrar un buen artículo, con sus controles, que demuestre un efecto tan pernicioso sobre la salud. Es muy importante dejar claro que el que no se hayan demostrado sus efectos biológicos, no quiere decir que haya que afirmar categóricamente que no existan. De hecho, la OMS, a través de la IARC, catalogó en 2011 a las radiaciones no ionizantes de los móviles dentro del grupo 2B de los posibles riesgos de cáncer, grupo en el que están los agentes que es posible que sean cancerígenos. Es decir, se tiene algún indicio de peligro a las dosis que estamos recibiendo pero no es en absoluto convincente y, ni mucho menos, es probable que lo haya. La lista 2B de la IARC recoge actualmente a 313 agentes clasificados como «Posibles carcinógenos en humanos”. O sea, hay evidencia que no llega a ser concluyente de que la exposición puede causar cáncer en humanos. ¡Como los vegetales en escabeche!

La IARC no determina riesgos, solo trata de determinar si un agente es cancerígeno o no. Si mete un agente en una lista es por algo. En sucesivas revisiones puede quitarlo de la lista o subirlo de categoría.

A partir de aquí, el sano escepticismo nos debe hacer exigir que se sigan tomando datos epidemiológicos y estudios biofísicos de las improbables interacciones entre ondas de baja frecuencia y los organismos. Por otro lado, luchar contra el determinismo biológico y por el cuidado en igualdad de condiciones de todas las personas afectadas por cualquier dolencia sin base biológica (probada). Esos cuidados se deben hacer de manera integral y desde diversas disciplinas sin menoscabar ninguno de sus derechos y por supuesto sin estigmatización.

Alfredo Caro Maldonado @cienciamundana, es doctor en biología celular.

Fuente con enlaces: https://rebelion.org/electrosensibi...

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Benjamin en un recuerdo

4 August, 2020 - 00:00

El lugar en el que estuvieron los restos de Walter Benjamin era un rincón desnudo y humilde. Sin embargo, la presencia de su recuerdo lo ocupaba, diría que incluso le daba forma.

Desde que inicié esta serie de postales insólitas, me fijé algunas reglas no escritas. Una de ellas decía que tenía que visitar los lugares sobre los que iba a escribir en unas fechas no muy distantes al momento de la escritura. A veces un mismo viaje me ha servido para reunir varios textos cuya publicación he ido espaciando en el tiempo. Lo que no he hecho ha sido recuperar fotos y recuerdos de viajes antiguos. Otra regla decía que solo podía escribir un texto por provincia. Esta segunda regla me obligaba a viajar, a salir del entorno cómodo de Madrid y sus alrededores. He cumplido ambas reglas hasta la fecha, pero, ahora, las circunstancias del confinamiento —llevo tres meses sin salir de la Comunidad de Madrid por imperativo del estado de alarma— me obligan a romper una de estas máximas: o escribo sobre Madrid o escribo sobre un recuerdo. No sé muy bien por qué, he preferido escribir sobre un recuerdo.

Recuerdo una carretera sinuosa desde la localidad francesa de Collioure hasta Portbou (Girona). Las curvas se sucedían asomadas al mar y, en algún momento, atravesamos una frontera ya desdibujada, un límite que en otro tiempo marcaba las vidas de quienes trataban de franquearlo. Tal vez olía a pino y las rocas tenían un tono rojizo. Puede que los coches que deambulaban por aquel trazado imposible lo hicieran con la gracia de los veraneantes indolentes. Era la primavera del año 2008.

Recuerdo la estación de Portbou, que se expandía en vías para trenes en espera y que parecía ocupar el núcleo de la población. Alrededor de la estación pululaban grupos de hombres de edades indeterminadas. Esos grupos de fumadores con ropa deportiva y amarrados a bolsas de plástico, que daban la impresión de no tener ningún destino salvo el que el azar les deparase en la media hora siguiente, daban vida a los terrenos adyacentes a la estación de Portbou. Puede que algunos turistas despistados se dirigieran a la playa. Puede incluso que esos turistas cruzaran alguna mirada con los grupos de diletantes inofensivos.

Recuerdo que ascendimos hasta algún lugar que he olvidado y tuvimos una visión panorámica de la localidad, colgada sobre el mar, extraída con esfuerzo de su destino de pequeño puerto pesquero para convertirse en un nudo de comunicaciones ferroviarias. Y allí, de eso casi estoy seguro, pregunté por Walter Benjamin y me indicaron un recorrido con carteles a modo de hitos que seguía los últimos pasos del escritor alemán, los días y horas previos a su muerte.

Recuerdo que seguimos el camino dictado por los carteles y conocimos detalles lúgubres de aquellos últimos días, en septiembre de 1940. Quizá nos acercamos a la desesperación del perseguido, al miedo brutal de quien se siente acorralado, a la derrota íntima del que no desea seguir huyendo. No lo sé. En todo caso, al menos nos acercamos hasta un monumento que recordaba a Benjamin y puede que a todos los perseguidos: se trataba de una escalera inserta en una estructura de hierro oxidado cuyo final estaba marcado por un cristal, una pared tranparente al otro lado de la cual solo quedaba el precipicio y el mar.

Sé que fotografié el lugar y creí que el vértigo de aquel descenso al abismo quizá sí se aproximaba al vértigo del perseguido. En aquel instante no quise quedarme allí demasiado tiempo. Necesité tomar aire, adquirir una perspectiva distinta. Portbou parecía una acuarela marina agitada con trazos inexplicables.

Recuerdo que visitamos el cementerio, también asomado al mar como si el ruido de las olas fuera la mejor compañía para los muertos. El lugar en el que estuvieron los restos de Walter Benjamin era un rincón desnudo y humilde. Sin embargo, la presencia de su recuerdo lo ocupaba, diría que incluso le daba forma.

Recuerdo que compré una postal de la escalera infinita y se la envié a un amigo, por cuya culpa habíamos leído algunos textos de Benjamin en los últimos años de la universidad. Al cabo de un tiempo supe que la había recibido y me gustó pensar que había compartido con él la visita. No sabía que doce años después iba a compartirla en esta página en los últimos días del estado de alarma de la primavera de 2020.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/insol...

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Tu vida

4 August, 2020 - 00:00

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Alexis de Tocqueville: "La democracia en América"

3 August, 2020 - 00:00

Título original: De la démocratie en Amérique
Idioma original: francés
Traducción: Raimundo Viejo Viñas
Año de publicación: 1835-1840
Valoración: Muy interesante

En 1831 Alexis de Tocqueville fue enviado a Estados Unidos para estudiar su sistema penitenciario. Permaneció allí solo nueve meses, pero fue tiempo suficiente para interesarse profundamente por aquel nuevo país. A su regreso continuó estudiando la cuestión, publicando en dos partes La democracia en América, un texto fundamental en las ciencias políticas, con múltiples conexiones con otras áreas, como el Derecho, la Historia o la sociología.

Estados Unidos era un país independiente desde hacía poco tiempo, y lo que encuentra Tocqueville es algo bastante insólito: un Estado democrático establecido sobre una tierra virgen de dimensiones todavía desconocidas y constituido por colonos, sin jerarquías ni clases sociales, o sea, algo tan radicalmente diferente de la vieja Europa que le mueve a intentar estudiarlo en su totalidad y deducir consecuencias. Por fijar los conceptos, hay que decir que lo que llama democracia no es exactamente lo mismo que nosotros entendemos hoy en día (una persona, un voto; un sistema representativo) sino, en términos generales, la igualdad de condiciones. Ese es justamente el corazón de la sociedad estadounidense, un colectivo de ciudadanos llegados de la metrópoli en busca de una vida mejor a la que todos tienen derecho por igual, y solo su capacidad determinará el éxito o fracaso. Se puede decir que el concepto de democracia es por tanto más sociológico que político o jurídico, y sobre ese enfoque construye Tocqueville la contraposición entre democracia y aristocracia que ocupa la mayor parte del libro.

Ese pueblo de colonos se constituye en un régimen democrático y básicamente igualitario (luego hablamos de la esclavitud), formado por unidades territoriales más pequeñas (Estados, condados, comunas). En base a sus intereses comunes, los ciudadanos delegan en un poder central algunas competencias básicas, estructurándose un sistema complejo que Tocqueville analiza en la primera parte de la obra. Se definen los contrapesos entre los tres poderes (en principio, todos electivos) que ya había definido Montesquieu un siglo antes, y entre los distintos ámbitos territoriales, con la idea básica –que de alguna manera ha llegado hasta la actualidad- de una cesión de soberanía hacia el Estado que siempre es limitada, porque el ciudadano (no olvidemos que se trata de individuos que llegaron por su cuenta y riesgo a buscarse la vida) nunca está dispuesto a perder su parcela de decisión individual.

Es el gran rasgo definitorio de la sociedad norteamericana que Tocqueville –a falta de otros ejemplos similares-extiende a todo modelo democrático: el individualismo. Un individualismo feroz cuyo objetivo fundamental es la riqueza, el bienestar material, y que apenas se compensa con cierta tendencia al asociacionismo. Individualismo y materialismo (ya se pueden adivinar algunos rasgos de la sociedad norteamericana que persisten dos siglos después) dan lugar a la valoración del trabajo como una actividad honorable, frente al desprecio que la aristocrática Europa (Inglaterra sobre todo) muestra frente al desempeño de toda actividad productiva. Esa dicotomía Europa/América (Estados Unidos), o aristocracia/democracia se convierte en el método que sostiene la muy extensa exposición de Tocqueville. Buscando siempre ese contraste se explican las múltiples perspectivas de la sociedad americana: la religión, la filosofía, el lenguaje, el arte, el comercio, la familia… No negaré que llega a cansar un poco esa contraposición permanente, además de resultar claramente forzada en algunos casos, porque da la impresión de que se empieza por las conclusiones para después encajar los motivos.

En su búsqueda de dualidades, Tocqueville encuentra por supuesto la más evidente: la condición del hombre blanco frente a los indios nativos y los negros. Es un retrato durísimo y esclarecedor en el que se describe la absorción de los indígenas por los occidentales triunfantes, el proceso de desaparición de la esclavitud y las consecuencias de ambos. Es, al margen de las reflexiones en torno a la democracia, la parte más intensa del libro. El autor francés capta con una clarividencia brutal el cambio de concepto que se opera sobre el negro, que pasa a ser un hombre libre, pero llevará para siempre el estigma de su origen y su raza: ya no es tratado como esclavo, pero siempre seguirá siendo despreciado, incluso en los Estados no esclavistas. Por cierto, que también Tocqueville anticipa la posibilidad de una guerra civil por causa de la esclavitud, lo que ocurriría veinte años más tarde.

Hay que decirlo ya: Tocqueville, buscando una obra total, quiere explicarlo todo y encajar en sus categorías cada uno de los aspectos de esa sociedad que descubre entusiasmado. Aunque su estilo es limpio y neutro, es también prolijo, detallista hasta el extremo y también bastante repetitivo, lo cual no se puede negar que abruma en ciertos momentos de libro tan extenso. Pero es indudable que se trata de un texto excepcional. Por no alargarme demasiado, lo sintetizo en tres aspectos:
La democracia: Tocqueville cree haber encontrado la materialización de este concepto jurídico-político en un país nuevo, lo examina, estudia sus mecanismos, se asombra de hallar una sociedad igualitaria y ve en ella el camino por el que hacer realidad lo que a mediados del siglo XIX parece todavía utópico
El liberalismo: esa sociedad norteamericana parece el sustrato perfecto para ver crecer el mundo liberal que sueña Tocqueville. Por eso subraya una y otra vez los peligros que le acechan: el despotismo (dictadura de la mayoría), la centralización y el intervencionismo, es decir, todo lo que menoscabe la libertad y la iniciativa individual
América (Estados Unidos): se ha dicho que La democracia en América es el libro definitivo sobre este país, aun cuando era todavía un recién nacido y apenas ocupase la mitad del territorio actual. Pero sí: es realmente una obra descomunal, la definición integral y profunda de un país como seguramente será difícil encontrar otra semejante.

Claro está que estamos en la Tochoweek, que aquí van muchos cientos de páginas que no es fácil digerir a no ser que nos interese mucho. Pero quizá merece la pena intentarlo: nos esperan ideas y conceptos fundamentales en la ciencia política de los últimos doscientos años, y aspectos muy interesantes, y algunos plenamente actuales, acerca de un país y una sociedad que, nos guste más o menos, ha sido y es determinante en todos los aspectos de nuestra Historia reciente.

Fuente: https://unlibroaldia.blogspot.com/2...

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¿Sabes cuántas horas trabajaba un campesino de la Edad Media?

3 August, 2020 - 00:00

David Ruiz Marull

Trabajo duro, malas cosechas, hambruna, enfermedades, guerras… Ser campesino en la Edad Media no era precisamente un camino de rosas. Implicaba muchas preocupaciones por toda una serie de aspectos incontrolables como la meteorología, las pandemias o las luchas de poder en la sociedad feudal. Pero tampoco todo era malo, al menos desde la perspectiva de la vorágine del siglo XXI. Esos trabajadores del campo que se acostumbra a compadecer por las penosas condiciones a las que se enfrentaban tenían una ventaja respecto a nosotros: sus períodos de vacaciones eran mucho más largos que los actuales.

¿Cuántas semanas de descanso van a tener este verano? ¿2, 3, todo un mes? En pleno Antiguo Régimen (entre los siglos XV y XVIII), en España las vacaciones sumaban alrededor de cinco meses al año, según explica la historiadora Juliet B. Schor, autora del libro The Overworked American: The Unexpected Decline of Leisure .

Descanso laboral

En pleno Antiguo Régimen, en España las vacaciones sumaban alrededor de cinco meses al año.

El tiempo de asueto de los españoles era parecido al de los franceses, que tenían garantizados 52 domingos, 90 días de descanso y 38 festivos. Y el de ambos era superior al de los ingleses, que trabajaban alrededor de dos terceras partes del año.

“Uno de los mitos más extendidos del capitalismo es que ha reducido el trabajo humano. Se compara, sin embargo, la actual semana laboral de cuarenta horas con las de setenta u ochenta que se hacían en el siglo XIX”, señala Schor. Es a partir de este estándar que se ha creado el imaginario de que los campesinos medievales trabajaban de sol a sol. “Estas imágenes son proyecciones hacia atrás de patrones de trabajo modernos. Y son falsos”, concluye con rotundidad la investigadora.

Antes del capitalismo, la mayoría de las personas no trabajaba muchas horas. “El ritmo de la vida era lento, pausado y el trabajo era relajado. Nuestros antepasados pueden no haber sido ricos, pero tenían una gran cantidad de tiempo para el ocio”, señala. Además, contaban con un buen número de pausas durante sus jornadas laborales.

El Obispo de Durham James Pilkinton señalaba en un texto escrito en 1570 que el “hombre trabajador descansará mucho por la mañana; se pasa una buena parte del día antes de que venga a su trabajo; entonces debe desayunar, aunque no se lo haya ganado […]. Al mediodía debe tener su hora de dormir, luego su beber por la tarde y cuando llega su hora de la noche, arroja sus herramientas y abandona su trabajo”. Y estos ‘derechos adquiridos' se aplicaban incluso en los picos de la cosecha.

Sin horarios

Durante los períodos de inactividad, que representaban una gran parte del año, no era habitual que se cumpliera las horas regulares de trabajo, apunta Juliet Schor. Además, era muy inusual que los trabajadores serviles tuvieran que trabajar todo un día para un señor. Cuando se hablaba de un día se referían en realidad a medio día, y si un siervo trabajaba un día entero, se contaba como dos “días de trabajo”.

El calendario medieval estaba plagado de festivos. Los oficiales, es decir, de la iglesia, incluían no solo las “vacaciones” largas en Navidad, Pascua y en verano, sino también numerosos días de santos y otros descansos. A estas celebraciones hay que añadir que a menudo había semanas de asueto para marcar eventos importantes de la vida (bodas, bautizos…).

Una estimación del siglo XIII revela que familias campesinas enteras no dedicaban más de 150 días al año a sus tierras. Los registros señoriales de la Inglaterra del siglo XIV indican un año laboral extremadamente corto, de 175 días, para los trabajadores serviles. Y los mineros solo habrían trabajado 180 días en el periodo comprendido entre los años 1400 y 1600.

“Cuando el capitalismo aumentó los ingresos de los trabajadores, también les quitó su tiempo libre. De hecho, hay buenas razones para creer que las horas de trabajo a mediados del siglo XIX constituyen el esfuerzo laboral más prodigioso en toda la historia de la humanidad”, concluye la investigadora.

En junio de 1930, el británico John Maynard Keynes aseguró durante una conferencia celebrada en Madrid que la “riqueza producida y los avances tecnológicos reducirían la jornada laboral de 2030 a tres horas diarias, 15 horas semanales”. Nos queda apenas una década para darle (o no) la razón a uno de los economistas más influyentes del siglo XX.

ABC

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El renovado interés de la OTAN en el Mediterráneo

2 August, 2020 - 00:00

Desde hace al menos una década la región del Mediterráneo ha cobrado un renovado interés para la OTAN, que la considera hoy un punto estratégico para varias de sus operaciones y asociaciones con otros países. Los conflictos surgidos tras las revoluciones árabes de 2011, la creciente presencia rusa en el Mediterráneo oriental y el hallazgo de importantes reservas de gas son solo algunos de los intereses que empujan a la OTAN a crear una estrategia regional que no logra asentarse del todo.

Las razones para que la OTAN preste cada vez más atención al Mediterráneo, el denominado flanco sur, no son pocas. Nueve miembros de la Alianza se bañan en estas aguas: Francia, España, Italia, Grecia, Turquía, Eslovenia, Albania, Croacia y Montenegro. Malta y Chipre, aunque no son Estados miembros, poseen el estatus de socios. Además, por este mar cruzan buena parte de los recursos energéticos consumidos en Europa y una parte importante del comercio mundial.

Por último, los países árabes de la orilla sur suponen una puerta de entrada al Sahel, una región que ya se califica como el próximo Afganistán por la proliferación de grupos terroristas e inestabilidad que está viviendo. No obstante, la falta de unidad entre los miembros de la OTAN y la descoordinación con la Unión Europea están llevando a que la Alianza apueste cada vez más por relaciones bilaterales, en lugar de por la estrategia regional que lleva intentando implementar desde 1995.

El giro de la OTAN hacia el Mediterráneo

Tras el fin de la Guerra Fría, la OTAN comenzó a centrar su atención en otras regiones del mundo más allá de la Unión Soviética. Hasta entonces, el interés de la OTAN en el Mediterráneo se había centrado principalmente en los Balcanes y el este de Europa. Sin embargo, a partir de 1994 la Alianza comenzó a dar importancia a crear unas buenas relaciones con la orilla sur mediterránea, un giro que perdura hasta la actualidad. Ese mismo año la OTAN decidió asociarse con países que, aún no siendo miembros de la Alianza, compartían intereses comerciales y diplomáticos.

Este nuevo enfoque, conocido como “seguridad cooperativa”, proponía crear acuerdos puntuales con determinados países en los que los miembros de la OTAN podrían o no participar de acuerdo a sus intereses particulares. Bajo este nuevo enfoque se firmarían los dos instrumentos que iban a marcar las relaciones de la OTAN en el Mediterráneo y que siguen vigentes en la actualidad: el Diálogo Mediterráneo y la Iniciativa de Cooperación de Estambul.

El Diálogo Mediterráneo se firmó en 1995 con Israel, Egipto, Jordania, Marruecos, Mauritania, Túnez, a los que se unió Argelia en el año 2000. Este acuerdo tenía como objetivo fomentar la estabilidad regional y la cooperación en el sector de la seguridad en estos países. No obstante, la presencia de Israel motivó que otros países, como Líbano o Siria, decidieran no participar, lo que limitó las posibilidades de esta asociación, que terminó por considerarse una simple mesa de diálogo más. Los escasos resultados han llevado recientemente a plantear dividir el Diálogo Mediterráneo en dos grupos: el occidental con Argelia, Marruecos, Mauritania y Túnez, y el oriental con Egipto, Israel y Jordania.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 hicieron que la atención de EE. UU. y de la OTAN se volviera a Oriente Próximo y el norte de África con mayor interés. Ese mismo año se inició la Operación Active Endeavour, una misión naval que duraría quince años y cuyo objetivo era combatir el terrorismo en el Mediterráneo. Siguiendo la estrategia de aumentar la cooperación y la presencia de la OTAN en los países árabes, en 2004 se creó la Iniciativa de Cooperación de Estambul (ICI, por sus siglas en inglés) con países del Golfo como Bahréin, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.

El objetivo de la Iniciativa de Cooperación de Estambul era formalizar y coordinar unas colaboraciones que en la práctica ya se estaban produciendo de manera bilateral con varios de estos países. La ICI nació con la intención de complementar y ampliar el Diálogo Mediterráneo, no sustituirlo. Sin embargo, Arabia Saudí, Omán o Irak nunca llegaron a formar parte de la iniciativa porque estaban más interesados en colaboraciones puntuales con la OTAN que en una estructura permanente. Además, en el caso de Omán, entrar en la alianza habría supuesto un movimiento que podría poner en riesgo sus estrechas relaciones con Irán.

Intereses particulares frente a estrategia regional

Varias claves explican que los dos instrumentos que rigen la política de la OTAN en el Mediterráneo hayan quedado limitados desde su nacimiento. Dos de ellas son las ausencias destacadas de algunos países o la mala imagen de la OTAN en estos países por su identificación con EE. UU., sus intervenciones militares en países como Libia o su apoyo a Israel. Sin embargo, el problema principal es la falta de una estrategia de la región en su conjunto.

La proliferación de alianzas a las que los miembros de la Alianza pueden adherirse o no libremente las ha convertido en la práctica en meras declaraciones de intereses: para los acuerdos realmente significativos se sigue recurriendo a tratados bilaterales con países específicos. De hecho, los propios países del ICI han llegado a admitir que están más interesados en acuerdos puntuales y bilaterales con algunos de los países de la OTAN que con la totalidad de la Alianza. La realidad en el Diálogo Mediterráneo no es muy distinta: al no constituir una unidad previa, la relación de cada miembro con la OTAN se rige por unos intereses particulares que poco tienen que ver con los del resto. Túnez e Israel, por ejemplo, esperan fortalecer su defensa, mientras Jordania busca quiere apoyos contra el yihadismo.

Por otro lado, los países de la Alianza también tienen intereses particulares que no siempre entran dentro de los objetivos de la OTAN. Francia siempre se ha mostrado reservada a aumentar la influencia de la OTAN en el Magreb, ya que la entrada de la organización y de otros países en la región podría menguar la privilegiada posición francesa allí. España, por otra parte, siempre ha peleado por que el Mediterráneo occidental no cayera en el mismo saco que el Mediterráneo oriental, ya que tiende a ser la parte olvidada.

Esto ha llevado a países de la Unión Europea a lanzar iniciativas euromediterráneas desde mecanismos europeos, que gozan además de una mayor aceptación en los países árabes, y no desde la Alianza. Es el caso de la Unión por el Mediterráneo con Francia a la cabeza, o la PESCO, la unión militar europea. Sin embargo, también la UE y la OTAN han colaborado en iniciativas como el Programa de Construcción de la Integridad de la OTAN, un programa piloto puesto en marcha en 2007 con Túnez, Mauritania y Jordania para mejorar la seguridad y reducir la corrupción en estos países.

La entrada de la OTAN tras las revueltas árabes

Las revueltas árabes de 2011 dieron un vuelco a la geopolítica del Mediterráneo, y la OTAN puso en marcha varias operaciones en el llamado flanco sur. Por un lado, algunos de los países con los que la OTAN tenía firmados acuerdos, como Túnez o Egipto, iniciaron una transición política radical en los meses siguientes, derribando sus dictaduras. En otros países como Siria o Libia las revueltas acabarían degenerando en sendas guerras civiles que todavía siguen abiertas.

En Libia, a las pocas semanas del estallido del conflicto en marzo de 2011, la OTAN asumió el mando de la coalición militar internacional Unified Protector respaldada por la ONU cuyo objetivo era la protección de la población civil. La operación duraría siete meses, durante los cuales la Alianza luchó contra el régimen de Gadafi, y tras el asesinato de este apoyó la creación de un Gobierno provisional que fue incapaz de poner fin al conflicto.

Una de las grandes críticas a esta intervención de la OTAN es precisamente que priorizó la caída de Gadafi a la protección de la población civil, en contra del mandato de la ONU. Sin embargo, esta fue una de las pocas ocasiones en las que han colaborado la OTAN y la Liga Árabe, incluyendo a tres países árabes en la operación militar: Catar, Emiratos Árabes Unidos y Jordania.

La guerra civil en Siria, el otro gran conflicto surgido en 2011, también trajo la presencia de la OTAN al Mediterráneo oriental. A petición de Turquía y como medida de defensa ante posibles ataques desde el país vecino, en diciembre de 2012 se activó la misión Active Fence, que sigue vigente en la actualidad. No obstante, esta operación casi podría calificarse más como una expresión de solidaridad que como una misión de combate. Los miembros de la OTAN que sí entraron a combatir en suelo sirio e iraquí durante los primeros años tras el inicio de la guerra y la aparición de Dáesh lo hicieron a título particular y no como parte de una misión de la Alianza. No sería hasta 2017 cuando la OTAN decidió apoyar de manera formal la coalición global para derrotar a Dáesh, proporcionando apoyo militar y entrenamiento tanto en Jordania como en Iraq.

En el resto del Mediterráneo, la estrategia de la OTAN ha sido no solo mejorar la colaboración y su imagen con los países árabes, sino también contrarrestar la creciente presencia de Rusia en el Mediterráneo oriental, especialmente a partir de 2015, cuando Rusia entró formalmente en la guerra de Siria. Para lograr estos objetivos, además de las operaciones militares la Alianza puso en marcha en 2014 la iniciativa DCB (siglas en inglés de Defense Capacity-Building, ‘construir capacidades defensivas'), programas de entrenamiento y mejora de la defensa de los países socios, construcción de infraestructuras militares y lucha antiterrorista. Todo ello se gestiona desde el centro de coordinación Hub South de Nápoles, creado en 2016. Algunos de los Estados que han firmado estos convenios son Jordania, Marruecos y Túnez.

Túnez se ha convertido en la pieza clave de la OTAN en la región. EE. UU. consideró a este país un “gran aliado no perteneciente a la OTAN” en 2015. Túnez es un país relativamente estable que sirve no solo como base de operaciones para el resto de la región, sino también como una puerta de entrada al Sahel, el vasto territorio del Sahara donde lleva años librándose una batalla contra el yihadismo que no parece tener un final cercano. La colaboración militar entre EE. UU. y Túnez se ha traducido en más de cuatrocientos millones de dólares de ayuda estadounidense para fines militares y de seguridad desde 2001.

No obstante, la relación entre Túnez y la OTAN no es idílica. En febrero de 2018 Túnez rechazó de manera inesperada un acuerdo de colaboración de tres millones de euros con la Alianza para crear un centro de operaciones para el control de las fronteras tunecinas y la lucha antiterrorista. La joven democracia tunecina pretende seguir trabajando con la OTAN y modernizando su defensa. Pero, además, Túnez quiere mantener su soberanía e independencia, y reforzar sus relaciones con otros países árabes como Argelia, históricamente reticente a la presencia occidental en la región y con el que Túnez ha cerrado varios acuerdos de seguridad recientemente. EE. UU. también quiso aumentar su presencia en Argelia, primero para usarla como base militar para la intervención en Libia, y más tarde proponiendo la instalación de fuerzas militares en el sur argelino, pero ambas peticiones fueron rechazadas por el Gobierno argelino.

La cooperación marítima entre la OTAN y la Unión Europea

La OTAN fijó en la cumbre de Varsovia en 2016 que su estrategia en el flanco sur no sería de liderazgo sino de contribución a la estabilidad regional. Este principio ha definido muchas de las operaciones recientes en aguas del Mediterráneo, donde se ha prestado apoyo a la UE para el control de los flujos migratorios y se han impulsado programas de entrenamiento a fuerzas armadas. La misión Active Endeavour, operativa desde 2001, llegó a su fin en marzo de 2016, cuando fue sustituida por la Sea Guardian, centrada en el Mediterráneo central. Esta es una misión independiente de la EUNAVFORMED Sofía de la UE, una misión naval que lucha contra las mafias de migrantes en el Mediterráneo, pero las dos misiones comparten información e incluso algunas infraestructuras logísticas y médicas. La operación Sea Guardian también tiene como objetivo monitorizar el flujo de migrantes y acabar con el contrabando de personas y armas, lo que aumenta la peligrosidad de la ruta, ya que obliga a los migrantes a utilizar embarcaciones más pequeñas e inestables para no ser divisados.

En el mar Egeo, la OTAN lanzó una misión similar en 2016 en colaboración con Frontex —la agencia europea para el control de fronteras— y las fuerzas armadas griegas y turcas para frenar a los migrantes que querían llegar a Europa. Las autoridades turcas siempre han sido críticas con esta operación, ya que permite a los barcos de la OTAN navegar por aguas del sur del Egeo, una zona disputada entre Grecia y Turquía. Además, Ankara asegura que la misión está teniendo muy poca efectividad controlando a quienes tratan de cruzar hacia Grecia. La realidad es que la presencia de estas embarcaciones ha obligado a los migrantes a dirigirse a otras islas griegas más lejanas que Samos, aumentando la mortalidad de la ruta. Pese a las insistencias de Ankara, las embarcaciones de la OTAN continúan en el Egeo actualmente.

La creciente tensión en el Mediterráneo Oriental

Todas estas misiones en el Mediterráneo tienen como telón de fondo una tensión creciente entre los miembros de la OTAN. Una década después, la guerra de Libia se ha convertido en una importante fuente de divisiones internas para la Alianza. Mientras Turquía, Italia, la UE y la ONU apoyan al Gobierno de Trípoli, Francia se ha desmarcado apoyando al Ejército Nacional Libio del mariscal Haftar, al que también apoyan Rusia, Egipto o los Emiratos Árabes Unidos. Estas diferencias han generado tensiones entre Francia e Italia, y entre Turquía y Francia, todos ellos miembros de la OTAN. En julio de 2020, Francia anunció su retirada de la misión Sea Guardian por la supuesta amenaza de Turquía a una de sus fragatas encargadas de controlar el embargo de armas a Libia. Esta escalada de tensión sin precedentes en la OTAN es una prueba más de la falta de cohesión de sus miembros para la región del Mediterráneo.

Libia, el nuevo campo de batalla entre potencias

Por otro lado, en el Mediterráneo oriental se han descubierto unos importantes yacimientos de gas, para los que se construirá el gasoducto EastMed entre Grecia, Chipre e Israel, dejando de lado a Turquía. No solo está por ver a quién explotará estos recursos, sino también quién controlará las aguas por las que pasa el gasoducto. Turquía cerró por sorpresa en diciembre de 2019 un acuerdo con su Gobierno aliado en Libia, por el que este da acceso a Turquía a parte de esas aguas. Este acuerdo entra en claro conflicto con otros miembros de la OTAN como Grecia y con otros países con intereses en la zona como Israel.

Al igual que la de otras potencias, la agenda de la OTAN ha girado cada vez más hacia el Mediterráneo en la última década. Las operaciones en la región han aumentado, aunque de una manera limitada debido al modelo de asociaciones y la prevalencia de una política de acuerdos bilaterales fuertemente vigilada por Francia. Con todo, la OTAN sigue teniendo mala imagen en la región, y otros mecanismos auspiciados por la UE, como la PESCO o la Unión por el Mediterráneo, pueden tener mayor éxito construyendo relaciones sólidas y duraderas con los países árabes. Incluso si los conflictos de Siria y Libia terminaran en el corto plazo, el interés de la OTAN por el Mediterráneo no disminuirá, ahora que se abre uno de los proyectos energéticos más ambiciosos de la zona hasta la fecha y el flanco sur se convierte en la base para acceder al cada vez más convulso Sahel.

Alicia García

Fuente: https://elordenmundial.com/la-otan-...

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Wallmapu

2 August, 2020 - 00:00

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Sinfonía Nº 5 en si bemol mayor de Sergei Prokofiev

2 August, 2020 - 00:00

Por Martín Llade

Un ciclo sinfónico accidentado

El ciclo sinfónico de Sergei Prokofiev es probablemente uno de los más atípicos del siglo XX. Con la poco habitual cifra de siete sinfonías (que también se da en el ciclo de Sibelius), Prokofiev se adentró en el género a modo de broma, con su Sinfonía Nº 1 “Clásica”, compuesta en 1917, cuando contaba veintiséis años de edad. La obra era una vitriólica respuesta a quienes le acusaban de hacer simplemente ruido con su música (prejuicio desatado muy especialmente a partir de su Suite escita), sin ser capaz de componer una obra que entrase dentro de los cánones de lo convencional, grata a los oídos del gran público. Prokofiev aprovechó entonces las enseñanzas de su profesor del Conservatorio de San Petersburgo, Nikolai Tcherepin, que había dado clases prácticas sobre cómo dirigir sinfonías de Haydn, y decidió escribir una sinfonía sobre los moldes del clasicismo vienés. Y así, sin perder su personalidad ni su lenguaje propio, Prokofiev dio forma a algo que, sin quererlo, se convirtió en una de las primeras obras neoclásicas. Sin pretender en un primer momento ser otra cosa que un ‘enfant terrible' y demostrar su valía como músico, había dado con la vieja fórmula de escanciar el vino nuevo en los odres viejos. La broma alcanzó una gran popularidad y se convirtió en su tarjeta de presentación, hasta el punto de que hoy en día la Clásica es la sinfonía más grabada del siglo XX.

Además de suponer una evolución dentro de su estilo, que lo conduciría años después a su periodo soviético (perfectamente perceptible en la partitura, sobre todo en su gavota, que fue incorporada al ballet Romeo y Julieta) la obra planteaba a Prokofiev nuevos retos. Si pretendía seguir experimentando con la sinfonía, estaba claro que no iba a repetir ad libitum la fórmula de la exitosa Clásica. Pasaron siete años, quizás de muchas dudas, hasta que el compositor se atrevió a escribir una nueva sinfonía. En su afán por crear una obra novedosa y rompedora, dio forma a una obra en dos movimientos, el segundo de los cuales no era sino una serie de variaciones sobre la última sonata para piano de Beethoven. El público reaccionó muy negativamente ante esta obra áspera, muy alejada del lirismo de la Clásica, y Prokofiev experimentó por vez primera en su vida dudas acerca de su valía como músico. Durante mucho tiempo pensó en revisar la partitura y clarificarla, pero nunca llegó a hacerlo, y hasta el día de hoy la Segunda es una de sus composiciones menos conocidas e interpretadas.

Las siguientes dos sinfonías tampoco fueron muy afortunadas. La Tercera (1929) fue elaborada a partir de temas de la ópera El ángel de fuego, que Prokofiev había intentado estrenar en vano (de hecho, jamás llegaría a verla escenificada) y no tuvo mala acogida. Así pues, Prokofiev decidió elaborar la Cuarta a partir de materiales extraídos de otra obra suya, el ballet El hijo de pródigo, que había sido llevado a escena con gran éxito por Sergei Diaghilev. Esta sinfonía fue encargada por Sergei Kussevitzki para conmemorar el quincuagésimo aniversario de la Orquesta Sinfónica de Boston. Durante la elaboración de la misma las tiranteces entre Prokofiev y Kussevitzki fueron incesantes. Sin ir más lejos, el director montó en cólera cuando se enteró del autoplagio de El hijo pródigo pero Prokofiev lo calmó recordándole que Beethoven había elaborado su Heroica a partir de música del ballet Las criaturas de Prometeo.

Resulta significativo que en algunas entrevistas concedidas aquellos días a los periódicos el artista expresase su cansancio por seguir siendo considerado un “enfant terrible” cuando ya creía haber superado esa etapa. Ahora necesitaba de un estilo más sencillo y melódico, que remitiese a estados anímicos menos complejos, relegando las disonancias a un papel secundario. La Cuarta sinfonía sería precisamente el síntoma de que esos cambios se estaban produciendo en él.

El estreno fue un verdadero desastre, ya que tanto el público de Boston como el de París repudiaron la obra, quizás no tanto por su calidad, como por el hecho de que buscaban una composición del “enfant terrible” ruso y se encontraron con una música sosegada e introspectiva. La crítica, en cambio, destacó algunos aspectos interesantes de la partitura, aunque algunos le reprocharon el exceso de temas empleados. “Parece que al público de hoy le gusta que le den de bofetadas-comentó entonces Prokofiev- pero no hay nada que hacer si un compositor quiere ir más allá de eso”.

Sin saberlo, había dado con el embrión de lo que serían sus sinfonías soviéticas, de la Quinta a la invernal y ensoñadora Séptima, aunque tardaría aún bastantes años en desarrollar este planteamiento. Como curiosidad, hay que añadir que hacia el final de su vida decidió – animado sobre todo por el éxito de la Quinta- retocar la Sinfonía Nº 4, ampliando sus dimensiones y dándole un carácter más extrovertido y vitalista. La obra sería más una nueva sinfonía, prima hermana de la versión primitiva, que una mera revisión. Sin embargo, y dados los malos tiempos que corrían a final de la década de los 40, con un soviet de cultura stalinista sentando en el banquillo a Shostakovich, Katchaturian y a él mismo por antipopulares y formalistas, Prokofiev decidió guardar en un cajón esta nueva Cuarta. Jamás llegaría a escucharla interpretada.

Lecciones de realidad soviética

Debemos dar ahora un salto desde 1930, año del estreno de la fallida primera versión de la Sinfonía Nº 4, hasta 1944, en que escribió la Quinta. A mediados de la década de los treinta, y harto de no sentirse comprendido por la crítica de Estados Unidos y de Europa, Prokofiev decidió ceder a los cantos de sirena de su país natal. A diferencia de Stravinski, Rachmaninov y Glazunov, él no había renegado de la Rusia soviética. En realidad, quiso la casualidad que la Revolución estallase encontrándose él de gira por Europa. Dubitativo respecto a lo que debía hacer, se instaló en París a la espera de ver lo que pasaba. A la Revolución le siguió la devastadora guerra civil y el músico abandonó la idea de regresar, instalándose en Estados Unidos, donde se convirtió muy pronto en uno de los autores de moda.

Comparado constantemente con Stravinski y recibiendo en ocasiones desprecios como el de las sinfonías Segunda y Cuarta o el ballet El paso de acero (una suerte de glorificación de la Unión Soviética y su amor al trabajo) Prokofiev fue convencido por algunas personalidades musicales rusas de que sería muy bien recibido en su país. Quizás tentado por el hecho de regresar como un héroe nacional y de disponer del rango de compositor oficial, con la posibilidad de estrenar todas sus obras, Prokofiev decidió regresar, sin saber que en aquella época estaban a punto de iniciarse una serie de brutales purgas por orden del Padrecito de los Pueblos, el camarada Josef Stalin. Poco después de regresar Prokofiev recibiría lo que su biógrafo Harlow Robinson ha definido como “lecciones de realidad soviética”. Al poco de llegar el músico a la URSS, se revocarían todos los permisos para viajar al extranjero y en unos pocos años éste sería testigo de las trampas y riesgos que implicaba aquella jaula de oro de la que ya no podría nunca salir.

En 1937 tuvo ocasión de ver cómo su colega, el compositor futurista Alexander Mosolov era condenado a siete años de trabajos forzados en Siberia por considerarse a su obra ‘propaganda antisoviética'; el año siguiente, una producción teatral de Evgeni Onegin con música de Prokofiev era suspendida indefinidamente al ser detenido su director, el prestigioso Vsevolod Meyerhold, por sus críticas a la persecución cultural de Stalin. Meyerhold sería torturado y después asesinado en prisión, a modo de ejemplo para el resto de artistas. El colmo de los absurdos llegaría tras la Segunda Guerra Mundial, cuando todos los ciudadanos soviéticos de origen extranjero fueron acusados de espías. La primera mujer de Prokofiev, la española Lina Llubera fue condenada de esta manera a ocho años de trabajos forzados en Siberia, algo ante lo que el compositor, que la había abandonado para casarse con la joven Mira Mendelsohn, no pudo o no quiso reaccionar…

En Ivanovo

1944 fue el año de la esperanza en la Unión Soviética. Tras la batalla de Kursk, en 1943, el Ejército Rojo había recobrado energías, preparándose para liberar su territorio. Después, los rusos avanzaron en dirección Berlín, barriendo a la Wermacht de la Europa del Este. Poco a poco, los millones de desplazados trataron de volver a una vida cotidiana todavía muy lejos de la normalidad, mientras el gobierno regresaba a Moscú. Desde la invasión, Prokofiev y Mira habían vivido en varios hoteles y por fin, esa hermosa primavera de 1944, les fue concedido un apartamento en la capital soviética. Prokofiev repartía su trabajo entre composiciones propagandísticas y otras de puro placer, como la Sonata para flauta op. 94, que se convertiría poco después en la popular Sonata para violín Nº 2. Pero como el compositor sintiera que con el paulatino regreso a la normalidad retornaban por igual las envidias y las descalificaciones que algunos músicos y artistas afectos al régimen le dispensaban, decidió buscar refugio fuera de Moscú. No tardó en encontrarlo en Ivanovo, en una casa de trabajo perteneciente al Sindicato de Compositores. La casa estaba circundada por bosques de abedules, por los que Prokofiev y Mira daban frecuentes paseos y además, y pese a las privacidades que pasaba el país por aquellos días, les proporcionaban alimentos frescos de las granjas cercanas. A pesar de la fama de arrogante que siempre caracterizó a Prokofiev y de su indisimulado desprecio a los compositores populistas que componían al dictado de las exigencias del régimen, no tuvo en esta ocasión reparo en compartir con ellos la vivienda, e incluso hasta habitó en la propia casa y no en una de las cabañas que la rodeaban, donde hubiera tenido más intimidad.

Allí coincidió con Dimitri Kabalevski, precisamente uno de estos compositores a los que en el había denostado en el pasado. Sin embargo, la profunda admiración que éste le profesaba y el hecho de que Prokofiev se sintiera uno más entre colegas, provocó que su relación fuese bastante cordial durante aquellos meses.

El compositor no trabajaba demasiadas horas al día, pues pasaba buena parte de su tiempo realizando caminatas por el campo, en las que le acompañaba un perro vagabundo del que se había hecho amigo, y también desarrolló una curiosa afición por los hormigueros. Luego, en la casa, solía jugar a su juego favorito, el ajedrez. Kabalevski lo recuerda pletórico en todo momento, abstraídos como estaban en aquel paraje idílico de ese mundo en ruinas que habían dejado en Moscú.

El hijo pródigo vuelve a la sinfonía

Prokofiev decidió acometer entonces su Sonata Nº 8 para piano y, seguro de sus fuerzas, se propuso componer una sinfonía que le resarciera de la mala fortuna de las anteriores. Habían transcurrido nada menos que catorce años desde que pusiera en limpio los últimos compases de la Cuarta y las cosas eran completamente distintas. Para empezar, ya no era aquel cosmopolita desarraigado al que consideraban un epígono salvaje de Stravinski. Ahora Prokofiev era un compositor soviético, cuya escritura había adquirido consistencia una vez depurada de las disonancias y las asperezas tímbricas y enriquecida por la colorida paleta del neoclasicismo. Por otro lado, al haber adoptado el rol de compositor oficial de la Unión Soviética, Prokofiev se había vuelto más ‘popular'; su obra era más proclive ahora al lirismo y a un carácter más profundamente humano e incluso en ocasiones hasta tierno. A la vez su ácido sentido del humor daba paso ahora a una incipiente ironía, mucho menos corrosiva. En definitiva, las características de obras como Romeo y Julieta, Cenicienta o Alexander Nevski eran transplantadas ahora al formato sinfónico. Si en 1930 la acumulación de citas de El hijo pródigo asfixió de alguna manera la naturaleza introspectiva y sosegada de la Cuarta sinfonía, ahora el artista, en pleno dominio de sus facultades creadoras y poseedor de un lenguaje poderoso y seductor de gran madurez, podía dar forma al fin a la ansiada sinfonía prokofieviana. De hecho, bien podría considerarse a la Quinta como la verdadera Primera sinfonía de Sergei Prokofiev.

Resulta curioso comprobar cómo esta obra es una sinfonía de guerra, pero en un sentido diametralmente opuesto a la Séptima (la Leningrado) de su compatriota Shostakovich. Mientras que éste llamaba al pueblo ruso a la resistencia al enemigo y al valor, Prokofiev opta por una visión más intimista, plenamente influenciada por el curso que había tomado la contienda, con una victoria de los aliados en el horizonte. Es por ello que de la Quinta se desprende más un aire de triunfo sobre la adversidad ya superada, sobre un trasfondo de tragedia aún humeante. Prokofiev afirmó a este respecto “Es la culminación de todo un periodo de mi obra. Y la concibo como una expresión de la grandeza del espíritu humano”. El espíritu contemplativo de la partitura se traduce en la preponderancia de los tiempos lentos, ya desde el primer movimiento, confiriendo al conjunto un aire expansivo, pero a la vez envolvente y hasta en ocasiones etéreo. A su vez el conjunto está barnizado por un brillo heroico alusivo al contexto histórico de la obra.

Prokofiev volvía aquí a repetir de alguna manera el proceso llevado a cabo con la Sinfonía Clásica, de conferir un nuevo relieve a una forma repudiada por la mayor parte de los compositores de entonces, sólo que en esta ocasión, en lugar de en Haydn se había apoyado sobre los cimientos del último estadio de la sinfonía romántica, desarrollado y adecuado a la idiosincrasia del arte soviético por Shostakovich.

Fue tal el estado febril de felicidad creadora al que le llevó la sinfonía que el músico rechazó un encuentro con Eisenstein para acabar de ultimar los detalles de la banda sonora de la primera parte de Iván el terrible. Era preciso concluir antes la Quinta. En noviembre de 1944 el músico ponía finalmente en limpio la orquestación y acordaba el estreno de la sinfonía para enero de 1945. La fructífera estancia en Ivanovo tocaba ya a su fin.

Un estreno entre salvas de artillería

El 13 de enero un Gran Salón de Conciertos del Conservatorio de Moscú atestado de público recibía a Prokofiev como a un Ulises recién regresado de su odisea. Aunque llevaba ya ocho años en Rusia, ésta era la primera sinfonía que presentaba como compositor soviético y por eso era aguardada con expectación. El programa incluía antes la Sinfonía “Clásica” y Pedro y el lobo, quizás poco apropiada para el momento. El gran pianista Sviatoslav Richter estaba presente en la sala y describió el impresionante momento en el que Prokofiev se irguió sobre el atril de director y la luz de la sala se proyectó completamente sobre él. En ese momento se produjeron en la calle varias salvas de artillería. Era el Ejército Rojo, que celebraba que sus tropas hubiesen cruzado el Vístula, en dirección a la capital del Reich. Este involuntario efecto se convirtió en un extraordinario preludio a una obra que precisamente trataba sobre esa misma guerra que estaba a punto de ganarse. El público lo entendió así y el ambiente de euforia y triunfo que reinaba en la sala al término de la sinfonía era indescriptible. La Quinta fue saludada como una obra maestra y se convirtió desde ese instante en una de las obras más interpretadas de Prokofiev y en la favorita de su autor. El éxito de la sinfonía provocó que el músico recobrase su confianza a la hora de abordar este género y, además de iniciar la revisión de la Cuarta, tres años después escribiría la Sexta, que el régimen de Stalin condenaría.

Poco antes de morir, en 1952, un Prokofiev enfermo y atemorizado por la brutalidad del régimen, compuso lo que sería su testamento espiritual, la Sinfonía Nº 7. La delicada belleza y el espíritu nostálgico y recapitulador de quien siente cercano el fin consiguieron aplacar esta vez a la bestia y Prokofiev recibió el Premio Stalin por ella. Aunque algo menos valorada que la Quinta, es la sinfonía que más puntos en común tiene con ella y sus méritos no son en absoluto menores.

Sinfonía Nº 5 en si bemol mayor
Andante

Las flautas y los fagotes introducen de forma serena el primer tema, que irá desarrollándose profusamente de forma expansiva, pero sin violencias. Es éste un tema que ha dado mucho que hablar por la ambigüedad de su carácter. Mientras que algunos encuentran en él una nobleza heroica sin límites, acaso representativa del sufrimiento por el que el pueblo ruso estaba pasando aún, hay quien prefiere interpretarlo en clave de tragedia silenciosa asumido de forma conformista. Sea como fuere, Prokofiev desarrolla el tema hasta los límites de la solemnidad. El segundo tema, más lírico, es presentado por las flautas y los oboes y presenta un cromatismo más trabajado. En el desarrollo el compositor contrapone hábilmente ambos temas, alcanzando un clímax creciente de lucha entre uno y otro, al que el compositor insufla aliento épico sobre todo a través de la rica escritura para los metales.

Allegro marcato

El Prokofiev irónico y juguetón se manifiesta muy especialmente en este scherzo planteado según la forma sonata. El tema primero, enunciado por la madera, está tomado de un número del ballet Romeo y Julieta que nunca se llegó a utilizar y destaca por su marcado dinamismo y por su virtuoso empleo del ostinato de la cuerda. Prokofiev lleva a cabo una serie de paráfrasis sobre este tema principal, antes de ofrecer el trío que constituye el episodio central, dominado por el viento, y donde se dejan sentir ciertos aires de vals. Después el tema primero retorna de forma más agresiva, con un tratamiento armónico más áspero y tendente a la disonancia, como el del primer Prokofiev. La progresión rítmica deriva en un final de movimiento desbocado, que no parece sino una parodia cruel del scherzo en su comienzo.

Adagio

Esta página ‘in crescendo' puede recordar en sus primeros compases a la danza final Matrimonio en el convento, finalizada en 1941, pero no estrenada hasta 1946. Comienza con una lánguida cantilena que se desarrolla con el acompañamiento de los tresillos de la cuerda contra las corcheas de la melodía principal. Este efecto le evoca a André Lischké el primer movimiento de la Sonata “Claro de luna” de Beethoven, aunque Harlow Robinson lo encuentra muy típico de Prokofiev. Lischké observa además, ciertos rasgos mahlerianos de carácter en la parte central, donde la atmósfera se torna fúnebre a la vez que grotesca. El lirismo inicial del adagio se torna macabro, alcanzando su clímax en las escalas descendentes de los trombones. La repetición del tema inicial reequilibra el movimiento, aportándole nuevamente un sosiego ensoñador.

Allegro giocoso

El rondó final parece en su comienzo un eco apagado del heroísmo sosegado del primer movimiento (incluso vuelve a ser planteado por las flautas y los fagotes), pero muy pronto un clarinete introduce un nuevo motivo de carácter alegre, que permite al compositor pintar con vivo colorido de fiesta popular el final de la obra. Tras la introducción de un segundo tema mucho más noble y pomposo, el tema ‘popular' retorna, imbuido de un frenesí cada vez mayor. La Quinta finaliza de forma sorprendentemente escueta entre fuertes contrastes rítmicos y las características disonancias prokofievianas.

Discografía recomendada:

Orquesta del Conservatorio de París. Director: Jean Martinon. DECCA.
Orquesta Filarmónica de Nueva York. Director: Leonard Bernstein. SONY.
Orquesta Sinfónica de Birmingham. Director: Simon Rattle. EMI.
Orquesta Filarmónica de Berlín. Director: Herbert von Karajan.

Fuente: https://www.melomanodigital.com/sin...

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La acabadora

1 August, 2020 - 00:00

Instituto Aragonés de Antropología

LA ACABADORA, UNA TRADICIÓN DE CERDEÑA

Desde hace más de diez años, en Luras –Cerdeña- está abierto al público el Museo Galluras, un museo etnográfico que, como sugiere el nombre, cuenta la vida agro-pastoral y las tradiciones de la tierra del norte de Cerdeña.

El museo se ha hecho famoso por tener una pieza tan llena de historia y misterio como es el martillo de sa femina Agabbadòra (en lengua sarda).

Quién era l'Agabbadòra? Era una mujer que hasta el siglo pasado, desarrollaba un papel muy particular en la sociedad de varias zonas de Cerdeña. Como sugiere la misma palabra, que deriva del castellano “acabar”, ella intervenía aliviando los últimos sufrimientos de los enfermos que agonizaban en dolor, dándoles un golpe con este martillo de madera (su mazzolu o lu malteddhu).

Se vestía siempre de negro, y seguía un preciso protocolo ritual. Podía también actuar usando un pequeño yugo, que metía bajo la almohada para ayudar a quebrar rápidamente las cervicales con el golpe. Hacía salir a todos los familiares de la sala donde se encontraba el enfermo, y escondía todas las imágenes religiosas y crucifijos.

Esta práctica, que era vista como la posibilidad de dar fin al sufrimiento de los enfermos, era más común en las comunidades rurales, teniendo en cuenta las necesidades de sustento de las familias a las que, con frecuencia, les era casi imposible atender a las necesidades de los enfermos.

A menudo, la Acabadora o l'Agabbadòra ejercía también como matrona, o mastra de paltu que era llamada para ayudar a las madres a dar a luz en la casa.
Fue Pier Giacomo Pala, fundador del museo, que desde 1981, empezó a buscar, recoger y comparar información sobre este misterioso personaje, entrevistando a ancianos del lugar, consultando documentos e investigando hasta encontrar, en el interior de un viejo muro, donde había habitado una de estas mujeres, el martillo de la Acabadora, y que hoy, podemos ver en este museo de Luras. De su investigación, ha nacido un libro: “La antología de la mujer Agabbadòra – todo sobre la mujer acabadora" que permite descubrir los eventos relacionados con esta misteriosa mujer.

La historia de la mujer acabadora, ha inspirado también la escritora sarda Michaela Murgia, en su novela “Accabbadòra” (Einaudi, 2009) ganadora del premio Campiello, cuenta la historia de una de estas mujeres a través de los ojos de una niña huérfana que adoptó.

El museo de Luras, es conocido como el Museo de la mujer Agabbadòra, y es uno de los museos más famosos de Cerdeña. (Tomado del Face de Mario de los Santos).

Fuente: https://www.facebook.com/InstitutoA...

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Sr. Chinarro: "El más tonto de la clase siempre ha querido coger una pistola y ser policía o militar"

1 August, 2020 - 00:00

Lorena G. Maldonado

Dice Antonio Luque, más conocido como Sr. Chinarro, que la cuarentena ha sido como “un domingo en Sevilla en agosto, a las cinco de la tarde”: ese pavor de las calles largas y vacías. Él es hipocondríaco, como todos los que aman fuerte la vida, y por eso escribe y por eso canta: para agarrarse bien a ella, que a veces resbala, sobre todo en estos días extraños. Ahora lanza El bando bueno -un disco del que está seguro, también, no es por nada, de que es bueno, si no no lo lanza, ya lo advierte Luque-, pero, ¿cuál es ese bando, ahora que ni siquiera somos guerracivilistas, sino que estamos divididos varias veces por todos los costados de España?

“En este disco trato varios asuntos, y en este sentido diría que la ecología es algo que me preocupa especialmente, porque vivir de un modo respetuoso con el medioambiente es una fuente de felicidad muy clara”, explica a este periódico. “Cuanto menos consumes, cuanto menos agredes a tu alrededor, más felicidad tienes. Ahora la gente está deseando volver a los centros comerciales y a comprarse coches nuevos porque en el autobús dicen que nos contagiamos, ¿no? Nadie es feliz de esta manera. Deberíamos volver a vivir como monjes, que es equivalente a vivir como sabios. Sin consumir tanto, sin esa necesidad imperante de moverse, de hacer turismo ¡tan lejos!”.

Los de "enfrente"

Él se engancha, para titular esta obra, a aquello que decía Leonard Cohen: “Para apuntarse en un bando no hay más que ver a los que están enfrente”, y lo tiene claro. “Vamos, viendo el pelaje que tienen los Abascal, los Casado… semejantes personajes… le entran ganas a uno de coger el coche y pillar la bandera para echársela como en cara, por favor, que no ganen estos. Y no es que yo sea del PSOE, pero sí siento que hay que hacer campaña en contra de estos seres, que le están comiendo el tarro a los más jóvenes”, relata.

“Ves a niños de 14 o 15 años haciendo unas revisiones históricas… interpretando una historia del nazismo edulcorada: es terrorífico para el futuro. No nos pasa sólo a nosotros. En otros países han votado a perfectos inútiles como Trump, Bolsonaro o Johnson, que a mi juicio también es un payaso”. Ahora, todavía, dice, uno puede contradecir a “los fascistas” con el bolígrafo, o la guitarra, o el pincel, o la oratoria, pero “dentro de poco no va a servir para nada, creo que viene violencia pura y dura”.
Ayuso responde a Iglesias: "Si algo es criminal son sus palabras. Es impresentable cómo echa gasolina".

“No sería la primera vez. En España somos expertos en guerras, que se lo pregunten a los Tercios de Flandes, famosos por su crueldad o a los conquistadores españoles en América. Ah, no, que eran muy buenos”, ironiza. “Bartolomé de las Casas tomó peyote y se inventó lo que contó”. Estos días recibe ‘amenazas' de algunos de sus fans diciéndole que, como siga opinando de política en estos términos, van a dejar de seguirle. Oh. “A mí me da igual, no quiero tener muchos idiotas entre mi público. Siempre he pensado que mi público es bastante inteligente, así que si había algún tonto o algún facha camuflado, que cierre la puerta al salir, como le dijo Iglesias a Espinosa de los Monteros”. Y punto.

Contra las disciplinas

A él no le van las disciplinas, el pensamiento único ni los ritos incuestionables, ya lo cantaba en Yo no soy militar: “En cualquier desfile / mi paso cambiado irá / yo no soy militar, no, / yo no soy militar / hoy he preferido tomar el sol / cualquier cosa que diga / se utiliza en mi contra. / Se me juzgará como un desertor / y es que mi lucha es otra / y es que mi lucha es otra”. No es un ataque contra los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, subraya. “No creo que todos los policías sean unos bastardos, ni todos tontos. Pero lo que es seguro es que el tonto de la clase ya quería coger una pistola o una porra en el instituto. El más tonto siempre quiso ser policía o militar”, resopla.

“Quiero creer que la mayoría eligen estos trabajos porque quieren defender a su país, no porque sean fachas ni nada: les va este asunto. Pero con que haya un carajote de vez en cuando, como este de Minneápolis, acabas. El tipo se excitaría, seguramente, y cuando se dio cuenta lo había matado. Es terrorífico. O Billy El Niño, que ha muerto sin juicio y sin que le hayan quitado las medallas, un tío sanguinario, un torturador que tiraba a la gente por las ventanas. Casi siempre son pardillos al servicio de otros más grandes a los que nunca les vemos la cara”, sostiene.

Sueños de 'wannabe'

En Una famiglia reale, de El bando bueno, canta “dame caricias, falsas noticias, sé mi princesa Letizia; dame la Biblia, y una familia, haz que parezca real”, y así dibuja el sueño medio del ciudadano wannabe. “Es una canción irónica. Yo también quisiera ser el rey de España, ¿quién no? Cuando era chaval, veraneaba en el Puerto de Santa María y siempre escuchaba a las niñas más guapas decir ‘vamos allí, que está el príncipe”… Al parecer, Felipe estaba ahí y las chavalas iban a ver si lo encontraban”, recuerda.

“Yo compongo muchas veces con la tele mutada, y vas viendo a reporteras y reporteros tan guapos, ¿no?, como Letizia en su día, cuando salía presentando las noticias. Y es como: sí, sí, lo que tú digas, te creo a ti, quiero elegir esta visión de la realidad. Me caso por la Iglesia, me quedo en las sagradas escrituras, tengamos una familia, quiero ser uno más…”, sostiene Luque. “No está dedicada explícitamente a los pijos ni a la Familia Real, en realidad es cualquier familia media. Cualquier familia funciona como la familia real, con más o menos dinero, pero se mueven por los mismos impulsos”. El impulso de una vida encauzada, con aspiraciones muy concretas. “Eso es lo que quiero denunciar”.

De dónde viene la tristeza

Antonio Luque sabe bien que “el primer fracaso fue el paraíso”, como canta en Depresión, donde relaciona la del Guadalquivir con la espiritual, con la anímica, con la médica. Él, que dejó su Andalucía y ahora vive en Barcelona. Esa añoranza de los campos perdidos. ¿De dónde viene la tristeza? Parece una colega remota: “Uno empieza a entender cosas ya en el jardín de infancia, o en párvulos. Yo andaba de puntillas, mi hijo también, pero a él le operaron y a mí no. Yo sabía leer antes de tiempo, y la profesora flipaba y algunos niños se metían conmigo”, evoca.

“Un tal Óscar me defendía y le pegaba a los demás. Tenía mi escudero. Te atacan ya en la guardería, ¿eh?, desde la infancia te están pegando y ya hay una guerra incluso entre niños que aún no saben leer. Hay motivos para estar triste con todo, pero yo considero una victoria personal no estarlo, porque me tomo las cosas a broma. Sigo contando con la ayuda de más de un escudero. No tengo apego a las cosas materiales”.

España y su caspa necesaria

Pero sí algunas nostalgias, como en esa rumbilla que surge en Sábanas santas. ¿Cree Luque que puede haber un folclore español sin caspa? “Sí, pero cuando no tiene caspa es muy triste. Por un lado está esa caspa que es un invento de Franco para los turistas, esa copla que es una exaltación, ese tablao y esos toreros, todo aquello tan kitsch, pero no es real. Si pensamos en el flamenco de verdad, en realidad es la canción protesta de un pueblo oprimido y pobre, por esto está llena de ‘ayayayay'”.

“Es ese quejío, el duende, que dicen. Un pueblo que no ha avanzado con tantos años del PSOE tampoco, ¿dónde está el dinero de la UE? En rotondas, ¿no? Y en cuentas corrientes… de otros. Me da tristeza. Prefiero abstraerme en mi mundo de The Smiths y de New Order, porque cuando le abro la puerta a estas cosas me sale mucho de dentro. Al final uno sabe tocar las palmas… no se trata de reprimirlo, sino de darle un sitio donde corresponde”.

Este es el país del souvenir, como canta en La Odisea, donde sueña con dejarlo todo atrás. “Hay quien piensa que me he ido, porque estoy en Cataluña”, ríe. “Pero estoy en Cornellá, y aquí veo más camisetas del Betis que cuando vivía en Málaga. Es mi tierra, pero fantaseo con que, de alguna forma, quede atrás. En sentido metafórico, en el sentido de que la ‘superemos'. De que vayamos de ‘España' a una España mejor. Me gustaría que el ‘ayayay' quedara atrás. Con todas sus penurias. Que fuera un recuerdo”.

Fuente: https://www.elespanol.com/cultura/2...

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Comercio de armas: el gobierno actual y la derecha siguen defendiendo violar los derechos fundamentales de las personas

31 July, 2020 - 00:00

Pese a las evidencias, el Gobierno continúa presumiendo de tener una industria militar a la «vanguardia» y comprometida con los derechos humanos.

Isa Ferrero
Autora de 'Negociar con asesinos. Guerra y crisis en Yemen'

El pasado 29 de junio, tuvimos la oportunidad de volver a presenciar otra vergüenza democrática en la comparecencia de la secretaria de Comercio Exterior, Xiana Méndez, para rendir cuentas sobre la exportación de material de defensa y de doble uso durante los últimos años. Un tema que, a diferencia de los debates absurdos que se escuchan a diario en los medios, no ocupa titulares, ni portadas, ni mucho menos una reflexión conjunta. ¿Por qué sucede esto? La explicación parece tan clara que no hace falta ni comentarla.

Los datos que se revelaron son en sí una humillación para la población española. El gobierno supuestamente «progresista» de Pedro Sánchez había vuelto a dar otro cambio de rumbo hacia las tesis que defienden con energía la extrema derecha. Durante el año 2019 se autorizaron casi 400 millones de euros, una cifra similar a lo que se autorizaba durante el gobierno de Mariano Rajoy durante los años 2015 y 2017, según lo que podemos extraer de la Red Contra el Comercio de Armas (ENAAT).

Visto con perspectiva, pese a las alabanzas y el acuerdo general de los portavoces de PP, VOX, PSOE y Ciudadanos, por tener una industria militar a la vanguardia, que crea empleo y comprometida con los derechos humanos, el gobierno de Pedro Sánchez ha superado en inmoralidad al gobierno de Mariano Rajoy porque ha tenido más tiempo en constatar las violaciones flagrantes de derechos humanos que la coalición encabezada por Arabia Saudí ha perpetrado en Yemen. Este tiempo, en el que hemos conocido muchos más crímenes contra la humanidad por parte de los sauditas y sus aliados regionales, no ha servido para que el Partido Socialista deje de defender el comercio con señores de la guerra.

Durante la presentación del informe se pudieron escuchar muchas perlas y medias verdades típicas de dictaduras que pretenden alabar la matanza y tortura de población inocente. Méndez recurrió al argumento de “como tus aliados juegan con la vida y el sufrimiento de inocentes, España también puede hacerlo”. Algo que demuestra cómo intentan esquivar las críticas con argumentos que no se sostienen. Por esa regla de tres sería legítimo invadir Irán porque años antes nuestro aliado, Estados Unidos, invadió Irak con el resultado calamitoso y nefasto que todos conocemos.

España se ha convertido en una potencia militar muy importante que tiene origen en la fuerte expansión de la industria militar producida desde tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero. Nuestros líderes políticos ven esta expansión como un producto que poco tiene que envidiar a la industria de nuestros países aliados. Fruto de ella, y de la fantástica relación de Juan Carlos de Borbón con el régimen saudí, se consiguió hace unos años el famoso contrato de las corbetas, cinco buques de guerra que se entregarían a Arabia Saudí por valor 1.800 millones de euros.

En el trascurso de la comparecencia, se pudo volver a constatar el acuerdo que existe entre la Secretaria de Comercio y la ultraderecha de VOX al hacer Xiana Méndez una defensa de la venta de las corbetas por los grandes beneficios económicos que se conseguirán y el empleo que generará en los astilleros de San Fernando y Puerto Real. Resultó chocante cómo el PSOE, que se define de izquierdas y progresista, puede tomar el pelo de esta manera a su electorado. «El interés nacional es multifacético» —dijo el portavoz de VOX. Para él, como para los representantes de PP y Ciudadanos, la industria armamentística española es un orgullo nacional que tiene que ser defendido por todos los demócratas por la riqueza y el compromiso con los derechos humanos. Según ellos estamos a la vanguardia. Quizá en eso los demócratas de verdad puedan estar de acuerdo. Si en algo está España a la vanguardia es en ayudar a que se produzcan crímenes contra la humanidad en todo el mundo.

Llama también la atención las intervenciones del portavoz del PP. Pese a criticar la tardanza del informe presentado, se pasó todos sus turnos de palabra alabando el sistema español, en una actitud de total compromiso con el gobierno que choca con el comportamiento de los populares durante toda la crisis del coronavirus, en la que hemos podido ser testigos de una campaña de odio, acoso y derribo hacia al gobierno español, compartido igualmente por VOX y Ciudadanos. Es bastante descorazonador darse cuenta de que en la única cosa en la que el PSOE, VOX y PP están de acuerdo es en la venta de armas. Algo que retrata muy bien el comportamiento del Partido Socialista y que señala directamente a Podemos por no saber desmarcarse y marcar mucha más distancia de esta infamia.

Durante toda la comparecencia se pudieron escuchar muchas perlas, pero si hubo un partido que soltó más, ese fue, sin duda, Ciudadanos. El portavoz del partido llegó a reprochar al gobierno su hostilidad hacia el gobierno de Israel por intentar interferir en asuntos políticos internos del país. Recordemos los hechos: tras décadas y décadas de hostigamiento y de crueldad por parte del gobierno israelita hacia la población palestina, el presidente de EE.UU. y el gobierno de Israel planean darle el hachazo definitivo a la población con su «Acuerdo del Siglo». Este acuerdo de estos dos criminales tenía que ser defendido por Ciudadanos: «A mí me parece y me cuesta trabajo pensar que este gobierno esté intentando socavar la autoridad y el derecho que hace el Estado de Israel a su defensa y esto me parece muy preocupante [...] El gobierno de Israel es un gobierno complejo, plural, también, que está negociando internamente para da una solución pacífica a esto».

Esto demuestra que tampoco hay que llevar el carné de VOX para defender posiciones de extrema derecha y contrarias al respeto de los derechos humanos. Las intenciones del gobierno de presionar mínimamente al gobierno israelí las calificó de «deriva». Un hecho que también demuestra el panorama desolador de la política española donde se defienden posiciones contrarias al derecho internacional humanitario sin que los grandes medios de comunicación lo critiquen.

Por otro lado, hay que reconocer de nuevo que ERC y EH Bildu fueron los únicos partidos que volvieron a demostrar que tienen un comportamiento mucho más democrático que el resto de partidos nacionales. Un hecho que contrasta con lo que se puede escuchar en los medios de comunicación españoles cuando se ha podido escuchar con mucha frecuencia los adjetivos de «golpistas», «radicales» y «filoetarras» para denominar a los componentes de este partido político. Los dos portavoces de ambos grupos no pudieron ser más claros y más tajantes con la venta de armas a países que violan los derechos humanos.

De este modo, el portavoz de Bildu afirmó que a «Arabia Saudí no se le puede exportar ni una espada toledana, porque la utilizarían para decapitar. Es uno de los estados que más conculcación de derechos humanos acomete, pero que también aplica la pena de muerte por decapitación», mientras que el portavoz de Esquerra afirmó sobre Navantia que: «sé que son 1800 millones de euros, pero son miles y cientos de miles de muertos y de torturados, y, por tanto, en esa balanza cualquier demócrata que se precie no va a cambiar un contrato por la muerte y tortura de mucha gente inocente». Además, culpabilizó al gobierno de España del 13% de los bombardeos en Yemen por los aviones vendidos a Arabia Saudí. Igualmente, recordó que España no puede ser un socio estratégico de Israel ya que aplica el «terrorismo de Estado» contra los Palestinos.

Mucho más moderado estuvo el portavoz de Podemos que, aunque sus declaraciones no tenían el componente rancio y de derecha reaccionaria, no tuvieron el tono crítico que tuvieron las intervenciones de los grupos independentistas. No hace falta comentar por qué Podemos ha rebajado el tono después de estar años y años criticando duramente nuestros tratos con Arabia Saudí.

En definitiva, los grupos que la prensa española considera los más antidemocráticos y los más radicales fueron los únicos en recordar el sufrimiento que genera la venta de armas españolas en el mundo. Estos dos portavoces criticaron que nuestra vanguardia en la industria militar agrava el sufrimiento de la población en multitud de países como Libia, Siria, Israel, Yemen.

También, estos independentistas sediciosos recordaron que Yemen enfrenta la peor crisis humanitaria del mundo y que hay una abrumadora evidencia de que las armas españolas han participado en la carnicería saudita en Yemen. Más de 250.000 personas han muerto, la guerra no da señales de acabar y la decisión de intervenir de Arabia Saudí ha propiciado que Yemen se encuentre en un escenario de guerra perpetua parecido al que vivió Somalia en los años 90, como recordó recientemente el Sana'a Center. Esta trágica crisis humanitaria puede ser aún peor por la decisión de los países occidentales en no destinar los fondos necesarios para mantener a la gente viva. De esto no se libra Pedro Sánchez dado que su gobierno está dejando morir al pueblo yemení, después de haber ayudado a que Yemen viva la peor crisis humanitaria de su historia reciente.

Además, hubo palabras recordando que las armas vendidas por la marca España pueden llegar a organizaciones terroristas. Esto no es nada descabellado. De hecho, existe también una abrumadora evidencia de que en la guerra de Siria Occidente y nuestros aliados del golfo pérsico armaron a grupos yihadistas. Esta vergüenza, que también pasó desapercibida en nuestros grandes medios de desinformación, nos costó muy caro porque recibimos de vuelta toda esa violencia con crímenes despiadados que atemorizaron en su momento a toda Europa.

También, demuestra lo poco que les importa a los líderes occidentales la seguridad de su propio pueblo. Durante años, hemos sufrido las consecuencias de la invasión de Irak lideradas por Estados Unidos y Reino Unido (y apoyada también por Aznar) que destrozó el país y lo dejó a merced del yihadismo. Igualmente, durante años se han mantenido conexiones con países que financian el fundamentalismo islámico, como es el caso de Arabia Saudí. Sin entrar en muchos detalles, Occidente comercia y tiene tratos privilegiados con el país que fomenta una versión del islam, el wahabismo, contraria a las libertades más básicas de las personas y que, de alguna forma, radicaliza a la población musulmana haciéndola proclive a abrazar el terrorismo que preconizan organizaciones como El Estado Islámico o Al Qaeda.

Para terminar y conectando con lo que se ha dicho al principio, la comparecencia celebrada el lunes demostró la escasa cultura democrática que hay en este país. Desde los partidos políticos que representan al pueblo español hasta los medios de comunicación, que son incapaces de criticar con firmeza comportamientos inmorales que buscan ampliar las ganancias del sector armamentístico en detrimento de la vida de cientos de miles de personas. También ha servido para constatar una vez más que es urgente presionar al gobierno para que destine fondos para mantener a la gente viva en Yemen como nos exhorta la ONU. No hacerlo significaría que el gobierno español sería cómplice de esas muertes. Aunque, de momento, parece que ha decidido seguir colaborando en esta tragedia...

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La Ilustración y la Gran Redada de Gitanos de 1749

31 July, 2020 - 00:00

Julio de la Guía Bravo

La Ilustración supuso, como otras ideologías de épocas pasadas, un proyecto de reforma y renovación de la sociedad. Sin embargo, cuando estos intentos de renovación chocaron con la resistencia de ciertas minorías étnicas marginales, éstas fueron consideradas grupos sociales peligrosos a los que era preciso extinguir. Surgió así el primer intento organizado de etnocidio contra la etnia gitana, coincidiendo con el apogeo de la Ilustración española.

La Ilustración española del siglo XVIII se incluye en ese contexto de renovación ideológica y cultural que se inició a finales del siglo XVII y se extendió durante todo el siglo XVIII por ciertos países europeos y sus colonias americanas. Este movimiento, dirigido por una élite intelectual, pretendía la transformación de una sociedad supersticiosa, inculta e ineficiente en una nueva sociedad iluminada por la razón y también más eficaz en los asuntos administrativos y económicos.

En definitiva, no dejaba de ser una utopía de sociedad armónica y feliz, como ya antes habían ideado pensadores como Tomás Moro o Francis Bacon. Pero ante la aplicación práctica de estos ideales surgía una cuestión inquietante. En caso de que determinados individuos o grupos sociales no aceptaran las nuevas normas ilustradas, qué cabía hacer con ellos, cómo erradicar estos elementos imperfectos dentro de un sistema racional declaradamente más humanitario. La solución dada a la cuestión gitana fue tajante: su extinción.

Las primeras fuentes escritas que mencionan la presencia de la etnia gitana en España datan de 1425, cuando se les menciona como peregrinos del Camino de Santiago. En un principio, este carácter de peregrinos les granjeó la simpatía de las autoridades y gentes de las Coronas de Castilla y de Aragón. Sin embargo, no transcurrieron muchos años antes de que aparecieran los primeros problemas.

El deterioro en las relaciones de convivencia entre gitanos y la sociedad española de la Edad Moderna venía determinado por una serie de diferencias culturales que chocaban irremediablemente.

Por un lado, la sociedad española era mayoritariamente campesina y sedentaria, asentada de manera estable en pueblos y villas, salvo algunos casos excepcionales de pastores trashumantes, como pasiegos o vaqueiros de alzada. Sin embargo, los gitanos de esta época eran grupos nómadas, organizados con base en vínculos familiares en comunidades extensas.

Otra cuestión era el diferente estatus socioeconómico entre gitanos y el resto de la sociedad. La población española de esta época estaba fundamentalmente dedicada a los trabajos de la agricultura, considerada una actividad honrosa, mientras que la comunidad gitana se empleaba en diversos oficios considerados por la sociedad como deshonrosos, como cacharreros, tratantes de ganado, hechiceros, magos, vendedores ambulantes y otras actividades de lo más variopintas.

La desconfianza de los cristianos viejos hacia este tipo de vida viene dada también por la frecuencia con la que la vida nómada se asocia en muchos casos al bandidaje y al robo, hecho que se ha podido constatar histórica y antropológicamente en numerosos pueblos del pasado. Y es que los pueblos nómadas no suelen concebir la idea de propiedad privada, tal como la entendía la población española, sino que entienden la propiedad como algo familiar, mientras que todos los recursos a su alcance, incluidos los que tienen un dueño particular, se concebían como recursos de la naturaleza a cuyo usufructo se tenía derecho. Es la habitual razzia, o incursión para el robo, como una actividad económica más.

Además de estas consideraciones de tipo social y económico, existía una contraposición de valores morales entre ambas comunidades. A las mujeres gitanas se las acusaba de libertinaje y promiscuidad, en clara oposición a los estrictos valores de la moral católica, resultado de la ortodoxia del Concilio de Trento (1545- 1563).

Ya en 1499 se promulgó la llamada pragmática de Medina, dictada por los Reyes Católicos, artífices de ese primer intento de reorganización y modernización del Estado. Esta pragmática supuso un primer intento de sedentarización y aculturación forzosa de esta etnia. Por un lado, el carácter nómada de toda una comunidad suponía un obstáculo en el proyecto de fortalecimiento y control del Estado sobre la población. Por otro lado, la asimilación cultural forzosa respondía a la intención de homogeneizar culturalmente a toda la población del reino.

Ambas cuestiones, el nomadismo y la cultura diferenciada, fueron combatidas por las autoridades españolas con sucesivas medidas legislativas de carácter punitivo, desde la pragmática de Medina (1499) hasta la pragmática de «extinción de gitanos» de 1749, conocida como Gran Redada de gitanos.

A medida que el reino español se iba centralizando y modernizando, en ese intento por tener el mayor control posible sobre los recursos y gentes del país, los grupos marginales y desclasados fueron apareciendo, a ojos de la administración, como elementos de peligrosidad social, ya que escapaban a este control que se pretendía ejercer. En este sentido, cabe señalar las leyes de pobres, la persecución de la mendicidad y el bandolerismo, entre otras.

En este grupo de elementos ajenos a la sociedad y el Estado se encontraba, cada vez de forma más visible, la comunidad gitana, que por sus peculiaridades culturales y formas de vida escapaban al control de las autoridades y a las normas que regían al resto de la población.

Durante el siglo XVIII tiene lugar la culminación de la centralización y racionalización de la Administración española, precisamente bajo el reinado de monarcas absolutos, como Felipe V (1700- 1746), Fernando VI (1746- 1759) y Carlos III (1759- 1788), algunos de los cuales abrazaron las ideas de la Ilustración como suyas propias. De este modo, surgían las políticas propias del despotismo ilustrado, que trataban de modernizar la sociedad y la administración pública desde postulados ilustrados, bajo el mando absoluto del monarca y sus ministros.

El proyecto reformista ilustrado de estos monarcas y de sus ministros pretendía poner a la sociedad al servicio del engrandecimiento de la nación. Para ello, el Estado debía procurar mejorar las condiciones de vida de la población. Con este propósito se mejoró la instrucción de aquellos que podían acceder al sistema educativo, se trató de combatir la pobreza y la mendicidad (y también a los mendigos y maleantes), se procuró un sistema de abastecimiento de grano que limitase las consecuencias de las malas cosechas, se hicieron reformas urbanísticas, administrativas, políticas y en otros muchos ámbitos con el único fin de crear un Estado más eficiente y una sociedad más armónica y eficaz.

Para lograr esta sociedad ideal se hizo frente a todo aquello que no encajaba en el proyecto y se planteó como un obstáculo al necesario avance y desarrollo del conjunto de la nación. Se pretendía una sociedad más feliz y mejor atendida en sus necesidades, pero también más homogénea, controlada y sumisa a las leyes dictadas por las autoridades.

En este contexto no tenía cabida una forma de vida nómada, con ocupaciones laborales cuanto menos dudosas a ojos de la moral de la época y reafirmada en su identidad cultural, como es el caso del pueblo gitano. La confrontación entre el modo de vida gitano y el proyecto reformista del Estado estaba servido, si bien es cierto que cuando comenzaron a endurecerse las leyes antigitanas, durante el reinado de Carlos II (1665- 1700), ya había familias gitanas plenamente sedentarizadas, integradas y con formas de vida similares a las del resto de la sociedad.

Antecedentes de la Gran Redada

Para entender mejor el contexto legislativo en el que se desarrolló la Gran Redada de gitanos de 1749 (pragmática de extinción de gitanos) es preciso conocer los antecedentes jurídicos de esta persecución. Ya antes hemos mencionado la pragmática de Medina de 1499, dictada por los Reyes Católicos, que supone el primer caso de persecución institucional contra los gitanos en España.

En 1695, Carlos II dictaba otra pragmática que obligaba a la sedentarización forzosa de los gitanos, la prohibición de vivir en barrios separados y la obligación de crear un censo con los miembros de la familia, propiedades y oficios a los que se dedicaban. En 1717, Felipe V hizo una modificación de esta pragmática con más restricciones sobre las posibilidades de residencia y otra más se hizo en 1746, durante el reinado de Fernando VI. El resultado de estas medidas fue la sedentarización y control sobre una parte de la comunidad gitana española, si bien no se logró dicho objetivo con todos ellos.

Orden de prisión general para todos los gitanos,
dictada en el verano de 1749.

En 1745, el marqués de Ensenada dictó una nueva disposición legal que condenaba a muerte a aquellos gitanos que continuaran siendo nómadas, aunque esta medida fue después suavizada por las críticas de las autoridades locales. En 1748 se adoptó mediante decreto pontificio, como última medida jurídica adoptada contra los gitanos en vísperas de la Gran Redada, la prohibición de dar asilo en las iglesias a los gitanos perseguidos por los cuerpos policiales. Esta medida muestra claramente la premeditación y antelación con que se llevó a cabo la Gran Redada del año siguiente, ya que así se impedía que los gitanos perseguidos por la orden de detención general de 1749 pudieran encontrar refugio en los edificios religiosos.

Este progresivo endurecimiento de las leyes antigitanas nos lleva al fatídico 30 de julio de 1749, cuando se dictó la Real Orden para la prisión de gitanos. Con esta ley se ordenaba el arresto incondicional de todos los gitanos independientemente de su edad y sexo y de si estuvieran o no sedentarizados e integrados en los pueblos y villas del país.

Las autoridades tomaban así cartas en el asunto contra un colectivo que por su diferencia étnica y cultural consideraba una amenaza para el mismo Estado. El objetivo era separar hombres y mujeres en presidios y campos de trabajo para evitar que se reprodujeran y así acabar con su etnia y cultura de una manera definitiva.

El número de gitanos apresados varía según las propias fuentes entre los 9.000 y los 12.000, la mayoría gitanos sedentarizados que al estar censados y controlados por la legislación anterior resultaron una presa fácil de atrapar. Sin embargo, hubo confusiones y dudas sobre qué gitanos debían ser apresados y cuáles no, además de la ayuda prestada a algunas familias gitanas por parte de sus vecinos, que en algunos casos los escondieron o intercedieron por ellos.

El 12 de agosto, una segunda disposición ordenaba el arresto de absolutamente todos los gitanos, pero en octubre se volvía a rectificar y se ordenaba el arresto sólo de los gitanos nómadas. Esto indica el grado de desorganización y caos con que operó el Estado y sus limitaciones en recursos y herramientas para hacer cumplir sus disposiciones.

Real Orden que indicaba la libertad para algunos
gitanos, emitida en 1749.

Una vez apresados, los gitanos fueron separados y enviados a distintos destinos y con diversos fines. Los hombres fueron destinados a los astilleros de El Ferrol, Cartagena y La Carraca (Cádiz), empleados como mano de obra esclava para la realización del proyecto de construcción de una renovada armada, objetivo acometido por el marqués de Ensenada. Otros fueron destinados a las minas de Almadén, donde sufrieron una altísima mortandad.

Por su parte, las mujeres fueron destinadas a la Real Casa de Misericordia de Zaragoza, edificio reconvertido en campo de concentración, donde estas mujeres vivían hacinadas y en muy malas condiciones higiénicas y alimenticias. También ellas fueron destinadas a trabajos forzados, relacionados con la manufactura textil.

Por último, los niños fueron separados de sus padres, a los que se acusaba de ser una mala influencia para sus hijos, reeducados en los valores cristianos de la tradición católica española e instruidos en oficios honrosos, ya que se consideraba posible su recuperación para la sociedad. Incluso, en Barcelona, se planteó la necesidad de darles una formación cultural como parte de su reeducación.

En los tres casos vemos cómo el trabajo está presente, no solo como castigo, sino como medio de reconversión social además de pretenderse una rentabilidad y eficiencia económica, acorde a los valores ilustrados de la época, en la que cada individuo debía aportar un beneficio al conjunto de la sociedad y al Estado.

Finalmente, en 1765, después de dos años de deliberaciones, Carlos III ordenó la liberación de los gitanos recluidos. Algunos de ellos volvieron a su vida normal y acabaron integrándose en la sociedad, otros no lograron adaptarse y siguieron manteniendo sus formas de vida nómadas y su cultura particular, pero también hubo algunos que se mantuvieron al margen de la ley, viviendo del bandolerismo. El proyecto para la extinción de los gitanos había fracasado.

En 1783 se aprobó la pragmática de Carlos III, que pretendía la asimilación cultural de los gitanos a la sociedad española, pero con medidas de discriminación positiva, en lugar de emplear la coacción. Sin embargo, esta última medida también fracasó, ya que en el siglo XIX todavía existía una comunidad gitana con una fuerte identidad cultural, aunque ya más sedentarizada.

A través de este trágico suceso de la historia de la etnia gitana y de la historia de España, hemos visto el lado más perverso de las ideologías que una vez soñaron con un mundo perfecto, en el que el elemento discordante no podía existir. La sociedad ideal de la Ilustración no tenía sitio para aquellos que no se amoldaban a sus postulados, todos aquellos grupos que suponían un lastre para el desarrollo de ese proyecto renovador. El resultado en este caso fue el intento de hacer desaparecer a ese elemento inquietante que no terminaba de encajar en el nuevo modelo.

Para saber más

—Domínguez Ortiz, Antonio (1981). Sociedad y Estado en el siglo XVIII español. Barcelona: Ariel.

—Gómez Alfaro, Antonio (1993). La gran redada de gitanos. Madrid: Presencia Gitana.

—San Román, Teresa (1997). La diferencia inquietante: viejas y nuevas estrategias culturales de los gitanos. Madrid.

Fuente: https://descubrirlahistoria.es/2019...

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Mombuey

31 July, 2020 - 00:00

Localidad de Mombuey (Zamora). Año 1962.
Autor: Alain Huetz de Lemps.

Fuente

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Los gigantes de la alimentación se embolsan 18.000 millones mientras el hambre se extiende por el covid-19

30 July, 2020 - 00:00

Las hambrunas provocadas por la pandemia pueden provocar más muertos que el propio virus, según un informe de Oxfam. Mientras, las mayores empresas de alimentación y bebidas reparten 18.000 millones de euros en dividendos a sus accionistas.

Redacción El Salto

La crisis planetaria provocada por el covid-19 podría provocar más muertes por hambre que por la propia enfermedad. El informe El virus del hambre publicado por Oxfam este 9 de julio alerta que el empobrecimiento vinculado con el coronavirus podría causar 12.000 muertes diarias. Unas cifras que superan las 10.000 muertes diarias provocada por el coronavirus en abril, el peor momento de la pandemia hasta la fecha.

Antes de que acabe el año, las personas que sufren hambrunas se situará en 270 millones, 120 millones de ellas achacables a la crisis del covid-19, según los datos del Programa Mundial de Alimentos. Las principales causas: el desempleo, las restricciones a la movilidad, las alteraciones en la producción y distribución de alimentos, y la reducción de ayuda humanitaria.

Para Chema Vera, director de Oxfam Internacional, la crisis del covid-19 ha sido “la gota que ha colmado el vaso para millones de personas que ya tenían que hacer frente a los efectos de los conflictos, el cambio climático y la desigualdad, y a un sistema alimentario disfuncional”.

Esta situación de emergencia alimentaria mundial contrasta con el renovado negocio de las mayores empresas de alimentación y bebidas, entre las que se encuentran Coca-Cola, Danone, General Mills, Kellogg, Mondelez, Nestlé, PepsiCo y Unilever. Desde enero de este año, los gigantes de la industria alimentaria han repartido dividendos por valor de 18.000 millones de dólares entre sus accionistas. Una cifra “diez veces superior a la cuantía que Naciones Unidas ha solicitado para evitar que la gente siga pasando hambre”, denuncia Vera.

El informe destaca la aparición de nuevos “epicentros del hambre”, países de renta media como la India, Sudáfrica y Brasil, en los que “millones de personas que ya antes tenían dificultades para sobrevivir se encuentran ahora en una situación límite”. Otros países que ya arrastraban crisis económicas previas, como Venezuela o Sudán del Sur, han visto empeorar sus previsiones debido a la pandemia.

En Brasil, señalan desde Oxfam, millones de trabajadores y trabajadoras pobres han perdido sus ingresos por el confinamiento y apenas disponen de ahorros o ayudas sociales. A finales de junio, el Gobierno solo había distribuido un 10% de las ayudas comprometidas por el Gobierno de Jair Bolsonaro, un ejecutivo que hasta ahora “ha favorecido sobre todo a las grandes empresas, en lugar de a los trabajadores pobres”.

En India, las restricciones a la movilidad han impedido la contratación de trabajadores migrantes, “absolutamente esenciales en el momento crítico de la recolección”, y miles de cosechas se han perdido. La restricciones al comercio también han dejado sin sus principales ingresos a cien millones de personas en las comunidades tribales, al no poder vender sus cultivos.

Escenas parecidas se repiten en diferentes partes del mundo. En Yemen, la caída en picado de las remesas de los países del Golfo, el cierre de fronteras y de las rutas de suministro han disparado los precios en un país que importa el 90% de los alimentos que consume. En el Sahel, las comunidades de pastores no han podido trasladar el ganado a pastos más verdes, “lo cual pone en riesgo la vida de millones de personas”.

“El coronavirus nos está haciendo muchísimo daño. Darles de desayunar a mis hijos se ha vuelto difícil. Dependemos totalmente de la venta de leche y, con el cierre de los mercados, ya no podemos venderla. Si no vendemos leche, no comemos”, decía Kadidia Diallo, productora de leche en Burkina Faso en un testimonio recogido en el informe.

El informe destaca los diez “puntos críticos del hambre” en los que la crisis alimentaria es más grave y además está empeorando a causa de la pandemia: Yemen, República Democrática del Congo, Afganistán, Venezuela, las zonas sahelianas del África Occidental, Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Siria y Haití. En conjunto, en estos países y regiones viven el 65% de las personas que enfrentan el hambre de nivel de crisis a nivel global.

Según señala Oxfam, para responde al llamado de la ONU, el Gobierno español apenas ha desembolsado 97.161 dólares, “muy lejos de los 3,3 millones a los que se ha comprometido”.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/coron...

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El cientificismo genera pseudociencia y negacionismo científico

30 July, 2020 - 00:00

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El cientificismo, la creencia en que la ciencia es la única fuente válida de conocimiento y que puede responder todas las preguntas legítimas, es lo que genera pseudociencia y el negacionismo científico. Si se aborda la ciencia como si no solo nos informara, sino que también dictara cómo debemos vivir nuestra vida y cómo debemos gestionar la sociedad, entonces es más fácil difundir la negación infundada de afirmaciones científicas que desafiar la afirmación ilegítima de la autoridad sobre decisiones tomadas en nombre de la ciencia.

Cuando los gobiernos afirman, como durante la pandemia de la COVID-19, estar acordando una “política basada en la evidencia”, trazando una línea directa de la ciencia a los cambios políticos y sociales internos más perturbadores y molestos que se recuerden, no es de extrañar que el descontento público cargue contra la misma ciencia. De hecho, la misma cosmovisión que hace que afirmar “estar siguiendo la ciencia” sea una necesidad política, ha hecho también que atacar a la ciencia sea el único modo concebible de disidencia.

Al fomentar una cultura política en la que colocar la responsabilidad de una decisión política sobre “la ciencia” es una forma viable de defenderla, el cientificismo ha hecho que desafiar a la ciencia sea la única forma de desafiar las decisiones políticas. Pero, en ambos casos, se está desviando un debate que debería ser sobre política. Las decisiones políticas no pueden simplemente seguir a la ciencia, porque las decisiones políticas, como cualquier otra decisión si vamos al caso, están motivadas por interpretaciones y valores específicos. No están simplemente dictadas por los hechos. Como Jana Bacevic escribía recientemente en un artículo de opinión en The Guardian: “Lo que los políticos deciden priorizar en estos momentos es una cuestión de juicio político. ¿Es la vida de los ancianos y los enfermos? ¿Es la economía? ¿O son los índices de aprobación política? Si nuestra capacidad para debatir y discutir sobre valores no estuviera degradada, podríamos exigir a los responsables políticos que defendieran sus decisiones cuando priorizan ciertos valores sobre otros, en lugar de refugiarse en la afirmación de que los hechos científicos determinan las decisiones que adoptan, cuando apenas es así en absoluto.

Para quienes están descontentos con estas políticas, es más fácil negar la evidencia científica, aunque esta sea sólida y la negación sea espuria, que desafiar la legitimidad de permitir que dicha evidencia dicte nuestras decisiones. Poner en duda alguna afirmación científica en particular no requiere de un gran salto; después de todo, estamos acostumbrados a que las teorías científicas se reviertan, por lo que no es sorprendente que lo que parece demostrarse como verdadero resulte falso. En el extremo opuesto es mucho más difícil atacar toda una visión del mundo que niega la importancia de las preguntas que no pueden resolverse con datos empíricos.

Esto se debe a que estamos inmersos en un cientificismo que nos ha obligado a abandonar el debate público sobre las preguntas que carecen de respuestas fácticas. Tales preguntas, que incluyen cualquier consulta sobre cómo actuar, qué hace que una vida sea buena o cómo debe constituirse la sociedad, pueden, en el mejor de los casos, ser temas para la introspección privada. No tienen espacio en el discurso público porque no pueden resolverse. En consecuencia, cuando se trata de cualquiera de estas cuestiones de valor y significado, el único papel legítimo para la política es el enfoque liberal: dejar la decisión a cada individuo e interferir lo menos posible en ella. Incluso expresar una opinión sobre las decisiones de otra persona es excesivo, es el comportamiento de los entrometidos, no de las personas que se preocupan por sus propios asuntos. Es mejor permanecer agnóstico en asuntos que no pueden resolverse científicamente y dejar que otros hagan lo que quieran. El error aquí es pensar que solo porque las preguntas sobre qué hacer o cómo vivir no pueden resolverse carecemos de bases para evaluar o criticar las alternativas.

Científicos, intelectuales y periodistas se quejan del negacionismo, pero no tienen soluciones que ofrecer, aparte de instarnos a luchar más para no dejarnos atrapar por un océano de desinformación. Esto se debe a que se niegan a comprometerse con las raíces del problema, que no puede abordarse redoblando la negación de que no hay fuentes legítimas de comprensión aparte de la ciencia. Una vez que el cientificismo ha vaciado el discurso público de cualquier forma de presentar y estar en desacuerdo sobre valores y formas de vida, ¿qué otra cosa sino el descontento con las políticas que afirman que “seguir solo a la ciencia” se dirigirá contra la misma ciencia? En un reciente artículo de opinión publicado en Nature, Timothy Caulfield se quejaba de que: «Aquellos que impulsan ideas no probadas utilizan el lenguaje de la ciencia real -un fenómeno que yo llamo ‘explotación científica'- para legitimar sus productos. Es, por desgracia, demasiado eficaz. La homeopatía y las terapias energéticas, afirman sus defensores, dependen de la física cuántica”. Sin embargo, lo que él llama “explotación científica” es prácticamente inevitable una vez que el cientificismo ha eliminado cualquier otra base sobre la cual determinadas afirmaciones puedan tomarse en serio.

La homeopatía es un objetivo fácil, pero Caulfield fustiga también remedios naturopáticos que son menos inverosímiles. Las personas buscan soluciones que no están médicamente comprobadas no solo para contrariar a los expertos, sino porque la salud es importante y la ciencia médica con frecuencia no puede ayudar. La solución a la pseudociencia médica no es que los científicos insistan más en la verdad de la ciencia y la ilegitimidad de cualquier idea fuera de ella; la solución radica, más bien, en admitir las limitaciones del conocimiento científico y, por lo tanto, la legitimidad de adoptar decisiones en función de otros criterios, incluso de los que no son científicos. Si la ciencia médica no insistiera en la ilegitimidad de cualquier otra base sobre la que tomar decisiones en temas de salud, podría no ser necesario hacer espurias afirmaciones pseudocientíficas sobre remedios alternativos. Sería posible aceptarlos por lo que son: no comprobados, aunque apoyados en evidencias anecdóticas o en la sabiduría popular.

Nuestro discurso político también está limitado por el cientificismo de forma que perjudica la comprensión pública de la ciencia. Las decisiones políticas nunca se “basan meramente en evidencias”; más bien se utilizan las evidencias para decirnos cómo lograr fines políticos y minimizar las amenazas políticas. Son los valores que tenemos los que determinan qué fines debemos perseguir y, por lo tanto, qué decisiones debemos tomar sobre la base de las evidencias que tenemos. Los objetivos políticos siempre son discutibles, y las decisiones políticas difíciles que deben adoptarse son aquellas que sacrifican algunos valores por el bien de otros. La pandemia amenaza gran parte de lo que nos es querido -personas vulnerables, salud pública, economía, libertad- y las respuestas ante la misma han tenido que sacrificar algo por el bien de todos. Sería mejor si esas decisiones pudieran defenderse en términos de los valores por los que están motivadas en lugar de pretender estar simplemente “siguiendo la ciencia”, sobre todo porque entonces podrían desafiarse desde el punto de vista de los valores que descuidan, en lugar de negar la ciencia en la que afirman basarse. También disminuiría la tentación de los políticos de ofuscar la ciencia, por ejemplo, cuando se toman decisiones sobre cómo contar las muertes para minimizar las estadísticas.

En una crisis de salud, o en cualquier otra situación que ponga en peligro la vida de las personas, parece realmente no haber alternativa. Parece, además, que debemos seguir a la ciencia porque eso solo puede significar una cosa: hacer cuanto sea necesario para evitar la pérdida de vidas. Sugerir lo contrario resultaría insensible. Sin embargo, esta elección solo parece sencilla porque los únicos valores que podemos discutir seriamente son el valor de la vida humana o el valor de la economía. Este es el mínimo necesario para evitar un nihilismo total. Y, sin embargo, es incoherente pretender que una vida humana tiene sentido sin afirmar que las cualidades y propiedades que conforman la vida también son valiosas. Admitir que la vida humana tiene valor requiere que pensemos más profundamente sobre cuál es ese valor y qué más cosas tienen también valor.

La pandemia de la COVID-19 ha expuesto las grietas existentes en la relación entre la ciencia, la política y la opinión pública que atraviesan directamente la crisis del cambio climático, mucho más grave, si bien paulatinamente más inminente. El negacionismo climático parece haber disminuido en los últimos años, pero es probable que se deba a que ya no es necesario: la apatía climática y el fascismo climático -ideologías que surgen de la creencia de que el cambio climático es real y está aumentando, pero que es demasiado tarde para hacer algo al respecto- están comenzando a ocupar su lugar en la lucha contra la reducción de las emisiones de carbono.

Esto no debería sorprendernos, ya que el problema nunca fue la negación de la evidencia científica; fue el fracaso de nuestra sociedad para lidiar con la pobreza de sus valores, los mismos valores que sacrifican el florecimiento humano y ecológico en aras a la propia conveniencia y el beneficio material. El cientificismo comparte la responsabilidad de este fracaso en la medida en que nos ha enseñado que la salud, el equilibrio, la bondad, el trabajo significativo y la conexión social (todo lo que necesitamos para presentar alternativas al egoísmo y la codicia) no son objetivos que valga la pena tomar en serio simplemente porque no pueden medirse de forma rigurosa.

Si los científicos y los defensores de la ciencia están dispuestos a abordar la propagación de la pseudociencia y el negacionismo de la ciencia que dificultan la comprensión pública de la pandemia del coronavirus, el cambio climático y cuestiones similares, deben involucrarse con las raíces del problema: la negativa del científico a tomar en serio cualquier pregunta que no pueda resolverse mediante un estudio empírico. Mientras la ciencia vaya acompañada del cientificismo, y mientras la política venga“dictada por” la ciencia, el descontento con las políticas reales se desviará de su objetivo legítimo (las políticas mismas) hacia un objetivo ilegítimo (la ciencia). Las crisis requieren de serias discusiones políticas sobre lo que importa, pero la extendida cosmovisión científica generalizada ha hecho que esas discusiones sean imposibles porque lo que importa no puede demostrarse empíricamente. Así es como el cientificismo empobrece el debate público y erosiona la confianza en la ciencia y en sus expertos.

N. Gabriel Martin es profesor visitante en la Universidad de Brighton. Sus investigaciones se centran en la epistemología y la fenomenología del desacuerdo irreconciliable. Su blog es thevimblog.com y puede contactar con él en ngmartin.com.

Fuente: https://thephilosophicalsalon.com/h...

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

Tomado de: https://rebelion.org/de-como-el-cie...

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Los jueces absuelven a los guardias civiles acusados de la muerte de 14 personas en el Tarajal

29 July, 2020 - 00:00

La Audiencia concluye que "sería descabellado atribuir a todos y cada uno" de los agentes imputados "la responsabilidad criminal por alguna hipotética desviación de algún miembro del grupo más descuidado o incluso malintencionado".

Gabriela Sánchez / Gonzalo Testa

La Audiencia Provincial de Cádiz con sede en Ceuta ha desestimado los recursos presentados por varias ONG tras el archivo del caso Tarajal. El juzgado de instrucción número 6 de la ciudad autónoma concluyó en octubre la absolución de los 16 guardias civiles que lanzaron pelotas de goma y botes de humo en un intento de entrada a España en el que murieron 14 migrantes el 6 de febrero de 2014. Después de haber ordenado la reapertura de la causa en dos ocasiones, el órgano judicial superior ha confirmado esta vez el tercer sobreseimiento del caso: "No hay prueba indiciaria que contradiga la afirmación de que la actuación policial se ajustó a los principios básicos exigibles para estas intervenciones", según el auto al que ha accedido elDiario.es.

Los magistrados concluyen que el operativo de la Guardia Civil, que disparó pelotas de goma y botes humo cerca de donde nadaban los inmigrantes, se realizó "con la utilización de medios de control de masas de forma adecuada y proporcional a las circunstancias del caso". El seis de febrero de 2014, 14 personas murieron en un intento en aguas fronterizas cuando cerca de 200 migrantes intentaban atravesar a nado el espigón del Tarajal. Agentes del Instituto Armado dispararon pelotas de goma y botes de humo hacia el agua, cerca de donde se encontraba el grupo que trataba de alcanzar la playa ceutí.

La Corte descarta acusar de homicidio imprudente a todos los agentes imputados por una posible mala actuación de alguno de los miembros del Instituto Armado. "Sería descabellado atribuir a todos y cada uno" de los guardias civiles imputados, "la responsabilidad criminal por alguna hipotética desviación de algún miembro del grupo más descuidado o incluso malintencionado".

El auto destaca que la actuación fue llevada a cabo "por una fuerza militarizada bajo un mando" (el capitán responsable del operativo) "que si bien no dio una orden expresa para la utilización del material antidisturbios, llevó a efecto algunos lanzamientos y disparos para que sus subordinados lo emularan, de manera que al no existir dicho concierto de voluntades, tendría que haberse determinado qué actos concretos protagonizados por cada uno de los investigados provocaron" la muerte de 14 personas.

Sobre la denegación de auxilio a los migrantes que trataban de rodear el espigón a nado, la Audiencia Provincial descarta que los agentes imputados tuviesen el deber de auxiliarles. "Los guardias civiles que estaban en el espigón o la playa, no tenían obligación de socorrer a los nadadores", sentencian los tres magistrados de la Sala. La Corte justifica que "no se ha acreditado que los mismos les hicieran algún requerimiento al respecto" ni "existe prueba alguna de que en su presencia, en la parte española, se estuviera nadie ahogando ni en peligro".

Los jueces mencionan una serie de grabaciones que, según concluyen, "corroboran" que los guardias civiles de tierra como los del servicio marítimo, "mostraron en todo momento una actitud de ayuda a los inmigrantes que se encontraban en la zona española, rescatando desde la patrullera a todos los que no se dirigieron a la orilla". La acusación popular sostiene que estas imágenes son posteriores al momento en que se produjeron los fallecimientos, cuando consideran que deberían haber sido auxiliados, mientras el grupo se encontraba acumulado en el agua mientras continuaban los disparos de pelotas de goma y botes de humo.

Otro de los argumentos de la Audiencia para declarar el sobreseimiento de la causa apunta al hecho de que no se registrasen heridos en el lado español de la frontera tras la llegada a la playa de parte de los supervivientes de la tragedia, quienes fueron devueltas en caliente a Marruecos. El Tribunal sostiene que no se produjo ningún fallecimiento en la parte española, "ya que los cadáveres aparecieron días después y no hay constancia alguna de que estas personas se ahogaran en aguas españolas, siendo más acorde con todo lo expuesto que los ahogamientos se produjeran en la parte marroquí".

El auto señala que, en la playa, los migrantes que lograron pisar la playa ceutí antes de ser devueltos "fueron tratados en general con consideración", salvo "un episodio aislado de cierta incorrección en la actuación policial sin mayor trascendencia". Para los tres jueces, la actuación de los agentes "contrasta con las pedradas que posteriormente, una vez en Marruecos, lanzaron algunos de ellos contra la Guardia Civil quizás debido a una comprensible frustración por no haber conseguido su objetivo, pero que no justificaba semejante agresión a los agentes de la autoridad". Algunos supervivientes de la tragedia increparon a los guardias civiles desde el lado marroquí cuando ya habían visto morir a varios de sus compañeros, cuyos cuerpos ya reposaban junto a ellos.

El Diario

CEAR, sobre la absolución de los agentes implicados en el Tarajal: crea una sensación del "todo vale" en migración

Estas declaraciones surgen a raíz de la respuesta de la Audiencia Provincial de Cádiz sobre archivar la causa contra 16 guardias civiles que evitaron la entrada de un grupo de migrantes lanzándoles pelotas de goma en febrero de 2014.

madrid

EFE

La jurista de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Paloma Favieres, considera que la absolución de los agentes de la guardia civil denunciados por la muerte de 15 migrantes subsaharianos en la playa del Tarajal de Ceuta (2014) crea una sensación de impunidad y del "todo vale" en migración.

La directora de Políticas y Campañas de CEAR ha expresado su decepción por ese archivo y ha dicho que su organización se siente defraudada con la nueva resolución judicial. "Seguimos defendiendo que hubo indicios suficientes y había una relación de causalidad entre la actuación aquel día seis de febrero y las muertes que se produjeron", ha aseverado Favieres, quien ha opinado que la respuesta de los agentes "no fue ni proporcional, ni oportuna, ni congruente".

Para CEAR, "no se ha valorado suficiente todo el material probatorio" y es preocupante "la falta de reparación y justicia para las víctimas y sus familias". Además, explica: "Esto puede crear una situación de impunidad, de todo vale en el control migratorio; el respeto a los derechos humanos queda al margen de cualquier actuación porque al final son las personas migrantes las que en cierta medida propician que haya una exención de aplicabilidad de ley y de la norma cuando se trata de controlar la frontera sur".

La Audiencia Provincial de Cádiz ha dictado un auto que confirma el archivo de la causa para los 16 guardias civiles que habían sido denunciados por varias organizaciones no gubernamentales. Según el auto, el uso del material antidisturbios empleado ese día por los guardias fue "adecuado y proporcional" a las circunstancias y a lo permitido.

La Audiencia sostiene que no hay una prueba indiciaria que contradiga la afirmación de que la actuación policial se ajustó a los principios básicos exigibles para estas intervenciones.

Público

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