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30 años de Insumisión

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Hoy se cumple el 30º aniversario del nacimiento de la campaña de Insumisión, un movimiento de desobediencia civil que con el tiempo se demostraría masivo y que tenía como objetivo inmediato la abolición del Servicio Militar Obligatorio en el Estado español, y como objetivo último la abolición del militarismo y la de los ejércitos.

Josemi Lorenzo Arribas
Asamblea Antimilitarista de Madrid

El SMO, la mili, era el tributo que los jóvenes varones “en edad militar”, por el hecho de serlo, habían de pagar, desde su implantación en 1912, con la excusa de servir a la Patria. Una patria que consistía entonces en el recuerdo de un antiguo imperio, ya demolido, que se permitió el lujo, no obstante, de reverdecer laureles marchitos con sueños africanistas que produjeron miles de muertos.

Abolido el sorteo de “quintos”, se vendió la universalización (masculina) de la obligación de defender a la patria como una medida democrática, ya que se superó el sistema anterior que en el siglo XIX estableció un sistema de redenciones y sustituciones por el cual los quintos de familias pudientes pudieron escaquearse de la obligación pagando a otros, extraídos de clases pobres, para que ocuparan su puesto en esta misión gloriosa. Los de siempre, una vez más, cedían el honor tan cacareado de defender a España a unos desdichados que fueron quienes pusieron los cuerpos, las vidas… y las muertes. Los patriotas de salón, de mitin y voto en Cortes aportarían las soflamas, el discurso, y el mando. Pero el ejército de cuota o de reemplazo, por naturaleza jerárquico, patriarcal y clasista, quintaesencia de la obediencia ciega, difícilmente podía servir a intereses democráticos.

La objeción de conciencia

El militarismo español de comienzos del siglo XX comprendía grandes sectores sociales, con la honrosa excepción de anarquistas (y comunistas y socialistas pero por cuestiones más coyunturales), y se recrudeció con la dictadura franquista. Fue en la década de los años 70, en los estertores del régimen, cuando comenzaron los primeros objetores de conciencia políticos a plantar cara frontalmente a la obligación de sangre con un sencillo procedimiento: negarse a ir a filas. Se siguió la estrategia de la no colaboración, pilar de la desobediencia civil. Aquella semilla provocó el nacimiento del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC), seguido de un sinfín de colectivos que apoyaron la Insumisión, cada cual con sus motivos pero con el común posicionamiento de la negativa a ingresar en la más rancia, clasista, machista y ominosa institución española: la castrense.

La represión a la insumisión

Los insumisos fueron reprimidos brutalmente. Primero, con penas de cárcel de dos años, cuatro meses y un día de reclusión mayor, por expresa indicación de la Fiscalía del Estado. Luego (gracias al ministro socialista Juan Alberto Belloch) con penas de inhabilitación absoluta de entre 10 y 14 años, primera vez en la historia en que tal pena accesoria pasa a ser principal. Durante todo ese tiempo se les prohibía acceder a cualquier cargo público, becas, ayudas… Y fueron sancionados así cuando en España imperaba formalmente una democracia que, ante otras formas de disidencia, y particularmente la violenta, no se cansaba de decir que, sin violencia, todo era negociable. No fue así tampoco en este caso. Antes bien, circulares varias prohibieron a cualquier representante del Estado sentarse en una tertulia si había un insumiso. Los objetores de conciencia primero, y los insumisos después, exponentes de un movimiento explícitamente noviolento, solo experimentaron la violencia que se ejerció contra ellos por parte del Estado y sus voceros, y no se dialogó nunca.

Los insumisos fueron sancionados brutalmente cuando en España imperaba formalmente una democracia que, ante otras formas de disidencia, y particularmente la violenta, no se cansaba de decir que, sin violencia, todo era negociable.

Fueron años duros en que la Insumisión pugnaba por hacerse visible en los insensibles y controlados medios de comunicación multiplicando acciones directas noviolentas, asumiendo las condenas, y persistiendo en su actitud, sin amilanarse ante lo que se le hacía a los compañeros. A ello se sumaban reproches sociales contra una juventud a la que se acusó de debilidad mental, poca hombría, insolidaria, antisistema y, por supuesto, etarra. Hasta que se hizo insoportable que a estos jóvenes ciudadanos “que no habían hecho nada” se les condenase a privaciones de libertad y otras penas accesorias.

Fueron años en que mediáticamente solo se hablaba de la violencia de ETA, en una espiral en que esta organización y la antagónica (el Estado español) demostraban la mutua necesidad que sentían cada una de la otra. La violencia daba titulares, copaba miles de horas radiofónicas y televisivas, y cientos de páginas de información escrita. Frente a ello, la ruptura de la lógica de la violencia, como hizo el movimiento insumiso, no mereció mayor atención más allá de la superficial, de los numeritos que se montaban para atraer la atención e intentar generar discurso. Políticos, jueces y periodistas, con puntuales excepciones, abusaron de su posición de poder. Ahí están las hemerotecas. Por supuesto, negaron en su momento pan y sal a estos jóvenes valientes. Hemos asistido y asistimos hoy, en pleno juicio al independentismo catalán, a comportamientos similares ante la desobediencia civil pacífica. El Régimen de violencia se refuerza ante conductas que hablan su mismo lenguaje, pero no traga con quienes rompen esa cómoda lógica binaria. Paradójicamente, poner el cuerpo desnudo delante de un señor acorazado, con casco, botas, guantes, armado y entrenado para luchar es violencia por parte… del cuerpo desnudo.

La victoria del movimiento de insumisión

Pero, gota a gota, cada vez fueron más miles de personas las que cuestionaron el SMO y, en paralelo, el propio militarismo y la absurdez de casi todo el chiringuito militar. Más en un país con una historia como la nuestra en que el Ejército español llevaba tres siglos en los que solo había servido para alzarse contra el propio pueblo. El Estado hubo de reaccionar, dio palos de ciego, reprimió así, reprimió asá, mintió siempre, evitó el diálogo y el debate público… hasta que la Insumisión venció.

La política militar ha estado sometida a un consenso tácito entre los dos partidos alternantes de la maltrecha democracia española. Entre PP y PSOE nunca ha habido disenso y sí continuidad y buen acuerdo en evitar el debate público sobre qué queremos defender y cómo queremos hacerlo. Eduardo Serra personifica esta afirmación, pues fue subsecretario de Defensa con la UCD y PSOE (1982-1984), secretario de Estado de lo mismo con el PSOE (1984-1987) y nuevamente ministro del ramo con el PP (1986-2000). Por otro lado, y bajo cuerda, el estamento militar y su entramado económico-industrial gobierna más de lo que parece, y como ejemplo Pedro Morenés, directivo de varias empresas de armamento antes y después de sus cargos en el ministerio de Defensa con los gobiernos de José María Aznar, hoy mediador en los negocios de armas con la dictadura saudí.

La política militar ha estado sometida a un consenso tácito entre los dos partidos alternantes de la maltrecha democracia española.

Fue un gobierno del PP el que suspendió (que no abolió) el SMO mediante el Real Decreto 247/2001, de 9 de marzo. Se adelantó varios años la decisión de profesionalizar las Fuerzas Armadas porque la situación era insostenible. Habían pasado miles de insumisos por los juzgados, cientos fueron encarcelados, selectivamente para no desatar más protestas, decenas de miles de jóvenes se declararon objetores de conciencia y no cumplieron con una Prestación “Social” Sustitutoria pensada solo como castigo para quienes no querían coger las armas (duraba bastante más tiempo que la mili), y, de paso, para apuntalar los intereses del Ejército y lavarle la cara. Muchas organizaciones sociales y ONG se opusieron a colaborar con una Prestación que, en el mejor de los casos, servía para quitar puestos de trabajo o de salida por la puerta de atrás a quienes se oponían al SMO pero tampoco querían asumir excesivos riesgos. El Estado mostró flexibilidad ante el incumplimiento de la Prestación Sustitutoria, porque fue incapaz de gestionarla ante la avalancha de objetores y porque no amenazaba el tinglado militar, pero no podía transigir con la frontal y descarada oposición de los insumisos. La obsolescencia social y simbólica de la mili era un hecho. Su cuestionamiento estaba sobre la mesa y era cuestión de tiempo.

El antimilitarismo hoy

Desde octubre de 2018 el solar de la antigua cárcel de Pamplona se renombró como Parque de la Insumisión, en recuerdo a la prisión en la que llegaron a estar detenidos simultáneamente mayor número de insumisos. El movimiento antimilitarista continúa activo en el Estado español, encabezado por el mismo colectivo que en su día dio comienzo a la campaña Insumisión, Alternativa Antimilitarista-MOC. Lejos de anclarnos en pasadas batallitas (más propias de quienes hicieron la mili), seguimos denunciando el intolerable Gasto militar, seguimos realizando objeción fiscal a estos cuando llega la campaña del IRPF, seguimos exigiendo un debate público sobre qué queremos defender y cómo, seguimos cuestionando la necesidad de los Ejércitos, seguimos pidiendo la conversión de la industria militar en otro tipo de industrias que no sirvan a la muerte, y continuamos realizando acciones directas noviolentas dentro de nuevas campañas de desobediencia civil. Como novedades, otras campañas en respuesta a nuevos retos. Por ejemplo, La guerra empieza aquí, parémosla aquí, en que denunciamos la necesaria colaboración del Estado español a la hora de favorecer las guerras en otras partes del mundo mediante la exportación de armamento (las cinco fragatas encargadas a Navantia para masacrar yemeníes, por ejemplo; u otro material militar con destino a dicho país u otros). Por ejemplo, España está en guerra en la frontera, para denunciar, junto a otras organizaciones de derechos humanos, el papel del Ejército y Guardia Civil en las violaciones contra migrantes pobres.

Seguimos denunciando el intolerable Gasto militar, seguimos realizando objeción fiscal a estos cuando llega la campaña del IRPF, seguimos exigiendo un debate público sobre qué queremos defender y cómo, seguimos cuestionando la necesidad de los Ejércitos, seguimos pidiendo la reconversión de la industria militar

Recordamos en este trigésimo aniversario de la campaña Insumisión la necesidad y actualidad de la sensibilidad antimilitarista. El inmenso gasto militar, en su mayor parte ocultado a la sociedad en todos los ministerios (menos uno), detrae recursos de donde debería aplicarse. Nos defendemos si creamos una sociedad más justa y sin desigualdades, feminista, respetuosa ante la diversidad, el medio ambiente, y que regule sus necesarios conflictos sin el recurso a la violencia. Hoy, con la sociedad española convulsa y dividida ante el juicio político que sienta en el banquillo a los representantes de, al menos, la mitad de la sociedad catalana que apostó por la desobediencia civil como método de lucha, queremos recordar que, con sus costes, la campaña Insumisión produjo beneficios para la sociedad de los que hoy nos beneficiamos.

La campaña de Insumisión alcanzó su objetivo inmediato, relativo al SMO. No nos olvidamos del objetivo último, que es la abolición del militarismo y los ejércitos. Y en ello estamos.

Salud y antimilitarismo.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/plane...

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La Insumisión cumple 30 años

fai 17 horas 2 min
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Charlot antimilitarista

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Acto de 30 años

21 February, 2019 - 00:00

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Vox propone oficialmente que el ejército español intervenga en Venezuela

21 February, 2019 - 00:00

Imaginen una especie de "Desembarco de Maiquetía" a cargo de fuerzas aeronavales españolas. Con la cabra de la legión al frente. Eso sí, que vayan, pero de voluntarios sin sueldo (no con los 3.000 que les pagan a los mercenarios españoles desplegados paquí pallá en mil misiones neocoloniales), los principales cargos de Vox, los que se les están apuntando estos días para pillar cacho en las instituciones y los hijos varones entre 16 y 21 (que estos a las mujeres solo las quieren para fregar) de todos ellos.
Naturalmente este párrafo es una ironía. Tortuga es contraria a todo tipo de violencia y empresa bélica. La demagógica propuesta de este partido de trepas ultraconservadores no solo nos parece descabellada: también profundamente inmoral. Nota de Tortuga.

Es una propuesta presentada en el parlamento andaluz que dice: “El Parlamento de Andalucía insta al Gobierno de la Junta a instar asimismo al Gobierno de España a preparar un contingente militar listo para trasladarse e intervenir en Venezuela.

No es broma. Es una propuesta presentada en el parlamento andaluz que dice: “El Parlamento de Andalucía insta al Gobierno de la Junta a instar asimismo al Gobierno de España a preparar un contingente militar listo para trasladarse e intervenir en Venezuela. Esta intervención debería aprobarse con toda celeridad si el Presidente Juan Guaidó solicita ayuda para defender al pueblo venezolano del usurpador Maduro y sus aliados comunistas cubanos”.

Ahí queda eso.

Fuente: https://kaosenlared.net/vox-propone...

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"El milenarismo va a llegar". Una teoría inesperada sobre el hundimiento de Arrabal

21 February, 2019 - 00:00

Animales de compañía

Carlos Prieto

Según los romanos, el fin del mundo fue en el 389 a.C. Según los mayas, el 21 de diciembre de 2012. Y según los españoles: el 5 de octubre de 1989. Pues bien: tengo malas noticias para ustedes: desde ese día, 5 de octubre de 1989, estamos todos muertos...

Muertos... de risa.

Un enloquecido Fernando Arrabal profetizó esa noche la llegada del milenarismo ante el estupor general.

25:07 minutos. Es lo que duraba hasta ahora la versión más larga en YouTube del 'arrabalazo'. Pero nuestro momento televisivo más hilarante merecía una versión íntegra, el montaje del director, y ahí está: el archivo de RTVE ha colgado el programa (‘El mundo por montera') al completo: una hora, 23 minutos y 53 segundos de delirio. Oro puro. O en felices palabras del Sr. Sawa: nuestro 23-F neuronal.

No importa que usted haya visto en bucle las imágenes de Arrabal haciendo eses y diciendo sandeces, porque la cosa cobra ahora otra dimensión gracias al contexto. ¡Y menudo contexto! Fernando Sánchez Dragó y sus mariachis hablando en tono extremadamente grave de la irreversible llegada del apocalipsis… mientras Arrabal soplaba un matasuegras.

O la demostración definitiva de lo difícil que es hablar en serio mientras reina la chufla a tu alrededor. La paciencia titánica de unos contertulios que, cada vez que iban a hacer un sesudo comentario metafísico sobre el fin de los días, eran interrumpidos por un dramaturgo dadaísta enardecido.

He aquí una lección digna de Howard Hawks: la mejor comedia se alimenta del choque de contrarios: el fin del mundo versus Arrabal desvariando. El gran bajón contra el gran subidón. El yin y el yang de la cuchufleta. El alfa y el omega del astracán. Oh, yeah.

Dentro vídeo.

La noche de autos

Lo primero que vemos en pantalla es una palabra en sánscrito: kaliyuga, y luego a Sánchez Dragó explicando su significado: kaliyuga, la fase terminal del ciclo del universo, la etapa negra, la degeneración previa a la extinción de la especie humana. No obstante, Dragó no pretendía intimidar con profecías cenizas: “No se asusten: no queremos amargar la noche a nadie vaticinando catástrofes”, aseguró el presentador, antes de dar paso a unos contertulios convencidos de la inminente llegada de las siete plagas.

En todo buen sarao catastrofista, no puede faltar el mito de San Juan, al que le dio una ventolera en su destierro en la isla de Patmos: “Entregado al más despiadado ascetismo, tuvo varias visiones”, según Dragó. Tras escuchar una voz que sonaba a trompeta, TARARÍ, San Juan tuvo las espeluznantes revelaciones que plasmaría en el libro del Apocalipsis.

El dramaturgo ha confesado en el estreno de un documental sobre su vida que planeó junto al hijo de Tristan Tzara asesinar al dictador enviándole un Libro de Santa Teresa con los bordes envenenados

¿Cuándo se produjo el MOMENTO TROMPETA en el cerebro de Arrabal? La versión oficial —avalada por el dramaturgo— dice que tras beber chinchón pensando que era agua. No obstante, a esta hora de la mañana, estamos en condiciones de afirmar que la culpa de su comportamiento errático no fue del chinchón, sino de Fernando Sánchez Dragó.

Veamos. Llevaban transcurridos nueve minutos de programa cuando Dragó dio la palabra a Isidro Juan Palacios, escritor de la revista ‘Más allá'. “Isidro, tú has rastreado signos del apocalipsis en la época actual”, afirmó el presentador. Ahí se produjo la primera interrupción desconcertante de Arrabal, en un signo clamoroso del apocalipsis etílico que se venía encima.

Fue entonces (9:44 minutos) cuando se produjo el momento trompeta. Dragó intentó cortar a Arrabal por lo sano con esta frase: “Fernando, estamos en el turno inicial, luego ya haces lo que quieras”.

TARARÍ.

TARARIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIÍ.

El mensaje de la trompeta a Arrabal fue muy claro: luego haces lo que quieras.

¡Y vaya si lo hizo!

Una orden es una orden.

Faltaría más

Vi-vi-viva la fiesta. Tararí.

Justo antes de que Arrabal empezara a chiflar del todo, Isidro Juan Palacios aseguró que el número 666 estaba en todas partes, lo que solo podía significar que “la bestia anda suelta”, algo que a él “le preocupaba mucho”. Y más le iba a preocupar cuando la bestia (Arrabal) empezara a corretear por el plató interrumpiéndole y diciendo todo tipo de insensateces…

Varias interrupciones después, llegó el turno de palabra para Arrabal, vestido con una indescriptible chaquetita amarilla. Don Fernando arrancó como un tiro: “Estáis un poco borrachos todos”, espetó a los estupefactos contertulios, que debieron pensar al unísono: habló de putas la Tacones.

Y la cosa no hizo más que mejorar: “El apocalipsis son las elucubraciones de los descontentos y los soñadores… Yo represento a la minoría silenciosa… ¡Déjenme hablar!... Nosotros somos anarquistas divinos… Newton fue el hombre más inteligente de la humanidad… Yo diría incluso que más inteligente que Aristóteles, aunque no diría que más inteligente que yo”.

En dos palabras: a tope.

La ideología apocalíptica es la ideología de los pobres frente a los ricos

Y sí, esto es lo más hilado que dijo Arrabal en una noche más de titulares gordos que de narración coherente: “La ideología apocalíptica es la ideología de los pobres frente a los ricos”, aseguró más tarde.

El resto es historia.

Arrabal descalzo y sin calcetines. Arrabal con los pantalones remangados cual pololos. Arrabal sentado en la posición de la flor de loto (y haciendo unos estremecedores graznidos de grulla). Arrabal cayéndose de la silla y rodando por los suelos. Arrabal tumbado en la mesa. Arrabal, en definitiva, diciendo disparates sin ton ni son:

“No seas tan estrecho como una muñeca virgen”.

“Soy el representante de la minoría silenciosa, que es católica, fea y sentimental”.

“Todos los españoles están a favor de mí”.

“Soy el representante de Dios, de la Virgen María y de los apóstoles judíos”.

“VIVA EL JUDEOCRISTIANISMO” (a voces y ya derrotado y desplomado tras sus culebreos azarosos por plató).

Uno de los contertulios, por cierto, puso un broche de oro al programa con una cita de Stanislaw Lem (‘Solaris'): “No esperéis demasiado del juicio final”.

Moraleja

Si el fin del mundo es una conga gigante conducida por Fernando Arrabal, por favor, que llegue cuanto antes.

PD. Atentos a este discurso de Dragó durante el programa: “Fin de los tiempos, sí, pero también reino de los cielos. Posibilidad de una salvación definitiva, al menos para quien haya sabido merecerla. No es este un programa pesimista, sino todo lo contrario… Sospecho que se salvarán todos los seres preparados para dar el gran salto evolutivo hacia otro mundo, hacia otra dimensión, hacia otro estado de conciencia y de vida”. Pues bien: tres décadas después de estas palabras, ya sabemos el secreto del Dragó octogenario para saltar a otra dimensión y a otro estado de conciencia: hacerse de Vox.

Tenía razón Arrabal: el milenarismo ya ha llegado.

Muertos. Todos muertos. De risa.

Tararí.

Fuente: https://blogs.elconfidencial.com/cu...

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Kathy Kelly

20 February, 2019 - 18:45

Uno de los 'directores espirituales' más importantes en mi vida ha sido la Oficina Tributaria del Gobierno. Así, buscando la manera de vivir sin propiedades ni ahorros, sin un trabajo fijo... convertirme en objetora de impuestos para la guerra fue una de las decisiones más sencillas que he hecho en mi vida.

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Kathy Kelly

20 February, 2019 - 18:44

Una manera de parar la próxima guerra es continuar diciendo la verdad sobre la actual.

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Kathy Kelly

20 February, 2019 - 18:44

Estoy lista para insistir de forma apasionada que la guerra nunca es una respuesta. (...) Pero ¿qué se puede decir a un niño moribundo, traumatizado, huérfano o mutilado? Quizás las únicas palabras que hemos murmurado una y otra vez junto a la cama de los niños moribundos en los hospitales de Iraq: lo siento, lo siento muchísimo.

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30 años de insumisión y desobediencia civil

20 February, 2019 - 00:05

El Ejército sigue siendo una lacra que denunciamos por sus valores machistas y porque genera un incremento de fabricación y exportación de armas y un aumento del gasto militar.

Estos días se conmemora el 30 aniversario de la puesta en marcha de la campaña de insumisión al servicio militar obligatorio y la prestación social sustitutoria.

30 años después nosotras también, como mujeres feministas y antimilitaristas, seguimos apostando por una sociedad desmilitarizada donde no tengan cabida ni campos de tiro, ni acuartelamientos e instalaciones militares, ni fábricas de armas, ni maniobras del Ejército, ni gastos militares; sobre todo hoy en día, en que los recortes en los servicios sociales impiden mantener o poner en funcionamiento recursos que pueden mejorar la vida de muchas mujeres; en mayor medida la de aquellas que se encuentran en situación económica precaria.

Los 12 años de campaña de insumisión –desde 1989 hasta 2001 con la desaparición del servicio militar obligatorio– produjo una experiencia de desobediencia civil que generó un gran movimiento antimilitarista. Las mujeres feministas nos posicionamos a favor de la insumisión y en apoyo solidario a los insumisos.

Así mismo, durante toda la década de los 90 quisimos ser sujetos de la lucha antimilitarista, ocupar un lugar en el movimiento que no se limitara al apoyo individual a los insumisos como parejas, hermanas o madres. De manera que se llevó a cabo un trabajo de reflexión y debate alrededor del militarismo desde un punto de vista de género.

Se denunciaba al Ejército –máximo representante del militarismo– como el mayor exponente de la violencia del patriarcado.

Los valores que transmite –jerarquía, autoritarismo y la resolución de conflictos a través de la violencia– se encuentran a años luz de las reivindicaciones feministas. Las mujeres feministas luchábamos y luchamos por una sociedad igualitaria, justa, solidaria y por la resolución pacífica de los conflictos.

Para cumplir estos objetivos, los instrumentos utilizados fueron, son y serán la desobediencia civil no violenta y la movilización social.

El Ejército, profesional o no, sigue siendo una lacra que denunciamos por sus valores machistas y porque genera un incremento de fabricación y exportación de armas, un mayor control social y un aumento del gasto militar.

En lugar de invertir en prestaciones sociales, vivienda digna, educación y sanidad, así como en el cuidado de menores y mayores, guarderías, residencias, hospitales… En lugar de cubrir estos servicios básicos, tan necesarios en la vida de las mujeres para mantener y mejorar su autonomía personal, social y económica, en lugar de esto, los gobiernos siguen destinando partidas presupuestarias millonarias al militarismo y a las guerras. Por lo tanto «hoy más que ayer, intsumisioa!».

Fuente: https://www.naiz.eus/es/iritzia/art...

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Insutmisioa

20 February, 2019 - 00:00

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El gasto militar en Oriente Próximo

20 February, 2019 - 00:00

Cartografía Geopolítica Oriente Próximo y Magreb

Descripción del mapa

Al ser una de las regiones más conflictivas del mundo, el gasto militar en Oriente Próximo es una variable clave para entender adecuadamente las tensiones y guerras que a día de hoy se pueden observar en la zona.

Arabia Saudí probablemente sea el centro de todo. Su abultada proporción de gasto militar, unido a un PIB elevado gracias al petróleo, ha hecho que el país de los Saud haya lanzado en los últimos años una ofensiva geopolítica de enorme impacto para tratar de ganar la primacía regional. Así, ha participado de forma indirecta en las guerras de Siria e Irak apoyando —bien con armamento o con financiación— a distintos grupos de rebeldes —un término que abarca desde la inicial oposición democrática a toda una colección de grupos yihadistas— y directamente en la guerra de Yemen, en la represión de las revueltas en Baréin y en un bloqueo a Catar.

La motivación principal para este elevado gasto es, primero, que puede acometerlo a nivel económico, y también forzar una carrera armamentística en la región para desangrar a sus contrincantes tanto en el plano de la economía como sobre el terreno al contar con equipos más modernos. Desde hace unos años, su principal rival en la región es Irán, y más recientemente y de forma secundaria, Turquía, que busca hacerse su propio espacio de influencia.

Más allá de la desproporcionada cifra saudí —que es incluso superada por Omán—, toda la región se sitúa en cifras altas para los estándares mundiales, lo que evidencia la enorme competencia entre países y también las importantes amenazas que sobrevuelan la región. Así, de forma más discreta pero igualmente relevante también se sitúan Israel o Emiratos Árabes Unidos, una potencia tradicional y emergente en el plano militar, respectivamente.

Fuente con enlaces: https://elordenmundial.com/mapas/el...

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Hoy nadie es Haití

19 February, 2019 - 00:00

Walter C. Medina

En Haití no hay petróleo, sólo hambre y desesperanza. Y un modelo económico que goza del respeto y la complicidad de quienes deciden cuándo y dónde se violan los derechos humanos.

Ni banderas ni placas solidarias se alzan en las redes sociales a pesar del sufrimiento del pueblo haitiano. Si los medios callan, la realidad se hace invisible a los ojos de quienes creen que lo esencial siempre es material de prensa.

Los reportes oficiales hablan de muertos y heridos, sin embargo no hay coberturas especiales ni grandes titulares en los medios de mayor llegada. El país está paralizado. La cifra de hambrientos se eleva a cada instante, y ya es el 80 por ciento de la población la que engrosa la estadística de la pobreza.

Jean Charles, líder opositor del gobierno neoliberal de Jovenel Moise, ha señalado que las protestas y los enfrentamientos callejeros contra las fuerzas del orden continuarán hasta que el primer mandatario renuncie a la presidencia. Pero Moise no cede, por el contrario, ha ordenado refuerzos para reprimir el levantamiento popular. Puerto Príncipe, capital de país, está en llamas.“Un gobierno que no puede dar alimentos y agua a su pueblo debe dimitir, pero también se necesita que la burguesía se decida a dejar de acaparar toda la riqueza. En los barrios populares somos más”, manifestaron ayer los haitianos que han tomado el centro de la ciudad y reclaman la presencia de la prensa internacional.

Lo cierto es que ni el periodismo ni los organismos internacionales le han dado a la crisis haitiana el lugar preponderante que merece. En la OEA, en Naciones Unidas, en París y en Washington se habla con preocupación sobre la situación haitiana. Sin embargo ningún gobierno de las “democracias ricas del mundo libre” ha decidido poner en marcha una acción de ayuda humanitaria. El eje de la preocupación de estas “democracias modelo” sigue siendo Venezuela, quizás porque Haití carece de lo que suele despertar el arranque samaritano de los países que señalan dictaduras y apuntalan democracias como si fuesen jueces naturales.

En Haití no hay petróleo, sólo hambre y desesperanza. Y un modelo económico que goza del respeto y la complicidad de quienes deciden cuándo y dónde se violan los derechos humanos.

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articul...

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Cádiz: El sindicato policial SUP indignado con la chirigota del Bizcocho “los jarabe de palo” porque “asocia la policía a la violencia” (vídeo)

19 February, 2019 - 00:00

Por Paco Campos / La Otra Andalucía

Pero el colmo del contenido del comunicado es cuando lo culminan con un “viva la libertad de expresión y la fiesta grande de los gaditanos donde estos grandes profesionales prestarán un gran servicio para que todos la disfrutemos como es debido”. Aquellos que critican su ejercicio dando vivas a la libertad de expresión… Ah, que se nos olvidaba, que sólo se refieren a los que la ejercen “como es debido”.

La chirigota “Los jarabe de palo” no ha pasado desapercibida para la Policía. La agrupación del Bizcocho actuó este domingo en el Falla y dejó buenas sensaciones entre los aficionados, según los medios locales, aunque también ha generado reacciones, en este caso negativas, en el sindicalismo policial. Al menos en el sindicato mayoritario del “cuerpo”, el Sindicato Unificado de la Policía (SUP).

Sí, el SUP, ese sindicato que, en una demostración de su “independencia”, estuvo el pasado domingo presente en la manifestación partidista en Madrid convocada por el PP,Cs y Vox. Ese que no emitió ningún comunicado de indignación cuando los policías desplazados a Catalunya eran despedidos al grito de “a por ellos”. Ese que ahora se indigna y si lo emite por la actuación de una chirigota.

Desde el Sindicato Unificado de la Policía en Cádiz dicen, a través del comunicado, no compartir la imagen que la agrupación carnavalesca sevillana trasladó de los policías en el Teatro Falla. Afirman que “esta chirigota que quiere asimilarse a los trabajadores de la seguridad pública es una representación simplista por asociar solamente policía a violencia”.

Habría que recordarles que se trata de eso, de una chirigota, de una representación cómica, no de una conferencia o un tratado sobre los cuerpos policiales. Además tergiversan el contenido de la misma. Basta con fijarse en el “tipo” que lucen para ver que no hacen referencia a toda la policía, sino en exclusividad a los antidistubios. Unidades de intervención que utilizan la fuerza para hacer cumplir la legalidad impuesta. Unas unidades que pertenecen a un organismo,el policial, al que dicha legalidad les concede el monopolio del uso de la fuerza, o sea de la violencia. No es esta chirigota la que les asocia a la violencia, es el Estado represor al que sirven, para ejercerla en su nombre contra el pueblo.

Además defienden que “los policías somos profesionales altamente cualificados y que desempeñamos muchas funciones, entre ellas el control de la seguridad pública para que se respeten los derechos y libertades de la ciudadanía”, algo que igualmente hubiese estado bien recordarles a los que gritaban “a por ellos” en referencia a parte de esa ciudadanía y tenerlo presente antes de oprimir al pueblo para impedirle el ejercicio de esos supuestos derechos y libertades existentes, eso sí, “cumpliendo órdenes”, claro.

El SUP declara que no es la primera vez que en el Carnaval de Cádiz se hace alusión a las fuerzas policiales aunque aseguran que “con una visión más objetiva y amable de estos trabajadores que la que hace esta chirigota”. Quien conozca el carnaval gaditano y sus chirigotas sabrá que si algo les caracteriza no es la “objetividad” ni la “amabilidad”, tampoco es su cometido, sino la crítica social, y con un carácter marcadamente ácido e inmisericorde. Si, como afirman en la propia nota, son gaditanos y aficionados al Carnaval, deberían de saberlo. Si lo desconocen o no lo comprenden es que no son gaditanos, y ni mucho menos aficionados. Y si lo son no lo ejercen. Les puede el “cuerpo”. El “comecocos” del adiestramiento condicionador recibido.

Pero el colmo del contenido del comunicado es cuando lo culminan con un “viva la libertad de expresión y la fiesta grande de los gaditanos donde estos grandes profesionales prestarán un gran servicio para que todos la disfrutemos como es debido”. Aquellos que critican su ejercicio dando vivas a la libertad de expresión… Ah, que se nos olvidaba, que sólo se refieren a los que la ejercen “como es debido”. Que gran frase. Una frase que retrata la mentalidad de sus autores y recuerda tanto a tiempos pasados.

Os recomendamos la visión, y el disfrute, de la actuación de “los jarabe de palo”, por cierto repleta de “objetividad” e incluso de “amabilidad”. No tiene desperdicio. “¡A la carga!”… “y hasta el caballo da palos”.

Paco Campos para La Otra Andalucía

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Aniversari Insubmissió

19 February, 2019 - 00:00

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Acto de Kakitzat

18 February, 2019 - 00:00

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Lo que verdaderamente hace falta para asegurar la paz en Afganistán

18 February, 2019 - 00:00

Autora: Kathy Kelly (Voices for Creative Non Violence)

Foto: KABUL, AFGANISTÁN. (Haroon Sabawoon - Agencia Anadolu).

Traducción e introducción de Agustín Velloso
Tortuga

Fuente: https://www.counterpunch.org/2019/0...

Kathy es una activista pacifista estadounidense y una de las coordinadoras de Voices for Creative Non Violence (http://vcnv.org/). Parte de su trabajo lo ha hecho en Iraq, Afanistán y Gaza.

Hizo su primeros pinitos como activista en 1978 y su trabajo ha debido de ser bueno en estos últimos 40 años porque ha sido detenida más de sesenta veces en EEUU y otros países. Además merece la pena leer lo que escribe pues sus crónicas y reflexiones destilan humanidad, amor, clarividencia, humildad y sentido común en el caso de que alguno crea que las tres primeras cualidades son cosa de otros tiempos muy, muy anteriores, o sea, los del Jardín del Edén, donde las peores pasiones del hombre estaban bajo el control de la razón y la voluntad.

En este artículo la política de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán queda presentada no sólo como la acción asesina que es, sino que también se manifiesta ridícula y perversa en comparación con la que realiza algunos afganos que son víctimas de aquélla.

La constante vigilancia militar sobre los afganos no produce ninguna información de interés acerca de los problemas a los que éstos se enfrentan diariamente. Un raro grupo de voluntarios usa un enfoque completamente diferente.

Hosseis, un miembro del grupo Voluntarios Afganos por la Paz (Afghan Peace Volunteers, APV), que fue mi anfitrión durante mi reciente visita a Afganistán, se remangó para enseñarme una herida de casi ocho centímetros aún en proceso de curación. Unos ladrones entraron en su casa en Kabul y cuando fueron descubiertos uno de ellos acuchilló a Hossein.

Un coordinador de APV, Zekerullah, fue asaltado y agredido por una banda juvenil de ladrones a plena luz del día. A Ata Khan le robaron su máquina de fotos y su teléfono móvil en un parque también de día. Habib, un reciente graduado del programa de APV llamado Escuela para Niños de la Calle, sufrió agresiones de varios atacantes hace un mes.

“No tenía nada de lo que estaban buscando”, me dijo mientras me aseguraba que estaba bien aunque le duele el culo, que lo tiene erosionado, que es donde le pegaron.

Ataques como éstos –todos tuvieron lugar en los últimos seis meses- son predecibles en una caótica ciudad devastada por la guerra que absorbe refugiados todos los días. Algunos huyen de su tierra por la sequía y la falta de alimentos; otros huyen del terror de la violencia generada por los enfrentamientos de las partes en conflicto, lo que incluye a Estados Unidos. En 2018 este país lanzó 7.632 bombas sobre Afganistán, más que cualquier otro año desde que la Fuerza Aérea de Estados Unidos empezara a documentar sus ataques en 2006.

Según las Naciones Unidas, en los primeros nueve meses de 2018, hubo un incremento del 39 por ciento en el número de víctimas de los bombardeos comparado con el mismo periodo del año anterior. En Kabul, los bombardeos del Talibán y otros grupos se han convertido en un horror habitual. El desempleo en alza, ahora ente un 25 a un 30 por ciento, también afecta a la gente. La Organización Mundial del Trabajo (OIT) informó hace dos meses de que Afganistán tiene la tasa de desempleo más alta del mundo. Cuatro de mis jóvenes amigos tienen mucha suerte de estar aún vivos.

Están tratando de hacer las cosas mejor. Hace dos días, 35 jóvenes se congregaron para la séptima sesión de las doce que tiene el curso de orientación. Los temas eran: ecología, desigualdad, hambre y guerra. Muhammad Ali, de 20 años, dicta el curso. La APV tiene lista de espera de gente joven que desea participar en el próximo curso.

“La gente que viene a las clases busca información que nunca han conocido”, dice Muhammad Ali. “Reflexionamos sobre formas de hacer la paz y vivir con respeto hacia la naturaleza”.

La labor de Estados Unidos para mejorar las decadentes instituciones educativas de Afganistán han resultado totalmente inadecuadas. Los proyectos de reconstrucción estaban plagados de corrupción. Millones de dólares se han entregado a las milicias al tiempo que innumerables cargamentos de armas llegan al país. Los drones y los dirigibles surcan los cielos supuestamente en busca de “los malos”.

Pero la militarización de la sociedad y la constante vigilancia de cámaras por control remoto no arrojan ninguna información sobre los problemas que diariamente afectan a a los afganos que tratan de sobrevivir.

Las negociaciones sobre el futuro de Afganistán las condicen personas que están al mando de enormes arsenales y redes sofisticadas de inteligencia. El resultado sería mejor si la dirigencia estadounidense se tomara interés en el enfoque de “vigilancia” de la APV.

En contraste total con las operaciones de “inteligencia” que realizan los Estados Unidos y sus aliados en Afganistán, la APV continúa construyendo su base de datos, recogiendo detalles sobre las familias en dificultades y empobrecidas, a las que invitan a participar en proyectos destinados a mejorar su situación.

Desplazándose a pie, los voluntarios de APV recaban su información sentándose en el suelo con las familias en sus pobres casas, recogiendo con respeto sus declaraciones en sus cuadernillos de notas. Les preguntan sobre sus gastos de vivienda, el acceso a agua potable y si las familias pueden comprar judías para toda la semana. Las familias que apenas tienen ingresos o ninguno y dependen de las ganancias de un hijo para comida y alquiler son las primeras en ser admitidas a la Escuela de los Niños de la Calle.

Este año, más de cien niños se han juntado cada viernes para las clases de lectura, escritura y matemáticas. Para la APV las clases semanales de no violencia inspiradas en el curso que dirige Muhammad Ali son igualmente importantes.

Los niños aplican los que aprenden participando en los proyectos de APV. Ayudan a plantar árboles, cultivar los huertos y sirven comidas a los trabajadores. También se unen a los equipos de limpieza de las orillas de los ríos. Cada año suben a una montaña con sus cometas, lo que forma parte de la campaña “vuela cometas en lugar de drones”.

Las familias de los niños que participan en la Escuela de Niños de la Calle reciben una ayuda vital de arroz, aceite y judías. Los niños saben que están ayudando a sus familias a la vez que a sí mismos. Cuando les pregunto de dónde sacan la energía para coordinar las clases y otras actividades con la Escuela, Masoma, que ha estado en la Escuela desde sus comienzos, responde de inmediato: “Es mi pasión”.

Los miembros de la APV, preocupados por el futuro de cien niños que terminaron el programa de tres cursos el año pasado, han empezado a trabajar en la enseñanza profesional. También están formando cooperativas para un empleo futuro.

Tu posición en la vida determina lo que ves. Admiro la mezcla de idealismo y realismo de la APV a la hora de hacer “cosas que contribuyen a la paz”, incluso cuando les alcanza la ansiedad cada día por el caos y los sobresaltos de la vida en una zona de guerra. Están pendientes todo el tiempo de la gente necesitada. No temen compartir sus recursos. Cuando se enfrentan a la violencia contienen el ímpetu de venganza. Ven claramente lo inútil que es confiar su futuro y el de los más necesitados en fuerzas depredadoras que ya han explotado y matado gente con sus guerras asesinas.

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Cooperación y solidaridad: Dos claves para entender la evolución humana

18 February, 2019 - 00:00

Rodrigo Alonso Alcalde, Responsable de Didáctica del Museo de la Evolución Humana, Junta de Castilla y León, Profesor Asociado del Área de Prehistoria de la Universidad de Burgos.

Tras la publicación de Charles Darwin, en 1859, del Origen de las Especies por medio de la Selección Natural, comenzó a generalizarse la idea de que el proceso evolutivo había estado protagonizado por la supervivencia de los mejor adaptados. Esta premisa alcanzó su máximo exponente a finales del siglo XIX con Herbert Spencer y sus planteamientos del darwinismo social. Este modelo explicativo se basó en aplicar el mecanismo de la selección natural darwiniano al estudio de las sociedades humanas. Según esto, el devenir histórico de los países, las etnias o las clases sociales se habían (había) articulado en una competición en las cual los mejor adaptados ocupaban y debían ocupar los lugares privilegiados. Este tipo de formulaciones trascendió de forma casi inmediata al campo de la política y sirvió para justificar, desde un falso empirismo científico, las políticas imperialistas y raciales de finales del siglo XIX y buena parte de la primera mitad del siglo XX.

Hoy en día sabemos que esto no fue así y que en nuestra evolución, junto al mecanismo de la selección natural, hubo otros factores como la cooperación y la solidaridad que fueron claves para el desarrollo de nuestro género, el género Homo desde hace 2,5 millones de años. Sin embargo estos factores no son características exclusivamente humanas. En el reino animal podemos encontrar ejemplos de solidaridad en chimpancés, orangutanes, delfines o incluso en los pingüinos. Mientras que acciones cooperativas es fácil rastrearlas tanto en otros mamíferos, aves, reptiles y peces. Lo que nos diferencia del resto de animales es que nosotros a lo largo del proceso evolutivo hemos desarrollado la cooperación y la solidaridad como elemento clave para potenciar la cohesión del grupo y conseguir ocupar todos los ecosistemas del planeta por muy adversos que estos sean, desde el Ártico hasta el Himalaya pasando por la Amazonia o el desierto del Sáhara.

Pero, antes de continuar, conviene definir el significado básico de estos dos conceptos claves en nuestra historia evolutiva. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la cooperación es “obrar juntamente con otro u otros para la consecución de un fin común”. Mientras que la solidaridad es la “adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. En el caso que nos ocupa la principal diferencia entre ambos conceptos podemos encontrarla en que mientras la cooperación se realiza entre individuos iguales, la solidaridad se da entre desiguales. Es decir, él o los individuos que muestran su solidaridad hacia otros individuos están por encima en alguno de los planos biológicos o sociales. El plano biológico podríamos limitarlo a aquellos individuos que poseen una salud óptima. Mientras que en el plano social es más complejo y lo reservaríamos para aquellos individuos que por diversas circunstancias están mejor considerados dentro del grupo, por cuestiones como la edad o la organización social (líderes). Estos individuos socialmente mejor considerados mostraron su solidaridad al adherirse circunstancialmente a la causa de otros individuos que están por debajo de ellos, sin esperar nada a cambio.

El trabajo cooperativo permitió que nuestros antepasados sobrevivieran

Si extrapolamos estos conceptos teóricos al estudio de nuestros antepasados tenemos que en las actuales Kenia, Tanzania y Etiopía, encontramos numerosos yacimientos datados entre 2.5 y 1,8 millones de años que tienen, además de los primeros fósiles de nuestro género (Homo habilis y Homo rudolfensis), restos de las primeras herramientas de piedra y fragmentos de grandes herbívoros con marcas de corte. Estas marcas evidencian el consumo de estos animales por parte de estos homininos. El despiece e ingesta de estos elefantes, rinocerontes e hipopótamos cabe considerarlos como los primeros consumos comunitarios realizados por nuestros antepasados. Este reparto del alimento puede entenderse como el desarrollo de una acción conjunta para la consecución de un fin común: la alimentación del grupo, por lo que estaríamos ante la primera evidencia de cooperación en la historia de la humanidad. El trabajo cooperativo permitió que nuestros antepasados sobrevivieran en la sabana compitiendo por los recursos cárnicos con tigres, panteras y leones.

Por lo que se refiere a la solidaridad, nos encontramos que en el año 2003 en el yacimiento caucásico de Dmanisi (Georgia) apareció una mandíbula humana con una antigüedad de 1,8 millones de años. Este fósil perteneciente a la especie Homo georgicus presenta una ausencia total de dientes y de los alvéolos que alojaban sus raíces. En otras palabras, al “viejo de Dmanisi” se le habían caído sus dientes y el hueso circundante a los alvéolos invadió los vacíos dejados al desaparecer las raíces de los mismos. Ahora bien ¿cómo un individuo sin dientes pudo alcanzar los 40 años de edad hace 1,8 millones de años? Evidentemente sin una ayuda por parte del grupo este individuo no hubiera alcanzado esa edad. Muy probablemente, sus compañeros se tuvieron que dedicar a masticarle los vegetales y trozos de carne cruda para que luego él los pudiera digerir. Estos cuidados representan la primera prueba de solidaridad documentada en la historia de la humanidad. Desde entonces son cada vez más las evidencias que tenemos de este tipo de comportamiento en el registro fósil que demuestran que el desarrollo de la solidaridad ha sido una característica esencial en nuestro propio proceso evolutivo.

Fuente: http://www.pobrezacero.org/cooperac...

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La militancia en la era de la obsolescencia programada

17 February, 2019 - 00:00

Desde E.Z. se propone debatir un tema al cuál llevo ya bastante tiempo dándole vueltas y sobre el cual hablo mucho con compañer@s pero sin dejar nada plasmado formalmente. Y tod@s sabemos que «Las palabras se las lleva el viento», así que qué mejor que esta oportunidad que me brinda esta revista para poder dejar plasmadas algunas reflexiones en un formato algo más duradero (el texto). Sí, ya sé que esto tampoco es ninguna panacea porque «el papel lo aguanta todo», pero al menos las personas interesadas podrán echar mano de hemeroteca para volver a ojear estas reflexiones (yo el primero) o para rebatirlas o para taparle la boca a quien escribe esto cuando en un futuro a lo mejor defienda posturas contrarias (supongo que después de darme un fuerte golpe en la cabeza, pero nunca se sabe, «no digas nunca de este agua no beberás»).

El caso es que quiero que este texto sea un poco mordaz y políticamente incorrecto, pues la urgencia de la situación nos obliga a ser un poco incisivos y rotundos. Seguramente voy a caer en este texto en generalizaciones y en afirmaciones un poco exageradas y por lo tanto, al menos en parte, injustas. Mil perdones de antemano, pero no dejéis que el árbol os oculte el bosque. Detrás de cada exageración existirá la denuncia de un problema en mi humilde opinión bastante real.
Al anarquista se le estropeó el coche

Se le estropeó y no llegó a la conferencia a la que se había comprometido. Esta anécdota es real. Diremos el pecado pero no el pecador. La cosa es que ese día yo estuve a punto de dedicarme a la calceta o de afiliarme al Opus Dei, cualquier cosa antes de que alguien me identificara como anarquista. Pero vayamos al grano: el caso es que en cierta ciudad se organizó un ciclo de conferencias de lo más interesantes. Se iba a hablar de las experiencias que en la cárcel han vivido en las últimas décadas l@s pres@s polític@s. Se iban a dar cita gentes de latitudes muy diversas, poco menos que la insurgencia mundial se reunía allí. Palestinos, colombianos, irlandeses, vascos, expresos del GRAPO y también anarquistas, con gran detalle y acierto por parte de quienes organizaban. O al menos eso me parecía a mí (me refiero a lo de «acierto»). Señalar que quienes organizaban aquello no eran anarquistas. En las jornadas había asimismo una mesa redonda de mujeres expresas políticas, para tratar el caso específico de mujer y cárcel.

Las conferencias fueron un éxito. Día tras día se llenaba el ateneo donde se realizaba el acto y donde cada ponente explicaba su caso o los casos de otros militantes de su misma organización o de su mismo país. Los ponentes llegaban como digo de latitudes lejanas, algunos sorteando dificultades fronterizas, administrativas, etc (ya sabemos que puedes tener problemas en un aeropuerto si resulta que se te tiene fichado como activista y no digamos si encima tienes antecedentes penales por empuñar las armas). El caso es que todo el mundo iba llegando y participando, pero vísperas de la intervención del compa anarquista los organizadores empezaron a preocuparse porque al llamarle para recordarle el tema, éste empezó a poner excusas raras: una avería en el coche. «¿Y?, pues llévalo al taller, aún quedan unos días», «alquila uno», «ven en tren», «en autobús», «en avión» «que te traiga alguien», «manda a otro compañero»… Había muchas alternativas pero el supuesto «movimiento» anarquista no tenía capacidad para recorrer unos cuantos cientos de kilómetros para participar en una conferencia. Otros atravesaban fronteras y recorrían miles de kilómetros, a los anarquistas un problema mecánico les dejaba fuera de combate. Desconozco las vicisitudes personales del compa anarquista, si le pasó algo, si no tenía dinero para arreglar el coche, si no podía dar explicaciones por teléfono de algún problema, si a lo mejor no le apetecía… el caso es que a mí aquello me sonó a excusa barata (y a los organizadores también). Cuando un colectivo se organiza mínimamente en serio no suele tener problema para mandar un emisario. Sucesos como éste sólo pueden ocurrir cuando detrás, más que un movimiento, encontramos un colectivo minúsculo, poco organizado y económicamente un desastre.

El problema seguramente estribó en que detrás del compañero anarquista no había ningún movimiento, con lo cual ante algún tipo de contratiempo personal esta persona ya no pudo acudir y la cosa se quedó colgada.

Por lo tanto la conclusión a lo anteriormente descrito es que mientras otras corrientes sí que tienen un movimiento organizado detrás, en el caso del anarquismo/autonomía/asamblearismo encontramos rara vez algo que pueda merecer el nombre de «movimiento».

A día de hoy, la CNT es, con todos sus defectos, guste o no guste, de lo poco organizado que aún le queda al anarquismo.

Alaitz eta Maider no pueden llamarse Orfeón Donostiarra

O si lo preferís, El Dúo Dinámico no puede llamarse Gran Coro del Ejército Rojo. Es decir, que si yo y una amiga creamos un colectivo, pues eso seremos, un colectivo (concretamente de dos personas) no «un Movimiento». ¡Humildad, por favor, un poco de humildad! A las cosas hay que denominarlas por su nombre y asumir que somos lo que somos y que no representamos mucho más. Yo conocí una época bastante cercana en la que había gran cantidad de grupos de todo pelaje. Algunos se coordinaban y daban lugar a movimientos, pues estaban presentes en muchos lugares y actuaban coordinadamente. Incluso en institutos, universidades, pueblos y barrios estos colectivos y movimientos pugnaban entre sí para ser los hegemónicos. Y entre ellos estaban, por supuesto, la gente más o menos antiautoritaria que también pugnaba por tener su espacio e incluso disputárselo a l@s comunistas, a l@s trostkos, a la izquierda abertzale, etc. Quienes vivimos en Euskal Herria bien sabemos que históricamente ha sido la Izquierda Abertzale la que ha llevado la voz cantante.

Pero otras familias políticas también trataban de tú a tú a la Izquierda Abertzale y le disputaban esa hegemonía. El anarquismo/autonomía entre ellas. Desde hace algún tiempo la gente anarquista que conozco ni sueña con poder ser fuerza hegemónica entre la izquierda radical, real o como queramos denominarla. Por lo menos en tierras vascas. Como mucho algún panfletillo anónimo y cobarde para criticarles en su deriva claudicante, pero en ningún caso un ataque cara a cara, como hacen por ejemplo los escindidos de la izquierda abertzale, por los cuales no tengo mayores simpatías pero al menos van de frente y firman con nombres y apellidos.

Con el declive de la izquierda abertzale que comenzaría a principios de los años noventa, recuerdo muchos textos anarco-autónomos que poco menos se regodeaban de su situación y vaticinaban que ahora la gente se iba a dar cuenta de que la alternativa era el anarquismo. Lo cierto es que ese proceso de desgaste se llevó a cabo más rápido si cabe en las filas ácratas. No nos dábamos cuenta que nuestra sociedad se estaba europeizando, acomodando, que a nivel internacional el ambiente se había derechizado y la izquierda global estaba en plena crisis por diversos motivos. Esa tendencia nos iba a hacer tanto daño o más a nosotr@s, quizá más que a otras fuerzas tipo el PCE o la Izquierda Abertzale. Incluso cuando nuestra situación era ya muy precaria todavía nos permitíamos el lujo de dar lecciones a los demás, como en la época del Pacto de Lizarra (proclamado paralelamente a la tregua de ETA de 1998-1999) en donde fueron demasiados los escritos libertarios que se atrevieron a llamar a l@s demás poco menos que traidores/as por pactar con fuerzas de la derecha vasca y por intentar liquidar la lucha armada. Comparto ese lema que dice que «la única lucha que se pierde es la que se abandona», pero no vi entonces, y mucho menos veo ahora, a l@s anarquistas/autónomos en una situación de poder ser ell@s los que mantengan en alto la antorcha de la insurrección armada. Esta actitud de «bocarranas«, de «pepitos grillos», de meternos en asuntos en los que ni estamos ni se nos espera, nos pierde. Y más si encima es una crítica a toro pasado. Para colmo en la mayoría de ocasiones estas críticas suelen ser anónimas, se lanza la piedra y se esconde la mano. No existe la confrontación ya que nadie puede ir a pedir cuentas a quienes permanecen escondidos después de lanzar tan graves acusaciones. Hoy en día son Podemos y similares los que se han puesto de moda en el objetivo de los dardos inclementes de los libelos anarquistas. Nuevamente l@s anarquistas no hicimos lo deberes y fueron otr@s quienes capitalizaron el descontento de la calle. Ahora como novi@s despechad@s y celos@s insultamos a quién nos robó a nuestro amor. Nada de autocrítica. Sól@s y espantando a cualquier posible aliado, así andamos.

Hoy en día creo que actuamos sin un término medio: o somos un@s petulantes soberbi@s que tratamos a l@s demás con total desprecio como si nuestra causa fuese la única correcta y nuestra influencia social fuera enorme (a pesar de que a día de hoy no trascendamos a cuatro gatos); o por el contrario actuamos con un tremendo complejo de inferioridad, abandonando luchas antes de empezarlas por verlas como poco menos que imposibles o pensando que por ser uno pequeño no se puede ir a donde uno grande a decirle cuatro cosas si fuese menester. Hacernos respetar, respetar a otr@s y ser conscientes de lo que realmente somos es una asignatura todavía pendiente.

Antes de nada, pregúntate quién eres y qué quieres

Sun Tzu ya lo decía bien claro en su celebrado «El arte de la guerra»: «conoce a tu enemigo, conócete a ti mismo y en mil batallas no conocerás la derrota». Resumiendo al chino, que sólo iniciarás la guerra cuando sepas que vas a ganarla o a menos tengas muchas posibilidades. Mientras tanto la prepararás pero sin entrar en combate. Para mártires mejor l@s cristian@s, nosotr@s preferimos ser perdedores/as pero al menos estar viv@s. Un vivo siempre puede hacer más adelante cosas. Durante mucho tiempo me han causado estupor la proliferación de alegatos insurreccionales que claman por la guerra social en nuestros entornos antiautoritarios.

Bien es cierto que últimamente no son tan habituales como hace unos pocos años, pero en todo caso siguen siendo para mí demasiados. Afortunadamente una cosa es la palabrería y otra los hechos.

En sacar panfletos incendiarios no nos gana nadie, pero en conseguir llevar a término luchas…puff!, esa es harina de otro costal. Nuestro nivel teórico está en 100 pero nuestro hacer práctico en 1. A lo mejor debemos rebajar un poco las soflamas y acercarlas un poco más hacia lo que hacemos realmente. O sea, dejarnos de cargas históricas que al menos de momento no vamos a poder igualar (Revolución Social de 1936, Mayo del 68, Gasteiz 1976, etc) y ver a qué metas cercanas podemos aspirar. No es de recibo que despreciemos cualquier reivindicación obrera, vecinal, feminista, etc. con la coartada de que siempre nos parezca insuficiente o reformista. Con esa excusa barata nunca nos implicamos en nada que no tenga que ver con los cuatro temas habituales de la liturgia del gueto político y que sólo nosotr@s manejamos. Yo me lo guiso, yo me lo como, así no hay conflicto ni confrontación. ¿Tiene acaso la gente que comulgar con todo nuestro catecismo ideológico para poder contar con l@s libertari@s? Esta actitud sectaria nos mantiene aislad@s de la sociedad y de sus problemas e inquietudes.

Una vez alguien me dijo que la invasión de Irak por parte Estados Unidos y cía. en 2003 no era una «guerra» si no una «ocupación», teniendo en cuenta la desproporción de medios entre las partes contendientes. La insistencia de los panfletos anarquistas y autónomos de hablarnos de una supuesta «Guerra Social» me alucinan. Si lo de Irak no era una «guerra», (y el término «ocupación» en este caso no es a lo mejor el más adecuado) ¿cómo le llamamos a esto que padecemos hoy en día? ¿«Machaque»? ¿«laminación continua»? Desde luego aquí no veo ninguna guerra social, tan solo veo a una parte con todos los medios a su disposición que reparte a diestro y siniestro y a otra parte enfrente llevándose todas las ostias y con las manos desnudas como única defensa. Hacer llamamientos al asalto general cuando aún no hemos ni empezado a movilizar tropa, ni a hacer acopio de pertrechos, ni a organizar estrategia alguna… no deja de ser una muy épica declaración de intenciones, eso sí totalmente irrealizable a día de hoy. ¡Pobres de aquellos generosos ilusos que sigan la consigna y se lancen al ataque!

Acordaros de Sun Tzu: ¿cuál es la situación? ¿Cuánt@s somos? ¿Cuánt@s son ell@s?...

Como he advertido al principio de este texto voy a generalizar. Pero puedo asegurar que los ejemplos que voy a enumerar a continuación son reales y pueden dar una cierta idea de cual es nuestra situación: he conocido casos de radios libres en donde sólo sonaba música porque nadie tenía ganas de hacer programas, gaztetxes que tras ser ocupados se abandonaban a los pocos meses porque nadie sabía qué hacer en él, bibliotecas y videotecas creadas con gran trabajo que sucumbían bajo el polvo en vistas de que al parecer a nadie interesaban sus contenidos y cualquiera puede recordar alguna charla o algún ciclo de cine documental en donde no han aparecido ni los organizadores. El activismo inútil nos quita muchas fuerzas y en muchas ocasiones hacemos cosas por hacer, porque organizar algo justifica nuestra existencia como colectivo, aunque la actividad en sí nos la traiga al pairo.

Si no hay interés, si no hay pasión, si los propios organizadores muestran desidia, ¿cómo van a convencer al resto de los mortales de que participen en sus actividades? No hagamos esfuerzos estúpidos, seamos eficaces, no perdamos de vista nuestros objetivos y vayamos directos a por ellos sin malgastar energías.

De ahí que lo primero que tiene que saber un colectivo es qué es, a qué se dedica, qué inquietudes mueven a sus miembros, cuál es su función, cuál es su aspiración máxima y cuáles los objetivos o metas más inmediatos. No perder nunca de vista el objetivo máximo al que se aspira pero mirando siempre metas mucho más cercanas y asequibles. Conseguir pequeñas victorias da ánimo y optimismo para seguir avanzando. Uno de los males que arrastramos en los últimos tiempos es la falta de victorias. En la memoria se pierden ya las huelgas generales que paralizaban el país, l@s insumis@s tumbando el Servicio Militar Obligatorio, l@s Solidari@s con Itoitz iluminando la noche con sus rotaflex y cortando los cables de las obras del famoso pantano…. La Patronal nos sigue meando encima, el Ejército perdura y el pantano se construyó finalmente, pero eso no quita para que esas victorias merezcan ser recordadas y celebradas. Y es lo que hay que hacer cada vez que logremos un pequeño avance, porque estoy harto de gentes incapaces de hacer nada porque todo les parece perdido, como si l@s explotadores/as no estuviesen ahí mismo, como si fueran inalcanzables seres de otro planeta, como si no fueran de carne y hueso como nosotr@s.

Colectivos nuevos versus viejos colectivos

Creo que en la actualidad existen demasiados colectivos que no saben muy bien qué hacen, qué quieren o a qué se dedican y que en muchos casos funcionan por simple inercia, «porque así se ha hecho siempre», sin plantearse si eso que se hace es eficaz, si las condiciones siguen siendo las mismas o si han cambiado, si con ello nos estamos acercando a la consecución de nuestro objetivo. Suelen ser grupos con bastante historia y en general con gente que lleva muchos años militando. Estos grupos son poco dados a aceptar nuevas ideas, están cómodos en su ya más o menos previsible planning y es difícil que aporten novedad alguna. Su actitud es la de despreciar las energías de la gente joven tachándola de «ingenua», «inexperta»…

En el otro extremo se encuentran colectivos más nuevos y con gente más joven. Suelen pasar olímpicamente de los anteriores. Como le suele pasar a la gente joven de todas las épocas (y más a la de hoy en día) se piensan que lo saben todo. Su principal defecto reside en que ni se molestan en escuchar a las generaciones más veteranas. En mis tiempos jóvenes, no hace tanto, l@s militantes jóvenes mostrábamos interés en escuchar y aprender de l@s más veteran@s. Sus advertencias nos podían ahorrar más de un tropiezo innecesario. Para los colectivos jóvenes ya no hace falta escuchar a l@s mayores, total ya tenemos Wikipedia.
Flipados de las nuevas tecnologías suelen rechazar todo lo que se ha hecho hasta ahora. Por el contrario, se muestran absolutamente deslumbrados por todo «lo que se lleva» en lejanas latitudes. Sus viajecitos al extranjero les ha hecho ver la luz y quieren importar a aquí todos los inventos allá utilizados. Y no seré yo quien niegue que algunos nos han servido, pero reconozcamos que en general la mayoría han sido perfectamente inútiles. Unos porque lo son per sé (aquí y en Pekin) y otros porque sencillamente son útiles para aquella realidad social, pero no para la nuestra.

Cuesta organizarse en un barrio y relacionarse con sus gentes para ver qué problemas sociales deben ser abordados, sin embargo con una facilidad increíble somos capaces de mandar gente a buscar las esencias a cualquier sitio de moda, Chiapas, Grecia, Kurdistán…. Sí lo sé, la mayoría ya ni os acordabais de Chiapas…
Hace falta saber inglés para manejarse hoy en la lucha militante: reclaim the streets, hackmeetings, lip dubs, black bloks…. Algunas pocas cosas han sido aprovechables, la mayoría pasaron como una moda efímera, una vez agotada su fiebre de hiper-activismo esteril.

Soy crítico con las formas tradicionales de organizarse, pero en vistas de que las nuevas formas están resultando un auténtico fiasco, prefiero volverme a lo de siempre, que aunque insuficiente al menos tenía cierta eficacia. Además estas últimas al menos tenían vocación de permanencia, de crear estructuras duraderas. Las nuevas formas de militancia son hijas de su tiempo, el tiempo de la obsolescencia programada, el tiempo del usar y tirar, de lo rápido y compulsivo. Las nuevas militancias son efímeras y caprichosas, claro signo de que están totalmente atravesadas por el virus del capitalismo.

Con este panorama creo que dejo claro cuál es mi parecer con respecto a los llamamientos a echarse al monte.

La gente mayor se paga sus cosas

¿Cuántos colectivos libertarios o cercanos conocéis hoy en día en donde la gente paga una cuota? Salvo los sindicatos yo por aquí apenas conozco a ninguno. La barra de bar del gaztetxe / okupa, las txosnas (caseta festiva) y los conciertos suelen ser la principal fuente de financiación y no todos los colectivos tienen a mano estos medios. De ahí que una de las características principales, de los colectivos en general y de los colectivos anarquistas en particular, sea la precariedad económica. Si algun@s compañer@s anarquistas supiesen las cuotas y escotes que han venido poniendo l@s militantes de la izquierda aber­tzale durante la década que ha durado su ilegalización lo fliparía. Ante situaciones excepcionales y graves, esfuerzos mayores e igualmente excepcionales. Poco que ver con la indigencia económica en la que viven la mayoría de los colectivos anarquistas. Pero claro, la gente humilde saca su dinero generalmente de su salario. En los últimos tiempos nuestra tendencia ha sido la de estar cada día más separados del mundo laboral, el discurso contra el trabajo arraigó bien en nuestros entornos. De ahí que el grueso de la militancia antiautoritaria sea parada, estudiante, cobre las ayudas sociales, trabaje en cosas muy esporádicas o directamente pertenezca a la categoría de l@s lumpen excluid@s. Nuevamente excluyo de esto a la C.N.T., sindicato obrero por excelencia y que se mantiene gracias a la cuota mensual que pagan sus afiliad@s.

No es de extrañar pues el pánico que da a much@s la existencia de una cuota que pagar. Y si los miembros de un colectivo son pobres de solemnidad, lo normal es que el colectivo también lo sea salvo que mucha gente pague religiosamente su pequeña cuota mensual, motor de tantas luchas. A día de hoy los colectivos antiautoritarios saben preparar mejor un concierto que una huelga general, y tienen escasa relación con el mundo asalariado y productivo, con lo cual pueden levantar ciertos recelos entre la clase trabajadora cuando interpelan a la misma (cosa que ya de por si se da rara vez). Este hecho hace que se pierda una gran baza, puesto que históricamente el anarquismo ha arrancado multitud de conquistas paralizando el aparato productivo.

Sin capacidad de condicionar la economía va a ser difícil presionar al Poder, por muy masivas que logremos que sean nuestras movilizaciones.

El tema económico no es baladí. Lo mismo que algun@s comparñer@s al encontrar un trabajo dan a sus compañer@s de militancia todo tipo de explicaciones, como tratando de justificarse, como poniendo excusas por haber cometido algún tipo de pecado (¿?¡¡), también noto que el hablar de dinero es una cosa que está muy fea en ámbito anarquista. El no pararse demasiado a hablar del «vil metal» para no aparecer ante l@s dem@s como un/a «peseter@» hace que se pase de puntillas por el tema económico. Y sin una planificación a fondo de la economía de los diversos proyectos, estos suelen acabar en banca rota. Especialmente si se trata de proyectos con gastos fijos (ateneos, librerías, distribuidoras, editoriales, oficinas de información, imprentas, tabernas, periódicos, radios…). Está claro que han existido infinidad de colectivos que sin apenas dinero han hecho millones de cosas. Por el contrario, también los ha habido que con mucho presupuesto apenas han sido capaces de hacer alguna cosilla.

Más que el dinero, la materia gris, el entusiasmo y la justicia de nuestra causa deben de ser nuestra gasolina. Pero una economía razonable y organizada nos dotará de mayor eficacia. Dice el dicho popular que «el dinero no da la felicidad,… pero ayuda». Yo me conformo con afirmar que para un colectivo tener solvencia económica es al menos tener un problema menos. ¿Cuantos locales alternativos han cerrado al poco de inaugurarse por no ser viables?, ¿Cuántas radios han dejado de emitir e imprentas de editar porque se rompió una pieza un poco cara del equipo? ¿Cuantas ediciones de libros, de publicaciones, de camisetas, de música, etc. con las que nos íbamos a financiar nunca retornaron los beneficios? Demasiados esfuerzos malgastados.

La guetización del anarquismo ha provocado el comportamiento tóxico de despreciar a aquellos colectivos que muestran mejor situación económica, que tienen cierta solvencia. En vez de tratar de aprender de su funcionamiento, de sus capacidades para hacer las cosas más o menos bien, se les desprestigia y se les acusa de los mayores pecados y de hacer las mayores concesiones al Sistema. Los compañer@s de lucha se convierten en algo así como en otra clase social distinta de la nuestra.

Una vez oí a un compañero denominar este comportamiento político infantiloide como «malditismo»: sólo nos gusta cuando la cosa va mal. Si nuestra mani es un éxito y viene una multitud, entonces empezamos a quejarnos por la presencia de ciertos asistentes que no nos son gratos; si la txosna va bien empezamos a criticar que se vendan refrescos de marcas multinacionales; si el concierto musical funcionó fue por traer bandas «comerciales» en vez de grupos más «alternativos»; si la radio tiene oyentes es «porque hablan de los mismos temas que la prensa burguesa» ….y así hasta el infinito.

Soy firme partidario de hacer las cosas por nuestros medios, lo más autogestionariamente posible. Pero vuelvo a repetir: ¿cuál es el objetivo que nos marcamos? Si lo que necesito son 500 euros para sacar un cartel puedo montar un concierto de bandas amigas en un local no muy céntrico, con aforo para 150 personas. A lo mejor con que sólo vengan 70 u 80 lo habré conseguido.
Pero, ¿y si tengo que conseguir urgentemente 30.000 euros para sacar a alguien de la cárcel? Entonces a lo mejor no es suficiente vender refrescos de cola «marca alternativa» a precios «super-populares» en una recóndita okupa con aforo para no más de 300 personas. Ni aunque los músicos vengan sin cobrar y llenemos el local.
En un caso así hay que valorar cuál es la prioridad: ser totalmente fieles a nuestros principios autogestionarios o sacar a esa persona lo antes posible de su cautiverio. Nuevamente la cuestión del objetivo, ¿cuál era? ¡Ayyy Sun Tzu!, ¡lástima que no estés ya aquí para iluminarnos!

Que seamos gente abierta no significa que aceptemos a cualquiera

A lo largo de mi extensa vida militante he asistido a situaciones surrealistas en donde personas en un obvio estado de embriaguez, expertos saboteadores de asambleas, personas con graves problemas psíquicos o de comportamiento han «participado» en asambleas de grupos. No saber gestionar estas situaciones hace que en las asambleas se acabe discutiendo acerca de cualquier peregrina ocurrencia en vez de acerca de los temas por los que inicialmente se había convocado la reunión. Sin prisas y a las tantas terminan estas asambleas en las que no se suele llegar a ningún acuerdo fructífero. Visto el percal las personas con agenda más apretada (generalmente los que tienen que trabajar y levantarse temprano, o que tienen responsabilidades familiares) enseguida dejan de acudir a las reuniones. Finalmente el colectivo se convierte en un poco operativo grupo de jóvenes parados y estudiantes. De ahí que veamos tan pocas canas en los colectivos anarquistas de hoy en día. Alguien dijo una vez que al Poder el anarquismo «o le da miedo o le da risa».

Como no cortemos estas situaciones con mano de hierro y empecemos a poner orden en casa vamos a ser un permanente hazmereir.

A catalanes, italianos y argentinos los manda el Estado para destruirnos

Un caso específico de lo anterior es la continua aparición por goteo de nuevos militantes venidos de otras latitudes. Y que me perdonen, por supuesto, l@s valios@s compañer@s venidos de fuera que tanto han aportado a nuestras luchas. Pero estoy seguro que a much@s lectores/as de este texto enseguida les habrá venido a la cabeza el recuerdo de algún personaje que hizo una aparición triunfal en el colectivo y que desapareció al poco después de ponerlo todo patas arriba. En el bromista título de este párrafo, he nombrado algunas latitudes recurrentes, pero bien podía haber dicho uruguayos, mexicanos, alemanes, andaluces o madrileños. El caso es que hay que frenar rápidamente a aquellos individuos que nada más aparecer y sin casi tener tiempo de observar nada empiezan a criticarlo todo ferozmente y a decirnos lo que tenemos que hacer, como si ell@s tuviesen la fórmula mágica para solucionar nuestros problemas. Personalmente estoy harto de soportar a individuos soberbios que tras decirnos que no tenemos ni puñetera idea nos explican que en Londres, Barcelona o Grecia «las cosas se hacen de tal manera», como si fuese posible extrapolar una situación a todas las demás. No tengo inconveniente alguno de conocer y analizar otras realidades, seguro que algo aprenderemos de ellas. Pero creo que este tipo de «listill@s» son perniciosos y hay que bajarles los humos a la primera de cambio. En su mayoría (no todos, algun@s incluso aprenden con el tiempo) tienen la fea costumbre de desatar una feroz crítica y un nervioso activismo que suelen dejar siempre a medias (desaparecen en mitad de unas jornadas por ell@s organizadas, dejando en suspenso unos cursillos o unos talleres que ell@s se habían comprometido a gestionar, dejando todo empantanado). Es fácil reconocerl@s, hablan mucho y alto, dicen cosas como que «debemos cartografiar los mapas de nuestra realidad» (claro indicio de una sobredosis de lecturas de Toni Negri), que todo tiene que ser mediante el ilegalismo, es decir, montar manifas, txosnas, conciertos, etc, sin el menor permiso de nadie (claro indicio de sobredosis de insurreccionalismo italiano que nos llevará a perder la txosna, a que se suspenda el concierto, a sufrir suculentas multas o a cobrar una inesperada mano de ostias en una carga policial), suelen ser muy políticamente correct@s en el lenguaje, nos recordarán constantemente lo poco trabajado que tenemos aquí «el tema del género» y si son varones hablarán siempre en femenino, esto último sólo si hay alguna mujer delante. ¡Y además son agradables y simpátic@s!

Siendo como somos en demasiadas ocasiones una pandilla de cafres llen@s de sectarismo desconozco el por qué mostramos tanta tolerancia con estos personajes.

La revolución está muy bien, pero antes mejor hacemos un colectivo o al menos alguna reunión

«No puedo ir a la reunión porque tengo un cumpleaños», «porque me voy a ver el concierto de…x», «porque me voy con un@s colegas a Pirinieos»,… Lo dicho, estamos europeizad@s y el ocio y el consumo son tótems sagrados en nuestra sociedad. De ahí que rara vez se sacrifiquen por algo tan ingrato como la militancia revolucionaria. Y más cuando vemos que esa militancia no va a dar ningún fruto a corto-medio plazo, normal habiéndonos puesto el listón teórico tan alto. Vamos que la revolución no se va a resentir mucho porque yo me vaya de excursión. La revolución puede esperar. La diferencia entre el militante real y el de postal reside básicamente en su agenda social. La vida social del militante será más escuálida cuanto mayor sea su compromiso. Porque siempre preferirá pegar unos carteles o arreglar unas paredes de la okupa antes que ir a una fiesta o a tomarse unas cañas. Un compañero ya entrado en años se sorprendía cuando durante el desalojo de un gaztetxe los jóvenes que lo gestionaban decían que no habían podido poner muchas fuerzas en defenderlo porque les había pillado en época de exámenes en la universidad. Es decir, les era vitalmente más importante aprobar la carrera que mantener el gaztetxe. Claro indicio de que en el futuro ell@s se veían más de funcionarios (o algo parecido) que de okupas. El viejo compañero se lamentaba por cómo había cambiado la cosa. «En nuestra época-decía-habríamos mandado al carajo los exámenes y todo lo demás por defender el gaztetxe, el gaztetxe era nuestra obra, nos iba la vida en él». Esta falta de vitalidad, de pasión es un signo de nuestros tiempos. De ahí que siendo como somos, no podemos luego andar predicando por ahí no se qué insurrecciones justicieras como si fueramos «V» de Vendetta. De nuevo lo repito: ¡un poco de humildad, por favor!

Militar es una mierda poco placentera, si quieres pasártelo bien cómprate la guía del ocio

La frasecita de marras de «si no se puede bailar, no es mi revolución» ha sido interpretada en demasiadas ocasiones y por demasiada gente como una excusa para pasarse el día bailando a la espera de una mágica aparición de la Revolución. «Bailo mucho, luego ya soy revolucionari@». Hay que dejar claro que aunque militar no significa estar todo el día sufriendo, tampoco es algo muy divertido que se diga. Implica muchas tareas poco agradecidas y si en nuestro colectivo nos lo pasamos genial habrá que plantearse si realmente lo estamos haciendo bien o si nos hemos convertido en una asociación de tiempo libre.

Si nos dejamos llevar por toda la sarta de moderneces (o mejor dicho, de posmoderneces) que nos hablan de llevar una vida irresponsable, sin ataduras, sin comprometerse, gozosa de vivir el momento, ociosa y en donde la militancia seria, comprometida y en general ingrata, es cosa de gilipollas cristianoides a quienes les gusta sufrir e ir de mártires, entonces la llevamos clara. Es evidente que esta actitud no lleva a cambio social alguno. A lo sumo sirve para que cierto número de individuos consigan llevar, al menos durante algún tiempo, una vida más o menos cómoda, hedonista y en muchos casos parasitaria. Muchos de sus seguidores suelen abandonar este tipo de vida con el paso del tiempo porque, salvo que te lo montes muy bien, se trata de un estilo de vida bastante precario (aunque quién no lo es hoy en día) y empiezan a aspirar a algo más estable, cosas de la edad.

Puede que me equivoque pero para mí estos planteamientos tienen más que ver con actitudes personales, con opciones filosóficas (y por lo tanto encerradas en la esfera de lo personal), que con planteamientos políticos y colectivos. Sin embargo, l@s defensores/as de esta forma de vida tratan de darle barniz político a su actitud utilizando el manoseado tótem de que el cambio empieza en un@ mism@ y tal. Vamos, que «si todo el mundo hiciese como yo este mundo sería un generoso vergel poblado por seres guiados por su propio egoísmo viviendo en total armonía». Impresionante «buenismo» que recuerda a aquel del fin y los medios («como yo quiero construir un mundo justo y en paz, todo lo que hago es justo y pacífico» y nunca voy a tener que cortarle el rollo de malas maneras a ningún opresor, añado yo).

El caso es que estos planteamientos absolutamente individualistas no molestarían lo más mínimo si no fuese porque quienes los practican tienen la manía de dejarse caer por los colectivos, centros sociales y lugares en donde nos encontramos las personas militantes. Quizá por necesidad de reconocerse en algo, quizá porque tienen demasiado tiempo libre y se aburren, quizá porque somos buena gente y le hacemos caso a cualquiera…, sea por lo que sea, el caso es que este tipo de gente siempre acaba pululando por nuestros colectivos. No aportan nada, no asumen tarea ni responsabilidad alguna, a lo sumo se suman a los actos sociales más agradables (fiestas, conciertos…), en ocasiones tienen el descaro de participar en asambleas simplemente para dejar patente su desprecio por cualquier compromiso militante, o para desviar el debate hacia alguna de sus ocurrencias. Creo que debemos cuidarnos de este tipo de personas, al menos en los debates y asambleas. Nunca aportan nada y sin embargo manejan mucha información, pues son especialistas en meter el morro en todo.

«Si no aportas, no pintas nada aquí», esa creo que debe ser nuestra consigna. Andar jugando con fuego, con nada menos que con la destrucción del Estado y el Capital, puede tener unas consecuencias muy graves para l@s implicad@s. Y más en estos tiempos que corren. Si hay gente que no se quiere dar cuenta de la situación y se lo toma como un juego, mejor que se larguen a otro sitio. . Los colectivos deben ser y mostrarse como proyectos serios de gente seria. Quien quiera entretenimiento o matar el rato que se vaya al cine.

Compañer@s de militancia, no colegas: deja de contarme tu vida

Estoy hasta la gorra del rollito de la «afinidad» una palabra totalmente pervertida en nuestros círculos ya que lo que debiera significar «cercanía política» en realidad se traduce como «coleguéo». No tengo nada en contra de hacer buen@s amig@s en nuestros círculos militantes, ni tampoco en hacer buen@s amantes, follar es muy saludable. Sólo digo que cuando organizamos actividades hay que hacerlo desde la óptica del colectivo, fijándonos en qué va a ser lo más beneficioso para nuestra causa. Si mandamos un/a emisari@ a otra ciudad para tratar un tema o dar una conferencia, hay que fijarse en quién va a estar más capacitado para exponer la cuestión y no en quién tiene más colegas allí y por tanto se lo va a pasar mejor.
Siempre es agradable dormir en casa de alguien que conoces y con quien tienes confianza, pero si esto no puede ser, pues mala suerte. Lo importante es la cuestión que el colectivo se trae entre manos. Lo que no puede ser es que esa cuestión se convierta en una mera excusa utilitaria para que algun@s amplíen su vida social o practiquen el turismo revolucionario («yo le organizo actos a mi colega y mi colega a mí»). Si esa relación se rompe por una discusión entre ambos individuos automáticamente la comunicación entre ambos colectivos queda rota, ¿nos parece esto normal? ¿Nos parece normal que una y otra vez nos visiten l@s mism@s conferenciantes / emisari@s sólo porque son colegas de alguien de nuestro grupo y que por el contrario no le organicemos actos a otra gente, sólo por el hecho de que nunca nos fuimos de juerga con ell@s?

Yo he estado en colectivos en donde han roto parejas y en donde era un poema ver sus miradas fulminantes en las asambleas inmediatamente posteriores. Pero el colectivo seguía adelante. Con el tiempo la tensión se rebajaba o desgraciadamente uno de los miembros de la expareja abandonaba el colectivo para no tener que ver a la otra persona. ¡Qué le vamos a hacer!. Alguien me dirá que habría que haber discutido la situación. Por supuesto, pero después de la asamblea y tomando una café. Y que vaya quien quiera, yo no valgo de «Elena Francis» (l@s más mayores entenderéis este chiste). La asamblea no es un sitio en donde hablar de problemas personales y mucho menos de líos de cama. Tan sólo si se trata de una comuna, una comunidad agraria, una vivienda ocupada o algo así, tiene sentido abordar estos temas, pues al final estamos hablando de la convivencia diaria en el mismo espacio.
Pero en un colectivo pongamos contra las corridas de toros o contra la incineración de basuras…. ¡qué demonios hay que discutir los problemas personales! ¿Quién no los tiene? Yo los tengo a cientos y necesitaríamos muchas horas y muchas reuniones para que me diese tiempo a exponerlos todos, ¿tengo derecho a robarle ese tiempo a un colectivo en el que milito? Lo siento pero para mí una cosa son l@s compañer@s de lucha y otra cosa son l@s amig@s. Tengo amig@s (y familiares) que jamás compartirán mis postulados ideológicos y que me quieren mucho. A ell@s suelo contar mis problemas personales. A mis compañer@s de lucha les cuento los problemas políticos que observo y debato cómo mejorar las perspectivas de nuestra causa, incluso aunque entre ell@s exista alguna persona con la que no tenga buena relación. Los que hemos militado en organizaciones grandes y no sólo en el minúsculo gueto al que estamos relegad@s sabemos que es muy difícil que todo el mundo te caiga bien. Incluso hay compañeros que no quieren intimar y no se quedan a tomar la cerveza de rigor tras la asamblea. Ni falta que hace. Si en vez de ser un escuálido «meneillo» fuésemos un movimiento amplio y serio, nos daría igual si hay gente que se queda o no a intimar tras una asamblea.

Perdonar es muy hermoso, asumir responsabilidades lo es aún más

Recuerdo una frase que me hizo gracia y que aparecía en el dossier sobre el «Movimiento skinhead en Euskal Herria» a propósito de la progresiva infiltración de elementos neonazis en el mismo: «Dios perdona pero el Proletariado no». Yo creo que el Proletariado también debe perdonar, a no ser que quien ha realizado la ofensa la repita una y otra vez sin ánimo de enmendarla.

El «buen rollo» instalado en nuestro «antiautoritario» espacio y lo poco que realmente nos importan las luchas en las que participamos hace que cuando algo fracasa, cuando algo sale mediocremente o directamente mal ni nos molestemos en recapacitar en cuáles han sido las causas. En muchas ocasiones son ciertas personas las que, al no aplicarse en las funciones a las que se habían comprometido, hacen que la cosa fracase. No os preocupéis, aquí no somos pérfid@s leninistas exigiendo purgas. La palmadita en la espalda, el «no te preocupes», «otra vez lo haremos mejor», etc, suelen ser las respuestas que se dan a este tipo de resultados.
Así el grupo queda cohesionado, la amistad permanece, porque esa es la finalidad del grupo: ser un grupo de amigos. Pero ¿y la causa que se persigue? Esa quedará hecha una mierda y a la espera del próximo fracaso, que se saldará nuevamente con la enésima ausencia de responsabilidad.

Pues no. Creo que ya va siendo hora de exigirnos responsabilidades. Olvidarnos de amiguismos y ver quién vale y quién no. No es por ponerme en plan Nechayev, pero si se supone que la revolución es un bien tan preciado, a lo mejor de vez en cuando hay que echarle a algún colega un buen rapapolvos a pesar de que nuestra amistad quede por ello resentida. A veces puede ser ese compa que no nos cae especialmente bien el que realmente puede desempeñar unos cometidos que le vengan bien a nuestra causa. Lo que no puede ser es que destilemos en nuestros panfletos y en nuestras soflamas auténtica furia y luego cuando entre nosotros tenemos compañeros que por su falta de seriedad nos sabotean constantemente, despachar el asunto con un «no importa cari». ¡Menud@s «warriors» de la revolución estamos hech@s!

Omar López
(Miembro de la distribuidora alternativa DDT)

https://www.nodo50.org/ekintza/spip...

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