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Actualizado: hace 1 hora 6 min

Vacunas para las guerras

14 April, 2020 - 00:00

Categorías: Tortuga Antimilitar

El trilema del confinado

13 April, 2020 - 00:01

"Al preso de voluntad, muerto le es libertad"

(Del refranero)

Las ilusionantes expectativas despertadas entre un sector del activismo altermundista como reactivo a la crisis del coronavirus me devuelve a la potente imagen del "dilema del prisionero", solo que monitorizado a tres bandas. Como en aquella teoría de juegos, aquí también los protagonistas pueden optar por no cooperar aunque la negativa redunde en su perjuicio. Si en el esquema clásico el objetivo es adoptar la mejor decisión para lograr la ansiada libertad, lo que se ventila en el trilema del Covid-19 tiene más aristas. Implica esencialmente: abandonar el encierro forzoso a que estamos sometidos; recuperar la cadena de valores alienados; y abolir el neoliberalismo económico, vivero de la crisis que nos hace reos, meras criaturas. Para alcanzar estas metas es preciso encontrar un denominador común solidario que abarque y comprometa a todos sus integrantes.

Prioridad esta que en el trilema del confinado se ve seriamente cuestionada por el propio proceso en curso. La "jaula de hierro" en que desarrolla su dinámica, lejos de ser inocua, teje una segunda naturaleza, otra racionalidad superpuesta que favorece la sociedad de control, la despersonalización y la dominación gregaria. Así, la profunda regresión humanista que inocula la estela de la pandemia en la mayoría de la población (la servidumbre voluntaria), corroe cualquier posibilidad de algo que entrañe una enmienda eficaz al Leviatán hegemónico; impide la necesaria cancelación del apartheid comunitario; y deroga la recuperación de los derechos y libertades vulnerados. Uno en sustancia y trino en persona, como la Santísima Trinidad.

Al somatizar la inseguridad existencial sobrevenida (más allá del sentimiento trágico de la vida: la pandemia cortocircuita el negacionismo capitalista de la muerte como telos), la obediencia debida al Estado como institución sagrada y omnívora se constituye en vórtice del nuevo contrato social del siglo XXI. En estas circunstancias, inspirar una rebelión, aunque ni imposible ni fatal y siempre deseable, exige dar coces en el aguijón. Porque tengo la sensación de que puede foguearse un debate baldío, aunque bien intencionado, mientras la prioridad exige mirar cara a cara a la verdad sin dilaciones ni interferencias. Como cuando tenemos ante los ojos una entrevista que llama nuestro interés en un periódico pero por profilaxis mental solo leemos las respuestas despreciando las preguntas como prescindible material de relleno.

La cuestión candente mapeada, según yo la entiendo, sería esta: con 400 millones de personas confinadas en el mundo; más de un millón y medio de contagiados; y cerca de 90.000 muertos (de momento) por un claro fallo multiorgánico del sistema, ¿surgirá una internacional de damnificados superadora de la distopia o, por el contrario, prevalecerá la multitud que añora el paternalismo estatal cueste lo que cueste? Dicho de otra forma: ¿puede una minoría activa y renovada concitar a una orgullosa experiencia rupturista a la mayoría afligida? Obviamente, a los fines de este análisis de circunstancias, hay que simplificar la reflexión, aunque su contenido último pueda albergar muchos matices. Conviene disipar la tentación de caer en el estereotipo de reducir todo a la dicotomía cooperación-competencia, cuando en realidad caben múltiples combinaciones (altruismo, egoísmo, parasitismo, simbiosis, etc.). Pero ya adelanto que la propia alusión de partida conlleva un déficit democrático: presuponer que el cambio radical, de producirse, vendría liderado por una vanguardia capaz de mutualizar su propio afán junto a las masas.

Pero aparquemos los purismos y hagamos como si tal condicionante no tuviera arraigo. Aun desnudándolo de atributos, la lectura tampoco es demasiado halagüeña. Somos un pasado presente proyectado al futuro. Y salvo que con el trauma del shock hayan caducado los códigos de procedencia, y nos encontráramos ante una especie de tabla rasa, la herencia recibida suele marcar tendencia. Somos parte habilitante del sistema-régimen que se asoma al abismo (y en alguna medida nosotros con él). De ahí que una salida a la encrucijada abierta por el coronavirus pase por ver si los anticuerpos acumulados (intelectual, afectiva y experimentalmente) contienen la suficiente dinamita cerebral para alumbrar el cambio y la necesaria inteligencia emocional para acumular fuerzas suficientes para materializarlo. Se trataría de centrifugar urbi et orbi eso que con tanta calidez expresó Durruti: "llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones que crece a cada instante".

Ello supondría un trasplante del órgano vascular y una toma de conciencia sobre lo humano verdadero. Porque lo que en la sociedad realmente existente "crece a cada instante" es lo contrario. El culto a la personalidad del Estado se alimenta de nuestra indigencia como personas, es el ogro filantrópico que siempre viene a vernos. Fue decisivo en la Gran Recesión del 2008 para que los respectivos gobiernos al mando hicieran recaer la crisis sobre aquellos que habían sido sus víctimas. Regulando a favor de la gran banca y el mundo financiero mediante una trasferencia de renta de las clases trabajadoras y populares. Y, a la vez, desregulando normativas y derechos, a riesgo de mermar aún más la capacidad operativa de los servicios sociales, y abaratando al mismo tiempo el coste del factor trabajo, precarizando su ejercicio al límite. Con ello y todo, los así humillados y ofendidos, a día de hoy, no buscan salirse del sistema, sino reiniciarlo, y anhelan sobre todo recuperar el "estado de bienestar" confiscado. El imaginario Estado y su celebrado intervencionismo es el mundo viejo que dicta la sístole y diástole del avatar que nos devora a cada instante. Estado de providencia, social, de bienestar, y ahora samaritano de último recurso para salvarnos de nosotros mimos. El Estado son ellos. Como aquel señor don Juan de Robles de caridad sin igual, que mandó fundar un hospital pero antes hizo a los pobres.

¿Dónde anida la semilla de ese emergente y redoblado 15-M que necesitamos para evitar el colapso vital cuando se vuelva a la actividad sobre las cenizas de las políticas (económicas, sociales, laborales, medioambientales y éticas) que ahora se están diseñando para el día después? ¿Intentarán volvernos a su normalidad con un estado de alarma institucionalizado de manera permanente en uno u otro grado para asegurar la doma colectiva? Lo de reeditar los Pactos de La Moncloa denota que algún temor a otro brote subversivo a lo grande existe en el vientre de la bestia. El desafío es bíblico, porque si la sal se pierde nadie nos devolverá su sabor. No es cierto que no haya alternativa, solo la muerte no admite enmienda, y aun así quedará memoria digna de la resistencia. Lo que pasa es que hoy el entorno es aún más adverso que entonces, cuando la gente confraternizó en las calles contra sus negreros unificando la indignación en aquel "PSOE, PP, la misma mierda es". Ahora la represión dentro de la catarsis es más viscosa. Enfrente tenemos un combinado insospechado. Otro bipartidismo, asimétrico sí, pero formado por uno de aquellos que anteayer formó parte del problema, rehabilitado en su escalada al poder por "uno de los nuestros".

Pieza esta de un duopolio dinástico que incluso presume de una legitimidad nacida en aquellas escaramuzas ciudadanas. ¡Qué ironía! Los nuestros de hoy en el gobierno son los que han militarizado la crisis sanitaria, canibalizado la sociedad civil, orwellianizado información y ruedas de prensa (¿qué fue del cuarto poder?), y dado su plácet a un radiante porvenir de videovigilancia, geolocalización social y mordaza digital (Real Decreto-ley 14/2019), haciendo realidad la profecía que Blade Runner situaba justamente en el aledaño 2019. Ayer fue la juventud sin futuro, que había vivido por encima de sus posibilidades, y hoy la ruleta rusa amenazando a mayores y ancianos, con patologías previas o sin ellas, postergados en las UCI y en su derecho a la dignidad y a la salud. Aquel mundo para viejos de la ficción se ha hecho realidad institucional, es de curso legal sin demasiadas estridencias. El "Estado medicalizado" que aventuró Foucault (con la consiguiente merma de autonomía, autoestima y acentuación del sentimiento de vulnerabilidad y dependencia) ya está entre nosotros y lo está gestionando la izquierda iliberal. Pero siempre hay alternativa, solo depende del sacrificio que estemos dispuestos a asumir. Quizás la mejor forma de conjurar la miseria en ciernes es decir "adiós a todo eso" y acto seguido tener el coraje de demostrarlo en los hechos. Es un imperativo moral. Aunque llenemos las cárceles si fuera preciso. ¿Quién garantizará que, en el sistema de juego de suma cero que padecemos, la adopción de una renta básica (por cierto, anticipada por tipos como Salvini, Trump y Bolsonaro, cada cual a su bola) no derive en mera beneficencia a trampear de otras partidas sociales ya consolidadas? Para la aberrante sociedad capitalista todavía no hay vacuna, porque el poder (del Estado) está en sus cabezas (de la gente).

Honestamente pienso (por mencionar a los que se apiñan en mi misma liga) que algunas organizaciones anarcosindicalistas (no así el movimiento libertario nómada) han reaccionado tarde y sin reflejos (en situaciones excepcionales lo uno lleva a lo otro, y viceversa) ante el órdago deshumanizador, encapsuladas en su arca de Noé más que estrictamente confinadas. En alguna forma, y sin generalizar, eso ya pasó durante el 15-M, que exigió ex ante exorcizar recelos frente a la algarabía de los indignados (prácticas de libertad) antes de secundarlo. A lo que habría que añadir, en orden a acumular fuerzas, ese otro menosprecio de la democracia (cuando no abierto desprecio, tirando al niño con el agua sucia) como factor de evolución en el ecosistema emancipatorio. Una estigmatización que nos extraña del entorno en toda su rica biodiversidad, eslabón necesario para socializar la salida del laberinto. Aunque también puedo equivocarme.

Rafael Cid

http://rojoynegro.info/articulo/ide...

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Interior dotará a Policía y Guardia Civil con casi 1.200 pistolas eléctricas

13 April, 2020 - 00:00

SERVIMEDIA

El Ministerio del Interior tiene intención de dotar a la Policía Nacional y a la Guardia Civil con unas 1.200 pistolas eléctricas, que han venido siendo reclamadas por los agentes para no tener que recurrir a las armas de fuego en determinadas situaciones.

Los planes de Interior sobre las pistolas eléctricas han sido trasladados al Congreso por el departamento que dirige Fernando Grande-Marlaska, quien ha respondido a una pregunta en este sentido del diputado de EH Bildu Jon Iñarritu.

Interior explica en esta contestación que “en la actualidad la Guardia Civil dispone de un total de 10 pistolas eléctricas” y está previsto “para el presente ejercicio económico la adquisición de al menos 150 unidades, siempre y cuando exista disponibilidad presupuestaria”. En lo que se refiere a la Policía Nacional, “se encuentra en tramitación un expediente de suministros de un mínimo de mil dispositivos electrónicos de control”.

Esto supone que la Benemérita puede pasar a tener este año 160 pistolas eléctricas, mientras que la Policía sumaría un mínimo de 1.000 a su arsenal. En conjunto, estos cuerpos de seguridad incorporarían próximamente unas 1.160 de estas armas eléctricas.

Ajustadas "a la legalidad"

Al mismo tiempo, Interior explica que "no se entiende que la utilización de estas armas pueda concebirse como uso de armas letales o de lesividad elevada". Esto es así porque el uso de estas pistolas "se ajusta a la legalidad nacional e internacional".

Además, el departamento de Marlaska indica que el empleo de estas armas debe limitarse a "funcionarios especialmente habilitados en relación con todos los elementos directos e indirectos derivados de su uso y conforme a los protocolos de uso que se establezcan". "De hecho", se añade, "debe quedar claro que estas armas no se deben utilizar contra menores y mujeres embarazadas, así como otros colectivos como personas de edad avanzada, personas discapacitadas y personas especialmente vulnerables".

Según Interior, "estas armas, como cualquier otra o sistema-procedimiento para ejercer la coercitividad legal que se emplee, pueden provocar daños si bien estos serán los mínimos necesarios adecuados a las circunstancias". Se añade que "el uso de la mayoría de los modelos actuales de estos dispositivos deja constancia registral fidedigna de cada uno de sus utilizaciones, y tal actuación quedará registrada conforme dicten los protocolos internos y las autoridades correspondientes".

Por último, el Gobierno apunta que “no existen estadísticas oficiales de lesividad o letalidad de este uso de armas, si bien las cifras que se recogen en diversos estudios y pronunciamientos difieren enormemente entre ellos. Lo que sí resulta una tónica general es la diferencia abismal de lesividad o letalidad si se compara su uso con el de las armas de fuego”.

20 Minutos

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El militarismo no descansa

13 April, 2020 - 00:00

Juan Carlos Rois
Tortuga

A pesar de que nuestras autoridades han cancelado el tiempo de vida de la sociedad (y esperemos que no hayan conseguido confinar también nuestras cabezas) para centrar todos los esfuerzos en la pandemia vírica, el militarismo, lejos de descansar, ha seguido con su activismo habitual y sin descanso.

Un repaso puntilloso nos lo demuestra.

Desde el 10 de marzo han tenido lugar 11 Consejos de Ministros en los que se ha intentado dar respuesta a la pandemia.

De ellos, al menos en cinco se han emitido o ratificado disposiciones referidas a los ejércitos, siendo el Consejo de 31 de marzo el que han aprovechado para autorizar un acuerdo marco de gasto militar por valor de 71,7 millones de euros para la seguridad privada del Ministerio de Defensa y sus organismos autónomos.

Pero no sólo son los acuerdos de participación del ejército en la gestión del control social durante el confinamiento los que reflejan el activismo militar, pues, además, existen otras actuaciones que reflejan la infatigable y casi imperceptible actividad de nuestro militarismo.

1) La ministra como autoridad delegada y los militares como autoridad pública.

La principal mención por su importancia se realiza en el Real Decreto 463/20, de 14 de marzo por el que se declaró el Estado de Alarma. Disposición que ha sido modificado ene l Consejo de Ministros de 17 de marzo, y posteriormente prorrogado en los Consejos de 24 de marzo y 3 de abril. Conforme a todos ellos, se otorga un poder nada despreciable al ejército como autoridad pública a los efectos de control del cumplimiento del estado de alarma.

  • a) La ministra, autoridad competente con capacidad para dictar órdenes y disposiciones

El artículo 4 del Real Decreto 463/20 designa como autoridades competentes para el ejercicio de las funciones de gestión de la crisis del COVID-19 a la Ministra de Defensa, al Ministro del Interior, al Ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y al Ministro de Sanidad, todos ellos bajo la dependencia del Presidente de Gobierno.

Tales ministros ostentan (numeral 3 de dicho artículo 4) la condición de autoridades competentes delegadas en este real decreto, por lo que «quedan habilitados para dictar las órdenes, resoluciones, disposiciones e instrucciones interpretativas que, en la esfera específica de su actuación, sean necesarios para garantizar la prestación de todos los servicios, ordinarios o extraordinarios, en orden a la protección de personas, bienes y lugares, mediante la adopción de cualquiera de las medidas previstas en el artículo once de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio».
Como vivimos en una especie de estado excepcional, se hace normal que las disposiciones que afectan a nuestra vida ordinaria puedan ser dictadas por estos ministros sin pasarlas por control político o jurídico alguno, lo cual sitúa a un nivel inusitado de capacidad de actuación al ejército en una situación en la que las principales preocupaciones debieran ser más bien de índole sanitaria y social.

  • b) Los militares como autoridad callejera

El artículo 5 del decreto otorga además el carácter de autoridad a policías, guardia civiles y militares (lo que equivale a que la desobediencia a sus órdenes puede conllevar una condena penal y les convierte en moduladores del orden público y la seguridad ciudadana). El mismo artículo obliga a la colaboración de todas las autoridades y personas con sus mandatos, otorgándoles igualmente capacidad para «practicar comprobaciones en las personas, bienes, vehículos, locales y establecimientos que sean necesarias para comprobar y, en su caso, impedir que se lleven a cabo los servicios y actividades suspendidas en este real decreto». EL numeral 6 de dicho artículo prescribe que «Para el eficaz cumplimiento de las medidas incluidas en el presente real decreto, las autoridades competentes delegadas podrán requerir la actuación de las Fuerzas Armadas, de conformidad con lo previsto en el artículo 15.3 de la Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional».

Este carácter de autoridad pública de los militares se refuerza en la Disposición Adicional Quinto, donde expresamente se señala que «De acuerdo con la disposición adicional tercera de la Ley 39/2007, de 19 de noviembre, de la Carrera Militar, en relación con los artículos 15.3 y 16 e) de la Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional, los miembros de las Fuerzas Armadas en el ejercicio de las funciones previstas en este real decreto tendrán carácter de agentes de la autoridad».

De este modo, el ejército como cuerpo aparece en el eje de la denominada seguridad pública, reconvertido ahora a ejército implicado (así lo afirmó su máximo mando) en una guerra que no cabe calificar sino de guerra interna, en la que le frente de batalla somos nosotros y nosotras, adquiriendo una nueva dimensión, en cierto modo, de enemigo interno, algo que ya hemos probado en otras ocasiones.

El Real decreto 465/20, de 17 de marzo, establece ciertas modificaciones al anterior de 14 de marzo, pero no cuenta con ninguna especificación respecto del papel de los militares como autoridad competente para hacer cumplir el estado de alarma.

  • c) Despliegue de medios

Desde que se decretó el Estado de Alarma, el despliegue de medios (tanto propagandísticos como de efectivos) del Ministerio de Defensa ha sido apreciable, pues el protagonismo que les ha otorgado el gobierno en esta crisis lo han aprovechado sobre todo para emprender una variada y agresiva campaña de legitimación y lavado de cara (véanse el despliegue propagandístico en los medios de comunicación oficiales, el beneplácito de los opinadores sabelotodo, la presencia de uniformados en la mayoría de las ruedas de prensa oficiales, la sobreactuación de los mensajes guerreristas de la ministra y sus adláteres, o el lanzamiento de mensajes simplones y abrasadores en medios de propaganda del propio ministerio de defensa, del que es un ejemplo elocuente la revista RED de abril, que responde al título «Todos contra el COVID»). Despliegue comunicacional y propagandístico en el que, en mi opinión, les ha salido el tiro por la culata, pues si es cierto que han convencido a los que ya lo estaban, han incrementado el recelo y la desconfianza de gran parte de la gente del común, hasta el punto de haberse extendido la reivindicación de gastos militares para sanidad y otras parecidas.

En cuanto al despliegue de efectivos de los militares, ha consistido principalmente en la exhibición de la UME fumigando calles y centros (aislados en un material de protección del que carece nuestra sanidad para su autoprotección), así como en el despliegue de algunas unidades (según la revista RED hasta 8000 efectivos y un despliegue en 28 ciudades) realizando labores «de asistencia» y postureo (a veces respondida con caceroladas, como es el caso de Pamplona el 4 de abril, o en Sabadell el 23 de marzo). A ello se une la aportación de su material y hospitales de campaña (de los que carece igualmente nuestro sistema público de salud) en los momentos más críticos del desbordamiento médico ante la pandemia, así como la producción de paracetamol, antivirales y solución desinfectante por parte de la farmacia militar (porque cuentan con farmacia propia y con producción de medicamentos militares propios) y en el transporte de material médico y quirúrgico desde china con sus aviones (de los que igualmente carece lo civil).

Dadas las características del propio riesgo al que el Decreto quiere responder, así como por las «misiones» encomendadas a los militares hasta ahora, se ha evidenciado lo inapropiado del ejército para participar de forma singular en esta crisis, pues, más allá de prestar el enorme material del que disponen (y del que en cambio es tan deficitario el sistema de salud), algo muy de agradecer, las acciones que han desarrollado podrían haberse realizado al menos con igual eficacia y menor dispendio por personal civil especializado y mucho mejor aún si las instituciones civiles hubieran gozado del presupuesto y del material que durante tantos años se les ha escatimado mientras se mimaba el gasto militar.

Tanto ha debido pesar la mala acogida de la excesiva propaganda militarista que la propia ministra se ha visto obligada a «aplazar» las anunciadas «patrullas mixtas» de militares y policías para controlar el orden público y, más tarde, a suprimir el desfile (lo que nos supondrá, al menos eso esperamos, un despilfarro menos) con el que nos pensaban atizar para conmemorar el día de las fuerzas armadas.

Aunque cabe esperar que aún asistamos a algún que otro acto de exaltación militar, no parece que, hasta ahora, su protagonismo en esta crisis haya repercutido de forma especialmente favorable a sus intereses. En el imaginario social parece ser que quienes aparecen como más dignos de estima son los sanitarios que, aunque maltratados y desbordados, están ofreciendo su compromiso frente a la pandemia, así como las personas del común, habitualmente infravaloradas, que se están arriesgando para mantener la cadena alimentaria y de servicios básicos a la población.

  • d) ¿Nos pasará factura?

Un aspecto que los decretos no explican y que quedará para el futuro es si la actuación del ejército en este capítulo pandémico nos pasará factura en términos de gasto militar añadido.

Es conveniente conocer que la UME, hasta la fecha, pasa factura al Ministerio de Agricultura o a las Comunidades Autónomas cada vez que moviliza sus dispositivos para acudir a los incendios. ¿Pasará lo mismo ahora?; ¿justificará peticiones de incremento del presupuesto de defensa?; ¿dará lugar a la acogida de peticiones que la derecha en sus diferentes vertientes ya realiza de aumentar el sueldo o gratificar a los militares?; ¿nos llevaremos en los próximos meses o días alguna sorpresa más?

2) 71,7 millones de euros más para seguridad privada de las instalaciones militares

El Consejo de Ministros de 31 de marzo aprovechó para incrementar el compromiso de gasto militar, al aprobar la autorización al Ministerio de Defensa para que celebre un acuerdo marco y los contratos que se deriven de este para la «prestación de los servicios de seguridad privada para el Ministerio de Defensa y sus Organismos Autónomos».

El acuerdo persigue la seguridad privada de las instalaciones del Ministerio de Defensa, del INVIED y de la Subdirección General de Régimen Interior, tendrá una duración de un año, por el importe de 71.760.000 euros, y permite la prórroga por otros 3 años.

Para variar, es un acuerdo que goza con la aprobación del Ministerio de Hacienda, que es uno de los ministerios partícipes del gasto militar español, ya sea autorizando «extras» a los presupuestos de Defensa, ya autorizando gastos extraordinarios y extrapresupuestarios con cargo a deuda o al Fondo de Contingencia, ya abonando partidas desde su propio presupuesto.

Fuera de las disposiciones referidas al COVID-19, hay otros elementos que inciden tanto sobre el gasto militar que previsiblemente tendrá lugar este año, como en la propia razón de ser de nuestro militarismo. Hagamos un pequeño repaso.

3 ¿Compensarán la congelación de pagos en PEAS por importe 270,9 millones de euros que se acordó el año pasado?

Los compromisos de pagos del Ministerio de Defensa en 2019 dieron lugar a un sobregasto de 993,26 millones de euros del presupuesto del Ministerio de Defensa, sobregasto que habría sido mayor si no se hubiera acordado no pagar 270,97 millones de euros en el capítulo de inversiones reales (así se reconoce en el «Avance comentado del Presupuesto de Gastos del Estado, pagos mensuales», referido a diciembre de 2019 y publicado por la IGAE) cantidad ésta que estaba destinada a pagar plazos de los Programas Especiales de Armamento y que constituyen en realidad un compromiso de pago que previsiblemente deberá ser abordado «de más» en los presupuestos de 2020, pues no hemos leído en ningún lugar ningún tipo de compromiso de la industria militar para condonar o aplazar más aún esta cuantiosa cantidad.

Por ello, el impago no supone sino una patada hacia adelante que, cuando menos, aumentará nuestra factura de gasto militar a futuro en otros 270,97 millones (sin contar con los posibles intereses y penalizaciones) que, al parecer, están a la espera de aprobación de nuevos presupuestos, ya sea en esta legislatura o en la siguiente.

4. 17 misiones en el exterior.

El Consejo de Ministros del PSOE-UP, aprobó el pasado 13 de diciembre, el mantenimiento de las 17 misiones militares en el exterior de las que participa España en la actualidad.

De hecho, y salvo la reorganización de la Misión de Mali y la vuelta a casa de la 22 marineros de uno de los barcos que teníamos en la operación Atalanta por casos de infección vírica, todo sigue igual.

Es problemático conocer, dada su opacidad, el gasto militar destinado a la injerencia militar española en el exterior. Al respecto no hay una información veraz y suficiente.
Conforme reconoció el ministerio de defensa ante la Comisión de defensa, en 2019 se preveía un gasto por operaciones en el exterior de 1.179 millones de euros. Dado que el presupuesto de Defensa para 2020 es la prórroga del anterior y que no hemos rebajado ninguna de las operaciones ejercidas durante 2019, es de suponer que el gasto por estas no disminuirá.

Ocurre, ¡oh sorpresa! que en el ya comentado «Avance comentado del Presupuesto de Gastos del Estado, pagos mensuales», al gasto comprometido para 2019 por operaciones en el exterior se le han añadido otros 88,66 milloncetes más, lo que nos hace elevar la cifra, tanto para 2019 como previsiblemente para 2020 a los 1.267,6 millones de euros.

1.267,6 millones que al menos se calzarán en este año y que contrasta con la cantidad destinada por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación para Cooperación internacional (759,26 millones de euros) o incluso con el total de 2.632,2 millones que destina el conjunto del Estado (contando, además del ministerio de Asuntos Exteriores, con el de Hacienda, el de Economía y Empresa, el de Trabajo e Inmigración y otras partidas dispersas en otros ministerios, y que incluye cooperación que no podemos tildar precisamente de ayuda al desarrollo).
¿Qué no hubiera podido dar de sí la inversión de estos 1.260 millones de euros malgastados en perpetuar guerras y conflictos en interés del estatus quo, de haber sido invertidos en desarrollo humano y destinados a la solidaridad internacional? Nunca lo sabremos, porque se ha gastado en guerras y ejércitos.

Las cuentas de este año son espeluznantes, pero no hacen sino seguir una tendencia abrumadora que explica el para qué de nuestro aparato militar, pues desde 1989 a la fecha llevamos 90 operaciones militares, con implicación en 41 escenarios bélicos mundiales, y un gasto al menos de 15.185,95 millones de euros que teníamos calculados a fines de 2019, al que sumar los 88,6 millones más que han aflorado gracias al control de la IGAE y los previsibles 1.267,6 millones que nos gastaremos en 2020.

¿16.542,21 millones de euros invertidos desde 1989 a 2020 en promover el estatus quo y participar en guerras?, ¿16.542,21 millones de euros hurtados a la solidaridad y a contribuir a la construcción de un mundo justo? Efectivamente, durante 2020 y en medio de la pandemia, nuestro militarismo ha continuado la tendencia que ya venía desarrollando antes y que tan mal se compadece con los mensajes del presente que el Ministerio de Defensa lanza respecto del compromiso del ejército en la lucha por la salud de todos.

5 Barcos de guerra de maniobras por el ancho mar

Desde Enero de 2020 se han venido realizando acciones conjuntas en el cantábrico entre barcos de guerra franceses y españoles.

En enero eran tres fragatas y un buque de aprovisionamiento en combate los que llevaban a cabo un ejercicio de combate naval conjunto con la fragata Letouche Treville y aviones de patrulla marítima francesas. Esta operación, si hacemos caso de ABC, ha durado hasta más allá del 4 de abril.

A pesas de que el 13 de Febrero la ministra de Defensa acordó suspender todas las maniobras previstas por el ejército, lo cierto es que la prensa ha seguido informando de la realización de algunas de estas.

A pesar de ello, el Diario El Español informó el 20 de febrero (es decir, ya vigente la cacareada orden de suspensión de las maniobras) de la celebración de los ejercicios «Eagle Eye 20-01» frente a las costas marroquíes y en plena «escalada de tensión» con Marruecos y Argelia, con la participación de 800 efectivos militares, una fragata, varios cazas y misiles Hawk, Nasams y Mistral: ejercicios celebrados desde el día 17 de febrero. UN despliegue fotográfico de la operación celebrada puede verse en la revista Defensa de 24 de febrero.

El 3 de marzo, en plena pandemia, la fragata Blas de Lezo se ha incorporado a otra agrupación de combate de escolta al portaviones francés Charles de Gaulle, patrullando las costas de Málaga y el mar de Alborán, para encaminarse después, hasta el día 13 de abril, al océano atlántico, donde han participado en un ejercicio naval «Jhon Warrior 20-1» en las costas de Reino Unido, y después en otro llamado «Frisian Flag 20» en costas de Dinamarca.

El ABC nos informa de esta circunstancia que, igualmente, implica otro ejemplo de la operatividad militar del momento. No ha sido sino hasta el 8 de abril, según la página web de la Armada, cuando la fragata Blas de Lezo ha regresado de sus ejercicios a su base de Ferrol.

Del mismo modo, el Buque de Acción Marítima «Audaz» realiza, desde el 3 de marzo, un período de adiestramiento militar de cinco meses para la formación de las armadas de países «amigos» en el Golfo de Guinea, dentro de nuestro singular plan de «Diplomacia de la Defensa».

Estos despliegues muestran, una vez más, la orientación intervencionista y proactiva de nuestros ejércitos, que no han parado en su acción «exterior», con el considerable gasto que ello comporta.

6 ¿Parón en la industria militar?

Aunque nos han vendido el parón de la industria militar, esto no deja de ser una trola más con la que la propaganda del lobby militar industrial nos intoxica.
La industria militar no funciona en el corto plazo y si se ha producido una cierta relentización de su producción fabril lo ha sido más por la presión de los sindicatos en defensa de la salud de los trabajadores que por el compromiso de esta industria con la lucha contra la pandemia.

Ahora bien, relentizar no equivale ni a paralización ni a erosión de sus intereses lucrativos. La industria nacional de defensa cuenta con pedidos tanto nacionales como internacionales consolidados y comprometidos a largo plazo que aseguran su actividad y su negocio con independencia de la actual contingencia de confinamiento por quince días.

Las grandes empresas del sector mantienen una cartera de contratos comprometidos tanto en armamento defensivo como ofensivo amplia. Están no se ha visto ni se verá alterada por el COVID 19 y, dada la laxitud de nuestras autoridades en lo que se refiere al control de armamentos, tampoco se serán molestadas en exceso en sus exportaciones de armamento a terceros países.

De sobra son conocidos los contratos de Navantia con el régimen saudí o con Emiratos Arabes Unidos, por poner dos ejemplos, o los pedidos consolidados de las grandes multinacionales que fabrican en España. Según reconoce la patronal del sector, TEDAE, nuestra industria militar cuenta con una cartera de pedidos consolidada de más de 20.000 millones de euros, principalmente destinado a barcos de guerra, aviones, drones y munición.

Además, la industria militar española es activa en proporcionar munición y pertrechos de forma irregular a países en conflicto. Armas y explosivos españoles se encuentran en diversos conflictos activos, situación esta que a pesar de haber sido denunciada en diversas ocasiones por expertos y ONG´s no ha dado lugar a una conducta más ética por parte de la industria militar.

La propia demanda española de nuevos programas de armamento o de entrega de programas aún en ejecución garantiza al sector su lucrativo negocio. En plena crisis del COVID-19, la Dirección General de Armamento y Material hizo público un comunicado en el que daba a conocer que no se han paralizado ni suspendido ninguno de los programas de armamento españoles y ordenando la adopción de medidas para que no se paralice la cadena de suministros militares a pesar del estado de alarma, así como aclarando que el mantenimiento de las fuerzas armadas es una actividad esencial y estratégica que no puede ser paralizada.

A las tres preguntas formuladas en el Congreso de los Diputados y conforme al Boletín Oficial de las Cortes Generales de 2 de marzo de 2020 (Boletín 43, Serie D), Navantia tiene encargos actuales del Ministerio de Defensa la construcción de varias fragatas F-100 que garantizan actividad industrial para los próximos 10 años, amén de las actividades que desarrollan de reparaciones de otros barcos y de tecnología eólica, sin despreciar la actividad comercial de la empresa para ofertar sus barcos de guerra a otros países. Según las contestaciones ofrecidas por Navantia, cuentan con un Plan Estratégico y un Plan Comercial que tienen como objetivo conseguir una carga de trabajo hasta 2022 de 11.000 millones de euros, de los que ya tienen consolidado y por tanto firme más del 60% de las previsiones (es decir, al menos cuentan con carga de trabajo por 6.600 millones hasta 2022).

En la actualidad el prototipo de submarino S-81 Plus (antes S-80) está en pruebas para una inminente entrega al Estado del primero de los prototipos, una vez resueltos los problemas de flotabilidad que lo convertían en una lata.
Es más, a pesar del COVID-19, se ha presentado su sistema de propulsión con vistas a nuevas ventas en la Conferencia Underwater Defence & Security celebradas en Londres en el mes de marzo y a otros clientes previsiblemente interesados.
No parece que la industria militar goce, en un contexto de crecimiento mundial del gasto militar, de especiales problemas en la crisis. Es más, daría la impresión de que la crisis es su hábitat propicio y su negocio propio.

7 Disposiciones del Boletín de la Defensa.

La actividad militar no descansa nunca. Ya lo dijo su JUJEM: en la guerra no hay domingos.

De hecho el Boletín Oficial de la Defensa da fe de ello. Sin contar con las disposiciones que acuerdan trienios, ascensos de personal u homologaciones de la expriencia militar a titulaciones académicas (tres aspectos que ocurren en casi todos los boletines de defensa), contamos con disposiciones relevantes en los siguientes:

En el de 3 de marzo dispone indemnizaciones por razón de servicio para los oficiales que participen de las "paradas militares" programadas para la cría caballar. Debemos aclarar que este negocio de las paradas consiste en que los sementales se llevan a diversos lugares programados para que puedan aportar su granito de arena a la mejora de la raza caballar de los paisanos, actividad poco marcial pero que comporta un pingue beneficio por acometida (vamos a llamarlo así) según aparece en el cuadro de precios contemplada en el BOE de 27 de junio de 2016.

En el de 11 de marzo se convoca un premio «soldado Idoia Rodríguez, mujer de las fuerzas armadas» para «...otorga(r) público reconocimiento a la labor realizada por personas o instituciones, civiles o militares, cuyas actuaciones hayan contribuido a potenciar el papel de la mujer en la Fuerzas Armadas o a favorecer la igualdad de oportunidades».

El mismo boletín publica una resolución por la que se actualiza el Manual de Imagen Institucional adaptándolo a la nueva estructura de departamentos ministeriales de la Administración General del Estado. Dicha novedad probablemente traerá como consecuencia un nuevo gasto para adaptar la cartelería, membretes y demás material que tenía la antigua imagen institucional.

El día 16 de marzo se establecen disposiciones y medidas militares para la gestión de la crisis del COVID, entre ellas pone al servicio de las autoridades la UME, así como la Policía Militar, el Transporte logístico terrestre, el Aerotransporte general y capacidades de aerotransporte medicalizado, el Control de tráfico aéreo, de la navegación marítima, puertos y aeropuertos, los Alojamientos logísticos y establecimiento de campamentos militares y la Inspección General de Sanidad de la Defensa; establece medidas de autoprotección y equipos adecuados para el personal militar involucrado en la gestión de la crisis y dispone que el JEMAD será el mando único de todas las medidas que se desarrollen.

El mismo boletín establece el cuadro de competiciones deportivas y campeonatos militares que organizará el ejército a lo largo del año.

El 19 de marzo se ordenan nuevas instrucciones para la crisis COVID-19 por las que se ordena que el ejército apoye al Ministerio de Asuntos Sociales y Agenda 2030 en la protección de sin techo y asentamientos chabolistas.

En el de 24 de marzo se transcribe la Orden INT/262/2020, de 20 de marzo, por la que se disponen las disposiciones específicas para asegurar por parte de ejército y policía el confinamiento, cierre de vías y carreteras y medidas restrictiva de la circulación.

El de 25 de marzo dispone medidas para que los militares puedan acceder a los medicamentos de su mutualidad durante el COVID 19 y se transcriben otras disposiciones del ministerio de sanidad en cuanto a gestión de residuos, información, etcétera.

En el de 26 de marzo se publica un convenio de colaboración entre Defensa y la Fundación Laboral de la Construcción de Las Palmas por el que se permite que ésta realice prácticas laborales acondicionando instalaciones militares y realizando programas de formación en las instalaciones militares.

El mismo boletín dispone «Reanudar por razones de interés general todos los procedimientos para solicitar y conceder la gracia del indulto, competencia del Ministerio de Defensa, que estuvieran en tramitación con fecha 14 de marzo de 2020 o que se hayan iniciado o vayan a iniciarse con posterioridad a dicha fecha». NO se nos ocurre qué razón tan urgente o que persona tan urgida necesita tal reanudación.

El de 27 de marzo corrige errores en los anteriores decretos sobre el COVID19.

El de 30 de marzo publica aun convenio de colaboración del ejército con la Universidad de Murcia para promover el pensamiento militar, a la vez que publica nuevas disposiciones referidas al control del COVID con arreglo a la Orden INT/284/2020, de 25 de marzo.

El de 31 de marzo, además de publicar las medidas complementarias dictadas por Real Decreto 9/2020 en el ámbito laboral y la prórroga del estado de alarma, establece medidas para la disposición y administración de medicamentos.

El de 1 de abril establece medidas complementarias respecto al COVID-19 referidas a sanidad.

El de 2 de abril aplaza el proceso de selección de militares para incorporarse a los centros docentes militares.

El de 3 de abril continúa con los aplazamientos referidos a enseñanza militar.

El del 7 de abril aplica aplazamientos a los cursos de altos estudios de la defensa.

El de 8 de abril dispone normas sobre centros de estudios militares.

El de 9 de abril publica el resumen de ejecución de gasto elaborado por IGAE y referido a diciembre de 2019.

8 Gasto militar y objeción fiscal.

Es evidente que la actividad del ejército no ha descansado. Su financiamiento tampoco, pues de entrada cuentan con un cuantioso presupuesto garantizado tanto por el propio presupuesto del Ministerio de Defensa y sus organismos autónomos, como por el que se encubre en otros ministerios y financia las más ocurrentes actividades de nuestro militarismo.

La crisis del COVID-19, entre otras cosas, ha supuesto también la demostración palpable de que lo que realmente debemos defender no cuenta con recursos y medios adecuados, mientras que el dinero destinado en teoría a "defendernos" se destina a una defensa que se muestra cuando menos poco eficaz ante los desafíos de la sociedad y un verdadero derroche de recursos que bien podríamos utilizar mejor en otras cosas.

Es por eso probable que el desprestigio del gasto militar siga en aumento. De hecho la crítica al mismo ha desbordado en los días precedentes el cauce de los movimientos sociales más conscientes. Hasta los medios más oficialistas, especialmente eficaces en minimizar toda crítica al militarismo, se han visto obligados a difundir críticas al gasto militar en relación a las necesidades sociales de sanidad que se muestran ahora tan obvias.

No han confinado nuestras cabezas. Lo afirmaba al principio. Ahora toca tener la creatividad para hacer del malestar generado respecto a la falta de recursos para defender la seguridad humana y el contraste con el inmoral e injustificado gasto militar un argumento de peso para la movilización social próxima.
Ellos no descansan. Lo cuyo es que tampoco la lucha antimilitarista les dé descanso.

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Emma Goldman

12 April, 2020 - 22:04

La demanda [de las mujeres] para poseer iguales derechos en todas las profesiones de la vida contemporánea es justa; pero, después de todo, el derecho más vital es el de poder amar y ser amada.

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Emma Goldman

12 April, 2020 - 22:03

La historia de las luchas políticas llevadas a cabo por la humanidad nos demuestra que no se consiguió ningún beneficio que no costara largas y duras penalidades. En una palabra, cada palmo de tierra conquistada necesitó un combate constante, una incesante lucha en pos de afianzar sus derechos, y tal cosa nunca se obtuvo mediante el voto.

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Giorgio Agamben: «La epidemia muestra que el estado de excepción se ha convertido en la condición normal»

12 April, 2020 - 00:00

Traducción de Artillería Inmanente de una entrevista a Giorgio Agamben con Le Monde, a cargo de Nicolas Truong y publicada el 24 de marzo de 2020, donde el filósofo italiano analiza «las gravísimas consecuencias éticas y políticas» de las medidas de seguridad aplicadas para frenar la pandemia.

En un texto publicado por Il Manifesto, usted escribió que la pandemia mundial de COVID-19 era «una supuesta epidemia», nada más que «una especie de influenza». En vista del número de víctimas y de la rápida propagación del virus, en particular en Italia, ¿se arrepiente de esas palabras?

No soy ni virólogo ni médico, y en el artículo en cuestión, que data de hace un mes, me limitaba a citar textualmente lo que entonces era la opinión del Consejo Nacional de Investigación italiano. Pero no voy a entrar en las discusiones entre los científicos sobre la epidemia; lo que me interesa son las gravísimas consecuencias éticas y políticas que se derivan de ella.

Parecería que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las disposiciones de excepción, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites», escribe usted. ¿Cómo puede argumentar que esto es un «invento»? ¿No puede el terrorismo, como una epidemia, dar lugar a políticas de seguridad, que pueden considerarse inaceptables, pero que son reales?

Cuando se habla de invención en un ámbito político, no hay que olvidar que no debe entenderse en un sentido puramente subjetivo. Los historiadores saben que hay conspiraciones, por así decirlo objetivas, que parecen funcionar como tales sin ser dirigidas por un sujeto identificable. Como lo mostró Michel Foucault antes que yo, los gobiernos securitarios no funcionan necesariamente produciendo la situación de excepción, sino explotándola y dirigiéndola cuando se produce. Ciertamente no soy el único que piensa que para un gobierno totalitario como el de China la epidemia era la forma ideal de probar la posibilidad de aislar y controlar una región entera. Y el hecho de que en Europa podamos referirnos a China como modelo a seguir muestra el grado de irresponsabilidad política al que nos ha arrojado el miedo. Deberíamos preguntarnos si es al menos extraño que el gobierno chino declare de repente la epidemia cerrada cuando le conviene.

¿Por qué el estado de excepción es, en su opinión, injustificado, cuando el confinamiento parece ser para los científicos uno de los principales medios para detener la propagación del virus?

En la situación de confusiones babélicas de las lenguas que nos caracterizan, cada categoría persigue sus propias razones particulares sin tener en cuenta las razones de las demás. Para el virólogo, el enemigo a combatir es el virus; para los médicos, el objetivo es la curación; para el gobierno, se trata de mantener el control, y yo puedo hacer lo mismo al recordar que el precio a pagar por esto no debe ser muy alto. En Europa ha habido epidemias mucho más graves, pero a nadie se le había ocurrido declarar un estado de emergencia como el que, en Italia y Francia, prácticamente nos impide vivir. Teniendo en cuenta que la enfermedad ha afectado hasta ahora a menos de una de cada mil personas en Italia, uno se pregunta qué se haría si la epidemia empeorara realmente. El miedo es un mal consejero y no creo que convertir el país en un país pestífero, donde cada uno mira al otro como una ocasión para el contagio, sea realmente la solución correcta. La falsa lógica es siempre la misma: así como frente al terrorismo se afirmaba que la libertad debía ser suprimida para defenderla, también se nos dice que la vida debe ser suspendida para protegerla.

¿Asistimos a la instauración de un estado de excepción permanente?

Lo que la epidemia muestra claramente es que el estado de excepción, al que los gobiernos nos han familiarizado desde hace tiempo, se ha convertido en la condición normal. Los hombres se han acostumbrado tanto a vivir en un estado de crisis permanente que no parecen darse cuenta de que su vida se ha reducido a una condición puramente biológica y ha perdido no sólo su dimensión política sino también cualquier dimensión humana. Una sociedad que vive en un estado de emergencia permanente no puede ser una sociedad libre. Vivimos en una sociedad que ha sacrificado su libertad por las llamadas «razones de seguridad» y que así se ha condenado a vivir continuamente en un estado de miedo e inseguridad.

¿En qué sentido estamos experimentando una crisis biopolítica?

La política moderna es de principio a fin una biopolítica, donde la puesta en juego última es la vida biológica como tal. El nuevo hecho es que la salud se está convirtiendo en una obligación jurídica que debe cumplirse a toda costa.

¿Por qué el problema, en su opinión, no es la gravedad de la enfermedad, sino el colapso o la caída de cualquier ética y política que haya producido?

El miedo hace que aparezcan muchas cosas que uno pretende no ver. Lo primero es que nuestra sociedad ya no cree en nada más que en la nuda vida. Es evidente para mí que los italianos están dispuestos a sacrificar prácticamente todo, las condiciones normales de vida, las relaciones sociales, el trabajo, incluso las amistades, los afectos y las convicciones políticas y religiosas ante el peligro de contaminarse. La nuda vida no es algo que una a los hombres, sino que los ciega y los separa. Los demás seres humanos, como en la peste descrita por Manzoni en su novela Los novios, no son más que agentes de contagio, a los que hay que mantener al menos a un metro de distancia y encarcelar si se acercan demasiado. Incluso los muertos —esto es verdaderamente bárbaro— ya no tienen derecho a un funeral y no está claro qué pasa con sus cadáveres.

Nuestro prójimo ya no existe y es verdaderamente espantoso que las dos religiones que parecían regir en Occidente, el cristianismo y el capitalismo, la religión de Cristo y la religión del dinero, permanezcan en silencio. ¿Qué pasa con las relaciones humanas en un país que se acostumbra a vivir en tales condiciones? ¿Y qué es una sociedad que ya no cree en nada más que en la supervivencia?

Es un espectáculo verdaderamente triste ver a toda una sociedad, enfrentada a un peligro por lo demás incierto, liquidar en bloque todos sus valores éticos y políticos. Cuando todo esto termine, sé que ya no podré volver al estado normal.

¿Cómo cree que será el mundo después de esto?

Lo que me preocupa no es sólo el presente, sino también lo que vendrá después. Así como las guerras han legado a la paz una serie de tecnologías nefastas, de la misma manera es muy probable que se buscará continuar, después del fin de la emergencia sanitaria, los experimentos que los gobiernos no habían conseguido realizar aún: que las universidades y las escuelas cierren y sólo den lecciones en línea, que dejemos de reunirnos y hablar por razones políticas o culturales y sólo intercambiemos mensajes digitales, que en la medida de lo posible las máquinas sustituyan todo contacto —todo contagio— entre los seres humanos.

Fuente: https://artilleriainmanente.noblogs...

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Que el coronavirus no impida ver los tanques

12 April, 2020 - 00:00

pepe uruñuela nájera

En situaciones tan duras como las que estamos viviendo es mucha la gente que trata de aprovechar para sacar un beneficio. Y uno de los casos más evidentes es la utilización que se está haciendo del Ejército, tratando de presentarlo casi casi como una institución benéfica cuya finalidad es la ayuda altruista a los demás.No es la primera vez que lo hacen, ante el constante desapego de la sociedad. Cuando van a Afganistán o a Irak no van a la guerra, sino que van a prestar ayuda humanitaria. Y ahora repiten la jugada con el tema del coronavirus.

Pero no nos engañemos: el Ejército es una institución clasista y jerárquica, pensada y estructurada para matar. Y esa es su principal función, por mucho que nos digan que el rey lleva un precioso vestido de hilos de oro. Pues no, va desnudo.Si tanto valoran la ayuda que pueden prestar en situaciones como la actual y en otros tipos de catástrofes, que disuelvan el Ejército y creen una organización de protección civil suficientemente preparada en esa materia y con material suficiente para poder enfrentarse a estas coyunturas.Simplemente con destinar el dinero que se dedica a Defensa (compra de armas y mantenimiento de su obsoleta estructura) a Sanidad o a Protección Civil, habríamos podido hacer frente con muchos más medios y garantías a esta pandemia.Y no, no necesitamos que unas personas enseñadas a obedecer y a guerrear, no a proteger, se dediquen a desinfectar, y mucho m enos a controlar a la población, como ha sucedido hoy en nuestro Casco Viejo.

Afortunadamente, Iruña ha sido una ciudad que, gracias principalmente al movimiento de la insumisión, ha generado una gran conciencia antimilitarista. Por eso hoy, los vecinos y vecinas del Casco Viejo hemos manifestado una vez más nuestro rechazo al Ejército.Señor Maya: podrá renombrar la avenida del Ejército, podrá meter al Ejército en nuestras calles, pero la ciudadanía de Pamplona seguiremos manifestando nuestro rechazo y muchas personas seguiremos luchando por que algún día los ejércitos dejen de existir.Mientras tanto, no nos dejemos engañar: detrás de esa supuesta ayuda humanitaria están los tanques, las guerras y los intereses de los poderosos.

Fuente: https://www.noticiasdenavarra.com/o...

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Son molinos

12 April, 2020 - 00:00

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España hace oídos sordos a las recomendaciones de la OMS y del Consejo de Europa para frenar el covid19 en las cárceles

11 April, 2020 - 00:00

David F. Sabadell
Redacción El Salto

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Consejo de Europa han recomendado en las últimas semanas la reducción de la población reclusa y el respeto al derecho a la salud de las personas presas. Es lo que han hecho, por ejemplo, en Reino Unido, donde hace dos días se ordenó la salida de 4.000 presos para evitar la expansión del coronavirus en las cárceles, que ya contaban 90 enfermos entre sus internos. En España, por el contrario, según denuncian más de 20 organizaciones civiles, “la mayor parte de las medidas que se han implementado por parte de Instituciones Penitenciarias, como la interrupción de las comunicaciones con el exterior o el aislamiento en celda, son de carácter restrictivo”.

Estas organizaciones, entre las que se cuentan la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), Irídia, Red Jurídica, CNT Catalunya, Etxerat o Rights International Spain, alertan de que España es uno de los Estados europeos con mayor número de personas privadas de libertad de más de 50 años (20% de la población carcelaria) y de más de 65 años (2,5%), según datos del Consejo de Europa.

La primera muerte de una persona presa por el coronavirus fue la de una reclusa de 78 años en la cárcel de Estremera (Madrid), el pasado 20 de marzo. Diez días después murió un trabajador de la cárcel de Fontcalent, en Alicante, también por esta enfermedad. Son los dos muertes que se han contado por covid19 en las prisiones, donde a día de hoy, según datos facilitados por Instituciones Penitenciarias, la cifra de personas presas contagiadas asciende a 21 y la de trabajadores a 181.

Estas organizaciones recuerdan que hace ya una semana el Defensor del Pueblo Español emitió un comunicado en el que recomendaba al Ministerio de Interior “llevar a cabo una evaluación permanente de las medidas adoptadas hasta el momento y su modulación” en cuanto a las recomendaciones emitidas por los organismo internacionales. Un comunicado que, según señalan, se emitió después de que estas organizaciones presentaran varias quejas pero con recomendaciones que siguen siendo “muy insuficientes y alejadas de los estándares de salud pública y respeto a los derechos humanos recomendados por la OMS y el Consejo de Europa”.

Por su parte, el Síndic de Greuges (defensor del pueblo catalán) emitió una declaración pública en la que recomendaba a las instituciones penitenciarias catalanas “la agilización de las actuaciones para excarcelar [...] al mayor número de personas internas en los centros penitenciarios con el fin de minimizar el riesgo de contagios del virus SARS-CoV2”. Según las organizaciones que firman el comunicado, “de una declaración mucho más acorde con los estándares y recomendaciones realizadas por la OMS y el Consejo de Europa”.

Sin embargo, tal y como denuncian, “Instituciones Penitenciarias ha hecho oídos sordos a estas recomendaciones”. Además del escaso uso que se ha realizado de los mecanismos de excarcelación previstos en el Reglamento Penitenciario —en sus artículos 100.2 y 86.4—, denuncian que “apenas se han habilitado canales alternativos de comunicación entre las personas privadas de libertad y sus familias”. Denuncian que la principal y única medida adoptada por la la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias ha sido repartir un total de 205 teléfonos móviles entre todas las personas presas. “En estos momentos hay 50.300 personas que se encuentran en centros penitenciarios dependientes de la Administración estatal lo que da una medida de un móvil por cada 246 personas. Es lamentable”.

Estas organizaciones insisten en que es necesario adoptar medidas encaminadas a garantizar el derecho a la salud de las personas privadas de libertad, como reforzar las plantillas médicas que existen dentro de prisión y activar los mecanismos de excarcelación contemplados en la legislación penitenciaria. También que se garanticen “de forma efectiva” canales alternativos de comunicación entre las personas presas y sus familias.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/carce...

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El ángel de la historia arrastrado hacia un incierto futuro

11 April, 2020 - 00:00

IX

Tengo prontas las alas para alzarme
con gusto volvería hacia atrás,
porque, si sigo siendo tiempo vivo,
la desgracia me atrapará.

Gerhard Scholem, "Saludo del Ángelus"

Hay un cuadro de Klee que se titula "Angelus Novus". En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo en lo que fija su mirada. Los ojos como platos, la boca, muy abierta, las alas, totalmente extendidas. Este debe de ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Allí donde nosotros vemos un encadenamiento de hechos, él ve una única catástrofe que acumula incesantemente una ruina tras otra, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer tanta destrucción. Pero, desde el Paraíso, sopla una tempestad que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja hacia el futuro, al que él da la espalda, mientras que los montones de ruinas van creciendo ante él hasta llegar al cielo. Esta tempestad es lo que nosotros llamamos "progreso".

Texto tomado de "Tesis sobre el concepto de historia", artículo de Walter Benjamin incluido en "Iluminaciones". Taurus, Madrid 2018.

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El capitalismo agoniza; y la izquierda con él

10 April, 2020 - 00:01

Acabo de leer un artículo publicado en el Grup Antimilitarista Tortuga sobre la crítica a la izquierda, en el que algunas de las reflexiones expuestas me han animado a compartir las mías sobre esta cuestión.

En cuanto a la primera, el reconocimiento del triunfo del sistema capitalista, creo que muchos coincidiremos en que tanto es así que su ultimísima crisis, la del Coronavirus, inclina a pensar que por fin se va a extinguir, pero no gracias a un triunfo de la izquierda, sino de las previsibles oleadas del Covid-19 que nos esperan.

Utilizaré el punto de vista de Laurence J. Peter para señalar que el capitalismo ha llegado a su nivel de incompetencia, es decir, que a estas alturas ya no le queda otro margen de maniobra que pisar el freno a fondo o la autodestrucción.

El planeta está tan esquilmado que ya ni se puede salir de casa -según donde vivas- sin que te afecte la guerra, el hambre, la miseria, la explotación, los desastres naturales, la omnipresente contaminación...

Junto con destrozar el planeta, el mayor éxito del capitalismo salvaje no es haber hecho a los ricos más ricos y al resto más pobre, como se puede comprobar en la evolución del Índice Gini sobre la desigualdad de los ingresos en diferentes países del mundo (http://knoema.es/), sino haber conseguido mantener bajo control a toda la población tanto con gobiernos de derecha como de izquierda.

Los que se consideran clase media, sea cual sea el significado de esto, están entretenidos con las migajas del pastel, mientras que los pobres de solemnidad bastante tienen con mantener la cabeza por encima del agua.

La izquierda es una versión de la fábula El rey desnudo trasladada a la realidad: todo el mundo sabe hasta dónde llega en cuanto a sanidad y educación públicas, nacionalización de los medios de producción, impuestos progresivos, explotación de los recursos naturales, guerras de agresión y el resto del andamiaje de las sociedades modernas.

Todo lo demás, la constitución, las alocuciones del rey, el presidente, el Congreso, etc., es el traje.

Queda entonces un reducto de izquierdistas ajenos a los tejemanejes de la “Gauche divine”, que son más necesarios que nunca precisamente por la gravedad de la situación, pero ¿hasta dónde pueden llegar?

Diré para terminar –a riesgo de anatema- que el drama de esos izquierdistas no está en los diferentes tipos de derecha más o menos cavernícola (PP y VOX) o ilustrada (PSOE y UP), sino en lo que se conoce como el pueblo; sí, el pueblo objeto de sus desvelos.

Creo que una parte (¿cuánta?) de ese pueblo ni siquiera muestra un modicum de interés por ese reducto izquierdista, mucho menos por un gobierno de esa izquierda. La mayoría no quiere escuchar sus propuestas porque temen –con razón- que llevan consigo la negación de su estilo de vida por chusco que sea.

Sé que esta visión es pesimista, pero es claro que el cáncer ideológico de la propaganda y la represión neoliberal y globalizadora aplicada sobre ese pueblo durante los últimos cuarenta años no tiene remedio fácil.

Se ha promovido por todos los medios desde comienzos de los años ochenta del siglo pasado una campaña a base de palo y zanahoria y el pueblo machacado ha acabado por doblar la rodilla y aceptar el panem et circenses, con más circo que pan.

Tendrá que venir otra generación que no se vea afectada por ese cáncer y que perciba claramente el peligro en el que le ha tocado vivir y por tanto comprenda la urgencia de acabar con el sistema de inmediato y sin rodeos.

Esto sí detendría la autodestrucción del capitalismo, que es la de todos.

La izquierda al uso ya no sirve, llegó tarde y mal, toca el relevo, no mediante una nueva política más o menos izquierdista, sino mediante la lucha por la supervivencia.

Al fin y al cabo el ser humano ha demostrado que sólo abandona su modo de vida cuando el precio que paga por éste es superior al beneficio que recibe.

Foto: https://33bits.net/foro/Tema-PINBAL...

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La policía denuncia a una persona sin hogar pese a que los recursos de Madrid están llenos y no tiene donde ir

10 April, 2020 - 00:00

beatriz asuar

P. Mayi (58) vive en la calle desde hace más de 25 años y tiene una discapacidad de un 68% consecuencia de un accidente laboral que sufrió trabajando en Telepizza. Su situación ha empeorado desde que empezó la emergencia sanitaria. Lleva casi un mes sin poder ducharse. Antes iba a la Casa de Baños de Embajadores a asearse, pero ahora está cerrada. No tiene donde ir. Los recursos están saturados. El Samur Social le ha dado un papel en el que se reconoce que se encuentra en situación de emergencia social pero no hay sitios libres. Y, pese a esto, la Policía le multó el pasado 1 de abril por estar en la calle.

Un paseo por Madrid basta para comprobar que su situación no es única. La capital ha habilitado distintos recursos para las personas sin hogar, pero no son suficientes. Son los verdaderos olvidados de esta emergencia. Personas que siguen durmiendo en cartones en las calles pese al riesgo. "No hay plazas suficientes para todas las personas que carecen de alojamiento", explica Azucena Pérez, trabjadora y portavoz del Samur Social y del Sindicato comisiones de base (COBAS).

El Ayuntamiento de Madrid ha hablado durante estos días de un "efecto llamada" en la capital. "Hay personas que han venido de fuera de Madrid", aseguró el lunes el alcalde José Luis Martínez-Almeida durante una entrevista en la Cadena Ser. La vicealcaldesa, Begoña Villacís, apoyó este planteamiento. Sin embargo, Mayi lleva más de 25 años sin hogar en Madrid. No llega de otras provincias, como muchas otras personas.

"Utilizan este falso efecto llamada para justificar la falta de recursos. La intención fue buena, pero realmente no hay sitio para acoger a todas las personas. En los albergues no sobra ni una cama. Viven hacinados y no hay condiciones de salubridad", asegura una trabajadora del Centro de Acogida de Emergencia para personas sin hogar de Vallecas. En la capital se estima que hay 2.772 personas sin hogar, de las que al menos 650 duermen en la calle, según el último recuento de personas sin hogar efectuado en la capital antes de que comenzara la emergencia social.

Para Mayi lo peor es que no tiene acceso a un servicio: "Necesito ducharme desesperadamente", repite constantemente durante una conversación con Público. "¿Qué mínimo que ducharme? Si sigo en estas condiciones me voy a morir. Y si me muero por lo menos que esté aseado", insiste para explicar lo que siente tras treinta días buscando una solución que no llega. Duerme en un pequeño parque que hay por Ronda de Segovia y antes de la emergencia iba a ducharse a la Casa de los Baños de Embajadores. Pagaba 50 céntimos y podía asearse allí, pero desde que empezó la emergencia estos baños están cerrados y no tiene donde ir.

El Samur Social le ha dado un papel en el que se reconoce su situación de emergencia. El 12 de abril tiene que volver, pero no tiene ninguna esperanza de que la situación cambie. Aunque lo más irracional en su historia es que la Policía le multó el pasado 1 de abril por estar en la calle. Una denuncia en la que no se detalla la cantidad que le pedirán que pague, pero que sí reconoce que el motivo es estar en la calle, tal y como ha comprobado este medio.

Mayi explica que estaba andando por la calle cuando la Policía le paró. En la denuncia, que ha podido ver este medio, viene que no está firmada por él, aunque Mayi dice que la Policía se lo dio directamente y ni siquiera le preguntaron si quería firmar. Tampoco le dieron más explicaciones. La multa le llegará a la casa de un amigo, la dirección que él indicó. Un amigo que tiene un piso en Madrid y que le está ayudando a buscar sitio, aunque ya no vive en España.

Esto no solo le ha ocurrido a Mayi. "La Policía les está denunciando. Lo hemos comunicado a los mandos del Ayuntamiento para que transmitan a las direcciones que no hay plazas. Es cierto que hay personas que han venido de otras ciudades, pero la red ya estaba saturada antes de la emergencia. Se han creado unas 300 plazas así que es imposible que todos tengan un sitio porque hay muchas más personas", explica Pérez.

Desde el Samur Social dan unas tarjetas o unos papeles a las personas sin hogar para que la Policía conozca su situación, pero no hay un protocolo claro de actuación que sigan. Algunos agentes les indican que vayan a Ifema, pero Pérez alega que allí ya hay aglomeraciones y que no todos tienen cómo ir. Si no se encuentran cerca tienen que ir en transporte público y si no tienen dinero se cuelan, arriesgándose por obligación a otra multa que no pueden pagar.

De hecho, Mayi relata que fue al Ifema cuando abrieron sus puertas a las personas sin hogar, pero se dio la vuelta tras ver la situación allí. Dice que ya vio que estaba lleno y decidió irse. Desde entonces no ha encontrado otro sitio.

La situación también le supera. "Esto es lo nunca visto. Qué te voy a contar... ya no veo a mis amigos, a los vecinos. Antes veía a gente que te aprecia por lo que eres, no por lo que tienes. Ahora ya no les veo porque no hay nadie por el coronavirus... Voy a por comida todos los días a la iglesia, pero lo que necesito desesperadamente es ducharme", insiste.

En todas las crisis, los más perjudicados son los más vulnerables. Las personas que ni siquiera tienen un hogar son los que se ven ahora más olvidados. Como recuerda Pérez, ahora son muchos más de los que había antes por todas las personas precarias que han perdido los pocos ingresos que tenían antes de la emergencia.

Aunque la situación para los trabajadores de estos servicios también está siendo de lo más complicada:"Nosotros ya estábamos saturados. Somos un servicio que no tiene trabajadores suficientes. Esta situación ha llevado al colapso y a unos daños psicoemocionales en las plantillas brutales. No podemos dar respuesta a las personas sin hogar ni al resto de personas que necesitan ayuda porque estamos muy limitados. No nos hacen pruebas. No tenemos el material de protección que se necesita para intervenir a posibles casos y nosotros estamos teniendo contacto directo con personas muy vulnerables. Los anuncios del Ayuntamiento de aperturas como la del Ifema quedan muy bien, pero luego no se dan más plazas. Al final los perjudicados son siempre los mismos".

P.ublico

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Montaje de las guerras

10 April, 2020 - 00:00

Montaje "No es un juego", en una exposición en Venecia.

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El conflicto entre libertad y obediencia en el estado de alarma sanitario

9 April, 2020 - 02:08

Leía el otro día en un artículo frases como esta: "Gente que hace no tanto iba a conseguir la independencia de todo un país ahora no se atreve ni a sacar la basura". Y es cierto que el acatamiento de la población española a las directrices gubernamentales que emanan del estado de alarma está siendo casi total. Casi, digo, porque hay algunas excepciones de personas que rompen el confinamiento más allá de las situaciones permitidas por los sucesivos decretos. Excepciones que, a pesar del esfuerzo de las autoridades y los medios de comunicación en hacernos un relato minucioso de ellas a diario, conjuntamente con la publicidad de su enorme aparato de vigilancia, persecución y castigo de los infractores, si las comparamos proporcionalmente con la población total, resultan una minoría muy pequeña. Además hay que valorar que lo normal es que estos pequeños actos de incumplimiento privado de algunas disposiciones se realicen de forma puntual, en general leve, y rarísima vez lleguen a suponer desmarque, oposición pública o desobediencia a la estrategia del confinamiento en su conjunto.

Pienso que, en su mayoría, la población está cumpliendo el confinamiento, convencida de que, a pesar de su excepcionalidad, es una medida necesaria para minimizar los efectos de la pandemia. Se está actuando, en general, bajo el imperativo del civismo y la responsabilidad. De hecho, considero que no serían pocas las personas que, desde dichos valores, seguirían cumpliendo las medidas vigentes incluso en el caso de que no hubiese ningún tipo de presión punitiva. Aunque también pienso que sería una parte menor quien actuaría así. En general, en dicho escenario de invitación a la autoprotección voluntaria, la mayoría tomaría algunos cuidados, como ponerse mascarillas, evitar algunos eventos sociales, etc., pero, en general, mantendría en vigor lo fundamental de su cotidianeidad vital.

¿Qué hace, pues, que el confinamiento se observe en todos sus términos de forma generalizada? Principalmente el miedo. En primer lugar el miedo a ser infectado y a infectar a otras personas cercanas, especialmente en el caso de encontrarse entre la población de riesgo. Tal afirmación parece contradecirse con lo que decía en el párrafo de arriba. Pero hay que pensar que el miedo es una emoción muy básica que a todas y todos nos afecta en unas maneras u otras, y que, si se desenfrena, puede llegar a ser tremendamente paralizante. Hay muchos trastornos psicológicos que tienen el miedo como base: aprensión, paranoia, neurosis, hipocondría... Piénsese en lo mucho que trabaja la autoridad gubernamental, junto con los medios de comunicación, estos días, para trasladar el mensaje de que está habiendo muchas muertes, que la sanidad está desbordada, los hospitales colapsados, etc. A este hay que unir un segundo miedo: a ser abordado y reprimido por la policía; temor de gran efecto, pienso, para la mayoría, incluso mucho más allá de la preocupación por la posibilidad de ser multados. También estos días, como decía, no hay parte diario de la epidemia en el que no se informe con todo lujo de detalles de la acción represiva de los cuerpos policiales y militares desplegados por el territorio, información que, por su carácter de suceso noticiable, recibe una gran atención por todo tipo de medios. Todavía podemos hablar de un tercer miedo: la sanción social. En una situación de shock colectivo ser "la oveja negra", ser el que se desmarca de lo que hacen todos, tiene un riesgo enorme, no solo de ser señalado para el público escarnio sino, incluso, de ser linchado. Entiéndase la metáfora. Metáfora que, por cierto, no lo es tanto. Baste ver a todas esas personas dispuestas al señalamiento, el insulto a gritos y la llamada telefónica a la policía, vigilantes en sus ventanas, balcones y portales de internet, en función de guardianes parapoliciales del estricto cumplimiento ciudadano de la cuarentena.

Ante tales circunstancias, disentir de las decisiones que la autoridad política viene adoptando se convierte en un ejercicio tremendamente difícil. Sólo la derecha organizada, desde su gran poder social, político y mediático, y con el fin bastardo de erosionar el vigente gobierno con la pretensión de ocupar su lugar en un futuro próximo, levanta alguna voz crítica. Voz que, no constituyendo defensa de libertades ningunas, cuestionando, además, solo aspectos accesorios de la situación, no es más que una estrategia demagógica y oportunista en procura de sus propios fines. Por lo demás, hacer cualquier tipo de crítica del estado de alarma y de sus medidas de excepción, supone una suerte de mear fuera de tiesto; algo completamente fuera de lugar.

No sé si cabe ser "alarmista" en un estado de alarma pero, sin dejar de atender a la gravedad de la emergencia sanitaria en la que nos encontramos, a mi lo que me alarma es el tipo de medidas de control social discrecional por parte del poder que se están adoptando estos días y, sobre todo, la falta de preocupación y crítica con que son recibidas por parte de la población, izquierda incluida. Se ha hablado más, por ejemplo, de los chanchullos de Juan Carlos de Borbón (o del bulo de la amante de Pablo Iglesias) que del decreto que permite al gobierno rastrear la trazabilidad de los teléfonos móviles. Con o sin epidemia, me parece advertir una inquietante disposición general a la obediencia. Sinceramente, considero que hoy estamos más cerca de una sociedad totalitaria permanente que hace un mes.

Un mes bajo arresto domiciliario y sin saber cuánto queda, controles policiales por doquier, el ejército desplegado por las calles, buena parte de los derechos políticos suspendidos sine die... ¿Cómo ha de sentirse alguien que siempre, siendo crítico con el sistema, se ha sabido insumiso y ha predicado la desobediencia civil al poder? ¿Qué le cabe hacer en esta situación?

En primer lugar hay que recordar que no se ha de desobedecer sistemáticamente, siempre, porque sí. Se desobedece cuando hay una injusticia, un poder abusivo y tiránico, una legislación que debe ser removida. ¿Estamos en ese caso?

Pocos dirán que sí. Las personas de izquierda más razonables y bienintencionadas afirmarán que el gobierno está haciendo lo que hace el resto de gobiernos en situación similar. Y que, además, no es una decisión de los cargos políticos, sino de los científicos expertos en epidemias que les asesoran. Que, en realidad, la estrategia que la autoridad gubernamental trata de seguir no es más que la plasmación a gran escala de las medidas profilácticas recomendadas por dichos expertos en beneficio saludable de todo el país.

Pero, por otra parte, como individuo de la sociedad objeto de la aplicación de todas estas medidas "sanitarias" cercenadoras de derechos y libertades, echo de menos, al menos, conocer más sobre los procesos de información y evaluación político-científica que las alumbran. En general, tengo la impresión, de que el gobierno maneja todo este asunto con cierto secretismo llegando, incluso, a lanzar rumores y globos sonda con respecto a medidas que estudia implantar. Y pienso que el "conocimiento experto", en este como en cualquier tema, no puede ser un monopolio del poder, una especie de coartada para tomar decisiones de forma arbitraria. Cuando el poder político se apropia del conocimiento, al pueblo, despojado de la información precisa para valorar la oportunidad y conveniencia de cada medida, no le queda otra que obedecer a ciegas. Muy al contrario, han de ponerse todos los medios para que dichos saberes sean siempre accesibles a quien quiera conocerlos: el conocimiento científico ha de ser democrático. Por ello me gustaría saber, en la situación actual, quienes son esos expertos epidemiólogos que están asesorando a la autoridad política. Qué dicen cada uno de ellos y ellas y si se da unanimidad entre sus análisis y propuestas. También si hay más "expertos" de la misma categoría y consideración entre la comunidad científica que tienen puntos de vista diferentes. Porqué se eligen unas tácticas y se desechan otras. Si el gobierno, atendiendo a su función de gobernar, está empleando criterios exclusivamente médicos a la hora de tomar sus decisiones o también tiene en cuenta algunas variables de tipo económico, social (o sus propios intereses partidistas)... En realidad me gustaría que, sobre todo esto, hubiese luz y taquígrafos y que pudiese darse un debate social al respecto para consensuar qué es lo que más nos conviene y/o lo que más deseamos. Aquello por lo que optamos, en definitiva, luego de estar bien informados de todas las posibilidades.

Porque, en mi opinión, y ese es el gran problema, nos hemos acostumbrado a que la democracia sea esto: mucha gente acudiendo un día a las urnas y después la nada. Unos pocos gobiernan y el resto están en sus propias vidas. Los que gobiernan hacen y deshacen y el resto les vemos por la tele. Tenemos opiniones y opinamos, pero -ese ámbito es de ellos- no podemos decidir nada; apenas influir. Ni siquiera, como decía en el párrafo anterior, se molestan o esfuerzan demasiado en tenernos informados: basta con que confiemos en que saben, hacen lo correcto, están bien asesorados, se preocupan por nosotros, y, simplemente, les obedezcamos. Incluso en casos tan graves como este, más si cabe en casos tan graves como este, en el que la obediencia "de serie" se refuerza con el "extra" de la militarización de las calles.

En el tema que nos ocupa, el dilema planteado, a mi modo de ver, tiene difícil solución. Ante el desconocimiento y la falta de datos para comprender las circunstancias de la epidemia, por simple prudencia, tratando de contribuir a su no propagación, cabe sumarse a las medidas profilácticas gubernamentales. Ante el secretismo y la más que preocupante deriva militarista y de control social, creo que cabe movilizarse llegando, en algunos casos, a extremos de desobediencia. Más allá del grave problema sanitario que enfrentamos en el momento presente, hay un futuro en el que pensar que se está construyendo hoy. No es fácil, desde luego, saber qué hacer en cada momento ya que los dos términos de la ecuación son francamente excluyentes. Lo que sí está claro es que el proceso de transición hacia otro modelo social que, llegue o no a lograrse, cada vez se hace más imperioso, habrá de abordar en profundidad la cuestión de la libertad, la obediencia, la información, la gestión política... en claves inclusivas y democráticas. De no hacerse así nuestra soberanía seguirá disminuyendo y seremos una sociedad cada vez más desvertebrada y atomizada. No hay ninguna razón para no empezar a recorrer ya ese camino.

Pablo San José Alonso es autor del ensayo "El ladrillo de cristal. Estudio crítico de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla"

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«El control social será uno de los grandes ganadores de la pandemia»

8 April, 2020 - 00:00

Èlia Pons

La filósofa Marina Garcés cree que con la crisis del coronavirus saldrán reforzados los populismos y los movimientos clasistas y excluyentes. Reflexionamos con ella sobre la huella que dejará la alerta sanitaria en nuestra sociedad

Marina Garcés es doctora en Filosofía y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya. Cree que ahora estamos asistiendo, al mismo tiempo, a dos realidades contradictorias: redes de apoyo mutuo y policías de balcón. Ante esto, considera que si gana el miedo y la sospecha entre vecinos, habremos dado un paso más hacia una sociedad autoritaria. Señala también que uno de los grandes beneficiados de esta pandemia será el control social, justificado por una mayor seguridad para la ciudadanía ante los peligros externos.

¿Cree que la crisis de la Covid-19 ha mostrado la fragilidad del sistema?

Lo que nos muestra de manera muy cruda la crisis de la Covid-19 es que el capitalismo global, que parece un sistema muy poderoso, se basa en grandes capas de precariedad económica, social, material, sanitaria… Es una precariedad individual y estructural, porque también afecta el estado en que se encuentran los servicios de atención pública en diferentes países del mundo. Es un sistema basado en la actividad y el crecimiento, pero cuando tiene una patología no puede detenerse, cuidarse ni cuidar de las vidas que cotidianamente expolia y explota. Tampoco las de aquellos que ha dejado al margen, como las personas mayores. Más que la fragilidad del sistema, lo que nos muestra es la desigualdad y la violencia social sobre la que funciona nuestra normalidad.

¿La alerta sanitaria ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad humana?

A mí me sorprende que haya tanta gente repitiendo esta frase, desde filósofos hasta Antonio Banderas. Me pregunto qué vidas tenían y qué realidades conocen quienes lo afirman. ¿No tienen personas mayores dependientes en sus familias? ¿No conviven con discapacidades o trastornos mentales? ¿No conocen la realidad altamente vulnerable de muchos barrios y territorios de nuestras ciudades? ¿No sufren el impacto de los cánceres y otras patologías debidas a factores ambientales y sociales? La vulnerabilidad y la interdependencia ya estaban, cada día, como realidad cotidiana para la mayoría. ¿Qué nos impedía verlas y pensarnos desde ellas?

¿Seres sociales como los humanos, podemos vivir en esta situación de confinamiento mucho tiempo?

Los humanos nos adaptamos a todo, si tenemos miedo, y hemos vivido cosas mucho peores. Guerras, asedios, cierres masivos. Hay sectores de la población mundial que las sufren cada día, desde campos de refugiados, desde los países en guerra, guetos, colectivos encarcelados… y la historia nos da también ejemplos constantes. La sociabilidad confinada no es ninguna novedad. Lo que lo es, es su dimensión global y generalizada y el hecho de que afecte a aquellos que normalmente tenemos más derecho y acceso a la movilidad.

Durante los últimos días, hemos visto que se han creado muchos movimientos de cooperación colectiva entre vecinos. Pero, por otra parte, ¿este distanciamiento social podría hacer que nos volviéramos más individualistas?

Estamos viendo las dos cosas: redes de apoyo mutuo y policías de balcón. Vecinos que ayudan y vecinos que se delatan. Las actuales condiciones de vida sacan lo mejor y lo peor que podemos llegar a ser. No sólo hay que cuidar, pues, de cada uno de nosotros y de la salud de los nuestros. Pienso que es muy importante que cuidemos el ambiente general en que estamos haciendo esta experiencia, las representaciones que damos, los imaginarios que saldrán del hecho de haber sido confinados. Si gana el miedo y la sospecha entre vecinos, habremos dado un paso más hacia una sociedad autoritaria.

Y a los niños, ¿cómo les puede afectar el confinamiento? ¿Cómo volverán a la normalidad?

Lo diré claramente: no entiendo que puedan salir los perros pero no los niños. Entiendo que los padres y madres son los primeros interesados ​​en su cuidado y, por tanto, a no exponerlos a riesgos innecesarios. Pienso que el confinamiento sobre los niños es demasiado drástico, teniendo en cuenta que será largo y que muchos niños y niñas viven en infraviviendas, en lugares oscuros y muy estrechos, sin acceso a recursos culturales, ni siquiera a un rayo de sol. Me alegro de que haya voces cuestionando esta situación, que puede tener un impacto emocional y físico sobre muchos de ellos. Los hay que están viviendo unas pequeñas «vacaciones» con sus padres… Los hay que están metidos en verdaderos infiernos. ¿Cómo se reencontrarán? Pienso que antes hay que preguntarse cómo hacer de la experiencia del confinamiento una experiencia compartida ya desde ahora.

¿Cree que saldrán reforzados los gobiernos populistas, que cierran fronteras y predican la idea de ‘primero los de casa'?

Yo, por desgracia, pienso que sí saldrán reforzados los populismos y también las respuestas clasistas y excluyentes de todo tipo. Esta crisis se añade a las anteriores, como la terrorista y económica, y a las posteriores, como la climática. Son crisis que van debilitando el tejido social y alejando los grupos humanos y las clases sociales en su relación con las expectativas y los futuros compartidos. Ante esta crisis de los futuros compartidos, es fácil que cada uno se proteja detrás de sus privilegios y perciba a los demás como una amenaza. No basta, pues, un plan de choque social para paliar los daños de esta crisis, sino un trabajo crítico que nos ayude a percibir colectivamente cómo hemos llegado hasta aquí y cómo queremos salir como sociedad.

¿Cree que tendremos confianza en las instituciones para protegernos o ya no confiaremos?

Esto debe ir por países, pero me parece que, en el nuestro, la confianza con las instituciones siempre ha sido relativa, lo que no me parece mal, porque no siempre están en las mejores manos. También depende de qué llamamos instituciones. Una cosa son los servicios públicos como la sanidad y la educación, la asistencia social… que, en general están bien valorados, y son muy apreciados por el conjunto de la sociedad, excepto para aquellos que no los necesitan y se ocupan de menospreciarlos. Otra cosa son lo que llamamos instituciones políticas y que ya hace tiempo que muestran su insuficiencia a la hora de dar respuestas a la altura de los problemas de nuestro tiempo.

¿Puede ser que esta crisis haga aumentar el control social sobre la población? Que después de todo esto normalizamos determinadas formas de control social con «la excusa» del virus.

Sí, pienso que el control social será uno de los grandes ganadores de esta pandemia. Si a cambio de una geolocalización, o de un QR o de los datos que sea nos dejan volver a salir de casa, ¿quién no estará dispuesto? La libertad de movimientos, aunque sea de movimientos vigilados, está más valorada en nuestra percepción que muchas otras libertades.

¿Los controles telemáticos del teléfono, por ejemplo, de las movilidades, con la excusa de la seguridad frente a las enfermedades, aumentarán hasta extremos peligrosos?

Ya hace tiempo que estamos regalando datos sin control. Cuesta mucho saber cómo y cuándo lo hacemos, porque no es directamente perceptible. Al revés. Pasa a través de dispositivos y aplicaciones de uso individual, que parecen multiplicar nuestra independencia, nuestras comunicaciones, nuestros mundos privados. Incluso nuestros secretos. Pero lo que hacen es contribuir a privatizar nuestras experiencias comunes y su rendimiento económico, político e ideológico… en manos de unos cuantos.

El confinamiento no es igual para todos y esta crisis ha hecho aflorar también la diferencia de clases.

El clasismo del confinamiento me parece una realidad sangrante. Lo dije en un programa de televisión y recibí todo tipo de insultos, como si estuviera negando que el virus puede matar gente influyente o de clases altas. Claro que lo puede hacer y lo hace. Pero hablamos del confinamiento, de la gestión de la crisis, de las consecuencias laborales y sociales, de los metros cuadrados de la habitación de la reina Letizia o de las de sus súbditos… hablamos de quién tiene que salir a realizar determinados trabajos de limpieza y de cuidados, por ejemplo. Hablamos de los autónomos más precarios, hablamos de los pequeños negocios, hablamos de la cultura que parece muy glamurosa, pero hace años que acumula deudas y precariedad… Hablamos de migrantes que se han quedado en la frontera o con los trámites a medio camino…Hablamos de todo esto. Me pregunto qué pasará, cuando la crisis del coronavirus cae sobre una realidad social ya tan maltratada.

¿Qué mundo podemos imaginar más allá de uno apocalíptico?

Los relatos apocalípticos son ideológicos, estén en manos de la religión, de la política o de los medios de comunicación. Quien pueda poner un punto final a nuestras existencias es que está ejerciendo su poder. Por lo tanto, los relatos apocalípticos deben ser desenmascarados y contestados: ¿a quién le interesan? ¿Quién sale beneficiado? Para contestarles, pero, no hay que autoengañarse y decir que ahora sí que con esta crisis aprenderemos el verdadero valor de la vida. Si fuera así, ya lo habríamos aprendido en guerras o crisis anteriores. El valor de la vida es luchar cada día, y son las personas anónimas más castigadas las que no han dejado de hacerlo nunca.

¿Cómo podremos recuperarnos como individuos y como sociedad de todo esto?

Recuperarnos es seguir viviendo sin reproducir lo que nos ha llevado hasta aquí. ¿Sabremos? ¿O queremos olvidar de golpe todo lo que hemos sufrido? No debemos dramatizar, pero tampoco olvidar. Si no, no habremos aprendido nada.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2...

Vía: https://kaosenlared.net/marina-garc...

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Mucha policía

8 April, 2020 - 00:00

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Manu Chao: Crónica de la estrella que dio el gran portazo al sistema

8 April, 2020 - 00:00

Carlos Marcos

Ocurrió en uno de los momentos más altos de su carrera, después de cerrar la etapa de Mano Negra y justo antes de publicar su primer disco en solitario, Clandestino. Era julio de 1998 y Manu Chao (París, 58 años) se había embarcado en un proyecto llamado La Feria de Las Mentiras, un festival que reunía a malabaristas, djs, conciertos, teatro … Un proyecto ambicioso que le llevó meses de preparación y una celosa tarea de contabilidad para que no fuese deficitario. Se eligió para desarrollarlo Santiago de Compostela, el Mercado de Ganados de Salgueiriños. Miles de personas habían comprado la entrada por 5.000 pesetas. El recinto estaba vallado y se había contratado a una empresa de seguridad para controlar los accesos. Pero algunos encontraron un lugar poco vigilado. A unos minutos de empezar, Manu Chao se encontraba allí, ayudando a un grupo de gente a colarse. El jefe boicoteándose a sí mismo. Empujaba una de las vallas y animaba a entrar a los que no habían pasado por taquilla. “Venga, venga, rápido, pasad”. Los espectadores furtivos no reconocieron al cantante, con la cabeza encapuchada. Han pasado más de dos décadas de aquello y Manu Chao no ha hecho más que acentuar este espíritu indómito, temerario y contradictorio.

Estos días, Manu Chao ha hecho algo que ha estado evitando las últimas dos décadas: equipararse a estrellas como Alejandro Sanz o Bon Jovi. Cómo: publicando un vídeo con canciones para aliviar el confinamiento de la gente. Con esta acción generosa, el cantante ha recordado al público masivo que sigue ahí, que no está desaparecido. Aunque, en realidad, él siempre ha estado activo, pero esquivando al sistema.

Manu Chao no tiene compañía de discos; no hace giras como las de los artistas de su categoría; tiene ofertas para tocar en los mejores festivales del mundo, pero no quiere; no le interesan las entrevistas; no edita discos; no va a recoger premios; no utiliza teléfono móvil…

Todo esto no le impide estar haciendo cosas todo el rato. Se le puede encontrar actuando en un bar de barrio, sin avisar, o camuflado con otro nombre. O escuchar sus nuevas canciones en su página web. Al artista le atrapó la mano negra del coronavirus realizando un tour en India, Bangladesh, Sri Lanka, Filipinas… Salas pequeñas y en formato acústico de trío. Cuando la cosa se puso fea consiguió llegar a su piso de Barcelona, desde donde está grabando canciones que publica en sus redes sociales con el nombre de “Coronarictus Smily Killer Sessions”. Algunas son versiones de temas suyos (Otro mundo), de otros como Kiko Veneno (Echo de menos) o temas que todo indica que son nuevos (Mi libertad).

Seguramente no existe un músico en los últimos años como él, capaz de dar la espalda al sistema cuando podría sacar tantas cosas de él. Chao fue uno de los músicos más vendedores a nivel mundial de finales de los noventa, con discos como Clandestino (1998) o Próxima estación, Esperanza (2001), dos álbumes que despacharon cuatro millones de ejemplares. Chao pulió aquella música bastarda de su ex grupo Mano Negra, acelerada y bullanguera, y propuso algo más pausado, melancólico. Reggae, rumba, ritmos latinos… para un disco, Clandestino, canónico en lo que se llamó mestizaje. Crucial la parte del mensaje, resumido en dos ideas que repitió en aquellos años: “todo es mentira” y “vivimos la dictadura de la economía”.

“Son canciones simples, pero hay mucha verdad y sinceridad. Manu utiliza las palabras adecuadas. Todo parece fácil, pero tiene una gran complejidad”, apunta Amparo Sánchez, cuyo proyecto musical más conocido es Amparanoia. Sánchez lleva colaborando con Chao los últimos 25 años. “Es un artista crucial para entender el devenir del rock en Latinoamérica durante los 80 y los 90. También es un nudo entre la música europea y africana. Su huella es clave e indiscutible”, afirma el periodista Bruno Galindo, que compartió con Chao un largo viaje por Brasil.

Pero Manu Chao vio las largas garras de la fama muy cerca y huyó. Se la encontró, la miró de frente y le dijo: “No me quiero sentir como un muñeco en una tormenta”. A cambio de qué. “En un sentido más amplio, a cambio de la libertad”, afirma Kike Babas, autor junto a Kike Turrón del reciente Manu Chao. Ilegal. Persiguiendo al clandestino (Bao Bilbao Ediciones). “La misión de Manu es vivir la vida, viajar, no caer en la rutina. Uno de sus ejemplos es Bob Marley. Creo que Manu vive y siente la vida como Marley”, señala el coautor del libro, Kike Turrón.

Amparo Sánchez recuerda cómo empezó su relación con Chao. “Era 1995 y yo acababa de llegar a Madrid. Tenía 25 años. Solía ir por la calle Madera [centro de la ciudad] a ensayar cargada con mi guitarra y el pie de micro. Y siempre me cruzaba con un tipo pequeño que me saludaba. Yo era fan de Mano Negra, pero no reconocía a Manu cuando me decía ‘hola'. Un día decidimos tomar una cerveza en un bar de la Plaza del Dos de Mayo. Hablamos tres horas. Me contó sus viajes por Latinoamérica, las causas sociales que le parecían interesantes… Pero yo seguía sin ubicarle y él no dijo nada. Al irse me comentó que tenía un grupo y que ensayaban en un sótano cercano, que me pasara un día. Y me pasé. Abrió él mismo la puerta y me di cuenta de que eran Mano Negra”.

Nacido en París, de padre gallego (Ramón) y madre vasca (Felisa), a Manu Chao no le interesaron mucho los libros que colmaban el salón de su casa de clase media. Prefería la calle. Ramón Chao (Lugo, 1935- Barcelona, 2018), su padre, era un periodista y escritor que trabajaba para medios como Le Monde y recibía premios literarios. Los dos hijos de la pareja, Antonie (nacido en 1964) y Manu (en 1961), comienzan de adolescentes a tocar rock. Manu forma bandas como Hot Pants o Los Carayos… y Mano Negra, junto a su hermano, que empezó en 1987 con su mezcla de punk, ska y ritmos latinos y fue en camino ascendente en popularidad hasta su separación en 1997.

La ruptura de Mano Negra, que acabó en juicio, destrozó a Chao. “Fue una etapa de gran zozobra. Incluso se plantea dejar la música. El final del grupo le produjo mucho desgaste y a esto se unió una separación sentimental. Se deprime. Baraja hacerse trabajador social en África o seguir los pasos de su padre y hacerse periodista”, afirma el escritor Kike Babas.

Chao opta por un viaje terapéutico por Latinoamérica que le salvará tanto emocional como creativamente. Encuentra a su pareja en Brasil y se nutre de los ritmos latinos. Toda esta melancolía latina será el armazón de Clandestino, que graba a la vuelta. “El éxito de Clandestino nos pilló por sorpresa. No lo esperábamos en la compañía y creo que Manu tampoco. Él siempre ha sido muy honesto, un músico que se nutre del barrio, que prefiere tocar con los músicos desconocidos que conoce en un bar que con grandes nombres”, cuenta Javier Liñán, la persona de confianza del francés en su etapa en la multinacional Virgin. El disco vende millones de ejemplares. Música en español codeándose con los que triunfaban en aquella época: Britney Spears, NSYNC, Eminem, Limp Bizkit…

Sagrario Luna conoce a Manu Chao desde que formó Hot Pants, a finales de los ochenta. “Recuerdo que en aquella época solo hablaba de Chuck Berry y Camarón y llevaba un pequeño tupé”, comenta. Luego trabajó con él en giras y en Virgin. “Era trabajar con un colega”, señala. “Durante mucho tiempo a Manu Chao le pesó mucho ser Manu Chao. Después del éxito de Clandestino todo el mundo le pedía opinión sobre todo y eso creo que le generó mucha frustración”, señala Luna. Y añade: “Siempre me ha parecido un tipo de verdad. Tiene claroscuros, como todos, pero nunca ha sido falso. Por otra parte, lo veía bastante solitario, con pocos amigos, a los que, eso sí, cuidaba mucho”. El discurso de Chao por esta época tiene tintes de visionario. Alerta sobre el populismo xenófobo, el integrismo religioso, la muerte del formato físico en la música. Y crea un movimiento alrededor de él. Así lo definió Fermín Muguruza, músico que también colaboró con el francés: “Se formó una red internacional del rock en la que estaban todos remando para conseguir un mundo mejor”.

Para entender la posición fuera de foco actual del músico hay que revisar dos episodios de su vida, decepciones que le quitaron la poca fe que tenía en el establishment. Una de ellas es con Iggy Pop, un músico al que Chao admiraba… hasta que Mano Negra ejerció de telonero del líder de los Stooges. Así lo contó a El País de las Tentaciones: “Con Iggy Pop aprendimos la dura ley de showbusiness. Nos boicotearon el sonido, prohibieron a los del catering darnos de comer, a veces hasta nos prohibieron tocar. Y, al final, el numerito. Cuando alguien de la seguridad –a veces el propio hijo de Iggy, que trabajaba en la gira-, empujaba a algún tío que intentaba subirse al escenario, Iggy decía: ‘¡Eh, tú, hijo de puta, no toques a mi público!'. Y toda la sala pensando: ‘Qué tipo más enrollado es Iggy”.

Y el segundo tiene que ver con su compromiso social. En julio de 2001 el cantante acude a Genova (Italia) para protestar, con muchos miles más, ante la reunión de los países más poderosos, el G-8. El anfitrión es Silvio Berlusconi, por entonces primer ministro italiano. Chao actúa y al día siguiente participa, aporreando un tambor, en una gran manifestación en contra de la política del G-8. Y se marcha a Francia. Al día siguiente, el caos. Un grupo de manifestantes violentos entra en acción y la policía italiana se emplea a fondo. Las imágenes se distribuyen por todo el mundo, con manifestantes pacifistas arrollados por un huracán de violencia. Chao lo ve todo en su casa de París, por la televisión, y le horroriza.

Muchos le reclaman como el líder antiglobalización que necesita la calle. Él, primero habla. “Ese movimiento no necesita líderes, si hay líderes es nefasto para el movimiento. Esa etiqueta del líder del movimiento la rechazo”, dice en una rueda de prensa en Valencia, antes de un concierto, en septiembre de 2001. Y, luego, esquiva a toda costa aparecer en un informativo durante los siguientes años. Busca batallas antimediáticas, luchas de pequeñas comunidades. Como las reivindicaciones salariales de las trabajadoras del Servicio de Atención Domiciliaria (SAD) en Barcelona; en Mendoza (Argentina), para apoyar que no se permita el fracking y la megaminería; alentando a las llamadas kellys (las trabajadoras de la limpieza en los hoteles); en defensa del pueblo mapuche; al lado de los migrantes; en contra de la multinacional Monsanto… Acude siempre con su pequeña guitarra, vestido con sus eternos pantalones pirata y con su perenne sonrisa dibujada en el rostro. Chao escucha, canta y apoya económicamente. No sale en prensa, pocos se enteran.

“A Manu le duele el mundo. Y se calma yendo a los sitios y apoyando causas pequeñas que cree justas. En sus conciertos masivos siempre deja un sitio para que estos colectivos se expresen. En un momento dado del concierto se para y suben al escenario a expresarse, como ocurrió en 2016 en la Plaza Mayor de Madrid”, apunta Kike Babas, que fue el contacto entre el artista y el Ayuntamiento de la entonces alcaldesa Manuel Carmena para celebrar el recital. “Quiso estar en Madrid porque después de muchos años en la capital se respiraban otros aires. Pero dejó muy claro que no quería que le vinculasen ni con ningún partido político ni con el 15-M”, dice Babas.

Los que han compartido vivencias con él subrayan su carácter austero: “Cuando te sientas a comer con él no hay dos platos y postre. Solo picoteas”; “el sitio más incómodo en el que he dormido en mi vida fue con Manu: en un pueblo de Brasil, en una especie de armario; “se compra la ropa en tiendas de segunda mano”… Amparo Sánchez cuenta una anécdota al respecto: “Manu ya era una estrella, pero recuerdo que cuando quedábamos nos sentábamos en un portal, con tabaco y una cerveza y allí pasábamos las horas hablando”. El artista se puede permitir esta vida errante y libre de cadenas (familiares, laborales…) porque su cuenta corriente es ancha. “Las ventas de sus dos primeros discos en solitario y los derechos de autor le sirven para vivir él y su descendencia de forma bastante holgada”, señala una fuente. A juzgar por las canciones que cuelga en su web no se vislumbra una evolución musical. “No creo que lo necesite ni que la busque. Le interesa la cultura popular, el barrio, el músico que trabaja la calle”, apunta Liñán.

Su casa de Barcelona tiene unos 80 metros cuadrados y es un especie de taller de trabajo, con un ordenador, recuerdos de los lugares por donde viaja y, en un rincón, un camastro “que no parece muy cómodo”. Pasa al menos una vez al año por Brasil, donde vive su único hijo, el veinteañero Kira.

El año que viene Manu Chao cumplirá 60 años. Se ha mantenido siempre alejado de las drogas duras: ha preferido fumar hierba y beber licores de sobremesa, pero de forma comedida. Se conserva juvenil. Es pequeño, delgado y fibroso. Corre, juega al fútbol y se mueve, siempre se mueve. Su última canción confinada se llama Mi libertad. Dice así: “Mi libertad, mi compañera, mi libertad, mi soledad”.

El País

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Denuncian que un preso ha sido brutalmente agredido por carceleros en la prisión de Zuera

7 April, 2020 - 00:00

Tokata

El estado de excepción puesto en marcha se hace más patente en las prisiones del estado que hace que los carceleros actúen con mayor impunidad que antes. La carta de la madre del preso agredido, que ponemos a continuación y recogida de la web del Grupo de Derechos Civiles 15M de Zaragoza, es un ejemplo claro de que los derechos dentro de prisión, si alguna vez los hubo, quedan aparcados y la indefensión ante la cruel actuación de los carceleros y demás funcionariado taleguero es más que manifiesta:

Redacto este escrito para denunciar públicamente la situación de vulnerabilidad que están viviendo los presos de la cárcel de Zuera. En la que se encuentra actualmente mi hijo.

Comenzaré contando los hechos que me llevan a recurrir a este método para hacer visible la situación de mi hijo y que quede constancia de ello. Aunque estoy segura que muchos más presos se encuentran en situaciones similares de vulnerabilidad.

El día 20 de marzo recibo una llamada de mi hijo en la que me cuenta que ha sido víctima de una brutal paliza entre siete funcionarios, de la cual le han quedado lesiones y me pide, por favor, que denuncie esta situación.

En esta llamada mi hijo me cuenta que todo comienza el día 18 de marzo a las 14:00h, cuando los funcionarios del módulo 1 piden a todos los presos que regresen a sus celdas debido al Estado de Alarma. Que mi hijo sube a su celda como habían ordenado. Varios presos organizan una reyerta en contra de los mandatos de los funcionarios, en la cual mi hijo no participa. Cuando está en su celda, un funcionario entra y comienza a meterse con él y a empujarle. Ante esta situación, el interno solicita al funcionario su número de placa, a lo cual éste le contesta “si espera un momento que ahora te la voy a dar”. El funcionario abandona la celda y a los 5 minutos regresa, acompañado de otros 6 funcionarios, entre ellos un jefe de servicios. Entre todos comenzaron a pegarle y entre golpes le decían “toma esta es tu placa de identificación, aquí la tienes”.

Las lesiones de esta brutal agresión de medidas desproporcionadas, son los dos ojos hinchados, pómulos hinchados, mano muy hinchada, con un dedo lo más seguro fracturado y un fuerte dolor de costillas. Después de esto se lo llevan directamente a celdas de aislamiento.

El día 20, unos funcionarios se dirigen a la celda de aislamiento en la que se encuentra el interno, sin motivo ninguno, y le invitan a salir de allí. Ya que, probablemente, después de revisar cámaras, se dan cuenta de que él no tiene nada que ver con la reyerta, que no hay manera de inculparle, ni motivos suficientes para mantenerlo en aislamiento. Las palabras del funcionario hacia el interno fueron: “Mira es al único que vamos a sacar, a ti”, a lo que éste responde “Claro, pero la paliza ya me la he llevado”, a lo cual un funcionario le contesta “Cállate y no hables, porque como sigas hablando te vamos a matar”.

A raíz de esto, el interno se encuentra con muchísimos dolores, debidos a las lesiones arriba indicadas. Pide que le mire un médico, debido a sus dolores, el médico se niega. A los dos días lo termina mirando el médico, a razón de redactar un parte, en este parte pone que las lesiones son leves. El interno pide por favor que se le mire bien la mano porque está con muchísimos dolores, a lo que el médico contesta “Mira me tienes hasta los cojones, vete ahora mismo al módulo porque si no volverás a recibir”. El interno sigue con dolores en la mano actualmente.

Cuando yo recibo la llamada de mi hijo el día 20, como antes ya he mencionado, llamo a su abogada , la cual después de contarle los hechos acontecidos, subió a la prisión solicitando una visita a su cliente para comprobar su estado, redactar la conveniente denuncia e indicarle los pasos a seguir después de lo ocurrido. Salieron 4 funcionarios a atenderla… le denegaron esta visita debido al Estado de Alarma. La solución que le dieron fue que mandase un fax a la prisión solicitando una visita al interno. La abogada mandó el fax, a día de hoy aún está esperando la respuesta. Claramente, los funcionarios evitaron que se pudiesen corroborar los hechos, al no permitir a la abogada comprobar las lesiones de su cliente. Dado que pasando unos días, la inflamación y las lesiones no tendrían la misma intensidad.

Yo, como madre, llamé a la cárcel y hablé con la directora del centro, la única respuesta que recibí es que ella no tenía constancia de los hechos. También me dirigí al juzgado de guardia a presentar la conveniente denuncia. Todavía a mi hijo no le ha visitado ningún forense desde el acontecimiento de los hechos.

La cosa no se queda aquí, desde el día que tuvo lugar la agresión, los mismos funcionarios, de los que aún no tenemos constancia de sus números de placa, están intimidando al interno a través de miradas, órdenes de que se esté quieto y no se mueva, por lo cual mi hijo está totalmente cohibido y tiene muchísimo miedo.

El interno presentó una denuncia al juzgado de guardia con los hechos ocurridos y pidió un habeas corpus, por lo cual ya debía de haberle visitado el juez. No tenemos constancia de que esa denuncia haya salido del centro penitenciario. También solicitó la revisión de su persona por un médico forense, el juzgado aún no ha recibido este escrito. He llamado varias veces al juzgado para corroborarlo.

Los funcionarios dijeron al interno que denunciara todo lo que quisiera, que ellos tenían órdenes de la directora del Centro Penitenciario de Zuera de que tiraran a matar a los presos.

Como madre tengo miedo de que a mi hijo le pase cualquier cosa ahí adentro, sabemos que en Zuera ya ha habido muertes de internos bastante sospechosas. También sabemos que los funcionarios se cubren entre ellos. Ahora no hay visitas, nadie puede comprobar el estado de salud de los presos.

En el Estado de Alarma, se ha olvidado al colectivo de los presos, entendemos que estamos en una situación difícil y que hay que tomar medidas drásticas. Pero por favor vamos a respetar un mínimo los derechos humanos. Ahora los presos no tienen la asistencia médica necesaria para el coronavirus, deberían tenerlos un poquito más en cuenta y pensar que son seres humanos igual que todos. Que si han hecho cosas mal ya las están pagando. Pero en ningún momento debe permitirse la violación de derechos humanos fundamentales.

Pido máxima difusión y que, si hay personas con situaciones parecidas, las denuncien también públicamente ya que la unión hace la fuerza.

Gracias por su tiempo.

Un saludo.

Pdt: El interno ha decidido mantenerse en el anonimato, por miedo a futuras represarias.»

Fuente: http://tokata.info/un-preso-brutalm...

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