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Actualizado: hace 3 min 11 seg

Un migrante a juicio por denunciar públicamente actuaciones policiales en Zaragoza

31 March, 2019 - 00:00

En cambio, la jueza del juzgado de Instrucción número 3 de Zaragoza ha decidido sobreseer su investigación contra Derechos Civiles 15M, manteniendo su acusación contra el que fuera el presidente de la asociación de senegaleses al que acusa de haber hecho “comentarios ofensivos” contra la policía.

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ARAINFO REDACCIÓN

El pasado 18 de marzo, un auto de la magistrada del Juzgado de Instrucción nº3 de Zaragoza sobreseía las actuaciones con respecto al Grupo Derechos Civiles 15mZgz y ordenaba continuar la tramitación de diligencias previas contra Idrissa Gueye, ex-presidente de la Asociación de Inmigrantes Senegaleses de Aragón (AISA), por un posible delito de “calumnias e injurias a Agentes de la Autoridad sobre hechos concernientes al ejercicio de sus cargos”.

“Primero fue odio, luego injurias y calumnias. Primero a AISA y DDCC, luego solo a AISA y ahora parece que directamente contra nuestro compañero Idrissa, ex-presidente de AISA. ¿Será que la censura de la libertad de expresión puede ser selectiva?”, subrayan desde Derechos Civiles.

La querella hace referencia a la denuncia pública de diferentes hechos entre marzo y abril del año 2018. Idrissa, como presidente de AISA denunció hechos como los acaecidos en octubre de 2017, cuando tres migrantes senegaleses fueron detenidos por la policía iniciando contra ellas un procedimiento de expulsión amparado por la Ley de Extranjería. La detención se produjo después de que un grupo de migrantes que intentaban ejercer la venta ambulante, al ver a la policía en Paseo Independencia, decidiera abandonar la avenida. Tras ser perseguidas por una patrulla, decidieron refugiarse en la casa de alguien conocido. Allí la policía, aprovechando la entrada de un vecino, decidió irrumpir en el inmueble y efectuó la detención.

Aquel no era un suceso puntual. En marzo de 2018, también se produjo una redada contra personas migrantes en el Paseo Independencia que se saldó con tres personas detenidas y un herido. Así mismo, a estos hechos se añade la muerte de una persona migrante en el barrio madrileño de Lavapiés o la detención de Tahibou, un vecino de Zaragoza con 14 años de residencia en la ciudad, que fue detenido y enviado al CIE de Aluche para ser expulsado. Idrissa tan solo fue el encargado de poner voz a su asociación denunciando hechos similares en una convocatoria de prensa en la que se anunciaban una cadena humana de denuncia, así como en sendos reportajes en medios de comunicación, en los que hablaba sobre algunas de las formas en la que la Policía Local actúa para detener, incluso cuando no se está vendiendo, y sobre la persecución que sufren por el color de su piel.

Para Derechos Civiles 15M de Zaragoza esta es una querella “racista”. Denuncian que nada ha cambiado pese a que la jueza haya decidido no investigarles y denuncian el “señalamiento personal” contra su compañero, cuya única culpa ha consistido en representar a su asociación y, entre otros compromisos, hacerse eco de las palabras de otras personas migrantes. “Idrissa se enfrenta a una querella por explicar lo que nos ha sido relatado centenares de veces. Nos han tocado a todos y todas, y por eso vamos a seguir defendiendo con todas nuestras fuerzas la libertad de expresión, el compromiso antirracista, el trabajo de defensa de derechos y, sobre todo, el derecho de todas las personas a vivir en paz, libertad y justicia”, aseguran desde Derechos Civiles 15M, que anuncian que proseguirán con las movilizaciones bajo el paraguas de la campaña Zaragoza No Se Calla.

Lo cierto es que resulta sorprendente la actitud de la jueza, que desestima seguir investigando contra el grupo de Derechos Civiles o AISA , tratando de penalizar a Idrissa, del que asegura que ha hecho declaraciones haciendo “comentarios ofensivos hacia agentes de la Policía Local de Zaragoza” atribuyéndoles actuaciones delictivas en sus intervenciones profesionales. Unas actuaciones que han sido también criticadas por viandantes que han podido presenciarlas.

Fuente: https://arainfo.org/un-migrante-a-j...

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Cada guerra es una guerra contra los niños

30 March, 2019 - 00:00

Kathy Kelly, 28 de marzo de 2019

Traducción y apostillas: Agustín Velloso

A las nueve y media de la mañana del 26 de marzo la entrada a un hospital rural en el noroeste de Yemen, en el que colaboraba Save The Children
(www.savethechildren.es/), se iba llenando de pacientes que esperaban ser atendidos por los empleados que llegaban para trabajar. De repente varios misiles de un ataque aéreo impactaron en el hospital y ocasionaron la muerte a siete personas, cuatro de éstas niños.

Jason Lee -de Save the Children- declaró a The New York Times que la coalición liderada por Arabia Saudí (1) en la guerra de Yemen desde hace cinco años, conocía las coordenadas del hospital y era capaz de haber evitado el lanzamiento. Lee calificó el ataque como “una grave violación de la ley humanitaria.”

El día anterior Save the Children informó de que los ataques aéreos realizados por esa coalición mataron al menos a 226 niños yemeníes e hirieron a 217 más solamente en los últimos doce meses. “210 de esos niños”, según el informe, “estaban dentro o cerca de una casa cuando sus vidas fueron destrozadas por las bombas que gobiernos extranjeros habían vendido a la coalición.”

Un análisis de Save The Children publicado el año pasado estimó que 85.000 niños menores de cinco años probablemente han muerto de hambre o enfermedades desde la escalada de la guerra en Yemen por parte de Arabia Saudí en 2015. (2)

“Los niños que mueren de esta forma sufren inmensamente mientras las funciones de sus órganos se van ralentizando hasta que finalmente se detienen”, afirmó el director de Save The Children en Yemen Tamer Kirolos. “Sus sistemas inmunes son tan débiles que están más expuestos a infecciones, algunos no tienen fuerzas ni para llorar. Sus padres tienen que ser testigos de la agonía de sus hijos al no poder hacer nada por ellos.”

Kirolos y otros que han informado continuamente sobre la guerra en Yemen creen que estas muertes se pueden evitar completamente. Piden una suspensión inmediata de la venta de armas a todas las partes beligerantes y el fin de los bloqueos que impiden la distribución de alimentos, carburantes y ayuda humanitaria, así como la aplicación de una presión diplomática total para poner fin a la guerra.

El propio Estados Unidos, el principal apoyo de la coalición, es responsable de la muerte de personal médico y pacientes inocentes al bombardear un hospital. El tres de octubre de 2015 un ataque aéreo suyo destruyó el hospital de Médicos Sin Fronteras en Kunduz, Afganistán, que causó 42 víctimas mortales. La organización médica informó de “pacientes quemados en sus camas y parte del personal médico decapitado y sus miembros amputados, mientras otros fueron disparados desde el aire cuando huían del hospital en llamas.”

Más recientemente, el 23 de marzo de 2019, ocho niños estaban entre los catorce civiles afganos asesinados por un ataque aéreo también cerca de Kunduz.
Las atrocidades de Guerra se acumulan de forma espantosa. Nosotros, en Estados Unidos, aún tenemos que darnos cuenta tanto de futilidad como de las inmensas consecuencias de la guerra porque desarrollamos, almacenamos y usamos armamento espantoso.

Nos estamos robando a nosotros y a otros de los recursos que se necesitan para cubrir las necesidades humanas, lo que incluye ocuparse de la terrible realidad del cambio climático.

Deberíamos repetir las palabras y los actos de la fundadora –hace cien años- de Save The Children, Eglantyne Jebb. Para responder al bloqueo de posguerra británico sobre Alemania y Europa del Este, Jebb participó en un grupo que llevaba comida y medicamente para los niños hambrientos.

En la londinense plaza de Trafalgar Jebb distribuía octavillas que mostraban niños esqueléticos y rezaban: “nuestro bloqueo ha causado esto, millones de niños mueren de hambre”. Fue arrestada, juzgada, condenada y multada. Sin embargo, el juez del caso quedó tan afectado que pagó la multa. Su generosidad fue la primera donación para Save The Children.

“Cada guerra”, dijo Jebb, “es una guerra contra los niños”.

Fuente del texto:

https://dissidentvoice.org/2019/03/...

Fuente de la fotografía del niño yemení:

https://www.laopinioncoruna.es/mund...

(1) La familia real Saudí es una de las más simpáticas entre las monarquías del mundo, que de por sí ya son encantadoras. Además cuenta con una ventaja sobre el resto: no sólo reina sino que gobierna y encima, de forma absoluta; además está de petróleo hasta las cejas; asimismo es cliente, aliada y socia de Estados Unidos, en fin, no le falta de nada.

Esto no quiere decir que no sean personas tan corrientes como cualquier otra a la que le gusta ver a sus amigos y tomar algo. La revista Hola da cuenta de ello en 2015, cuando Arabia Saudí incrementaba sus ataques en Yemen:

“Salman bin Abdelaziz ha comenzado su periplo estival en Niza, en la Costa Azul francesa. Llegó el pasado fin de semana en medio de un gran revuelo. Con el Rey viajan cerca de 500 personas, de hecho la Embajada de Arabia ha reservado en la Riviera Francesa 400 habitaciones en hoteles de lujo de La Croisette, en Cannes. Otras cuarenta se habrían preparado en los palacios de Cap d'Antibes y el resto se alojarían en la villa de Golfe-Juan. El movimiento en torno a estos ilustres huéspedes es frenético, tal y como informan los diarios de la zona. Se encargan todos los días de 10.000 a 15.000 flores y cientos de conductores de limusinas son contratados para sus desplazamientos, tal y como señala el diario Nice Matin.”

https://www.hola.com/realeza/201507...

¿Qué tipo de gente querría relacionarse con asesinos mil-millonarios? Pues…

“Felipe VI ha sido recibido hoy con los máximos honores por el rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdelaziz, quien le condecoró además con la máxima distinción que el país árabe concede a mandatarios extranjeros”.

¿Alguien más?

“El ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, y el de Fomento, Íñigo de la Serna, además de tres secretarios de Estado: la de Comercio, María Luisa Poncela; Infraestructuras, Julio Gómez-Pomar, y Defensa, Agustín Conde.”

La cosa viene de lejos: “Este reconocimiento supone un nuevo gesto de aprecio de la Casa de Al Saud hacia la familia real española, granjeada en buena medida por la amistad que el Rey Juan Carlos de Borbón siempre mantuvo con los jerarcas saudíes."

¿Fueron a llevarles propaganda de Save the Children y convencerles de que al menos dejen vivo algún niño yemení?

“La presencia de don Felipe en Arabia Saudí tiene como fin ayudar a las empresas españolas a conseguir nuevos proyectos. El jefe del Estado participará en un foro económico con una treintena de empresarios españoles para visualizar el interés en que se logren nuevas adjudicaciones, entre ellos el presidente de Navantia, José Manuel Revuelta, que se ha desplazado al país árabe para tratar de dar el impulso definitivo al contrato de venta de cinco corbetas al Ejército saudí por valor de unos 2.000 millones de euros. Esta operación, pendiente solo de la ratificación del Gobierno saudí, es clave para la viabilidad a medio plazo de los astilleros de Cádiz y Ferrol (A Coruña).”

https://www.elmundo.es/espana/2017/...

(2) Según Greenpeace, España exportó armas a Arabia Saudí entre 2014 y 2016 por valor de 955 millones de euros.

https://es.greenpeace.org/es/trabaj...

Esto es solamente un ejemplo, abundan otros en Internet de otras organizaciones al alcance de cualquiera, aunque los invitados de Su Alteza no han tenido tiempo de verlos y si lo han hecho se han decantado por las flores y los millones, no se puede tener todo en la vida.

La diferencia entre lo que Kelly escribe de Estados Unidos y lo que se puede escribir de España está en el volumen de ventas: al imperio le corresponde la mayor parte y al palafrenero lo que le sobre al primero.

Queda un mes para las elecciones, hay tiempo para pensar si tu voto va para Navantia y similares o para Yemen. De tus impuestos no te preocupes, ya han decidido por ti y ya sabes para quién van.

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La alianza estratégica de China y Rusia destroza la hegemonía occidental

30 March, 2019 - 00:00

La UE que se pregunta "¿cómo recoger las piezas de lo que queda del liderazgo occidental?" intentando aprovechar el momento para ser alguien en geopolítica

La Unión Europea, ese ente con apariencia de vida al igual que la tiene un zombi, celebró entre los días 12-17 de febrero su 55 Conferencia Europea de Seguridad en Munich (Alemania) y las conclusiones que saca de ella son de lo más desalentadoras. La principal, una obviedad que llevaba dos años esquivando pero que ahora ya no lo puede hacer: “el afianzamiento de grandes potencias autoritarias ha provocado que el mundo esté entrando en una nueva era de competencia de poder” (1).

Evidentemente se está refiriendo a China y a Rusia, contraponiendo sus modelos políticos con el “mundo occidental liberal”. Si hace dos años la UE en esa misma conferencia anual decía que se asistía al “surgimiento” de esas grandes potencias ahora ya reconoce que se han afianzado y que han puesto los mimbres para un nuevo orden mundial que hace del multilateralismo su eje central. Tanto que ahora sólo se puede certificar que "el orden internacional liberal ha sido dañado hasta tal punto que es difícil que se pueda volver al status quo anterior" (2).

A estas alturas de la historia se puede afirmar sin riesgo de error que China y Rusia, los dos países protagonistas del fin de la hegemonía occidental, han logrado una alianza estratégica en la que hay un gran denominador común: la amenaza estadounidense, en primer lugar, y la occidental en segundo término.

Zbigniew Brzezinski, uno de los principales pensadores geoestratégicos de EEUU, tuvo tiempo de darse cuenta de lo que estaba pasando un poco antes de su muerte (2017) e intentó hacer sonar la alarma en el 'stablishment' estadounidense pero sin demasiado éxito. Eran los últimos años de Obama en la presidencia y se consideraba a Brzezinski poco menos que un viejo con sus capacidades intelectuales muy dañadas. Pero Brzezinski se fue a la tumba casi con la misma cuestión que llevaba repitiendo durante los últimos veinte años de su vida: que Eurasia se iba a convertir en “el escenario más peligroso para EEUU” y que había que evitar “una gran coalición de China y Rusia, coalición que no sería ideológica sino por reclamos complementarios”. E iba un paso más allá al afirmar que en dicha coalición sería China quien llevase la voz cantante.

No se equivocó mucho, desde luego. Pero quien sí se equivocó fue el llamado “estado profundo”, que no veía posible esta alianza dada la “no convergencia natural de intereses” entre China y Rusia y sus diferencias en cultura, valores e, incluso, intereses. Y siguió haciendo lo mismo, lo único a lo que está acostumbrado desde la desaparición de la URSS y la hegemonía incontestada de EEUU desde entonces: imponer y agredir, con el inestimable seguidismo de sus vasallos de la UE y de otros países bajo su férula, como Japón. Y quienes eran rivales geopolíticos hasta hace muy pocos años, más o menos hasta el 2008, comenzaron poco a poco a acercarse hasta llegar a la relación más completa, densa y consecuente que han tenido nunca (3).

Desde la expansión de la OTAN hacia las fronteras con Rusia a la guerra de los Balcanes, desde la guerra de Georgia contra Osetia y Abjasia al golpe neonazi del Maidán en Ucrania, los intentos de hacer retroceder a Rusia y humillarla han sido muchos. Pero cuanto más se agredía a Rusia más cerca se ponía a este país de China. Y China, encantada. Porque hoy es un hecho que Rusia está sobreviviendo a las sanciones occidentales, impuestas por EEUU y secundadas por la UE, gracias sobre todo a China y eso ha provocado que desde 2014 Rusia haya girado lentamente, pero de forma irreversible, hacia el este asiático y que China se haya convertido en el socio comercial más importante para Rusia, bastante por encima de EEUU y de Alemania que ocupan los puestos segundo y tercero, respectivamente. Si a ello se añade que este año China pasará a ser el mercado más grande de gas para Rusia, por encima de Alemania, ya está dicho todo. Ni Rusia ha caído por las sanciones, ni caerá, ni China podrá ser amenazada ni bloqueada en su dependencia de petróleo y gas puesto que el grueso de lo que necesita le llega desde Rusia.

La alianza entre los dos países es tan estrecha que comparten la misma visión de cómo EEUU está desafiando sus intereses en Europa del Este o en el Mar del Sur de China y hace lo posible y lo imposible por provocar el descontento social, en Rusia imponiendo sanciones y en China imponiendo aranceles. Por si hubiese alguna duda, cabe mencionar que en la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump se define a China y a Rusia como competidores estratégicos, adversarios y enemigos.

No debería sorprender, por lo tanto, que China y Rusia hayan respondido afirmando su “asociación estratégica integral”. Una asociación “integral, igualitaria y basada en la confianza y cooperación estratégica”, según el ministro de Asuntos Exteriores ruso, o “juntas como labios y dientes” en palabras del embajador chino en Moscú (4). La alianza es tan sólida que Putin no ha tenido empacho alguno en reconocer que "la lucha principal, que ahora está en marcha, es la del liderazgo mundial y no vamos a enfrentar a China en esto".

Aunque China se desgañite diciendo que no, que no es eso lo que pretende, la realidad es muy tozuda y todo el mundo lo ve.
Incluida la UE que se pregunta "¿cómo recoger las piezas de lo que queda del liderazgo occidental?" intentando aprovechar el momento para ser alguien en geopolítica y lanzar de forma abierta la idea franco-alemana de un ejército europeo o intentar tener un papel más relevante y no secundario en cuestiones económicas (5). No lo tiene fácil cuando se tiene que reconocer que lo primero es una idea que no entusiasma a la población europea pese a que tampoco entusiasma como antaño el vasallaje a EEUU dado que solo el 14% de la población de los 27 países de la moribunda UE “tienen confianza plena” en EEUU (6).

Si China tiene algún talón de Aquiles es el militar y aquí entra Rusia con decisión y firmeza. No solo ambos países vienen realizando maniobras y ejercicios militares conjuntos desde el año 2015, sino que hay ya una alianza militar funcional donde los generales rusos y chinos tienen reuniones periódicas sobre la evolución de los respectivos ejércitos, las amenazas a que se enfrentan y sobre la transferencia de tecnología rusa a China, que es cada vez mayor y más completa.

A eso hay que añadir la coordinación diplomática en asuntos internacionales, como se ha podido observar en la última reunión del Consejo de Seguridad de la ONU vetando ambos países sanciones occidentales contra Venezuela. Quien llevó la voz cantante fue Rusia y China secundó. Lo mismo se puede decir de todas las veces que se ha pretendido hacer lo mismo con Siria. Y al revés cuando lo que se ha tratado es de Corea del Norte, donde Rusia hace lo que dice China.

Esta coordinación no se queda aquí, sino que se amplía a través de la Organización de Cooperación de Shanghai o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, por ejemplo, donde Rusia es el tercer contribuyente detrás de la propia China y de India. Si a ello se añade la puesta en marcha del petro-yuan, que los dos países en octubre de 2018 decidieron vincular sus sistemas de pagos bilaterales, el China Unión y el Karta Mir, para eludir el dólar, se puede establecer casi con certeza el tiempo que le queda a Occidente hegemonizando el mundo: casi nada. Especialmente porque al dejar de comerciar en dólares o en moneda occidental, como el euro, el poder de Occidente declina de forma considerable.

Como dato, solo hacer notar que China y Rusia comenzaron a comerciar en rublos y yuanes, de forma experimental, hace cuatro años con porcentajes que no han hecho más que crecer: del 2% del total del comercio entre ambos en 2015 se pasó al 9% en 2016, fue del 15% en 2017 y se estima, porque aún no hay datos, que estará muy cercano al 20% en 2018. Aunque parezca poco, el porcentaje es muy alto en solo cuatro años y sin una decisión firme, legal, para entendernos. Si se tiene en cuenta que el comercio entre los dos países alcanza los 100.000 millones de dólares y que para el 2024 está previsto que sean 200.000 millones, solo hay que imaginar la cantidad de dólares de menos que hay y habrá en el mercado mundial. La consecuencia es que el dólar ha bajado como moneda de reserva mundial, por lo que es en esta tesitura en la que hay que situarse para entender lo que está pasando y las paranoias agresivas de EEUU y sus desesperados intentos de evitar la desdolarización de la economía mundial.

De la pérdida de la hegemonía occidental es consciente casi todo el mundo y por eso ahora, con Venezuela como ejemplo, se constata cómo menos de un tercio de los países del mundo ha reconocido al títere Juan Guaidó como “presidente interino” siguiendo los designios de EEUU. Esta rebelión, por pequeña e insignificante que parezca, tiene mucho más relieve que cualquier otra cosa porque significa que hay un nuevo orden mundial en marcha, un nuevo orden multilateral que ha dado al traste con el viejo orden internacional como , a su pesar, se ha visto obligada a reconocer de forma abierta la UE.

Notas:

(1) Munich Security Report 2019. The Great Puzzle: Who Will Pick Up the Pieces?, MunichSecurityReport2019.pdf

(2) Ibid.

(3) Alberto Cruz, “Eurasia como eje del siglo XXI”, https://lahaine.org/eY7n

(4) http://www.theasanforum.org/militar...

(5) Munich Security Report 2019.

(6) Ibid.

CEPRID

Texto completo en: https://www.lahaine.org/bT5F

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Lanzamientos en paracaidas

30 March, 2019 - 00:00

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No existe una justificación ‘de izquierdas' para las fronteras

29 March, 2019 - 00:00

Luke de Noronha
Traducción: Eduardo Pérez

La escritora Angela Nagle [colaboradora de medios de izquierda como Jacobin o The Baffler] generó polémica recientemente con su artículo “La justificación de izquierda contra las fronteras abiertas”. Nagle argumenta que la tolerancia con la migración es una táctica de derechas para asegurarse mano de obra barata, móvil y desechable, una estratagema de la que dice que la izquierda ha caído víctima. Vemos argumentos similares, más cerca de casa, en comentarios de gente como Paul Mason [periodista británico —como el autor de este texto—, mientras que Nagle es irlandesa], un análisis al que se adhiere una parte significativa de la izquierda organizada, votante del líder laborista Jeremy Corbyn. Nos dicen que tenemos que ponernos serios con la inmigración; después de todo, los inmigrantes socavan los salarios y provocan tensiones culturales. De manera importante, las clases trabajadoras nativas mirarán a la extrema derecha si sus legítimas quejas no son escuchadas.

Para estos izquierdistas, todo el mundo pierde cuando se fomenta la migración —los migrantes hiperexplotados y las clases trabajadoras nativas—, todo el mundo menos la élite. Quizás, entonces, todos ganemos si se refuerzan los controles de inmigración, aunque raramente se explica cómo sucederá esto. Vale la pena insistir en este punto y preguntar qué formas de violencia en la frontera pueden estar justificadas entre estos izquierdistas.

Mientras que otros han criticado el revisionismo histórico de Nagle, su afirmación infundada de que los migrantes reducen los salarios, y su aparición notablemente cordial en Fox News [canal de televisión estadounidense, conocido por su derechismo], yo estoy menos interesado en lo que motiva las pobres y serviles intervenciones públicas de Nagle. En cambio, quiero incidir un poco más en una pregunta amplia: ¿qué aspecto tendría un régimen de fronteras ‘izquierdista'?

Como si se anticiparan a la acusación de que son nativistas —lo que aparentemente ven como ofensivo, aunque simplemente significa ‘poner a los nativos primero', lo cual hacen—, los izquierdistas pro-fronteras normalmente explican que los controles de inmigración pueden y deberían proteger a los pobres del mundo. Para salvar a los extranjeros de la explotación, deberíamos apoyar sus luchas en sus países.

La simpatía con los extranjeros, siempre que se queden en su lugar, no es tan distinta del discurso de la ultraderecha. Jean-Marie Le Pen decía: “Amo a los magrebíes, pero su lugar está en el Magreb”

Es evidente que estos son comentarios vacíos, de usar y tirar, vacíos de cualquier significado o compromiso político. Después de todo, ¿están quienes los proponen seriamente preparados para comprometerse con un programa radical de distribución global, una reestructuración que necesariamente daría un importante bocado a la desproporcionada parte de riqueza e ingresos de la que actualmente disfrutan los países occidentales desde los que hablan?

Por supuesto, la simpatía con los extranjeros, siempre que se queden en su lugar, no es tan distinta del discurso de la ultraderecha como las Nagle de este mundo pueden desear creer. Sólo necesitamos recordar la memorable afirmación de Jean-Marie Le Pen: “Amo a los magrebíes, pero su lugar está en el Magreb” y el recordatorio de Stuart Hall de que Enoch Powell [político británico conocido por sus posiciones racistas] “adoraba India… Simplemente pensaba que ningún indio debería estar aquí”.

Pero incluso si tomamos la palabra a Nagle, y asumimos que ella cree realmente que a los pobres del mundo se les apoya mejor animándoles a quedarse ‘en casa', claramente mientras tanto, a la espera de la paz mundial y la redistribución global, muchos seguirán moviéndose, así que la pregunta permanece: ¿qué deberíamos hacer ‘nosotros' con ‘ellos'?

Hablando como un izquierdista, ¿qué formas de poder estatal coercitivo pueden justificarse contra estos vagabundos indisciplinados? ¿Cuál debería ser nuestra postura sobre los centros de detención, los vuelos de deportación o los muros?

¿Qué formas de poder estatal coercitivo pueden justificarse contra estos vagabundos indisciplinados, hablando como un izquierdista, por supuesto? ¿Cuál debería ser nuestra postura sobre los centros de detención, los vuelos de deportación y la proliferación global de muros fronterizos?

En un régimen de fronteras izquierdista, ¿quién ofrecería refugio a los millones de personas desplazadas por la guerra? ¿Son justos los campamentos de refugiados del tamaño de grandes ciudades en regiones de gran escasez, en Kenia, Turquía o Jordania? ¿Y por qué se debería esperar que estos países carguen con la continua ‘carga' mientras nosotros renegamos alegremente de estas tareas en el interés de proteger nuestra propia ‘clase trabajadora indígena'?

En el contexto británico, ¿cuáles son nuestras obligaciones con la gente desplazada por las guerras en Afganistán, Iraq y Libia, en las que hemos jugado un papel crucial? Esto no es sólo respecto a aquellos que piden asilo aquí, sino respecto a nuestras obligaciones de ofrecer tránsito seguro a la gente que no puede escapar.

Frente a la migración desde las antiguas colonias, ¿cómo deberíamos responder cuando nos recuerdan que están aquí porque nosotros estuvimos allí?

¿Y cuál debería ser nuestra postura respecto a aquellos que migran de las antiguas colonias, desde Nigeria, Ghana, Jamaica o Pakistán? ¿Cómo justificamos la exclusión de esos antiguos ‘nativos', especialmente si reconocemos que la historia del capitalismo global es la historia de su desposesión? ¿Cómo deberíamos responder cuando nos recuerdan que están aquí porque nosotros estuvimos allí?

Incluso si evitamos la cuestión de nuestra responsabilidad histórica en las desigualdades globales coloniales —como sistemáticamente hacen los exponentes del análisis de la izquierda blanca—, ¿qué hay de la dantesca realidad del cambio climático? Como anticapitalistas de izquierda, seguramente reconocemos que las crisis ecológicas no son culpa de los pobres del mundo, y entonces ¿cómo les ayudamos a quedarse en su sitio cuando los mares suban y las tormentas golpeen?

Del mismo modo, como europeos, ¿qué deberíamos hacer con la tumba masiva en la que hemos convertido el Mediterráneo? Si queremos cambiar el cálculo que hace que viajar en una barca abarrotada valga miles de dólares, entonces necesitamos estar dispuestos a aumentar las rutas para el viaje seguro. ¿O deberíamos en cambio doblar nuestros esfuerzos de reforzar las fronteras en el mar?

En Gran Bretaña, seguramente los izquierdistas deberían estar pidiendo el cierre de nuestros centros de detención, donde miles de internos trabajan por sólo una libra por hora. ¿Y entonces qué? ¿Ayudamos a estos extranjeros a regularizarse, de forma que puedan ‘competir' con los nativos en el mercado laboral en igualdad de condiciones, o deberíamos deportarles en vuelos chárter (después de todo, los vuelos chárter emplean de dos a tres escoltas por ‘deportado', trabajos británicos para trabajadores británicos)?

Estas preguntas pueden parecer referencias fáciles a diversos actos de violencia fronteriza, pero son preguntas que me gustaría que tuvieran respuesta. ¿Qué piensan los defensores de izquierda de los controles de inmigración sobre los centros de detención, los vuelos de deportación, las políticas restrictivas de asilo, los regímenes de visado clasistas, las restricciones sobre la migración familiar y de matrimonio, y las tecnologías biométricas de vigilancia y documentación?

Por favor decidme cómo tomaría forma vuestro mundo con fronteras, y cómo se unirán los trabajadores rodeados por murallas

Si se acusa a los defensores de la posición contra las fronteras (como yo) de no ser realistas, ciegos ante la perspectiva apocalíptica del movimiento incontrolado, entonces por favor decidme cómo tomaría forma vuestro mundo con fronteras, y cómo se unirán los trabajadores rodeados por murallas.

Nagle y la gente de este tipo respaldan una política radical en la que la lucha por mejores condiciones de trabajo afecta sólo a los nativos. Su ‘izquierdismo' justifica inmovilizar a la gente a escala global, a pesar de la expansión inevitable de las violentas tecnologías de coerción y vigilancia estatales en las que se basa un programa así.

Nagle defiende que cuando exponemos argumentos a favor de las fronteras abiertas, acabamos haciendo coro con los capitalistas de libre mercado, y mucha de la izquierda organizada parece estar de acuerdo. Pero una política contra las fronteras —no de fronteras abiertas— es precisamente una que rechaza todas las formas de violencia en las fronteras. Este rechazo se basa en el reconocimiento de que no hay manera de restringir la movilidad de las personas en un mundo así de desigual excepto a través de formas extremas de coerción estatal. Esta negativa ofrece el punto de partida para nuestra solidaridad con los migrantes, no porque idealicemos toda forma de migración sino porque aborrecemos toda forma de frontera.

El ‘izquierdismo' nativista, por otro lado, está tan vacío de imaginación, tan a la deriva de la lucha por la liberación colectiva, y es tan profundamente provinciano (léase racista) en su imaginada base electoral, que no ofrece nada a aquellos preocupados con hacer vivible este mundo tambaleante. Nagle y la gente de este tipo presentan las peores tendencias dentro de la izquierda: un tipo de necropolítica de las fronteras en la que a los pobres globales, a los que se debe más de lo que podemos pagar, se les deja morir en una escala inimaginable, se les dice que se queden donde están, se les hace objeto de los mayores excesos del poder del Estado si se atreven a moverse sin autorización.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/front...

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El mosaico sirio: Retirada, reconciliación, resistencia

29 March, 2019 - 00:00

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Los sirios tienen una forma sorprendente de sintetizar la convulsión de su país –con toda su complejidad, brutalidad y humanidad- en unas cuantas frases. Para alguien de fuera, esto nos plantea una pregunta: ¿Qué podría añadirse, si es que uno pudiera añadir algo, que amplificara en lugar de ocultar las verdades ya dichas por los propios sirios? Esta pregunta es aún más apremiante en medio de la cacofonía de los comentarios externos alrededor del conflicto de Siria, que giran alrededor de tropos que tienen poco que ver con la realidad del país: una campaña de reconstrucción para la que no hay dinero, una oleada de retornos de refugiados para la que no se dan las necesarias condiciones o un proceso de paz en el que nadie cree.

Los sirios, mientras tanto, están ocupados en serenas reflexiones. Al escuchar a amigos y contactos que van desde Daraa a Raqqa, desde Beirut a Berlín, me sorprendió la claridad y coherencia con las que muchos están haciendo balance y entendiendo el punto de inflexión del conflicto. Esas deliberaciones son individuales en sumo grado aunque inherentemente colectivas, sumándose a un mosaico incompleto pero revelador de cómo la sociedad se está posicionando para la etapa que tiene por delante.

La imagen resultante nos dice más que la suma de sus partes. Los sirios son los primeros en señalar cómo el agotamiento y la desilusión están haciendo que la sociedad se retraiga en sí misma, renunciando aparentemente a cualquier esperanza en un futuro mejor. Un régimen vengativo en proceso de resurgimiento refuerza ese retraimiento utilizando una represión inquebrantable. Pero Damasco pretende también seducir: atrayendo a los sirios a diversas formas de cooperación y complicidad.

Sin embargo, a nivel crítico, las narrativas resultantes representan a menudo las formas en que los sirios siguen buscando como pueden cierta apariencia de progreso, aunque sea lento e imperceptible. Esa determinación adopta muchas variantes, desde el activismo cívico de bajo perfil hasta un impulso básico, aunque poderoso, para comprender y dar testimonio de las transformaciones de Siria. En conjunto, estas luchas invisibles se unen en una visión más optimista del futuro de Siria. Para las gentes de fuera que quieran entender hacia dónde se dirige Siria, y prestar su apoyo en el camino, hay mucho que aprender de quienes están ya intentando tomar la iniciativa.

Renuncia

He intentado convencer a mis padres para que se vayan de Siria, pero no quieren ni oír hablar de ello. Desean permanecer en su país aunque no tengan esperanzas respecto al futuro. La mayor parte de mis amigas siguen en Siria, pero todas se sienten deprimidas. Una de ellas apenas ha salido de su barrio en los últimos siete años porque están buscando a su marido para reclutarle y no pueden pasar por ningún punto de control.

A nivel personal, yo siento que anhelo regresar pero no voy a hacerlo. Solo volveré si veo que tengo alguna posibilidad de crear algo. Incluso volver una semana te puede pasar factura. Hay una presión psicológica que procede de sentirte insegura y de las dificultades para poder afrontar la situación económica.

Tiene que ver también con la falta de vida cultural. El régimen fue siempre opresivo, pero seguía habiendo cultura: mi ciudad natal produjo pensadores, escritores, poetas. Hoy no hay nada. Incluso los intelectuales establecidos no hacen nada porque se sienten deprimidos.

Creo que las conversaciones sobre la vida dentro de Siria tienden, cada vez más, a volver sobre las mismas emociones: frustración, cansancio y desilusión, cruzando a menudo un umbral invisible hacia la desesperación. Tales sentimientos son inevitables después de años de guerra catastrófica e inútil. Nuevos traumas se acumulan cada día a medida que la violencia continúa a lo largo del país. Las zonas donde el conflicto ha disminuido deben vivir con su legado tóxico: pésimas condiciones de vida y hostigamiento por parte de las autoridades. Las sofocantes sanciones occidentales agravan la miseria siria, aumentando el dolor económico infligido por la destrucción, la fragmentación y la corrupción. Si bien la guerra ha golpeado a algunas comunidades más que a otras, el malestar general trasciende los límites de la secta y las lealtades.

Hasta hace poco, algunos encontraban consuelo en la idea de que el conflicto terminaría y la vida podría mejorar. Hoy en día esa perspectiva parece cada vez más remota. Se supone que el gobierno ha ganado la guerra pero muchos de los problemas más agudos del país siguen estando ahí: persisten los reclutamientos forzosos, las desapariciones y las ejecuciones; el saqueo de propiedades dirigido por el Estado sigue al alza y, en cualquier caso, la larga crisis de los servicios públicos sigue profundizándose. La consecuencia es que muchas personas continúan intentando huir, y las que permanecen tienen que esforzarse mucho para encontrar alguna razón para el optimismo. Una amiga que vive en los suburbios de Damasco resumió de esta forma la desesperanza que la rodea:

Una gran parte de la gente mayor se siente miserablemente desesperada; algunos se niegan a lidiar con cuestiones sencillas, como arreglar las cosas básicas de la casa. Sé de una persona que ha dejado de ir al dentista. Se limita a decir: “De todas formas, me voy a morir pronto”. La gente joven muestra su nihilismo de forma diferente. Si la generación de más edad se ha dado por vencida en todo, los más jóvenes se han dado por vencidos específicamente respecto a Siria y solo piensan en marcharse.

Quienes se sacrificaron por el levantamiento cargan a menudo con una capa adicional de moretones emocionales. Dichas heridas son en parte autoinfligidas, ya que muchos se preguntan qué salió mal y qué podría, quizá, haberlo hecho salir bien. Tal introspección está relacionada frecuentemente con un amargo resentimiento hacia aquellos que decían representar o apoyar la revolución: desde los volubles gobiernos occidentales hasta una oposición política fallida y una serie de facciones armadas que ahora son ridiculizadas porque no son mejores que el sistema que prometieron derrocar.

“Las facciones de la oposición demostraron ser unos mercenarios”, dijo un activista de la provincia sureña de Daraa, donde las protestas estallaron por primera vez en marzo de 2011. Hablamos en un Starbucks en Amman, durante un período -octubre de 2018- en que el estado de ánimo de la oposición que se hallaba en Jordania era sombrío. Las fuerzas prorégimen habían retomado recientemente el sur de Siria después de una campaña que duró apenas unas semanas. La rapidez de la victoria -acelerada por una oleada de acuerdos de “reconciliación” negociados por Rusia- cogió a casi todos por sorpresa. Revelaba la voluntad de las facciones rebeldes de llegar a un acuerdo, junto con la fatiga y frustración generalizadas entre la población del sur que se dirigía, en gran medida, hacia los propios rebeldes. El activista explicó:

Hoy en día, la gente tiene que optar entre un dictador en el régimen y veinte dictadores en la oposición. Así pues, elegirán al régimen. Todos en el sur odian a Bashar. Pero todo ese odio no hará que estén dispuestos a revivir los últimos ocho años en que fueron los únicos que pagaron el precio. El reino del miedo ha vuelto. Todos se someterán a cambio de que se les permita comer.

Las cuestiones relativas a la sumisión y rendición se precipitaban sobre cada conversación en ese viaje a Jordania, extendiéndose a países como el Líbano, donde los sirios están atrapados entre medidas legales punitivas y un discurso político amenazador. Los sirios que no pueden regresar con seguridad deben optar por sufrir indefinidamente la indignidad y la precariedad de la vida en el Líbano o intentar alguna forma de escape -legal o de otro tipo-, por lo general hacia Europa. Un conocido de la devastada provincia oriental de Deir Ezzor, que vive en Beirut, describió su situación con una concisión escalofriante: “La fase de la guerra ha terminado; la fase de la venganza está comenzando. Aquí también lo vamos a pasar mal. Mejor estar lejos”.

Incluso entre los sirios cuya situación es relativamente estable y se mueven libremente entre el Líbano y sus lugares de origen, la fealdad y la desintegración de los últimos años pueden crear un sentimiento inquebrantable de alienación. “Lucho por volver a casa porque me siento muy desconectado de la gente de allí”, reflexionaba un trabajador de una ONG de un vecindario leal al régimen en el centro de Siria. “Tenemos formas de pensar muy diferentes y vimos la revolución desde una perspectiva diferente. Me las arreglé para salvar algunas de esas relaciones, pero cualquier discusión sobre política lo arruinaría todo”. Un amigo de Homs expresó una inquietud relacionada con la premisa de volver a comprometerse en un país degradado por la guerra: “Para mí es una cuestión de dignidad y justicia. ¿Cómo voy a volver y tener que tratar con gente en el poder tan sucia y criminal?

El distanciamiento salta fácilmente el Mediterráneo y se filtra en círculos lejanos donde los sirios luchan por mantener las conexiones con la patria. En Alemania, donde se puede decir que los sirios han encontrado el exilio colectivo más tolerable, las discusiones con los activistas derivaron fehacientemente hacia la dificultad de encontrar formas de continuar apoyando a su sociedad en casa. Ante una taza de café en una cafetería de Berlín, un joven del centro de Siria esbozó un conjunto de temas comunes:

El compromiso con Siria apenas está vivo aquí; es frustrante y deprimente. Estamos tan agobiados con todas las cosas que nos piden los alemanes en términos de papeleo e integración, que a las familias ya no les queda energía ni para tratar de liberar a sus hijos detenidos en las cárceles sirias. Personalmente me resulta cada vez más difícil seguir ayudando a personas en Siria. Los activistas hablamos y hablamos, pero podemos hacer bien poco. A veces me siento avergonzado, porque quienes están dentro de Siria me piden apoyo y no puedo dárselo.

Un joven activista y programador de ordenadores se hizo eco de este punto ante a un plato de comida yemení en Berlín:

Me encantaría volver a Siria, pero me están buscando siete ramas diferentes de los servicios de seguridad. Me costaría 15.000 dólares en sobornos borrar mi nombre de todas esas listas de búsqueda, y aun así, no estaría seguro. No voy a pagarle a Asad 15.000 dólares.

Siempre estuve en contra de venir a Europa, porque sabía que sería más difícil mantener el compromiso. Pasé dos años en Benghazi, Libia, antes de llegar aquí, y era mucho más fácil apoyar a las personas en Siria: podía encontrar trabajo como programador y no había distracciones ni forma de gastar dinero. Así que trabajaba 16 horas por día y enviaba casi todo a casa. Aquí tienes que pasar años antes de poder encontrar un trabajo que te permita apoyar a nuestra gente del mismo modo.

Es importante destacar que este giro introspectivo abarca a personalidades que alguna vez ejercieron una influencia significativa en sus comunidades en Siria. Al haberse jugado abiertamente su suerte contra el régimen sirio, ahora se ven obligados a quedarse sin nada por falta de otras opciones. “Hoy es tiempo de silencio”, reflexionaba un jeque de la oposición del sur de Siria en una reunión que fue interrumpida una vez por una llamada telefónica con noticias de una muerte en su hogar en Daraa. Se mostraba sombrío y seguro sobre la etapa que se avecinaba: “Ninguno de los líderes que se oponen al régimen puede desempeñar un papel, porque no tenemos manera de respaldarlo. No se puede resistir sin medios para hacerlo”.

Otro jeque compartía un dilema similar mientras hablaba delante de un bizcocho en su casa de un suburbio de Amman. Aunque es complicado desempeñar un papel en el exilio, sin embargo, no ve ninguna opción de retorno:

El tiempo de estar a favor o en contra del régimen ha pasado. Muchos notables del sur han regresado a Damasco, a pesar de haber sido los primeros en volverse contra el régimen. Esa no es opción para mí. No hay forma de saber qué pasaría si tratara de regresar: podrían matarme, torturarme, hacerme desaparecer, cualquier cosa. Tampoco es cuestión de ofrecer tu mano a la persona que ha estado asesinando a tu gente. Como símbolo que soy de nuestra familia, no puedo hacer eso.

Cada vez más, las narrativas de rendición están relacionadas con historias de cómo los sirios están siendo succionados para colaborar con el régimen que combatieron. Damasco, por su parte, ha practicado durante mucho tiempo el arte de aterrorizar a la sociedad con una mano y atraerla con la otra, abriendo las puertas al progreso social y económico para quienes estén dispuestos a entregarse. Después de un período de relativa debilidad, esta larga tradición está resurgiendo con fuerza.

Aceptación

La gente del sur de Siria se siente derrotada, como si no pudiera haber más solución que el retorno del régimen. Hay una profunda frustración que viene de tener una generación que creció en este conflicto. Un niño que tenía doce años cuando se inició tiene ahora veinte.

Y todos se sienten en peligro. Quieren creer que Rusia les protegerá, pero las personas que han sido desplazadas van a sus casas y se las encuentran desvalijadas, sin cristales, ni tuberías, ni ganado. Nadie sabe lo que puede sobrevenir. El perspectiva del régimen es castigar a todos, excepto a quienes lo apoyan abiertamente. Nadie en Daraa está con el régimen, aunque muchos tratarán de amoldarse.

Los líderes de las familias extensas han sido de los primeros en hacerlo. Existe una tremenda presión para que estas personas acepten al régimen o inviten a sufrir a sus comunidades. Imagina que alguien destruyó tu casa y mató a tu hijo, ¿y vas a darle luego la bienvenida? Sin embargo, en cierto modo, es el enfoque más sensato. Lo hecho, hecho está; los muertos están muertos.

Aunque la guerra haya sumido en la miseria a los sirios normales y corrientes, una estrecha cohorte de oportunistas ha obtenido riquezas de entre los escombros. El regreso del régimen presenta de hecho oportunidades, sobre todo para las autoridades locales que estén dispuestas a volver al redil. “Los notables no se convierten en notables sin estar dispuestos a incorporarse al régimen”, comentó un periodista de la zona rural de Daraa, no sin desdén por la mezcla de personalidades tribales, funcionarios locales y empresarios a quienes consideraba facilitadores del regreso de las autoridades. “El régimen lo sabe bien y se aprovecha de ello. Esas personas no tienen ninguna ideología; son oportunistas, que seguirán el régimen porque es el poder dominante y porque no tienen otra opción”.

Hoy en día, una estructura de poder dilapidada y casi en bancarrota puede ofrecer incentivos positivos limitados. Sin embargo, muchos sirios estarán dispuestos a tratar hasta con el diablo ante la inseguridad generalizada y un aparato de seguridad vengativo. “La gente en Guta oriental se está informando mutuamente a fin de protegerse”, dijo un amigo del suburbio rebelde de Duma en Damasco, en una conversación ante un café seis meses después de que se recuperara su ciudad natal. Reflexionaba así:

Eso es especialmente cierto en el caso de quienes trabajaban para ONG, que ahora se enfrentan a amenazas y hostigamiento. Cuando los servicios de seguridad les interrogan, muchos insisten en que estuvieron con el régimen todo el tiempo y se ponen a informar sobre otros para demostrarlo. Algunos han hecho todo lo posible para demostrar su lealtad, por ejemplo, haciendo una fiesta para demostrar lo felices que están de que haya vuelto el régimen. Conozco a una mujer cuyo marido fue asesinado por el régimen que casó a su hija con un oficial de seguridad para proteger a la familia.

La complicidad forzada se extiende a innumerables jóvenes que se vieron arrastrados al caleidoscopio de los grupos armados prorégimen de Siria. “Siria está llena de familias a las que nunca les importó una mierda el régimen, pero que ahora deben rezar por su victoria porque tienen un hijo que fue reclutado a la fuerza en el ejército o por una milicia”, dijo un investigador del este de Siria, reflexionando sobre sus propias conversaciones con residentes de la ciudad de Aleppo. “En el este de Alepo, cualquier calle dada puede tener una docena de familias con al menos un hijo sirviendo con las fuerzas prorégimen. Tales personas están efectivamente obligadas a ser leales”.

Esta tendencia a renunciar y aceptar la situación se deriva, naturalmente, del terrible coste del conflicto y la ausencia absoluta de final. Sin embargo, lo que me parece más sorprendente es la frecuencia y la fluidez con que los sirios hacen la transición desde reflejar el desesperado estado de ánimo por toda Siria a reafirmar su propia determinación de seguir adelante. De manera sincera, convincente, y sin ningún indicio de pretensión o engrandecimiento personal, tales individuos están buscando formas de seguir adelante incluso por las vías más marginales de progreso dentro de los reducidos límites de Siria.

Seguir adelante

Para mí, el activismo tiene que ver con creer que el cambio está en tus manos. Tiene que ver con intentar conseguir que alguna forma de política vuelva a la mente de la gente, motivándoles para que sientan que el progreso es algo que pueden controlar. En 2011, la sociedad creyó que podría haber un cambio. Queremos que eso vuelva. A veces puede parecer algo muy tonto, como convencer a las personas de que es responsabilidad suya quejarse por la basura que se acumula en las calles.

Mi trabajo está ligado a esa idea de activismo. No me importa la política, solo quiero hacer algo bueno para la humanidad. Después del levantamiento, descubrí que nosotros, como activistas, no sabíamos lo suficiente para lograr lo que queríamos. Sabíamos muy poco acerca de nuestro propio país, incluso cuando nos apresuramos a tratar de cambiarlo. Aun así, algunas personas sienten que intentar hacer algo para cambiar es ingenuo.

Al mismo tiempo, me siento culpable, muchos de nosotros nos estamos beneficiando del conflicto. Personalmente, yo me estoy beneficiando, porque no tendría trabajo en el periodismo si no fuera por la guerra. Mira lo que me pagan mientras vivo al lado de alguien que gana 50 dólares al mes. Es un deber ser consciente de ese privilegio y encontrar formas de utilizarlo para ayudar.

Algunos sirios parecen perseguir objetivos relativamente concretos: revitalizar el compromiso entre sus compañeros, preservar la vida cultural o ayudar a los más necesitados de Siria. Otros hacen referencia a motivos más abstractos, menos articulables pero igualmente poderosos: un impulso para comprender y dar testimonio, la negativa a abandonar el hogar en manos de quienes lo destruyeron, una convicción obstinada de que las cosas pueden y deben mejorar aunque sea lenta y dolorosamente. Un amigo que vive con su esposa e hijos en la capital siria expuso su filosofía:

La gente me pregunta por qué sigo aquí. Incluso el régimen no puede comprenderlo y, como resultado, desconfía de mí. Pero Siria es mi país. No es un hotel y no quiero irme, quiero ir a los puestos de control, ir al mercado, entender lo que está pasando. Y es mi responsabilidad captar la verdad, lo mejor que pueda, sobre lo que está sucediendo. Algún día este régimen habrá desaparecido y quiero estar aquí.

Del mismo modo, aquellos que conservan un punto de apoyo dentro de Siria describen a veces su ansiedad ante todo lo que tendrían que sacrificar abandonando el país de forma permanente. “Me temo que si dejo de pasar tiempo en Siria, dentro de seis meses me encontraré hablando de lo que está sucediendo en mi país sin entenderlo”, me dijo un amigo en Beirut que continúa visitando su ciudad natal. “El levantamiento me dejó pensando en cómo mejorar el mundo haciendo pequeños avances. Mi opinión es que el conocimiento hace que la gente se empodere”.

El compromiso constructivo y basado en principios no tiene que fluir solo del idealismo o del altruismo. Las conversaciones con miembros de la clase empresarial sólida y flexible de Siria están captando un proceso de posicionamiento similar. Lejos de los titulares sobre compinches y ganancias, muchos empresarios están encontrando silenciosamente formas de avanzar que sean financieramente viables y socialmente beneficiosas. Sin embargo, estos individuos deben andarse con cuidado: los negocios en Siria están cargados de riesgos económicos y políticos, y Damasco se ha vuelto cada vez más agresiva al reservar las oportunidades más lucrativas para los aliados cercanos. Un empresario que ha permanecido dentro del país durante la guerra explicó:

Estoy explorando formas de ayudar a reconstruir viviendas a una escala limitada. Tendría que empezar con objetivos pequeños, solo con mi vecindario y manteniendo un perfil bajo. El espacio para negocios independientes es muy estrecho, porque el régimen insiste en controlarlo todo. Pero también quieren que la gente financie la reconstrucción por sí misma, y tendrán que proporcionar un margen para que se pueda hacer.

Hacer el bien dentro de Siria depende de un acto de equilibrio tanto práctico como moral. El paisaje no solo está corrompido, sino que también corrompe porque está diseñado para atraer a los sirios a diversas formas de consenso y complicidad. “Todos en Siria deben ser corruptos de una forma u otra. Es una parte aceptada de la vida, algo de lo que bromean hasta en la televisión”, reflexionaba un periodista particularmente analítico e introspectivo que vive en los suburbios de Damasco. “Incluso las figuras públicas que realmente creen que están luchando contra la corrupción solo alcanzaron sus puestos porque ellos mismos son corruptos. A veces me preocupa que yo mismo sea también completamente corrupto, porque no puedo hacer lo que necesito hacer sin sobornos y conexiones”.

Entre los que no pueden regresar a Siria, muchos siguen firmemente decididos a preservar los lazos constructivos con el interior. Si bien estas conversaciones a menudo implican una frustración aguda ante la creciente división entre los sirios de dentro y fuera del país, sin embargo, el compromiso continuado de los sirios en el extranjero desempeña un papel vital. Un ingeniero y activista que vive ahora en el sur de Alemania describió el desafío de permanecer conectado a Siria mientras busca nuevas formas de activismo en su hogar adoptivo:

Me esfuerzo por mantenerme al día con amigos y familiares en y alrededor de Damasco. Les llamo, escucho cómo les van las cosas, sé cuando alguien no está bien y necesita ayuda. Las cantidades individuales que las personas envían desde aquí son triviales, pero con el tipo de cambio y las condiciones en Siria, esas cantidades pueden mantener viva a una familia.

Al mismo tiempo, trabajo con un grupo de amigos organizando eventos que conectan a los sirios con los alemanes. Hablamos con la gente de aquí sobre Siria, a veces comparamos nuestra guerra con la suya. Cualquier cosa que mejore el entendimiento entre sirios y alemanes es algo bueno. Pero es muy poco y me gustaría poder encontrar formas más eficaces de participar.

Teniendo en cuenta los riesgos, las concesiones y las limitaciones que conlleva el avance, incluso las narraciones más activas y progresistas carecen a menudo de una apariencia real de optimismo. Lo que preservan más bien es una creencia modesta pero constante en la posibilidad –y en la necesidad- de cambiar la situación de forma marginal. Un profesional sirio de mediana edad, ante un zumo de naranja en un café al aire libre en Berlín - desilusionado con el anterior régimen-, describió su proceso de pensamiento personal:

No puedo volver ahora mismo, pero estoy trabajando tratando de poner mis asuntos en orden para poder hacerlo. Eso es complejo y es peligroso porque te obliga a meterte en una jaula con un depredador. Pero me gustaría incidir de alguna forma en Siria para ayudar a mi sociedad. Eso implica encontrar una manera de convivir con ese régimen.

Este tipo de realismo responsable, la claridad de propósitos con la que muchas personas discuten su particular sentido de responsabilidad por el futuro, es quizás la aproximación más cercana a la esperanza de Siria.

Mirándose el ombligo

Mientras los sirios tratan de mentalizarse para afrontar la siguiente fase del conflicto, las discusiones occidentales se han quedado estancadas en un universo paralelo de creación propia. El posicionamiento de la U.E. gira en torno a un conjunto de fantasías entrelazadas, por el que una combinación de presiones económicas y negociaciones políticas irrelevantes durante mucho tiempo obligarían al régimen y a su patrón ruso a sentar las bases de alguna forma de “transición” y, por extensión, al retorno de los refugiados a un país en ruinas que no muestra signos de quererlos. Ese debate parece sensato en comparación con el escenario en Washington, donde la política respecto a Siria depende cada vez más más de la intersección de los cambios de humor presidenciales y del boxeo de sombra sin sentido con Irán. Un veterano diplomático occidental estableció la distinción entre la incoherencia de su propio campo y la sombría lucidez de Damasco:

Parte de la fuerza del régimen es que se ve a sí mismo tal como es, mientras que nosotros nos vemos como nos gustaría ser. Hay una necesidad real de ser honestos con nosotros mismos. Por ahora, el núcleo de la estrategia occidental para Siria es profundamente ambiguo. Gira en torno a términos como “transición”, “proceso”, “inclusivo”, “genuino...” Todo esto puede significar muchas cosas.

De hecho, esa confusión se ha convertido en el único factor de coherencia en la política occidental hacia Siria. Desde el principio, los actores occidentales intentaron alcanzar fines maximalistas a través de medios poco entusiastas y vacilantes: apostamos todo por la oposición mientras la respaldábamos tan sólo lo justo para desacreditarla como títere de Occidente; excomulgamos al régimen sin tener idea de lo que haríamos si se le ocurría resistir; dimos una palmadita a las agobiantes sanciones sin tener una visión coherente de lo que podrían lograr.

Hoy nos quedan pocas opciones y un alto precio que pagar por cualquiera de ellas. Una pequeña minoría en el campo occidental se ve tentada por la normalización absoluta: levantamiento de las sanciones, reapertura de embajadas, inyección de dinero destinada a iniciar la reconstrucción. Otros gravitan hacia el polo opuesto: aceptar que no se puede lograr nada y retroceder por completo, frenando las ambiciones incluso al nivel de los programas de ayuda dentro de Siria. Sin embargo, volver a Damasco para enriquecer a un régimen que no dará nada a cambio, la retirada completa -junto a las continuadas sanciones y el aislamiento- condenará a la sociedad siria a luchar sola por su propia supervivencia. Ninguno de los extremos tiene sentido práctico y ambos son moralmente sombríos.

Sin embargo, mantener el rumbo es poco más prometedor. Fantasear sobre una transición, invertir en negociaciones absurdas y participar en discusiones infundadas sobre el regreso de los refugiados no solo hace que los actores occidentales sean irrelevantes: profundiza nuestra complicidad en la miseria siria. Al igual que las conversaciones de paz y los procesos constitucionales extienden un aura de legitimidad a un régimen que sigue siendo tan beligerante como siempre, las conversaciones prematuras sobre los retornos aumentan la presión existente sobre los refugiados, al tiempo que refuerzan a Damasco y Moscú en su intención de utilizar las vidas sirias como elementos de negociación. Mientras tanto, aferrarse a un juego final mal definido e imposible casi garantiza que los actores occidentales y regionales gravitarán, por pura inercia, hacia formas caóticas y ad hoc de normalización.

Por lo tanto, el desafío radica en establecer una ruta que no sea ni intolerablemente absolutista ni absurdamente romántica, sino una vía que fije objetivos ambiciosos pero alcanzables, que puedan coadyuvar de manera lenta pero tangible a la sociedad siria a medida que vaya avanzando hacia el futuro. No habrá una transición democrática, una constitución inclusiva o una justicia significativa, pero hay formas de apoyar a los electores sirios a medida que reconstruyen los medios para vivir unos con otros. La reconstrucción considerada como un gran negocio seguirá estando fuera del alcance, pero los empresarios, agricultores y maestros sirios necesitan toda la ayuda que podamos brindarles.

En la actualidad, nuestra única política viable es invertir para ayudar a la sociedad siria a prepararse -de manera práctica y tangible- para la etapa larga y difícil que tiene por delante. Esto debe implicar, a un determinado nivel, un impulso específico y autocrítico para mejorar las estructuras que ya existen a fin de brindar apoyo a los sirios dentro y fuera de Siria. La arquitectura de ayuda existente es tan inadecuada como arraigada: no puede reconstruirse desde cero, pero ciertamente puede ajustarse en los márgenes para limitar los comportamientos más escandalosos y contraproducentes vistos hasta la fecha. En este frente, el peor de los escenarios sería que los actores occidentales reutilizaran gradualmente los mecanismos existentes con el objetivo de persuadir a los sirios de un retorno prematuro y peligroso.

Un reexamen de nuestra postura actual debería coincidir con un esfuerzo redoblado y mucho más creativo para apuntalar esos recursos de los cuales dependerá la supervivencia a largo plazo de Siria. La inversión intensiva en el capital humano sirio debe ser la base de este esfuerzo, y puede fluir desde diversos enfoques: desde becas en Europa hasta diversas iniciativas de educación y formación en Siria y los Estados vecinos, aprovechando el compromiso e ingenio sirios en campos que van desde el periodismo a la programación informática y a la ingeniería agrícola. De hecho, las intervenciones deben poner un énfasis especial en ayudar a los sirios a prevenir un desastre inminente en el ámbito del agua y la seguridad alimentaria, mediante un apoyo ampliado y con perspectivas de futuro sobre técnicas modernas en agricultura y gestión del agua.

Por último, los de fuera pueden hacer algo más para preparar el escenario a fin de que los sirios comiencen a reconstituir los lazos que han quedado cortados, al tiempo que se preservan los que van a continuar deshilachándose. Aunque las conferencias ostentosas y las intervenciones a corto plazo para la consolidación de la paz son poco prometedoras, el apoyo, de bajo perfil pero sostenido, a iniciativas como los centros comunitarios -que brindan a los sirios un espacio en el que debatir, en sus propios términos, los problemas que les afectan día a día- tiene potencial para producir cambios significativos con el paso del tiempo.

Los sirios se sienten a veces desconcertados de que la gente de fuera pueda seguir tan confundida después de tanto tiempo. Durante mucho tiempo han renunciado a los grandes planes que prometían poner fin a la crisis, y en cambio se han comprometido a realizar intentos persistentes e interminables para hacer que la vida sea de nuevo vivible. Están trazando un camino a través de la zona gris entre la retirada y la reconciliación, probando formas de resistencia ante la cruda realidad de Siria aunque tengan que trabajar dentro de ella. Si aún buscamos vías limitadas para el progreso, solo nos queda ser tan persistentes y creativos como ellos.

Alex Simon es cofundador de Synaps.

Fuente: http://www.synaps.network/retreat-r...

Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php...

Categorías: Tortuga Antimilitar

Algunas claves para entender lo que está pasando con las personas enfermas en prisión

28 March, 2019 - 00:00

De todo este atolladero solo saldremos entendiendo que la salud penitenciaria y pericial son parte fundamental de la salud pública, que no puede estar separada de ella ni ser dependiente de otras administraciones. La medicina penitenciaria y la medicina legal y forense tienen que formar parte de la Sanidad Pública.

Aquí tenéis un largo pero interesantísimo artículo, firmado por Osabideak, asociación vasca de profesionales de la medicina y juristas en defensa del derecho a la salud de las personas privadas de libertad, que hemos encontrado en la página web de Osalde, otra asociación vasca defensora de la salud. En él se ofrece una perspectiva analítica y mucha información sobre la catástrofe médico-sanitaria que se sufre en las cárceles del Estado español y sobre los tratos, crueles, inhumanos y degradante que, en esta aŕea, como en tantas otras, se infieren a las personas presas. Se hace especial hincapié en la situación de las persona encarceladas a pesar de sufrir enfermedades graves e incurables y de que la ley prescribe su excarcelación. La gente de Osabideak empezó una campaña por la derogación de la circular de SGIP donde se definía la política restrictiva de la aplicación de esa legislación ,consistente en no excarcelar a nadie cuya muerte no estuviera asegurada a muy corto plazo. Y, ahora que el actual gobierno, ha dictado una nueva circular que no cambia en nada la situación sino solamente el lenguaje que la sustenta, impregnado de cínica hipocresía en la forma y con un contenido muy similar, que las personas enfermas presas no deben salir hasta que su muerte en breve plazo no sea segura.

Los/las profesionales de la salud conocemos lo que supone enfermar gravemente de una enfermedad incurable.

Se trata de una experiencia personal y vital de gran impacto y sufrimiento (propio y de nuestro entorno), que nos obliga a vivir con diversos síntomas físicos y psicológicos que van agravándose con el tiempo como dolor, deterioro de funciones corporales e intelectuales, que producen diversas discapacidades y limitaciones, y el miedo-angustia a un fallecimiento precipitado. Sin olvidar que algunas enfermedades, además, mantienen aún un alto grado de estigma social. En estas situaciones de tan alta vulnerabilidad, si no existen las necesarias ayudas o apoyo sanitario y social para mantener mínimos de calidad de vida, así como la protección a la privacidad, la persona puede sentir fácilmente que se degrada su dignidad humana. La ley de autonomía del paciente, la ley de protección de datos, de confidencialidad médica, el código deontológico y las leyes de muerte digna y eutanasia van precisamente encaminadas a proteger la dignidad humana en estas vivencias.

En algunos casos, a esta situación vital de tan alta vulnerabilidad y sufrimiento se le añade la privación de libertad en los centros penitenciarios, que deniega la posibilidad de poder estar acompañado/a por los seres queridos, manteniéndoles en un entorno hostil donde, según todos los organismos de derechos humanos, se quiebran más derechos que el derecho a la libertad. Además, en el Estado Español la sanidad penitenciaria depende directamente del Ministerio de Interior y no del Sistema Nacional de Salud (excepto en la Comunidad Autónoma Vasca, Cataluña y próximamente se realizará la transferencia también a la sanidad pública de Navarra) y todo ello en contra de lo que recomiendan la ONU, la OMS y el Consejo de Europa como medida fundamental para propiciar la asistencia sanitaria en equidad y evitar la desasistencia y la discriminación. Y esta situación, nada menos que 15 años después de que se aprobara la ley 16/2003 de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud. Una sanidad penitenciaria que, según la propia Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria y la Organización Médica Colegial de España, desasiste, discrimina y vulnera la deontología médica al priorizar intereses regimentales. Una sanidad donde el 30% de las plazas del personal sanitario están vacantes y donde la reducción presupuestaria de los conciertos de asistencia sanitaria entre las CCAA e IIPP en los últimos 8 años ha sido de un 73%.

Desgraciadamente el problema no acaba tampoco aquí, porque los/las médicos/as forenses –que son los/las responsables de peritar y realizar informes de las personas enfermas recluidas para valorar las medidas alternativas al encarcelamiento– son dependientes en este caso de la Administración de Justicia. El ejemplo más documentado e ilustrativo del desprestigio profesional en materia de Derechos Humanos que conlleva esta falta de independencia médica de estos médicos forenses se encuentra en el hecho de que sean ya más de 4000 personas, a las que, mediante el protocolo de Estambul, se les ha verificado que sufrieron torturas durante la detención gubernativa incomunicada. La revista Forensic Science International publicó dos artículos evidenciando la mala calidad de los informes forenses de las personas detenidas en España y la ineficacia en la prevención y denuncia de las torturas. En 2016 en la Convención del Consejo Internacional para la Rehabilitación de las víctimas de la Tortura también quedó en evidencia la labor de los médicos forenses, en concreto de la Audiencia Nacional. La revista The Lancet también publicó un artículo evidenciando la práctica de torturas en España, y las reiteradas condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos por la ineficaz investigación completan todo este desprestigio en materia de derechos humanos. Estamos empezando a documentar también la mala calidad de algunos informes forenses que permiten y facilitan la permanencia en prisión de personas muy enfermas.

Finalmente, a esta falta de independencia y descrédito de la profesión médica forense, se le añade que no existen protocolos consensuados con estándares y criterios sanitarios indubitados, para que se adopten medidas flexibles y alternativas a la privación de libertad. Esta ausencia de protocolos y guías, sobrecarga en exceso el peso de estas decisiones a la formación-conocimiento e implicación del/de la médico/a penitenciario/a y del/ de la forense, que en este caso además no son administrativamente independientes. En toda praxis médica existen guías, protocolos y documentos de consenso, que son básicamente un conjunto de recomendaciones y directrices basados en evidencia científica y redactados por grupos de expertos/as cualificados que orientan la labor individual que realizamos los/las médicos/as, nos ofrecen un marco de actuación para que los apliquemos según nuestros conocimientos médicos con la flexibilidad que exige la individualidad y la variabilidad biológica de cada caso. Este marco nos protege de decisiones no fundamentadas científicamente y reduce la excesiva variabilidad y la arbitrariedad.

Pese a que la ley contempla la flexibilización de medidas privativas de libertad e incluso la excarcelación en estos 3 supuestos:

Personas mayores de 70 años
Personas con enfermedades graves e incurables
Personas con peligro patente para la vida

Con todos los ingredientes descritos anteriormente y con un Estado que no entiende la enfermedad mental, que no evita la exclusión social, que discrimina a personas migrantes, que no invierte lo suficiente en educación, que no toma decisiones valientes y eficaces en temas como la gestión y la regulación de las drogas, el resultado no podía ser más que el panorama desolador que tenemos. En las cárceles de España fallecen aproximadamente 3 personas a la semana. Y no, no son muertes súbitas o inesperadas de personas aparentemente sanas o sin graves afecciones. La mayoría fallecen por enfermedades, así como por sobredosis y suicidios (la tasa de suicidios se multiplica por 5 en las cárceles). En ningún centro de ingresos de nuestro Sistema de Sanidad serían aceptables tales cifras. Se trata mayoritariamente de muertes previsibles, de personas enfermas graves, sin curación, con peligro patente para la vida, no atendidas debidamente, excluidas socialmente falleciendo olvidadas, con una sanidad penitenciaria y pericial dependiente de administraciones no sanitarias.

En este contexto de una medicina penitenciaria debilitada, no formada ni comprometida con los derechos humanos, no independiente ni incluida en un sistema de salud público consolidado y donde los criterios para suavizar las consecuencias de la prisión no gravitan sobre ejes sólidos consensuados sanitarios, técnicos, objetivos, rigurosos, de igualdad y de dignidad humana, seguirá la desasistencia y seguirán falleciendo y suicidándose las personas olvidadas e invisibilizadas.

Esta debilidad del sistema sanitario también queda al descubierto cuando en el caso de las personas no olvidadas, de personas visibles o expuestas (las de actualidad mediática) se aprecia que estos criterios sanitarios son demasiado sensibles y vulnerables a vaivenes políticos e ideológicos del momento. Así lo percibe la población cuando es testigo de las excarcelaciones de personas enfermas de alguna manera vinculadas a los gobiernos como políticos o miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. La arbitrariedad es el ingrediente principal para que la desconfianza y el descrédito del sistema jurídico y de la sanidad penitenciaria y pericial crezcan. Desde otro ángulo, pero igual de revelador y explícito es observar como, dependiendo del viento político del momento, cuando un gobierno anuncia la aplicación de medidas de acercamiento o la flexibilización de medidas privativas de libertad a enfermos/as recluidos/as que están recogidas en la propia legislación española y recomendadas en el ámbito internacional (Reglas Mandela de la ONU, Informe Bergeron del Parlamento Europeo o jurisprudencia asentada del Tribunal Europeo de Derechos Humanos) afloran vehementemente las presiones políticas y mediáticas, polemizando las medidas con criterios no sanitarios. O del mismo modo, cuando se vuelve a tornar el viento político y los Gobiernos modifican lo establecido en el código penal vía instrucción, quebrantando el principio de jerarquía normativa y contraviniendo lo recomendado por todos los Organismos de DDHH. Desde una óptica sanitaria, jurídica y de Derechos Humanos resulta bochornoso contemplar cómo según el interés político del momento se aplican o restringen medidas humanitarias, sanitarias y de derechos humanos. A la vez resulta preocupante observar como existe una intención de normalizar y acostumbrarnos a estas prácticas.

Mientras las personas excluidas y olvidadas siguen falleciendo invisibilizadas, resulta llamativo observar como las personas conocidas, de actualidad o con las que se polemiza con cuestiones no sanitarias, ponen de manifiesto de forma muy explícita la pugna entre derechos humanos y disputas políticas. A menudo son instrumentos para construir argumentos y justificaciones para refrendar recortes en derechos y emprender sendas regresivas en materia sanitaria y de dignidad humana.

Creemos oportuno profundizar y desgranar 2 elementos con relevancia deontológica, legal y sanitaria, y alto precio en derechos sanitarios que por cercanía temporal y geográfica hemos contemplado y que no deben transitar inadvertidas:

1. La confidencialidad médica:

Hemos querido iniciar este artículo describiendo la situación vital de padecer una enfermedad grave e incurable, para exponer la situación de vulnerabilidad que supone. En este escenario los/las sanitarios/as somos los/las confidentes necesarios/as y, por tanto, estamos obligados a guardar el secreto profesional. El ámbito asistencial necesita ese espacio protegido de confidencialidad y seguridad para garantizar una correcta asistencia y preservar la dignidad de la persona enferma.

El tratamiento mediático que se viene realizando de las personas de actualidad mediática enfermas y encarceladas está quebrantando este derecho a nuestro entender de dos maneras:

Por una parte, la sanidad penitenciaria, la administración penitenciaria o la administración de justicia incurren en una ilegalidad grave cuando violan el secreto médico y filtran las enfermedades, diagnósticos o valoraciones médicas de las personas enfermas recluidas a los que se les contempla aplicar medidas flexibles o traslados de centros penitenciarios. Al padecimiento de una enfermedad grave y a la privación de libertad se le suman la sobreexposición pública y la violación del derecho a la intimidad y al secreto médico. Muchos medios de comunicación los han filtrado y esto puede producir graves consecuencias, ya que las personas recluidas pueden dejar de consultar síntomas y afecciones con el fin de evitar la exposición mediática, privándoles de su pleno derecho a la asistencia sanitaria. La filtración y publicación de datos médicos interfiere además en el proceso de asimilación de la información de enfermedades que padecen las personas enfermas. Hacernos conscientes de que padecemos una enfermedad grave e incurable es una experiencia impactante que genera mucho miedo y sufrimiento, a menudo nuestra mente nos protege de tal shock y no podemos asimilar toda la información de golpe. En realidad informar o comunicar enfermedades, riesgos, y pronósticos es un proceso de acompañamiento informativo, en la que vamos informando a medida que la persona afectada nos va solicitando (durante la evolución de la enfermedad) aquella información que es capaz de ir asimilando. El pronóstico se basa en estadísticas (en porcentajes medios) pero existen muchos factores de variabilidad individual y la mayoría de las personas necesitamos afrontar los tratamientos y vivir este periodo con esperanza de poder mejorar, superar las complicaciones y sanarnos lo máximo posible, la publicación en prensa de características tiempos de vida, pronóstico y demás atenta contra este derecho. Esta práctica de filtraciones ha permitido avanzar en esta vulneración al punto de observar con perplejidad que una asociación (no sanitaria) ha solicitado públicamente a la administración penitenciaria el acceso detallado de los diagnósticos y enfermedades que padecen determinados reclusos a los que se ha filtrado en prensa que se plantea aplicarles medidas legales correspondientes o acercamientos a cárceles más cercanas a sus domicilios. Y en esta misma dirección se avanza cuando recientemente también determinados partidos políticos han solicitado a un Gobierno de una comunidad que se compartan datos sanitarios con la policía para facilitar la expulsión de personas migrantes. Urge que la sociedad sanitaria y jurídica recuerde que el derecho a la confidencialidad médica nos asiste independientemente de nuestra condición jurídica, nos ampara el derecho de que sólo sean conocedores de nuestras enfermedades y pronósticos aquellos que nosotros autorizamos, para poder facilitarnos la vivencia del proceso vital e íntimo que nos ha tocado vivir y garantizar el acceso a la óptima atención sin temor a que se difundan datos en nuestro perjuicio.

En este contexto de una medicina penitenciaria debilitada y dependiente, se produce otra vulneración de la confidencialidad quizás de una forma más indirecta, pero a nuestro parecer igual de preocupante, cuando algunas personas privadas de libertad gravemente enfermas se han visto obligadas a renunciar a su derecho a la intimidad y confidencialidad para poder denunciar la vulneración de otros de sus derechos (sanitarios y penitenciarios). Esto es algo que en una sociedad sana no debe producirse. Cuando ha de realizarse, la forma de no atentar contra la dignidad de la persona enferma al hacer públicos datos médicos confidenciales es la de realizarlo siempre con su consentimiento, focalizando en la defensa de derechos humanos, como dato indicativo o exponente de la vulneración sanitaria que se denuncia, y con rigor y respeto. Abriendo así el debate sobre la Sanidad Penitenciaria, con el objetivo de construir una sanidad penitenciaria garantista que favorezca finalizar con la revelación pública de datos médicos como denuncia.

2. La temporalidad, terminalidad y los criterios temporales estrictos de esperanza de vida:

Si fallecen tantas personas por enfermedades, sobredosis y suicidios es porque de alguna manera, en el ámbito sanitario y jurídico penitenciario y en una parte de la sociedad palpita todavía con fuerza el derecho penal más punitivo del siglo XVIII y la idea, que prevalece el castigo de la pena de cárcel frente al derecho a la salud y a la vida con dignidad; así como la escasa comprensión de las consecuencias de la enfermedad mental y la exclusión social y la débil voluntad rehabilitadora. La ley no exige que un enfermo sea “terminal” para contemplar la excarcelación u otras medidas de flexibilización, pero en este sentido todavía persisten arraigados con fuerza los conceptos de temporalidad y terminalidad, y se hizo muy explícita la intencionalidad punitiva para que determinadas personas con enfermedades muy graves e incurables recluidas salgan únicamente de prisión para fallecer en libertad en el periodo más breve posible; cuando hace unos 5 años se originó una viva polémica por la excarcelación de un enfermo muy grave incurable y con claro y evidente peligro patente para la vida, concretamente un enfermo con cáncer metastásico. Se polemizó con elementos no sanitarios y una asociación no sanitaria llegó a calificar dicha excarcelación como una “traición del Gobierno”, posteriormente consideraron que dos años y medio fue demasiado tiempo para que falleciera en libertad. Esta polémica la avivaron medios de comunicación, persiguiendo, dando a conocer y juzgando la vida que esta persona llevó durante los meses anteriores al fallecimiento. Se interfirió hostilmente en el derecho a afrontar la muerte con dignidad y en la intimidad de un enfermo con cáncer metastásico y se alimentó un sustrato de fondo profundamente antidemocrático: que los criterios sanitarios y de dignidad humana no son los mismos para todas las personas. El caso que mencionamos abarcó tanto espacio en medios de comunicación que se convirtió en anómalo lo que debería ser normal y se naturalizó lo que es aberrante, hasta el punto de ver publicados una especie de escrutinio de los meses que han vivido en libertad determinados enfermos excarcelados por enfermedades graves e incurables alegando que algunos superaron la media de esperanza de vida que se les estimó.

Las personas que asistimos a seres humanos con enfermedades graves, avanzadas, incurables y evolutivas sabemos que, aparte de aliviar los síntomas, lo que otorga la dignidad a este periodo de vida es precisamente el poder realizar las actividades vitales que la enfermedad te permite. Pensar que una enfermedad no es grave, avanzada e incurable porque la persona que la sufre puede andar, pasear o comer es no tener conocimiento absoluto de la enfermedad ni de los fallecimientos. Es precisamente lo que pretende proteger la ley de muerte digna: mejorar los cuidados y la atención en una situación de enfermedad grave avanzada y evolutiva, y dar capacidad de decidir el límite personal de la dignidad y el sufrimiento en nuestro proceso vital final.

Y es cuatro años más tarde, en mitad de un proceso de excarcelación de otro enfermo grave, avanzado, incurable y evolutivo –concretamente un paciente con SIDA avanzado– cuando se materializa la interpretación de enfermedad muy grave e incurable como enfermedad terminal y agónico, y se aprueba la Instrucción 3/2017 de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que, sin ninguna habilitación legal para ello, interpreta peligro patente para la vida como peligro inminente o periodo muy corto de vida (dos meses concretamente, según el Ministro de Interior de entonces), otorgando a los médicos penitenciarios la función de una especie de policía sanitaria. Función médicamente imposible de realizar y deontológicamente muy cuestionable. Peligro patente significa un riesgo de fallecimiento aumentado por enfermedades (por ejemplo enfermedades cardíacas o de los vasos sanguíneos que aumentan las probabilidades de infartos y hemorragias, trastornos mentales graves con elevado riesgo de suicidio, enfermedades que afectan a las defensas ante infecciones graves que pueden ser mortales…) y es un concepto independiente de la temporalidad estricta.

Y finalmente ha tenido que enfermar gravemente un alto cargo político del partido que defendía la salida de los enfermos únicamente para fallecer en un periodo muy corto de vida, han salido los miembros de su partido defendiendo que se le apliquen a él las medidas humanitarias que negaban a los demás para que se dé el contexto absurdo e incoherente que anule esta instrucción. Su partido lo ha convertido en rehén de su propia política. Hemos sido testigos nuevamente de un bochornoso tratamiento mediático, filtrándose informes médicos a la prensa y asistiendo a una especie de “juicio popular” catapultando toda la discordancia y el despropósito al debate público y social.

Y de nuevo los criterios sanitarios como una veleta al viento político y social vuelven a cambiar y se anuncia un cambio en la instrucción penitenciaria que se limita a una mera operación política de maquillaje. Derogan la Instrucción vigente pero introducen una nueva, la Instrucción 6/2018 que se limita a suprimir conceptos explícitos grotescos como “periodo muy corto de vida”, pero vuelve a identificar “peligro patente” con el concepto de “enfermedad terminal” manteniendo la temporalidad como principal criterio.

Es importante entender que, a día de hoy, no existen en medicina herramientas pronósticas fiables que predigan fehacientemente el pronóstico temporal de los/las pacientes con enfermedades graves e incurables ni de los que tienen peligro patente para la vida (y debemos añadir que vistas las orientaciones de nuestra sociedad, donde el dinero, las ideas y las prácticas políticas están demasiado a menudo por encima de los derechos humanos, nos debemos alegrar por ello). La terminalidad o el final de vida o la enfermedad avanzada e incurable son términos MÉDICOS que se asientan sobre el cuidado. Por lo tanto, no son términos temporales, jurídicos ni penitenciarios. De hecho, a día de hoy en medicina la palabra terminal está cada vez más en desuso y se utiliza paciente con enfermedad grave avanzada y evolutiva.

Además de que la ley no exige que una enfermedad sea terminal para la excarcelación y que no existen herramientas efectivas para medir los horizontes de vida con tanta exactitud; al introducir la temporalidad se excluyen muchísimas enfermedades graves incurables y con peligro patente para la vida, empezando por todas las enfermedades mentales graves, enfermedades que ocasionan mucho sufrimiento al paciente.

Queremos recalcar especialmente el papel y la responsabilidad de muchos medios de comunicación por el trato mediático que han impulsado, bajo el amparo de una falsa transparencia han filtrado detalles de las enfermedades, han puesto el foco en aspectos no sanitarios y al polemizar introduciendo elementos no sanitarios ni de derecho en estos relatos, han normalizado el condicionamiento de los derechos humanos a criterios políticos, ideológicos y de otras índoles. Se han realizado comparaciones “entre enfermos recluidos” que a juicio de unos y otros deberían aplicársele o no medidas de flexibilización, sin ningún argumento sanitario contrastado, riguroso, sin contar con expertos en sanidad penitenciaria ni pericial para ahondar y aportar información veraz y criterios para una salida a este debate y polémica que actualmente parece que está tocando techo. Todo este tratamiento mediático tiene consecuencias lamentables, empaña el respeto al rigor profesional sanitario, a los cuidados médicos y a los derechos humanos, socialmente lleva a la frivolización de enfermedades graves y a reflejar valores sociales impropios de una sociedad avanzada. La transparencia nada tiene que ver con una sobreexposición pública ni con la transgresión de la intimidad, que además, desvían el foco y no son buenos instrumentos para denunciar y combatir la arbitrariedad cuando ésta se produce (si es lo que se pretende denunciar). Resulta paradójico que en plena época de la ley de protección de datos existan estos tratamientos mediáticos y sociales. Parece que la actual sociedad, estimulada con cierta manera poco deontológica de desempeñar el periodismo y que sustenta una gran parte de su entretenimiento en el conocimiento, la verbalización y el juicio de cuestiones privadas de vidas ajenas, se ha extendido más allá, llegando a empañar el respeto a cuestiones sanitarias y de derechos humanos.

Sería impensable imaginar a los/las profesionales en el ámbito sanitario de nuestra salud pública decidir y polemizar sobre la idoneidad de medidas o tratamientos sanitarios y humanitarios en base a su condición jurídica, de los tipos y naturaleza del delito, en base a criterios o juicios morales, éticos o de cualquier otra índole, ni escucharles comentar públicamente, con nombre y apellidos, enfermedades y características de pacientes.

De todo este atolladero solo saldremos entendiendo que la salud penitenciaria y pericial son parte fundamental de la salud pública, que no puede estar separada de ella ni ser dependiente de otras administraciones. La medicina penitenciaria y la medicina legal y forense tienen que formar parte de la Sanidad Pública.

Hemos leído con mucho interés cómo la Sociedad Española de Hematología ha realizado una labor sanitaria y pericial ejerciendo de contrapeso de administraciones sanitarias no independientes para defender derechos sanitarios en el caso concreto del ex ministro enfermo y encarcelado. Para que las sociedades médicas científicas y la comunidad sanitaria no quedemos empañadas en este maremágnum de arbitrariedad, sobreexposición, juicios no sanitarios, discriminaciones, falta de independencia y descrédito profesional, nos toca demostrar que los criterios aplicables por enfermedad los defendemos por igual a todos las personas enfermas recluidas, nos toca vencer la arbitrariedad en el ámbito de la salud y la dignidad humana, nos toca comprometernos con la independencia profesional y de calidad hasta que la sanidad penitenciaria y pericial formen parte de nuestro sistema público de salud. Porque la independencia profesional y la formación en derechos humanos es la que otorga credibilidad, rigor, respeto y confianza a la población; es más difícil manipularla por los vientos ideológicos-políticos del momento; ya que gravita en su propio eje sanitario técnico objetivo y de igualdad. Es la única receta contra la desigualdad, la discriminación, la arbitrariedad o el descrédito profesional. Es la que nos convierte a los/las médicos/as en garantes de derechos humanos y no en avalistas, cómplices o colaboradores de sus vulneraciones.

El Comité para la Prevención de la Tortura y los tratos o penas inhumanos o degradantes del Consejo de Europa en su informe del 2011, considera que una inadecuada asistencia sanitaria en centros penitenciarios puede conducir rápidamente a situaciones que se consideran tratos inhumanos y degradantes. En este mes de febrero que escribimos esta reflexión, el Ararteko realiza una campaña a favor de la dignidad en la enfermedad; se trata precisamente de eso, de la dignidad humana en una situación de gran vulnerabilidad como es una enfermedad grave. Quienes conocemos, convivimos y asistimos a seres humanos con enfermedades graves, avanzadas, incurables, con discapacidades, con el riesgo y el miedo a un fallecimiento precipitado, tenemos la certeza de que la reclusión en un centro penitenciario y la negación del acompañamiento libre de restricciones de sus allegados/as y de actividades que agregan dignidad humana a estos procesos vitales, así como los propios fallecimientos previsibles en prisión, han de adquirir la categoría de trato inhumano y degradante.

No existen en medicina herramientas pronósticas fehacientes para determinar el pronóstico temporal, pero sí existen herramientas para elaborar protocolos, baremos y documentos de consenso para clasificar enfermedades avanzadas graves e incurables . Criterios que sean acordes con las declaraciones de DDHH, la ONU, la OMS, Consejo de Europa, reglas penitenciarias europeas etc. Estamos convencidos/as además, que en este camino nos encontraremos con quienes trabajan para construir un sistema penal, más garantista, de mayor eficacia rehabilitadora y preventiva que la actual.

Desde Osabideak nos hemos encomendado el empeño de aunar a profesionales sanitarios/as y juristas para apelar a nuestras sociedades científicas, legales y organismos de derechos humanos en esta tarea, estamos inmersos/as en la tarea de protocolizar y elaborar consensos, y queremos hacer un llamamiento a las sociedades médicas, jurídicas y de derechos humanos para que nos acompañen a impulsar este camino y a los profesionales médicos y juristas a ponerse en contacto con nuestra asociación para elaborar la red que necesitamos tejer para impulsar, difundir y aportar estos cambios.

OSABIDEAK

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Tomado de: https://kaosenlared.net/algunas-cla...

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Colores

28 March, 2019 - 00:00

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Las guerras imperialistas del siglo XXI: Cuando el enemigo del pueblo vive en todos los bandos

28 March, 2019 - 00:00

"Los que desean la guerra, la preparan y por medio de vagas promesas de una paz venidera o creando el miedo a invasiones intentan convertirnos en colaboradores de sus planes, son amenaza para nuestro mundo y para cualquier tipo de paz” (Hermann Hesse )

Hemos estado acostumbrados, especialmente en América Latina y otras regiones de la periferia capitalista, a escuchar enérgicos discursos en contra del “imperialismo yanqui”. Y sin duda que ese imperialismo posee un historial muy poco agraciado, el cual va desde la injerencia en las políticas internas de los países hasta las intervenciones militares -directas o indirectas- dependiendo, casi siempre, de cuántos recursos -petroleros, energéticos, geoestratégicos, etc.- estén en juego. En todas esas injerencias, la sangre de muchos inocentes de la periferia ha sido derramada.

Sin embargo, en medio de la algarabía de los discursos antinorteamericanos se fue perdiendo el contenido del término imperialismo. Recuperando -sin mucha emoción- algunas intuiciones sugeridas por V.I. Lenin (quien, recordemos, replanteó los argumentos de R. Hilferding a la vez que respondió a la polémica mantenida con K. Kautsky durante los inicios de la Primera Guerra Mundial ), vale retomar la noción del imperialismo como una fase superior del capitalismo caracterizada al menos por los siguientes patrones:

El aparecimiento del capital financiero como fusión entre capitales productivos y no productivos -bancarios, comerciales, especulativos entre otros que podrían entrar en la categoría de capital ficticio-. Dicho capital financiero adquiere cierta -pero no absoluta- autonomía e influencia global.

La exportación de capitales y su permanente relocalización con el fin de ampliar las fronteras de explotación tanto de la fuerza de trabajo como de la Naturaleza de las regiones periféricas (exacerbando en dichas zonas tanto la sobreexplotación laboral como el extractivismo).

La mundialización de los procesos de concentración-centralización del capital, que termina llevando al surgimiento de oligopolios transnacionales con influencia económica global.

La pugna de dichos oligopolios en la división del mundo en zonas de influencia, tanto con el afán de ampliar sus fuentes de medios de producción (en especial la obtención de recursos naturales), ampliar sus mercados, y hasta ampliar su poderío hegemónico en general. Esto último implica, entre otras cosas, el dominio imperialista ideológico y cultural impulsado a través de dispositivos de control hegemónico modernizados que incluyen celulares , redes sociales, buscadores de Internet, tiendas en línea y demás avances consumistas de nuestros tiempos (utilizados incluso para que, voluntaria y gratuitamente, la población entregue información personal -y hasta sensible- a grandes corporaciones).

El capital ficticio no solo presiona por la obtención de ganancias especulativas, sino que incluso retroalimenta la acumulación del capital productivo, creando una maraña en donde no se sabe dónde termina la producción y empieza la especulación. Esta compleja relación es conocida desde hace muchos años atrás. Un banquero inglés, James William Gilbart, en su libro The History and Principles of Banking, en 1834, fue categórico: “Todo lo que facilita el negocio, facilita la especulación, los dos en muchos casos están tan interrelacionados, que es difícil decir, dónde termina el negocio y empieza la especulación”. Esta conclusión, entre otras, permitió a Karl Marx desarrollar sus reflexiones sobre crédito y capital ficticio (ver capítulo 25 del tomo III de El Capital).

La entrada tanto en la banca como en el sistema financiero internacional de recursos nacidos desde procesos de lumpen-acumulación como el narcotráfico, la trata de personas, la venta de armas y demás mecanismos violentos que cada vez son más habituales en la lógica capitalista de lucrar como sea (para muestra basta mencionar el papel de los recursos del narcotráfico para sostener a la banca internacional durante la crisis de 2009 ).

La agudización de la diferenciación entre los países de la periferia y semiperiferia capitalista y los grandes centros que cada vez consolidan un mayor poder económico global (con procesos como, por ejemplo, la agudización del intercambio desigual o la extracción de recursos usando alguna de las múltiples formas de acumulación por desposesión ).

Nótese que, de los patrones presentados, ninguno considera que el imperialismo del siglo XXI es una característica propia de un país específico. Al contrario, el reparto del globo que se observa en esta fase superior del capitalismo se da entre grandes capitales oligopólicos de múltiples regiones del mundo, con una relativa menor participación de los Estados en relación a los imperialismos clásicos. Clara muestra de la naturaleza multipolar del imperialismo contemporáneo es la pugna entre los grandes capitales asociados a EEUU y a China, los cuales se disputan los mercados de manera feroz y sin escrúpulos (al punto de declararse la “ guerra económica ” entre ambas potencias, con escaramuzas bastante peculiares como lo sucedido con la empresa china Huawei ).

Es decir, el imperialismo en el siglo XXI no tiene una nacionalidad definida, sino que cada vez adquiere una mayor multiplicidad de nacionalidades; tan múltiples como múltiples son las potencias capitalistas que se reparten el mundo. En particular, podemos pensar en -al menos- dos grandes “campos” del imperialismo que desde hace algún tiempo se enfrentan entre sí: imperialismos occidentales (con capitales oligopólicos originalmente enraizados en EEUU, en Europa Occidental y otros), e imperialismos orientales (consolidados originalmente en regiones como Rusia, China, Europa Oriental y otras zonas que entraron abiertamente en la lógica capitalista luego del fracaso del bloque soviético).

Si bien, en consonancia con lo dicho antes, muchos de estos capitales ya han perdido su ubicación geográfica original y se localizan en donde puedan maximizar sus beneficios, aún mantienen lazos financieros con bolsas de valores y hasta con gobiernos de regiones específicas del mundo, lo cual permite su distinción. Al mismo tiempo, los capitales de los diferentes imperialismos crean espacios donde interactúan y negocian unos con otros -cual reuniones entre diferentes capos de la mafia-, conformando órganos que aspiran a actuar casi como gobiernos globales; un ejemplo es el foro de Davos, en donde la hipocresía no logra ocultar cómo muy pocos grupos de poder aspiran a definir el futuro del mundo ...

Tanto los imperialismos occidentales como orientales tienen el mismo fin: la autovalorización ad infinitum del capital y de los procesos de concentración-centralización, cueste lo que cueste (sin importar ni siquiera la devastación climática, un campo de batalla donde los imperialismos ya empiezan a identificar otra fuente de lucro ). Esto no implica que, al interior de cada uno de esos imperialismos también existan disputas encarnizadas. Pero dichas disputas muchas veces pueden mantenerse en pausa cuando se trata de sostener el poder ante otros imperialismos.

En el caso latinoamericano, la cuestión se devela de forma clara: mientras que en la larga y triste noche neoliberal los imperialismos occidentales se encargaron de expoliar a los pueblos de la región, durante el auge y caída de los progresismos dicha expoliación quedó mucho más en manos de los imperialismos orientales. En ambas épocas, tanto gobiernos neoliberales como “progresistas” se volvieron meras piezas dentro del reparto planetario de grandes oligopolios capitalistas -norteamericanos y chinos, sobre todo- que dominan el mundo económico de nuestros tiempos.

Así, mientras en una época la deuda externa latinoamericana crecía gracias a la fuerte influencia del Fondo Monetario Internacional -bajo la tutela norteamericana- en una época subsiguiente el endeudamiento creció especialmente con el apoyo del Eximbank de China. Mientras en una época los “elefantes blancos” servían para extraer divisas de los países a través de proyectos empujados por el Banco Mundial, en otra época esos “elefantes blancos” pasaron a ser financiados por el Banco de Desarrollo de China. Mientras que en una época las redes de corrupción venían de la mano de un neoliberalismo salvaje que jugó con nacionalizar deudas privadas y privatizar activos estatales, en otra época se formaron redes de corrupción “progresista” y neoliberales financiadas tanto por empresas oligopólicas transnacionales regionales (como Odebrecht ) en conjunto con capitales del imperialismo oriental (como las múltiples constructoras chinas y hasta rusas que entraron en la región). Corrupción que, por cierto, galopa a la par de los extractivismos , que resultan un elemento más del campo de batalla de los imperialismos.

Pero la disputa entre los imperialismos del siglo XXI no solo se ha vivido en tierras latinoamericanas. Basta recordar los casos de Libia y sobre todo Siria para notar como, mientras unos grupos “rebeldes” -incluyendo a extremistas y terroristas- eran apoyados por los imperialismos occidentales, las fuerzas gubernamentales -represivas y autoritarias- eran apoyadas por los imperialismos orientales. En Libia ganó occidente (con la caída de Gadafi ), en Siria al parecer ganó oriente (con la supervivencia y consolidación de Al Assad ). Afganistán sería otro caso de estudio, en donde los imperialismos se han sucedido desde hace décadas buscando consolidar una posición geoestrtágica sobre los recursos energéticos existentes en dicho país. Y en la mitad, entre miles de muertos y desplazados, los supervivientes de los conflictos vivieron -y todavía viven- en medio del infierno de la guerra. Aquí también podemos recordar la guerra de Irak fomentada por los imperialismos occidentales (sobre todo norteamericanos), las invasiones y bombardeos vividos en su momento en Georgia por parte de los imperialismos orientales (sobre todo rusos), o la disputa en Ucrania (donde ambos bandos parecen seguir en disputa)...

Todos estos casos -y muchísimos otros que deberán citarse en su momento- son ejemplos de una violencia exacerbada por las guerras imperialistas del siglo XXI. Guerras en donde el enemigo del pueblo vive en todos los bandos; no solo en el lado del “imperialismo yanqui” sino también en el lado del “imperialismo europeo”, el “imperialismo ruso”, el “imperialismo chino” ... en definitiva, el enemigo vive entre los imperialismos occidentales y orientales. Mientras tanto, varios gobiernos del mundo levantan banderas y discursos antiimperialistas solo contra uno de los bandos en disputa; banderas y discursos que sirven de muletillas que ocultan el entreguismo de esos gobiernos hacia algún otro bando imperialista (ejemplo paradigmático fue el discurso del fetichismo progresista en contra del “imperialismo yanqui”, mientras por debajo se aupaba al imperialismo chino).

Tal realidad -violenta, sanguinaria y multipolar- de la fase superior del capitalismo debe llevarnos a una reflexión muy seria sobre la idea misma de imperialismo, particularmente en Latinoamérica, pues esta idea no solo que ha sido vaciada de contenido, sino que merece ser reinterpretada a la luz de un mundo tan cambiante en el cual el capital sigue dominando. Una reflexión que es urgente, más aún cuando las tenazas de unas y otras potencias del mundo se ciernen sobre el pueblo venezolano; un pueblo inocente que puede volverse otro campo de batalla de las guerras imperialistas del siglo XXI si no se logra una salida democrática, soberana y, sobre todo, en paz.

El autor es economista ecuatoriano.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php...

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